Your SlideShare is downloading. ×
  • J'aime
Oscar lewis   los hijos de sanchez
Prochain SlideShare
Chargement dans... 5
×

Thanks for flagging this SlideShare!

Oops! An error has occurred.

×

Now you can save presentations on your phone or tablet

Available for both IPhone and Android

Text the download link to your phone

Standard text messaging rates apply

Oscar lewis los hijos de sanchez

  • 23,397 vues
Published

 

Published in Éducation
  • Full Name Full Name Comment goes here.
    Êtes-vous sûr de vouloir
    Votre message apparaîtra ici
    Soyez le premier à commenter
Aucun téléchargement

Vues

Total des vues
23,397
On SlideShare
0
À partir des ajouts
0
Nombre d'ajouts
0

Actions

Partages
Téléchargements
159
Commentaires
0
J'aime
2

Ajouts 0

No embeds

Signaler un contenu

Signalé comme inapproprié Signaler comme inapproprié
Signaler comme inapproprié

Indiquez la raison pour laquelle vous avez signalé cette présentation comme n'étant pas appropriée.

Annuler
    No notes for slide

Transcript

  • 1. LOS HIJOS DE SÁNCHEZ (1961) Óscar LewisLos textos son reproducción de grabacionesdirectas y versiones taquigráficas NOTA PRELIMINAR El presente libro de Óscar Lewis fue editado ensu primera versión española por el Fondo deCultura Económica en octubre de 1964; lasegunda edición apareció en diciembre del mismoaño. El día 9 de febrero de 1965, el licenciado LuisCataño Morlet, en una conferencia leída en la sedede la Sociedad Mexicana de Geografía yEstadística, condenó la obra como obscena ydenigrante para nuestro país. Una parte de losasistentes a la conferencia apoyaron las críticasformuladas por el licenciado Cataño Morlet, y,basándose en los párrafos del libro leídos por éste,resolvieron por votación que la SociedadMexicana de Geografía y Estadística debíaconsignar ante las autoridades respectivas alautor, a la obra y a la editorial. La denuncia fue formalmente presentada dosdías después ante la Procuraduría General de la
  • 2. República, que de inmediato inició unaaveriguación previa, tomando constancia de lasdeclaraciones tanto de los denunciantes como deldoctor Arnaldo Orfila Reynal, Director del Fondode Cultura Económica, y auscultando, a través delos comentarios con que la prensa se ocupóactivamente del asunto, la expresión del sentirpúblico. Con fecha 6 de abril de 1965, la Procuraduríadio a conocer su resolución manifestando que elMinisterio Público se abstenía de ejercitar acciónpenal alguna por no haber delito que perseguir.«Proceder de otra manera —asienta el texto de laresolución— sería mucho más inquietante y lesivoa la libertad y al derecho que los actos y laspalabras sobre las que pretendiera descansar yjustificarse.» Y, más adelante: «La opiniónpública no ha generalizado un juicio condenatoriosobre el libro de Lewis y sería muy difícil, en talescondiciones, hablar de que se ha ultrajado a lamoral, si hombres llenos de cualidadesintelectuales y de valía social se han pronunciadoen defensa del libro y contra la pretensión de queal autor y a los editores se les sancionepenalmente.» Al ofrecer ahora a los lectores de nuestralengua una nueva edición de este libro que tantoha apasionado y dividido a la opinión pública de
  • 3. México, y que la crítica extranjera no ha vaciladoen calificar como obra «de gran literatura»,hemos considerado de interés general la inclusióndel texto completo de la resolución dictada por laProcuraduría, agregándolo como apéndice al finaldel volumen. E. J. M. DEDICO ESTE LIBRO, CON PROFUNDO AFECTO Y GRATITUD, A LA FAMILIA SÁNCHEZ, CUYA IDENTIDAD DEBE PERMANECER ANÓNIMA AGRADECIMIENTOS En el proceso de escribir este libro he pedido adiversos amigos y colegas que leyeran ycomentasen el manuscrito. Guardo especialagradecimiento a los profesores Conrad Arensbergy Frank Tannenbaum, de la Universidad deColumbia, William F. Whyte, de la Universidad deCornell, y Sherman Paul, de la Universidad deIllinois, por haber leído la versión final. Tambiéndebo agradecer a Margaret Shedd, a Kay
  • 4. Barrington, al Dr. Zelig Skolnik, a los profesoresZella Luria, Charles Shattuck y George Gerbner porsu lectura de una primera redacción de la historiade Consuelo. Al profesor Richards Eells por leerparte de la historia de Roberto. Por su lecturacrítica de la Introducción estoy en deuda con losprofesores Irving Goldman, Joseph B. Casagrande,Louis Schneider, Joseph D. Phillips y con mi hijoGene L. Lewis. Agradezco al Dr. Mark Letson y a la Sra.Carolina Luján, de la ciudad de México, sus análisisde las pruebas de Rorschach y de apercepcióntemática y por sus muchas indicaciones útiles sobrela estructura del carácter de los miembros de lafamilia Sánchez. Las pruebas mismas, los análisisde ellas y mi propia valoración serán publicadosposteriormente. Agradezco a la señorita AngélicaCastro de la Fuente su ayuda en algunas de lasentrevistas con un miembro de la familia Sánchez.Asimismo quiero hacer llegar mi agradecimiento ala señorita Lourdes Marín por haberme prestado sucooperación en la preparación de esta edición enespañol. A mi esposa, Ruth M. Lewis, compañera ycolaboradora en mis estudios de temas mexicanos,le agradezco su invaluable ayuda para organizar yretocar mis materiales de investigación. Agradezco a la Fundación Guggenheim la beca
  • 5. que me concedió en 1956, a la FundaciónWenner-Gren para Investigación Antropológica yal Consejo de Investigación de Ciencias Sociales sussubsidios otorgados en 1958, y a la FundaciónNacional de Ciencias por la ayuda económica deque disfruté en 1959. Finalmente, en lo que toca ala Universidad de Illinois, quiero agradecer laayuda financiera que me prestaron la Junta deInvestigaciones de la Universidad y el Centro deEstudios Superiores, por el nombramiento con queéste me favoreció para investigar en México, y alDepartamento de Antropología por su licencia paraausentarme de él para realizar esta investigación. INTRODUCCIÓN Este libro trata de una familia pobre de laciudad de México: Jesús Sánchez, el padre, decincuenta años de edad, y sus cuatro hijos: Manuel,de treinta y dos años; Roberto, de veintinueve;Consuelo, de veintisiete; y Marta, de veinticinco.Me propongo ofrecer al lector una visión desdeadentro de la vida familiar, y de lo que significacrecer en un hogar de una sola habitación, en unode los barrios bajos ubicados en el centro de unagran ciudad latinoamericana que atraviesa por un
  • 6. proceso de rápido cambio social y económico. En el siglo XIX, cuando las ciencias socialestodavía estaban en su infancia, el trabajo deregistrar los efectos del proceso de laindustrialización y la urbanización sobre la vidapersonal y familiar quedó a cargo de novelistas,dramaturgos, periodistas y reformadores sociales.En la actualidad, un proceso similar de cambiocultural tiene lugar entre los pueblos de los paísesmenos desarrollados, pero no encontramosninguna efusión comparable de una literaturauniversal que nos ayudaría a mejorar nuestracomprensión del proceso y de la gente. Y, sinembargo, la necesidad de tal comprensión nuncaha sido más urgente, ahora que los países menosdesarrollados se han convertido en una fuerzaprincipal en el escenario mundial. En el caso de las nuevas naciones africanas quesurgen de una tradición tribal y cultural noliteraria, la escasez de una gran literatura nativasobre la clase baja no es sorprendente. En Méxicoy en otros países latinoamericanos donde haexistido una clase media de la cual surgen la mayorparte de los escritores, esta clase ha sido muyreducida. Además, la naturaleza jerárquica de lasociedad mexicana ha inhibido cualquier
  • 7. comunicación profunda a través de las líneas declase. Otro factor más en el caso de México ha sidola preocupación, tanto de escritores como deantropólogos, con su problema indígena, endetrimento de los habitantes pobres de lasciudades. Esta situación presenta una oportunidad únicapara las ciencias sociales y particularmente para laantropología de salvar la brecha y desarrollar unaliteratura propia. Los sociólogos, que han sido losprimeros en estudiar los barrios bajos urbanos,ahora concentran su atención en los suburbios,pero descuidando relativamente a los pobres. En laactualidad, aun la mayor parte de los novelistasestán tan ocupados sondeando el alma de la clasemedia que han perdido el contacto con losproblemas de la pobreza y con las realidades de unmundo que cambia. Como ha dicho recientementeC. P. Snow: «A veces temo que la gente de lospaíses ricos haya olvidado a tal punto lo que quieredecir ser pobre que ya no podemos sentir oconversar con los menos afortunados. Debemosaprender a hacerlo.» Son los antropólogos, por tradición los vocerosde los pueblos primitivos en los rincones remotosdel mundo, quienes cada vez más dedican susenergías a las grandes masas campesinas y urbanasde los países menos desarrollados. Estas masas son
  • 8. todavía desesperadamente pobres a pesar delprogreso social y económico del mundo en el siglopasado. Más de mil millones de personas en setentay cinco naciones de Asia, África, América Latina yCercano Oriente tienen un ingreso promedio porpersona de menos de doscientos dólares anuales,en comparación con los más de dos mil dólares,que privan en los Estados Unidos. El antropólogoque estudia el modo de vida en estos países hallegado a ser, en efecto, el estudiante y el vocero delo que llamo cultura de la pobreza. Para los que piensan que los pobres no tienencultura, el concepto de una cultura de la pobrezapuede parecer una contradicción. Ello parecería dara la pobreza una cierta dignidad y una ciertaposición. Mi intención no es ésa. En el usoantropológico el término cultura supone,esencialmente, un patrón de vida que pasa degeneración en generación. Al aplicar este conceptode cultura a la comprensión de la pobreza, quieroatraer la atención hacia el hecho de que la pobrezaen las naciones modernas no es sólo un estado deprivación económica, de desorganización, o deausencia de algo. Es también algo positivo en elsentido de que tiene una estructura, unadisposición razonada y mecanismos de defensa sinlos cuales los pobres difícilmente podrían seguiradelante. En resumen, es un sistema de vida,
  • 9. notablemente estable y persistente, que ha pasadode generación a generación a lo largo de líneasfamiliares. La cultura de la pobreza tiene susmodalidades propias y consecuencias distintivas deorden social y psicológico para sus miembros. Esun factor dinámico que afecta la participación en lacultura nacional más amplia y se convierte en unasubcultura por sí misma. La cultura de la pobreza, tal como se defineaquí, no incluye a los pueblos primitivos cuyoretraso es el resultado de su aislamiento y de unatecnología no desarrollada, y cuya sociedad en sumayor parte no está estratificada en clases. Talespueblos tienen una cultura relativamenteintegrada, satisfactoria y autosuficiente. Tampocola cultura de la pobreza es sinónimo de clasetrabajadora, proletariado o campesinado,conglomerados que varían mucho en cuanto asituación económica en el mundo. En los EstadosUnidos, por ejemplo, la clase trabajadora vive comouna élite en comparación con las clasestrabajadoras de los países menos desarrollados. Lacultura de la pobreza sólo tendría aplicación a lagente que está en el fondo mismo de la escalasocioeconómica, los trabajadores más pobres, loscampesinos más pobres, los cultivadores deplantaciones y esa gran masa heterogénea depequeños artesanos y comerciantes a los que por lo
  • 10. general se alude como el lumpen-proletariado. La cultura o subcultura de la pobreza nace enuna diversidad de contextos históricos. Es máscomún que se desarrolle cuando un sistema socialestratificado y económico atraviesa por un procesode desintegración o de sustitución por otro, comoen el caso de la transición del feudalismo alcapitalismo o en el transcurso de la revoluciónindustrial. A veces resulta de la conquista imperialen la cual los conquistados son mantenidos en unasituación servil que puede prolongarse a lo largo demuchas generaciones. También puede ocurrir en elproceso de destribalización, tal como el que ahoratiene lugar en África, donde, por ejemplo, losmigrantes tribales a las ciudades desarrollan«culturas de patio» notablemente similares a lasvecindades de la ciudad de México. Tendemos aconsiderar tal situación de los barrios bajos comofases de transición o temporales de un cambiocultural drástico. Pero éste no es necesariamente elcaso, porque la cultura de la pobreza con frecuenciaes una situación persistente aun en sistemassociales estables. Ciertamente, en México ha sidoun fenómeno más o menos permanente desde laconquista española de 1519, cuando comenzó elproceso de destribalización y se inició elmovimiento de los campesinos hacia las ciudades.Sólo han cambiado las dimensiones, la ubicación y
  • 11. la composición de los barrios bajos. Sospecho queen muchos otros países se han estado operandoprocesos similares. Me parece que la cultura de la pobreza tienealgunas características universales que trasciendenlas diferencias regionales, rurales-urbanas y hastanacionales. En mi anterior libro, Antropología dela pobreza (Fondo de Cultura Económica, 1961),sugerí que existían notables semejanzas en laestructura familiar, en las relacionesinterpersonales, en las orientaciones temporales,en los sistemas de valores, en los patrones de gastoy en el sentido de comunidad en las colonias de laclase media en Londres, Glasgow, París, Harlem yen la ciudad de México. Aunque éste no es el lugarde hacer un análisis comparativo extenso de lacultura de la pobreza, me gustaría elaborar algunosde estos rasgos y otros más, a fin de presentar unmodelo conceptual provisional de esta cultura,basado principalmente en mis materialesmexicanos. En México la cultura de la pobreza incluye porlo menos la tercera parte, ubicada en la parte másbaja de la escala, de la población rural y urbana.Esta población se caracteriza por una tasa demortalidad relativamente más alta, una expectativade vida menor, una proporción mayor deindividuos en los grupos de edad más jóvenes y,
  • 12. debido al trabajo infantil y femenil, por unaproporción más alta en la fuerza trabajadora.Algunos de esos índices son más altos en lascolonias pobres o en las secciones pobres de laciudad de México que en la parte rural del paísconsiderado en su conjunto. La cultura de la pobreza en México es unacultura provincial y orientada localmente. Susmiembros sólo están parcialmente integrados enlas instituciones nacionales y son gente marginalaun cuando vivan en el corazón de una gran ciudad.En la ciudad de México, por ejemplo, la mayorparte de los pobres tienen un muy bajo nivel deeducación y de alfabetismo, no pertenecen asindicatos obreros, no son miembros de un partidopolítico, no participan de la atención médica, de losservicios de maternidad ni de ancianidad queimparte la agencia nacional de bienestar conocidacomo Seguro Social, y hacen muy poco uso de losbancos, los hospitales, los grandes almacenes, losmuseos, las galerías artísticas y los aeropuertos dela ciudad. Los rasgos económicos más característicos dela cultura de la pobreza incluyen la lucha constantepor la vida, periodos de desocupación y desubocupación, bajos salarios, una diversidad deocupaciones no calificadas, trabajo infantil,ausencia de ahorros, una escasez crónica de dinero
  • 13. en efectivo, ausencia de reservas alimenticias encasa, el sistema de hacer compras frecuentes depequeñas cantidades de productos alimenticiosmuchas veces al día a medida que se necesitan, elempeñar prendas personales, el pedir prestado aprestamistas locales a tasas usurarias de interés,servicios crediticios espontáneos e informales(tandas) organizados por vecinos, y el uso de ropasy muebles de segunda mano. Algunas de las características sociales ypsicológicas incluyen el vivir incómodos yapretados, falta de vida privada, sentido gregario,una alta incidencia de alcoholismo, el recursofrecuente a la violencia al zanjar dificultades, usofrecuente de la violencia física en la formación delos niños, el golpear a la esposa, tempranainiciación en la vida sexual, uniones libres omatrimonios no legalizados, una incidenciarelativamente alta de abandono de madres e hijos,una tendencia hacia las familias centradas en lamadre y un conocimiento mucho más amplio de losparientes maternales, predominio de la familianuclear, una fuerte predisposición al autoritarismoy una gran insistencia en la solidaridad familiar,ideal que raras veces se alcanza. Otros rasgosincluyen una fuerte orientación hacia el tiempopresente con relativamente poca capacidad deposponer sus deseos y de planear para el futuro, un
  • 14. sentimiento de resignación y de fatalismo basadoen las realidades de la difícil situación de su vida,una creencia en la superioridad masculina quealcanza su cristalización en el machismo, o sea elculto de la masculinidad, un correspondientecomplejo de mártires entre las mujeres y,finalmente, una gran tolerancia hacia la patologíapsicológica de todas clases. Algunos de los rasgos arriba enunciados noestán limitados a la cultura de la pobreza enMéxico, sino que también se encuentran entre lasclases medias y superiores. Sin embargo, es lamodelación peculiar de estos rasgos lo que definela cultura de la pobreza. Por ejemplo, en la clasemedia, el machismo se expresa en términos dehazañas sexuales y en forma del complejo de DonJuan, en tanto que en la clase baja se expresa entérminos de heroísmo y de falta de temor físico. Demanera similar, entre la clase media la ingestión debebidas alcohólicas es una afabilidad social, entanto que entre la clase baja el emborracharse tienefunciones múltiples y diferentes: olvidar losproblemas propios, demostrar la capacidad debeber, acumular suficiente confianza para hacerfrente a las difíciles situaciones de la vida. Muchos rasgos de la subcultura de la pobrezapueden considerarse como tentativas de solucioneslocales a problemas que no resuelven las actuales
  • 15. agencias e instituciones, porque la gente no tienederecho a sus beneficios, no puede pagarlos osospecha de ellos. Por ejemplo, al no poder obtenercrédito en los bancos, tiene que aprovechar suspropios recursos y organiza expedientes informalesde crédito sin interés, o sea, las tandas. Incapaz depagar un doctor, a quien se recurre sólo enemergencias lamentables, y recelosa de loshospitales «adonde sólo se va para morir», confíaen hierbas y en otros remedios caseros y encuranderos y comadronas locales. Como critica alos sacerdotes, «que son humanos y por lo tantopecadores como todos nosotros», raramente acudea la confesión o la misa y, en cambio, reza a lasimágenes de santos que tiene en su propia casa yhace peregrinaciones a los santuarios populares. La actitud crítica hacia algunos de los valores yde las instituciones de las clases dominantes, elodio a la policía, la desconfianza en el gobierno y enlos que ocupan un puesto alto, así como un cinismoque se extiende hasta la Iglesia, dan a la cultura dela pobreza una cualidad contraria y un potencialque puede utilizarse en movimientos políticosdirigidos contra el orden social existente.Finalmente, la subcultura de la pobreza tienetambién una calidad residual, en el sentido de quesus miembros intentan utilizar e integrar, en unsistema de vida operable, remanentes de creencias
  • 16. y costumbres de diversos orígenes. Me gustaría distinguir claramente entre elempobrecimiento y la cultura de la pobreza. Notodos los pobres viven ni desarrollannecesariamente una cultura de la pobreza. Porejemplo, la gente de clase media que empobrece nose convierten automáticamente en miembros de lacultura de la pobreza, aunque tengan que vivir enlos barrios bajos por algún tiempo. Igualmente, losjudíos que vivían en la pobreza en la Europaoriental no desarrollaron una cultura de la pobrezaporque su tradición de cultura y su religión les dabael sentido de la identificación con los judíos delmundo entero. Les daba la impresión de pertenecera una comunidad unida por una herencia común ypor creencias religiosas comunes. He citado alrededor de cincuenta rasgos queconstituyen la configuración de lo que yo llamo lacultura de la pobreza. Aunque la pobreza es sólouno de los numerosos rasgos que, de acuerdo conmi hipótesis, aparecen, he utilizado el término paradesignar la configuración total porque lo consideromuy importante. No obstante, los demás rasgos, yespecialmente los psicológicos e ideológicos, sontambién importantes y me gustaría reflexionar unpoco sobre esto. Los que viven dentro de la cultura de lapobreza tienen un fuerte sentido de marginalidad,
  • 17. de abandono, de dependencia, de no pertenecer anada. Son como extranjeros en su propio país,convencidos de que las instituciones existentes nosirven a sus intereses y necesidades. Al lado de estesentimiento de impotencia hay un difundidosentimiento de inferioridad, de desvalorizaciónpersonal. Esto es cierto de los habitantes de losbarrios bajos de la ciudad de México que noconstituyen un grupo racial o étnico diferenciado nisufren de discriminación racial. En los EstadosUnidos, la cultura de la pobreza de los negros tienela desventaja adicional de la discriminación racial. Los que viven dentro de una cultura de lapobreza tienen muy escaso sentido de la historia.Son gente marginal, que sólo conocen susproblemas, sus propias condiciones locales, supropia vecindad, su propio modo de vida.Generalmente, no tienen ni el conocimiento ni lavisión ni la ideología para advertir las semejanzasentre sus problemas y los de sus equivalentes enotras partes del mundo. En otras palabras, notienen conciencia de clase, aunque son muysensibles a las distinciones de posición social.Cuando los pobres cobran conciencia de clase, sehacen miembros de organizaciones sindicales, ocuando adoptan una visión internacionalista delmundo ya no forman parte, por definición, de lacultura de la pobreza, aunque sigan siendo
  • 18. desesperadamente pobres. El concepto de una subcultura de la pobrezainserta en la cultura general nos permite ver cómomuchos de los problemas que consideramospeculiarmente nuestros o específicamenteproblemas de los negros (o de cualquier otro gruporacial o étnico en particular), existen también enpaíses donde no existen grupos étnicos afectados.Sugiere también que la eliminación de la pobrezafísica per se puede no bastar para eliminar lacultura de la pobreza que es todo un modo de vida.Es posible hablar de borrar la pobreza, pero borraruna cultura o una subcultura es algo muy distintoporque plantea la cuestión básica del respeto a lasdiferencias culturales. Los miembros de la clase media, y esto incluyepor supuesto a la mayoría de los investigadores deciencias sociales, tienden a concentrarse en losaspectos negativos de la cultura de la pobreza ytienden a asociar valencias negativas a rasgos talescomo la orientación centrada en el momentopresente, la orientación concreta vs. la abstracta,etcétera. No pretendo idealizar ni romantizar lacultura de la pobreza. Como ha dicho alguien: «Esmás fácil alabar la pobreza que vivirla.» Noobstante, no debemos pasar por alto algunos de losaspectos positivos que pueden surgir de estosrasgos. Vivir en el presente puede desarrollar una
  • 19. capacidad de espontaneidad, de goce de lo sensual,de aceptación de los impulsos, que con frecuenciaestá recortada en nuestro hombre de clase mediaorientado hacia el futuro. Quizá es esta realidad delmomento la que los escritores existencialistas declase media tratan de recuperar de manera tandesesperada, pero que la cultura de la pobrezaexperimenta como un fenómeno natural ycotidiano. El uso frecuente de la violencia significauna salida fácil para la hostilidad de modo que losque viven en la cultura de la pobreza sufren menosde represión que la clase media. En relación con esto, me gustaría rechazartambién la tendencia de algunos estudiossociológicos a identificar a la clase humilde casiexclusivamente con el vicio, el crimen y ladelincuencia juvenil, como si la mayoría de lospobres fueran ladrones, mendigos, rufianes,asesinos o prostitutas. Por supuesto, en mis propiasexperiencias en México, la mayoría de los pobresme parecen seres humanos decentes, justos,valerosos y susceptibles de despertar afecto. Creoque fue el novelista Fielding el que escribió: «Lossufrimientos de los pobres son en realidad menosadvertidos que sus malas acciones.» Resulta interesante comprobar que algo de estaambivalencia en la apreciación de los pobres serefleja en los refranes y en la literatura. Algunos
  • 20. consideran a los pobres virtuosos, justos, serenos,independientes, honestos, seguros, bondadosos,simples y felices mientras que otros los ven malos,maliciosos, violentos, sórdidos y criminales. La mayoría de la gente, en los Estados Unidos,se representa difícilmente a la pobreza como unfenómeno estable, persistente, siempre presente,porque nuestra economía en expansión y lascircunstancias favorables de nuestra historia hancreado un optimismo que nos hace pensar en lapobreza como transitoria. En realidad, la cultura dela pobreza en los Estados Unidos tiene un alcancerelativamente limitado, pero está probablementemás difundida de lo que se ha creído generalmente. Al considerar lo que puede hacerse acerca de lacultura de la pobreza, debemos establecer unaaguda distinción entre aquellos países en los querepresenta un segmento relativamente pequeño dela población y aquellos en los que constituye unsector muy amplio. Obviamente, las solucionestendrán que diferir en estas dos áreas. En losEstados Unidos, la principal solución que ha sidopropuesta por los planificadores, los organismos deacción social y los trabajadores sociales al tratar loque llamamos «familias problema múltiples» o«pobres no merecedores» o el llamado «corazón dela pobreza», ha sido tratar de elevar lentamente sunivel de vida y de incorporarlos a la clase media. Y,
  • 21. cuando es posible, se recurre al tratamientopsiquiátrico en un esfuerzo por imbuir a esta«gente incapaz de cambiar, perezosa, sinambiciones» de las más altas aspiraciones de laclase media. En los países subdesarrollados, donde grandesmasas de población viven en la cultura de lapobreza, dudo que sea factible nuestra solución detrabajo social. Tampoco pueden los psiquiatrasempezar siquiera a enfrentarse con la magnitud delproblema. Ya tienen suficiente con la crecienteclase media. En los Estados Unidos, ladelincuencia, el vicio y la violencia representan lasprincipales amenazas para la clase media de lacultura de la pobreza. En nuestro país no existeamenaza alguna de revolución. Sin embargo, en lospaíses menos desarrollados del mundo, los queviven dentro de la cultura de la pobreza puedenorganizarse algún día en un movimiento políticoque busque fundamentalmente cambiosrevolucionarios, y ésta es una de las razones por lasque su existencia plantea problemas terriblementeurgentes. Si se aceptara lo que he esbozado brevementecomo el aspecto psicológico básico de la cultura dela pobreza, puede ser más importante ofrecer a lospobres de los distintos países del mundo unaauténtica ideología revolucionaria que la promesa
  • 22. de bienes materiales o de una rápida elevación enel nivel de vida. Es concebible que algunos paísespuedan eliminar la cultura de la pobreza (cuandomenos en las primeras etapas de su revoluciónindustrial) sin elevar materialmente los niveles devida durante algún tiempo, cambiando únicamentelos sistemas de valores y las actitudes de la gente detal modo que ya no se sientan marginales, queempiecen a sentir que son su país, susinstituciones, su gobierno y sus líderes. En las investigaciones que he realizado enMéxico desde 1943 he intentado elaborar diversosenfoques sobre el estudio de la familia. EnAntropología de la pobreza traté de ofrecer al lectoralgunas ojeadas de la vida diaria en cinco familiasmexicanas en cinco días absolutamente ordinarios.En este volumen presento al lector una visión másprofunda de la vida de una de estas familias,mediante el uso de una nueva técnica por la cualcada uno de los miembros de la familia cuenta lahistoria de su vida en sus propias palabras. Estemétodo nos da una vista de conjunto, multifacéticay panorámica, de cada uno de los miembros de lafamilia, sobre la familia como un todo, así como demuchos aspectos de la vida de la clase bajamexicana. Las versiones independientes de los
  • 23. mismos incidentes ofrecidas por los diversosmiembros de la familia nos proporcionan unacomprobación interior acerca de la confiabilidad yla validez de muchos de los datos y con ello secompensa parcialmente la subjetividad inherentea toda autobiografía considerada de modo aislado.Al mismo tiempo revelan las discrepancias acercadel modo en que cada uno de los miembros de lafamilia recuerda los acontecimientos. Este método de autobiografías múltiplestambién tiende a reducir el elemento de prejuiciodel investigador, porque las exposiciones no pasana través del tamiz de un norteamericano de la clasemedia, sino que aparecen con las palabras de lospersonajes mismos. De esta manera creo que heevitado los dos peligros más comunes en el estudiode los pobres, a saber, la sentimentalizaciónexcesiva y la brutalización. Finalmente, espero queeste método conservará para el lector lasatisfacción y la comprensión emocional que elantropólogo experimenta al trabajar directamentecon sus personajes, pero que sólo raras vecesaparecen transmitidas en la jerga formal de lasmonografías antropológicas. Hay pocos estudios profundos de la psicologíade los pobres en los países subdesarrollados, o aunen los Estados Unidos. La gente que vive en el nivelde pobreza descrito en este libro, aunque de
  • 24. ninguna manera es el nivel ínfimo, no ha sidoestudiada intensivamente ni por psicólogos ni porpsiquiatras. Tampoco los novelistas nos hantrazado un retrato adecuado de la vida interior delos pobres en el mundo contemporáneo. Losbarrios bajos han producido muy contados grandesescritores, y para cuando éstos han llegado a serlo,por lo general miran retrospectivamente su vidaanterior a través de los lentes de la clase media, yescriben ajustándose a formas literariastradicionales, de modo que la obra retrospectivacarece de la inmediatez de la experiencia original. La grabadora de cinta utilizada para registrarlas historias que aparecen en este libro, ha hechoposible iniciar una nueva especie literaria derealismo social. Con ayuda de la grabadora, laspersonas sin preparación, ineducadas y hastaanalfabetas pueden hablar de sí mismas y referirsus observaciones y experiencias en una forma sininhibiciones, espontánea y natural. Las historias deManuel, Roberto, Consuelo y Marta tienen unasimplicidad, una sinceridad y la naturaleza directacaracterísticas de la lengua hablada, de la literaturaoral, en contraste con la literatura escrita. A pesarde su falta de preparación formal, estos jóvenes seexpresan notablemente bien, especialmenteConsuelo, que en ocasiones alcanza alturaspoéticas. Aunque presas de sus problemas
  • 25. irresolutos y de sus confusiones, han podidotransmitirnos de sí mismos lo suficiente para quenos sea permitido ver sus vidas desde adentro ypara permitirnos enterarnos de sus posibilidades yde sus talentos desperdiciados. Ciertamente, las vidas de los pobres no sonsosas. Las historias que aparecen en este volumenrevelan un mundo de violencia y de muerte, desufrimientos y privaciones, de infidelidades y dehogares deshechos, de delincuencia, corrupción ybrutalidad policiaca, así como de la crueldad quelos pobres ejercen con los de su clase. Estashistorias también revelan una intensidad desentimientos y de calor humano, un fuerte sentidode individualidad, una capacidad de gozo, unaesperanza de disfrutar una vida mejor, un deseo decomprender y de amar, una buena disposición paracompartir lo poco que poseen, y el valor de seguiradelante frente a muchos problemas no resueltos. El marco de estas historias es Bella Vista, laextensa vecindad de un piso situada en el corazónde la ciudad de México. Bella Vista es sólo unaentre un centenar de vecindades que conocí en1951, cuando estudiaba la urbanización de loscampesinos que desde la aldea llamada Azteca setrasladaron a la ciudad de México. Inicié mi estudiode Azteca muchos años antes, en 1943.Posteriormente, con la ayuda de los propios
  • 26. campesinos, pude localizar algunos antiguoshabitantes de la aldea en diversas partes de laciudad y encontré dos familias de ellos en BellaVista. Después de terminar mi estudio sobre losmigrantes campesinos, amplié el horizonte de miinvestigación y comencé a estudiar vecindadesenteras, incluyendo a todos los residentes en ellas,sin tomar en cuenta sus lugares de origen. En octubre de 1956, mientras realizaba miestudio de Bella Vista, encontré a Jesús Sánchez ya sus hijos. Jesús había sido inquilino allí por másde veinte años y, aunque sus hijos habían cambiadode residencia varias veces, el hogar de unahabitación en Bella Vista era un punto saliente deestabilidad en sus vidas. Leonor, la madre deaquéllos y primera esposa de Jesús, había muertoen 1936, sólo unos años antes de que se cambiarana Bella Vista. La hermana mayor de Leonor,Guadalupe, de sesenta años de edad, vivía en unavecindad de menores dimensiones, «Magnolia»,ubicada en la calle del mismo nombre, a unascuantas cuadras de distancia. La tía Guadalupe fueuna madre vicaria para cada uno de los hijos; lavisitaban con frecuencia y utilizaban su casa comorefugio en tiempos difíciles. Por lo tanto, la acciónde los relatos va de un lugar a otro entre Bella Vistay la vecindad de Magnolia. Ambas vecindades están cerca del centro de la
  • 27. ciudad, a sólo diez minutos a pie de la plazaprincipal o Zócalo con su gran Catedral y su PalacioNacional. Apenas a media hora de distancia está elsantuario nacional de la Virgen de Guadalupe,patrona de México, al cual acuden multitud deperegrinos de todas partes del país. Tanto BellaVista como la vecindad de Magnolia están en unazona pobre de la ciudad, con unos cuantos talleresy bodegas pequeñas, baños públicos,cinematógrafos de tercera clase en decadencia,escuelas sobrepobladas, cantinas, pulquerías ymuchos establecimientos pequeños. El mercado deTepito, el principal de artículos de segunda manoen la ciudad de México, está a sólo unas cuadras dedistancia; otros grandes mercados, como los de laMerced y la Lagunilla, que recientemente fueronreconstruidos y modernizados, están tan cerca quese puede ir a ellos a pie. En esta zona la incidenciade homicidios, borracheras y delincuencia es alta.Se trata de un barrio densamente poblado; duranteel día y mucho después de oscurecer, las calles y losumbrales de las puertas están llenos de gente queva y viene o que se amontona en las entradas de losestablecimientos. Hay mujeres que venden tacos ocaldo en pequeños puestos que sitúan en las aceras.Las calles y las banquetas son amplias y estánpavimentadas, pero carecen de árboles, de céspedy de jardines. La mayor parte de la gente vive en
  • 28. hileras de casas compuestas por una solahabitación, que dan frente a patios interiores,ocultos a la vista de la calle por establecimientoscomerciales o por las paredes de la vecindad. Bella Vista está ubicada entre las calles deMarte y Camelia. Se extiende sobre toda unamanzana, alberga a setecientas personas yconstituye por sí misma un mundo en pequeño: lacircundan dos altos muros de cemento por el nortey por el sur e hileras de establecimientos por losotros dos lados. Estos establecimientos —expendiosde comida, una lavandería, una vidriería, unacarpintería, un salón de belleza, juntamente con elmercado de la vecindad y baños públicos—resuelven las necesidades básicas de la vecindad, demodo que muchos de los inquilinos raras vecessalen de las cercanías inmediatas y son casiextraños para el resto de la ciudad de México. Estesector de la ciudad fue en una ocasión morada delbajo mundo, y aún en la actualidad la gente temecaminar por sus calles a altas horas de la noche.Pero la mayor parte de los elementos criminales sehan mudado del barrio y la mayoría de quienesresiden actualmente en él son comerciantes pobres,artesanos y obreros. Dos entradas estrechas y poco notorias, cadauna de ellas con una puerta alta, están abiertasdurante el día, pero se cierran por la noche a las 22
  • 29. horas; introducen a la vecindad por los ladosoriente y occidente. Todo el que entre o salga adeshoras tiene que tocar el timbre para que acudael portero y ha de pagar para que se le abra lapuerta. La vecindad también está protegida por dossantas patronas, la Virgen de Guadalupe y la Virgende Fátima, cuyas estatuas aparecen en cajas decristal, una en cada una de las entradas. Ofrendasde flores y de veladoras rodean a las imágenes ysobre sus faldas aparecen pequeñas medallasbrillantes («milagros»), cada una de las cualestestimonia algún hecho portentoso realizado enfavor de alguien en la vecindad. Son pocos losresidentes que pasan ante las Vírgenes sin haceralgún acto de acatamiento, aunque sólo sea unaojeada o un apresurado persignarse. Dentro de la vecindad existen dos largos patiospavimentados, de alrededor de cuatro metros ymedio de ancho. A intervalos regulares, deaproximadamente tres metros sesenta centímetros,se alinean frente a los patios 157 apartamientos deuna sola habitación, sin ventanas, cada una decuyas puertas está pintada de un color rojosemejante al de los graneros. Durante el día, juntoa la mayor parte de las puertas pueden versefuertes escaleras de madera que conducen a lostechos planos, de poca altura, correspondientes a laparte superior de la cocina de cada vivienda. Estos
  • 30. techos sirven para muchos usos y en ellos puedeverse una multitud de sogas para tender la ropa,jaulas de gallinas, palomares, tiestos con flores ocon hierbas medicinales, tanques de gascombustible para la cocina y ocasionalmentealguna antena de televisión. Durante el día, los patios están llenos de gentey de animales: perros, pavos, pollos y algunospuercos. Los niños juegan allí porque es másseguro el patio que las calles. Las mujeres formanfilas cuando van en busca de agua o conversanentre sí mientras ponen a secar al sol su ropa, y losvendedores ambulantes entran para vender susmercancías. Todas las mañanas llega un hombre,con un gran bote redondo sobre ruedas, a recogerde patio en patio los desechos de cada familia. Porla tarde, las pandillas de muchachos de mayor edadcon frecuencia se apoderan de un patio para jugaralgo que se asemeja al futbol soccer. Los domingospor la noche se celebra, por lo general, un baile alaire libre. Los inquilinos de Bella Vista provienen deveinticuatro de las treinta y dos entidades queintegran la nación mexicana. Algunos vienen desdeun lugar tan lejano en el sur como Oaxaca oYucatán, y otros de los Estados norteños deChihuahua y Sinaloa. La mayor parte de lasfamilias han vivido en la vecindad de quince a
  • 31. veinte años, y algunos hasta treinta. Más de latercera parte de las familias tienen parientesdirectos dentro de la vecindad y aproximadamentela cuarta parte se han relacionado por matrimonioo por compadrazgo. Estos vínculos, además delbajo importe de la renta mensual y la escasez decasas habitación de la ciudad, contribuyen a laestabilidad de los inquilinos. Algunas familias quereciben ingresos más altos tienen sus pequeñasviviendas apretujadas con buenos muebles yaparatos eléctricos, y esperan una oportunidadpara mudarse a algún barrio mejor; pero la mayoríaestán contentos de vivir en Bella Vista y hasta semuestran orgullosos por ello. El sentimiento de comunidad es muy fuerte enla vecindad, particularmente entre los jóvenes quepertenecen a las mismas pandillas, entablanamistades que duran toda la vida, asisten a lasmismas escuelas, se reúnen en los mismos bailescelebrados en los patios y con frecuencia contraenmatrimonio con otras personas de la vecindad. Losadultos también tienen amistades a las cualesvisitan, con las cuales salen y a las que piden dineroen préstamo. Grupos de vecinos organizan rifas ytandas, participan juntos en peregrinacionesreligiosas, y juntos también celebran los festivalesde los santos patronos de la vecindad y las posadasde Navidad, así como otras festividades.
  • 32. Pero estos esfuerzos de grupo son ocasionales:la mayor parte de los adultos «se ocupan de suspropios asuntos» y tratan de conservar la intimidadfamiliar. La mayor parte de las puertas semantienen cerradas y es habitual llamar y esperara que se dé el permiso de entrar cuando se hace unavisita. Algunas personas visitan sólo a susfamiliares o compadres y, en verdad, sólo hanentrado en muy pocas viviendas. No es común elinvitar a algunos amigos o vecinos a comer salvo enocasiones formales tales como días de cumpleañoso celebraciones religiosas. Aunque en algunaocasión los vecinos se prestan ayuda,especialmente ante una emergencia, esta actividadse reduce al mínimo. Las dificultades entrefamilias, originadas por travesuras de los chicos, lasluchas callejeras entre pandillas y los pleitospersonales entre muchachos no son inusitados enBella Vista. Los habitantes de Bella Vista se ganan la Vidaen una gran diversidad de ocupaciones, algunas delas cuales se desempeñan dentro de la vecindad.Las mujeres lavan o cosen ropa ajena; los hombresson zapateros, limpiadores de sombreros ovendedores de fruta y dulces. Algunos salen atrabajar en fábricas o talleres, o bien como choferesy comerciantes en pequeño. Los niveles de vida sonbajos, pero de ninguna manera son los más bajos
  • 33. de la ciudad de México, y la gente que vive en lascercanías considera a Bella Vista como un lugarelegante. Las vecindades de Bella Vista y Magnoliarepresentan agudos contrastes dentro de la culturade la pobreza. La de Magnolia es una pequeñavecindad que está formada por una sola hilera dedoce viviendas sin ventanas, expuestas a la vista delos transeúntes, no tiene muros que la circunden,ni puerta, y sólo un patio de tierra. Aquí, adiferencia de Bella Vista, no existen cuartos debaño interiores ni agua entubada. Dos lavaderospúblicos y dos cuartos de baño arruinados, deladrillo desmoronado y adobe y con cortinas hechasde arpilleras deshilachadas, sirven a los ochenta yseis habitantes. Al trasladarse de la vecindad de Magnolia a lade Bella Vista, puede encontrarse mayor número decamas por habitante y un menor número depersonas que duermen en el piso, más personasque cocinan con gas en lugar de petróleo y carbón,más personas que comen regularmente tres vecesal día, utilizan cuchillo y tenedor para comerademás de tortillas y cucharas, beben cerveza enlugar de pulque, compran de preferencia mueblesy ropa nueva y celebran el Día de los Muertosasistiendo a misa en la iglesia en lugar de dejar lastradicionales ofrendas de incienso, veladoras,
  • 34. alimento y agua en sus casas. La tendencia semueve del adobe al cemento, de las vasijas de barroal equipo de aluminio, de las hierbas medicinales alos antibióticos, y de los curanderos locales a losmédicos. En 1956, el 79 por ciento de los inquilinos deBella Vista tenían radios, el 55 por ciento estufas degas, el 54 por ciento relojes de pulso, el 49 porciento utilizaban cuchillos y tenedores, el 46 porciento tenían máquinas de coser, el 41 por cientovasijas de aluminio, el 22 por ciento licuadoraseléctricas, el 21 por ciento televisiones. EnMagnolia, la mayor parte de estos artículos de lujofaltaban. Sólo una casa tenía televisión y en dos deellas poseían relojes de pulso. En Bella Vista el ingreso mensual por habitantevariaba de 23 a 500 pesos. El 68 por ciento teníaningresos de 200 pesos o menos mensualmente porpersona, el 22 por ciento tenían ingresos entre 201y 300 pesos, y el 10 por ciento entre 301 y 500pesos. En Magnolia más del 85 por ciento de lascasas tenían un ingreso mensual promedio demenos de 200 pesos, ninguno tenía más de 200pesos y el 41 por ciento percibían menos de 100pesos. La renta mensual por una vivienda de unahabitación en Bella Vista variaba de 30 a 50 pesos;en Magnolia iba de 15 a 30 pesos. Muchas familias
  • 35. formadas por el marido, la esposa y cuatro niñospequeños se las arreglaban para vivir con una cifraentre 8 y 10 pesos al día para alimentos. Su dietaconsistía en café negro, tortillas, frijoles y chile. En Bella Vista el nivel educativo variabaampliamente, desde 12 adultos que nunca habíanasistido a la escuela hasta una mujer que estudió enlas aulas durante once años. El número promediode asistencia escolar anual fue de 4.7. Sólo el 8 porciento de los residentes eran analfabetos, y el 20por ciento de los hogares se habían formado bajo elsistema de unión libre. En Magnolia, el nivel de asistencia escolar erade 2.1 años; no había ni un solo graduado deescuela primaria; el 40 por ciento de la poblaciónera analfabeta, y el 46 por ciento de los hogares seformaron dentro del sistema de unión libre. EnBella Vista sólo la tercera parte de las familiasestaban unidas por parentesco directo yaproximadamente la cuarta parte por matrimoniosy compadrazgo. En Magnolia la mitad de lasfamilias tenían un parentesco directo y todasestaban unidas por vínculos de compadrazgo. La familia Sánchez formó parte de una muestraal azar de setenta y una familias seleccionadas enBella Vista para fines de estudio. Jesús Sánchezfiguraba en el grupo de ingresos medios de lavecindad, con un sueldo de 12.50 pesos diarios,
  • 36. como comprador de artículos alimenticios delrestaurante La Gloria. Difícilmente podría habersesostenido él mismo con ingreso tal, de modo quecomplementaba sus gastos vendiendo billetes delotería y por medio de la cría y venta de cerdos,pichones, pollos y aves canoras, además de que,con toda probabilidad, recibía «comisiones» en losdiversos mercados. Jesús se mostró discreto acercade estas fuentes extraordinarias de ingresos, perocon ellas se las arregló para sostener, en una escalamuy modesta, tres diferentes hogares situados enpartes muy distintas de la ciudad. Por el tiempo enque realicé mi investigación, vivía con su esposaDalila, su favorita, más joven que él, en un cuartode la calle de Niño Perdido; la sostenía a ella, a losdos niños que con ella tenía, al hijo de su primermarido, a su madre y a los cuatro niños de su hijoManuel. La esposa de más edad de Jesús, Lupita,sus dos hijas y dos nietos, a todos los cualessostenía él, vivían en una casita que Jesús habíaconstruido en la colonia El Dorado, situada en lossuburbios de la ciudad. Jesús también sostenía lahabitación ubicada en Bella Vista, donde vivían suhija Marta con sus hijos, su hija Consuelo y su hijoRoberto. Salvo por un viejo radio, no había artículos delujo en el hogar que la familia Sánchez tenía enBella Vista, pero por lo regular había bastante
  • 37. comida y la familia podía jactarse de tener unaeducación más amplia que cualquiera de susvecinos. Jesús había asistido a la escuela sólo unaño, pero Manuel, su hijo mayor, terminó los seisaños de instrucción primaria. Consuelo tambiénterminó su instrucción primaria y completó,asimismo, dos años de estudios en una escuelacomercial. Roberto se salió de la escuela al terceraño; Marta terminó el cuarto año. La familia Sánchez difería de algunos de susvecinos por tener una sirvienta, que venía duranteel día para hacer la limpieza, el lavado de la ropa ypreparar las comidas. Esto fue después de lamuerte de la primera esposa de Jesús, Leonor, ycuando sus hijos todavía eran pequeños. Lasirvienta era una vecina o parienta, por lo generaluna viuda o una esposa abandonada dispuesta atrabajar por muy poco dinero. Aunque esto le dabacierto prestigio a la familia, no constituía una señalde riqueza ni era inusitado en la vecindad. Fui presentado a la familia Sánchez por uno demis amigos de la vecindad. En mi primera visitaencontré la puerta entreabierta, y mientrasesperaba a que alguien contestara a mi llamado,pude ver el interior más bien triste, que habíatenido mejores tiempos. La pequeña azotehueladonde estaban situados la cocina y el bañonecesitaba urgentemente pintura y estaba
  • 38. amueblada sólo con una estufa de petróleo de dosquemadores, una mesa y dos sillas de madera sinpintar. Ni la cocina ni la recámara un poco másgrande que estaban más allá de la puerta deentrada tenían nada del aire de prosperidadautoconsciente que pude presenciar en algunos delos hogares más acomodados de Bella Vista. Consuelo acudió a mi llamado. Se veía delgaday pálida y me explicó que justamente acababa depadecer una enfermedad seria. Marta, su hermanamás joven, se le unió cargando un niño envuelto enun rebozo, pero no dijo nada. Les expliqué que yoera un profesor y antropólogo norteamericano yque había vivido varios años en una aldea mexicanapara estudiar sus costumbres. Ahora me ocupabade comparar la vida de las familias que vivían en lasvecindades de la ciudad con la de las que vivían enla aldea y que buscaba en Bella Vista gente quequisiera ayudarme. Para comenzar, les pregunté dónde pensabanque la gente vivía mejor, si en el campo o en laciudad. Después de hacerles unas cuantaspreguntas de esta clase, que en otras entrevistas mehabían sido muy útiles, comencé en seguida conalgunas de las preguntas que contenía mi primercuestionario. En ellas se interrogaba acerca delsexo, edad, lugar de nacimiento, educación yocupación, así como la historia del trabajo
  • 39. desempeñado por cada uno de los miembros de lafamilia. Casi había terminado con estas preguntascuando entró bruscamente el padre, Jesús Sánchez,cargando al hombro un saco de alimentos. Era unhombre de baja estatura, rechoncho, lleno deenergía, con rasgos indígenas, que vestía un overolazul y llevaba un sombrero de paja, un términomedio entre el campesino y el obrero. Entregó elsaco a Marta, dijo unas palabras a título de saludoa Marta y Consuelo y se volvió, suspicaz, apreguntar qué era lo que yo deseaba. Contestólacónicamente a mis preguntas, afirmando que lavida en el campo era muy superior a la de la ciudaddebido a que en ésta los jóvenes se corrompían,especialmente cuando no sabían aprovechar lasventajas de la ciudad. Después dijo que tenía pocotiempo y salió tan abruptamente como habíaentrado. En mi siguiente entrevista a la casa de Sánchezencontré a Roberto, el segundo hijo. Era más alto ytenía la piel más oscura que los demás miembrosde la familia; tenía el cuerpo de un atleta. Eraagradable y de voz suave y me dio la impresión deser inusitadamente correcto y respetuoso. Conmigofue muy cortés siempre, aun cuando estuvierabeodo. Sólo varios meses después encontré aManuel, el hermano mayor, porque estaba por
  • 40. entonces fuera del país. En las semanas y meses que siguieron continuémi trabajo con las demás familias de la»vecindad.Completé los datos que necesitaba de la familiaSánchez después de cuatro entrevistas, perofrecuentemente llegaba a su casa para conversarcasualmente con Consuelo, Marta o Roberto, puestodos se mostraban amistosos y me dieroninformación útil sobre la vida de la vecindad.Cuando comencé a aprender algo acerca de cadauno de los miembros de la familia, me di cuenta deque esta sola familia parecía ilustrar muchos de losproblemas sociales y psicológicos de la vidamexicana de la clase humilde. Entonces decidíiniciar un estudio en profundidad. PrimeroConsuelo, después Roberto y Marta convinieron encontarme sus vidas, historias que fueron grabadascon su conocimiento y autorización. Cuando volvióManuel, también cooperó. Mi trabajo con Jesúscomenzó después de que había estado estudiandoa sus hijos durante seis meses. Fue difícil ganarmesu confianza, pero cuando finalmente aceptó grabarla historia de su vida, esto vigorizó mis relacionescon sus hijos. Debido a que era necesario estar en privadopara obtener una versión independiente de cadaautobiografía, casi toda la labor de grabación sehizo en mi oficina y en mi casa. La mayor parte de
  • 41. las sesiones fueron grabadas individualmente, perocuando volví a México en 1957, 1958 y 1959, me lasarreglé para celebrar discusiones de grupo con doso tres miembros de la familia al mismo tiempo.Ocasionalmente, hicimos alguna grabación en suhogar de Bella Vista. Pero ellos se expresaban conmayor libertad cuando estaban lejos de la vecindad.También me di cuenta de que era útil mantener elmicrófono fuera de su vista fijándolo en su ropa; enesta forma podíamos celebrar nuestrasconversaciones como si no estuviera allí. En la obtención de los datos detallados eíntimos que contienen estas autobiografías, noutilicé ninguna técnica secreta, ni drogasespeciales, ni diván psicoanalítico alguno. Lasherramientas más útiles del antropólogo son lasimpatía y la solidaridad con la gente a la cualestudia. Lo que comenzó como un interésprofesional en sus vidas se convirtió en amistadcordial y duradera. Llegué a interesarmeprofundamente en sus problemas y con frecuenciasentí como si tuviera dos familias a quien atender:la familia Sánchez y la mía propia. He estadocentenares de horas con miembros de la familia; hecomido en sus casas, he asistido a sus bailes y heconvivido con ellos en sus festividades; los heacompañado adonde trabajan, me he reunido consus parientes y amigos y he asistido con ellos a
  • 42. peregrinaciones, a la iglesia, al cinematógrafo y aacontecimientos deportivos. La familia Sánchez aprendió a confiar en mí. Aveces me llamaban en momentos de necesidad o decrisis, y los ayudamos cuando sufríanenfermedades, cuando se emborrachaban, cuandotenían dificultades con la policía, cuando no teníantrabajo o cuando se enfrentaban entre sí. No seguíla práctica antropológica común de pagarles comoinformantes, y me impresionó la ausencia deincentivo monetario en sus relaciones conmigo.Básicamente, fue un sentimiento amistoso el quelos llevó a contarme la historia de sus vidas. Ellector no debe subestimar el valor que se requierepara presentar, como ellos lo hicieron, los muchosrecuerdos y experiencias dolorosas de sus vidas.Hasta cierto punto esto ha servido como unaespecie de catarsis y alivió sus necesidades. Seconmovieron por mi dedicación hacia ellos, y miregreso a México un año tras otro constituyó unfactor decisivo para aumentar su confianza. Suimagen positiva de los Estados Unidos como unpaís «superior» indudablemente reforzó miposición ante ellos y me colocó en el papel de unafigura autoritaria benévola, más bien que lapunitiva que estaban tan acostumbrados a ver en supropio padre. Su identificación con mi trabajo y susentido de participación en un proyecto de
  • 43. investigación científica, por vaga que haya sido laforma en que concibieron sus objetivos últimos, lesproporcionó una sensación de satisfacción y deimportancia que los transportó más allá de loshorizontes más limitados de sus vidas diarias. Confrecuencia me dijeron que si sus autobiografíaspudiesen ayudar a otros seres humanos en algunaparte, experimentarían una sensación de laborcumplida. En el transcurso de nuestras entrevistaspresenté centenares de preguntas a Manuel,Roberto, Consuelo, Marta y Jesús Sánchez.Naturalmente, mi preparación como antropólogo,mi familiaridad de años con la cultura mexicana ymis valores propios influyeron en el resultado finalde este estudio. Si bien utilicé en las entrevistas unmétodo directivo, estimulé la libre asociación, y fuiun buen oyente. Intenté abarcar sistemáticamenteuna amplia variedad de temas: sus primerosrecuerdos, sus sueños, sus esperanzas, temores,alegrías y sufrimientos; sus ocupaciones, susrelaciones con amigos, parientes, patronos; su vidasexual; sus conceptos de la justicia, la religión y lapolítica; sus conocimientos sobre geografía ehistoria; en resumen, su concepto total del mundo.Muchas de mis preguntas los estimularon aexpresarse sobre temas en que de no haber sido asíjamás hubieran pensado ni proporcionado
  • 44. voluntariamente información sobre ellos. Sinembargo, las respuestas fueron las suyas propias. Al preparar las entrevistas para su publicación,he eliminado mis preguntas y seleccionado,ordenado y organizado sus materiales enautobiografías congruentes. Si se acepta lo que diceHenry James de que la vida es toda inclusión yconfusión, en tanto que el arte es tododiscriminación y selección, entonces estasautobiografías tienen al mismo tiempo algo de artey algo de vida. Creo que esto de ninguna manerareduce la autenticidad de los datos o su utilidadpara la ciencia. Para aquellos de mis colegas queestén interesados en la materia prima, tengo a sudisposición las entrevistas grabadas. La revisión final ha sido más extensa enalgunos casos que en otros. Manuel, con mucho elmás fluido y dramático relator de la familia,requirió relativamente poco trabajo. Suautobiografía refleja mucho de su estructuraoriginal. Pero, quizá más que las otras, pierdemucho con la transcripción porque su autor es unactor nato con gran facilidad para los matices, laspausas y la entonación. Una sola pregunta confrecuencia provocaba un monólogo ininterrumpidode cuarenta minutos. Roberto hablaba confacilidad, aunque menos dramáticamente y enforma más sencilla, sobre sus aventuras, pero se
  • 45. mostró más restringido acerca de sus sentimientosy de su vida sexual. En el caso de Consuelo fuenecesaria una gran labor de revisión debido a lasuperabundancia de material. Además de lasentrevistas grabadas, ella también escribió enforma extensa sobre diversos incidentes acerca delos cuales la interrogué. Marta fue quien mostrómenos facilidad para el monólogo extenso o para laorganización de las ideas. Durante mucho tiempocontestó a la mayor parte de mis preguntas con unasola frase o una oración. En este sentido era comosu padre. Sin embargo, dándoles tiempo y estímuloambos se volvieron más fluidos y tuvieron susmomentos elocuentes. Manuel fue el menos inhibido para utilizar latípica jerga de los barrios bajos, con toda suprofanidad y su fuerte metáfora sexual. Robertotambién habló en forma muy natural, pero confrecuencia preludiaba alguna expresión fuerte conun cortés «con el perdón de usted, doctor».También Marta habló en su lengua natural.Consuelo y su padre fueron los más formales y«correctos» y raras veces se sirvieron de términosvulgares durante las sesiones de grabación. La fluencia del lenguaje y el vocabulario de losmexicanos, ya se trate de campesinos o dehabitantes de los barrios bajos, siempre me hallamado la atención. En general, el lenguaje de
  • 46. Manuel y el de Consuelo es bastante más rico queel de Roberto y Marta, tal vez porque los primerosasistieron durante más tiempo a la escuela. El usoque Manuel hace de términos un tanto elaborados,como «subconsciente», «luminarias» y «opulenciaportentosa» puede parecer sorprendente, peroManuel lee Selecciones y tiene cierta tendenciahacia la intelectualidad. Además, en nuestros días,aun los analfabetos habitantes de los barrios bajosreciben ideas y terminología avanzadas por obra dela televisión, la radio y el cinematógrafo. El lector podrá advertir que existe un marcadocontraste entre Jesús Sánchez y sus hijos. Estecontraste refleja no sólo la diferencia entre laformación en el campo y la urbana, sino también ladiferencia entre el México prerrevolucionario y elposrevolucionario. Jesús nació en una pequeñaaldea en el Estado de Veracruz en 1910, el añomismo que señaló el comienzo de la RevoluciónMexicana. Sus hijos nacieron entre 1928 y 1935 enlos barrios bajos de la ciudad de México. Jesúscreció en un México sin automóviles, sincinematógrafos, sin radios ni televisión, sineducación universal libre, sin elecciones libres y sinla esperanza de experimentar una movilidadascendente ni hacerse rico con rapidez. Creció en latradición del autoritarismo, con su acentuación enser respetuoso, el trabajo tenaz y la
  • 47. autoabnegación. Los hijos de Sánchez, aunquesujetos a su carácter dominante y autoritario,también recibieron la influencia de los valoresrevolucionarios, pero con su más acentuadainsistencia en el individualismo y en la movilidadsocial. Es tanto más notable, por lo tanto, que elpadre que nunca aspiró a ser más que un simpletrabajador se las arreglara para elevarse desde lasprofundidades inferiores de la pobreza, en tantoque sus hijos han permanecido en ese nivel. Megustaría subrayar que la familia Sánchez no está deninguna manera en el nivel más bajo de la pobrezaen México. Aproximadamente un millón y mediode personas, entre una población total deaproximadamente cinco millones de almas quetiene la ciudad de México, viven en condicionessimilares o peores. La persistencia de la pobreza enla ciudad más importante de la nación, cincuentaaños después de la gran Revolución Mexicana,presenta serias cuestiones acerca del grado en queeste movimiento ha logrado alcanzar sus objetivossociales. A juzgar por la familia Sánchez, por susamigos, vecinos y parientes, la promesa esencial dela Revolución no ha sido cumplida aún. Esta afirmación se basa en el conocimientopleno de los cambios impresionantes y de largoalcance que se han producido por obra de laRevolución: la transformación de una economía
  • 48. semifeudal, la distribución de la tierra a loscampesinos, la emancipación del indio, lavigorización de la posición de la clase obrera, ladifusión de la educación pública, la nacionalizacióndel petróleo y de los ferrocarriles y la aparición deuna nueva clase media. Desde 1940 la economía haestado en expansión y el país ha llegado a seragudamente consciente de la producción. Losprincipales periódicos informan diariamente en susencabezados de progresos cada vez más notables enla agricultura y la industria y orgullosamenteanuncian la existencia de fuertes reservas de oro enla tesorería de la nación. Se ha creado un espíritude auge que recuerda la gran expansión de losEstados Unidos a fines del siglo pasado ycomienzos del actual. Desde 1940 la población haaumentado de aproximadamente 19 millones a 34millones en 1960. La ciudad de México es ahora laciudad más grande de América Latina y ocupa eltercero o cuarto lugar en el Continente Americano. Una de las tendencias más significativas enMéxico desde 1940 ha sido la creciente influenciade los Estados Unidos en la vida mexicana. Nuncaantes, en la larga historia de las relaciones entre losEstados Unidos y México, ha existido una tanintensa y variada interacción entre ambos países.La estrecha cooperación que tuvo lugar durante lasegunda Guerra Mundial, el rápido ritmo de
  • 49. inversión norteamericana, que ha llegado a ser caside mil millones de dólares en 1960, el notablecrecimiento de los turistas norteamericanos enMéxico y de los mexicanos que visitan los EstadosUnidos, la emigración anual de varios centenaresde miles de trabajadores del campo a los EstadosUnidos, el intercambio de estudiantes, técnicos yprofesores, y el número cada vez mayor demexicanos que se convierten en ciudadanosnorteamericanos han integrado un nuevo tipo derelaciones entre los dos países. Los principales programas de televisión sonpatrocinados por compañías controladas porextranjeros, tales como la Nestlé, la GeneralMotors, la Ford, Procter & Gamble y Colgate. Sóloel hecho de que se utilice la lengua española yrepresenten artistas mexicanos distingue a losanuncios de los que se emiten en los EstadosUnidos. Las prácticas de venta al detalle por losgrandes almacenes se han hecho populares en lamayor parte de las grandes ciudades, por obra decompañías comerciales como Woolworth’s y SearsRoebuck & Co., y los supermercados donde elcliente se despacha a sí mismo ahora empacanmuchas marcas de productos norteamericanos parauso de la creciente clase media. La lengua inglesaha sustituido a la francesa como segundo idioma enlas escuelas, y la tradición médica francesa está
  • 50. siendo reemplazada lenta, pero seguramente, porla medicina norteamericana. A pesar de la producción incrementada y de laaparente prosperidad, la desigual distribución de lacada vez mayor riqueza nacional ha hecho que ladisparidad entre los ingresos de los ricos y los delos pobres sea más notoria que nunca antes. Y apesar de que se ha registrado algún aumento en elnivel de vida de la población en general, en 1956más del 60 por ciento de la población estabatodavía mal alimentada, mal albergada y malvestida, el 40 por ciento era analfabeta y el 46 porciento de los niños del país no asistían a la escuela. Una inflación crónica desde 1940 ha reducidoel ingreso real de los pobres, y el costo de la vidapara los trabajadores en la ciudad de México haaumentado más de cinco veces desde 1939. Segúnel censo de 1950 (cuyos datos se publicaron en1955), el 89 por ciento de todas las familiasmexicanas que informaron sobre sus ingresospercibieron menos de 600 pesos al mes. Un estudiopublicado en 1960 por una competente economistamexicana, Ifigenia M. de Navarrete, mostró queentre 1950 y 1957 aproximadamente la terceraparte de la población situada en la parte inferior dela escala sufrió una disminución en su ingreso real. Es un hecho del dominio común que laeconomía mexicana no puede dar ocupación a
  • 51. todos los habitantes del país. De 1942 a 1955aproximadamente un millón y medio de mexicanosfueron a los Estados Unidos a trabajar comobraceros, o sea, como trabajadores agrícolastemporales, y esta cifra no incluye a los «espaldasmojadas» ni a otros inmigrantes ilegales. Si losEstados Unidos cerraran de pronto sus fronteras alos braceros, tal vez se presentaría en México unacrisis grave. México también ha llegado a dependercada vez más del turismo norteamericano paraestabilizar su economía. En 1957 más de 700 000turistas provenientes de los Estados Unidosgastaron casi seiscientos millones de dólares enMéxico, con lo cual el turismo viene a ser laindustria más importante del país. El ingresoderivado del comercio turístico esaproximadamente igual al presupuesto federal dela nación. Un aspecto del nivel de vida que ha mejoradomuy poco desde 1940 es la vivienda. Ante el rápidoaumento de la población y la urbanización, lasituación de amontonamiento y la vida en losbarrios bajos en realidad han empeorado. De los5.2 millones de viviendas de que se informa en elCenso de 1950, el 60 por ciento sólo tenían unahabitación, y el 25 por ciento dos; el 70 por cientode todas las viviendas estaban hechas de adobe,madera, cañas y varas o piedras sin labrar, y apenas
  • 52. el 18 por ciento de ladrillo y cemento. Solamente el17 por ciento tenían agua entubada para su usoprivado. En la ciudad de México la situación no esmejor. Cada año la ciudad se embellece alconstruirse nuevas fuentes, al plantar flores a lolargo de las principales avenidas, al erigir mercadosnuevos e higiénicos y al expulsar de las calles amendigos y vendedores ambulantes. Pero más de latercera parte de la población vive en viviendaspobres, en vecindades donde padecen una crónicaescasez de agua y sufren la falta de elementalesinstalaciones sanitarias. Por lo regular, lasvecindades consisten en una o más hileras deconstrucciones de un solo piso, con una o doshabitaciones que dan frente a un patio común. Losedificios se han construido de cemento, ladrillo oadobe y forman una unidad bien definida que tienealgunas de las características de una pequeñacomunidad. Las dimensiones y los tipos devecindades varían muchísimo. Algunas constan desólo unas cuantas viviendas, en tanto que otrastienen varios centenares. Algunas están ubicadasen el corazón comercial de la ciudad, en edificioscoloniales españoles en decadencia, de los siglosXVI y XVII, que tienen dos o tres pisos, en tantoque otros, en los suburbios de la ciudad, estánformados por chozas de madera (jacales) y semejan
  • 53. Hoovervilles semitropicales. Me parece que el material contenido en estelibro tiene importantes implicaciones para elpensamiento y la política de los Estados Unidosrespecto de los países subdesarrollados del mundo,en especial los de América Latina. Ilumina lascomplejidades sociales, económicas y psicológicasa las que se debe hacer frente en cualquier esfuerzopara transformar y eliminar del mundo la culturade la pobreza. Sugiere que los cambios básicos enlas actitudes y en los sistemas de valores de lospobres tienen que ir de la mano con mejoramientosrealizados en las condiciones materiales de vida. Aun los gobiernos mejor intencionados de lospaíses subdesarrollados se enfrentan a difícilesobstáculos a causa de lo que la pobreza ha hecho alos pobres. Ciertamente la mayor parte de lospersonajes que aparecen en este libro son sereshumanos muy lastimados. Pero con todos susdefectos y debilidades, son los pobres quienessurgen como los verdaderos héroes del Méxicocontemporáneo, porque ellos están pagando elcosto del progreso industrial de la nación. Enverdad, la estabilidad política de México es untriste testimonio de la gran capacidad para soportarla miseria y el sufrimiento que tiene el mexicano
  • 54. común. Pero aun la capacidad mexicana para elsufrimiento tiene sus límites, y a menos que seencuentren medios para lograr una distribuciónmás equitativa de la cada vez mayor riquezanacional y se establezca una mayor igualdad desacrificio durante el difícil periodo deindustrialización, debemos esperar que, tarde otemprano, ocurrirán trastornos sociales. PRÓLOGO Jesús Sánchez Puedo decir que no tuve infancia. Nací en unpueblo que está al lado del Paso del Macho, en elEstado de Veracruz. Es un poblacho muy solitario,triste aquello, y de allá apenas me acuerdo. Enprovincias el niño no tiene las mismas.. , cómo lediría yo... las mismas oportunidades que tienen losniños de la capital. Usted sabe que el niño depueblo, rancho o provincia carece de todo. Mipadre no nos dejaba jugar con otros chamacos;nunca nos compró juguetes; siempre aislados. Ésafue mi niñez. A la escuela fui nada más un año,pues mi padre no quería muy bien que fuera a la
  • 55. escuela. Antes, los padres pensaban de un modo yhoy piensan de otro, ¿verdad? Lo poco que sé leerlo fui aprendiendo poco a poco cuando ya andabafuera de casa. Desde que pude trabajar, empecé atrabajar; puedo decir que desde los diez años hastahoy día. Nosotros vivimos siempre en casas de unapieza, como la que conoce usted ahora, como la quetengo hoy día. En una pieza dormíamos todos, cadauno en su camita de madera, hechas de tablas ycajones. Allí no había camas de tambor como las deaquí. Por la mañana, me levantaba y mepersignaba; me lavaba la cara y la boca, y luego meiba a buscar agua. Después de desayunar, si no memandaban a cortar leña, me sentaba a la sombra. Aveces agarraba un machete y un mecate, y me iba alcampo a buscar leña seca. Volvía cargando unpesado atado desde muy lejos. Ése era mi trabajocuando vivía en casa. Empecé a trabajar desde muychico; pero de juegos, nada... no conocí juegos. En sus tiempos, cuando joven, mi padre fuearriero, trabajaba con mulas. Comprabamercancías y las iba a vender a otras partes, muylejos. Era completamente analfabeto. Después pusouna tienda en un camino real, de un pueblo a otro,en puro monte. Allí mismo hizo su jacal, y allínacimos nosotros. Después nos cambiamos a unpueblo, donde mi padre abrió una pequeña tienda.
  • 56. Cuando llegamos, mi padre tenía en el bolsillo 25pesos, y con ese capital empezó a trabajar elcomercio otra vez. Allí había un compadre que levendió una marrana grande en 20 pesos, y aquellamarrana le daba en cada cría 11 marranos. En aquelentonces, los marranos de dos meses valían diezpesos. ¡Y diez pesos, entonces, valían! Así empezóotra vez mi padre; con mucha constancia y muchoahorro levantó cabeza. Empezó a hacer cuentas,aprendió a sumar, y él solo hasta aprendió a leer unpoco. Más tarde abrió una tienda de abarrotes,grande y bien surtida, en Huauchinango. Yo tengo una libreta en que anoto muchascosas, como hacía mi padre. Anoto las fechas denacimiento de cada uno de mis hijos, los númerosde mis billetes de lotería, lo que gasto en losmarranos y lo que gano de su venta. Mi padre era poco comunicativo con sus hijos.Todo lo que sé de él y de su familia es que conocí asu madre, mi abuelita, y a otro señor que fue mediohermano de mi padre. No conocimos a su padre.Nunca conocí a la familia de mi madre porque mipadre no se llevaba bien con ellos. Mi padre no tenía a nadie que le ayudara.Usted sabe que algunas familias no se llevan bien,como por ejemplo Consuelo y sus hermanos. Haypequeñas diferencias que los alejan, y éste fue elcaso de mi padre con su gente: siempre vivieron
  • 57. retirados uno del otro. Entre mis hermanos sí había armonía; peroellos crecieron, y se fueron cada uno por su lado.Yo, como fui el más chico, me quedé en casa. Mihermano mayor entró de soldado, y en unaccidente se mató; se le disparó el rifle. Después,Mauricio, el segundo, él estaba en la tienda deHuauchinango, la segunda tienda, porque laprimera terminó con la revolución. Mi hermanoMauricio estaba en la tienda cuando entraron unoshombres a robar. Eran cuatro hombres, y agarró auno y le desarmó, pero por detrás otro le dio ungolpe y lo mató. Murió rápido: le echó fuera losintestinos. Son dos. Otro, mi hermana Eustaquia,murió allí en Huauchinango, joven ella todavía,como de veinte años. Después, un hermano mío,Leopoldo, murió aquí en la capital, en el HospitalGeneral. Así que, de los cinco hermanos —fuimosseis, pero mi hermano gemelo murió de chiquito—nada más quedo yo de la familia. Mi padre no era muy cariñoso que digamos.Naturalmente, como la mayoría de los jefes defamilia, era muy económico. Él no se daba cuentaexacta de si yo necesitaba alguna cosa, y en laprovincia no había mucho en qué gastar. No habíateatro, ni cines, ni futbol, nada de nada. Ahoraquién sabe cómo estén las cosas, pero en aquelentonces no había nada de eso. Mi padre nos daba
  • 58. cada domingo unos cuantos centavos. Ya sabeusted que hay distintos caracteres, y que no todoslos padres saben mimar al hijo. Mi padre pensabaque si mimaba mucho al hijo, luego no serviría paratrabajar, lo echaría a perder. Yo también pienso así.Si uno mima mucho al hijo, pues el hijo no sedesenvuelve por sí solo, no aprende a ver la vidacomo es, crece temeroso porque tiene siempre laprotección de los padres. Mi madre nació en un pueblo pequeño, yapenas recuerdo cómo se llama. Era una personamuy callada, y como yo era el más chico a mí no meplaticaba nada. Mi madre era una personatranquila, buena gente, con un corazón noble, yrecibí mucho cariño de ella. Mi padre era más duro,más enérgico. Mi madre fue una mujer limpia yrecta en sus cosas, ordenada en todo, en sumatrimonio, en todo. Pero mis padres teníandisgustos porque mi padre tenía otra mujer, y mimadre estaba celosa. Yo tendría unos siete años cuando se separaronmis padres. Ya los revolucionarios habían saqueadola tienda; así terminó todo el negocio. Se acabó lafamilia, se deshizo el hogar por completo. Yo me fuicon mi madre y mi hermano que trabajaba de peónen un rancho. Yo también trabajaba en el campo,cortando caña. Dos años más tarde, mi madre seenfermó, y mi padre vino en burro a vernos.
  • 59. Vivíamos en una casita muy pobre, nomás teníatecho en un lado, el otro estaba descubierto.Pedíamos maíz prestado porque ni había paracomer. Estábamos muy, muy pobres. No habíamedicinas, ni médicos, ni nada para curar a mimadre, y fue a morir a la casa de mi padre; sureconciliación se hizo a última hora. Bueno, cuando murió mi madre... ¡ahí empezóla tragedia! Yo tenía unos diez años cuando me fuia vivir con mi padre. Como a los doce años, cuandomucho, salí de casa para trabajar. No tuvimosmadrastra hasta mucho más tarde. Yo estaba fuerade casa cuando sucedió este asunto. Mi padre secasó con una señora de por allí, una mujer que lerobó, le quitó todo y lo dejó en la calle; ella y sushermanos. Ya iban a matarlo una noche, por eldinero, nada más que unos vecinos se metieron, yentonces se separó la mujer. Se habían casado porlo civil. La mujer, en combinación con la gente deallí, le quitó la casa y le quitó todo. Entonces compró otra casita por otro lado delmismo pueblo, y ahí se puso a trabajar otra vez enel comercio. Pero entonces él se enfermó demuerte. Sí, a veces los hombres queremos ser muyfuertes y muy machos, pero en el fondo no losomos. Cuando se trata de una cosa moral... unacosa de familia que le toca a uno las fibras delcorazón, a solas el hombre llora y le duele. Usted se
  • 60. habrá dado cuenta que mucha gente toma hastaahogarse y caerse, y otros agarran la pistola y sepegan un tiro porque ya no pueden con aquello quesienten dentro. No hallan cómo expresarse, nohallan con quién explayarse, a quién contarle suspenas; agarran la pistola, y fuera... ¡se acabó! Y, aveces, los que se creen muy machos, cuando estána solas con su conciencia, no lo son. Nomás sonvalentonadas de momento. Cuando murió mi padre, dejó allí una casitacon algo de mercancía, que yo recogí. Yo era elúnico hijo que quedaba. Estaba ya en México,trabajando en el restaurante, pero unos señores deallá me mandaron un telegrama. Encontré a mi padre todavía con vida, y yo lo vimorir. Cuando estaba junto a su cabecera me dijo:—No les dejo nada, pero sí un consejo les doy:nunca se junten con amigos, es mejor andar solo.—Así hice yo toda mi vida. Fue muy poca cosa lo que él dejó. Y ese mediohermano de mi padre, en combinación con la gentede allí, me metió en la cárcel. Yo le di lo que mipadre dejó para él en el testamento escrito, debíadarle el cincuenta por ciento. Pero el mediohermano de él era un hombre muy flojo, pa’ nadaservía, no le gustaba trabajar. Yo cumplí en unaforma limpia, legal. Hasta le di una máquina viejade coser Singer que había en la casa. Le dije:
  • 61. —Llévate eso, tío. —Yo, de buen corazón, y enforma sincera, le dije: —Mira, aquí está lo que tecorresponde a ti, y llévate esa máquina para tumujer, para tu señora. —Pues, aun con todo eso, memetió en la cárcel. Por cien pesos. Le dije: —¡Quémiserable eres! —Le di los cien pesos; los otros selos repartieron y a él le dieron diez pesos. ¿Ve ustedlas cosas? Así es que ni en la propia parentelapuede uno confiar cuando se trata de dinero. Laambición es tremenda. Yo, ya de chico, me acostumbré a trabajarconstantemente. Veía que mi padre ganaba dinerocon su comercio chico, y yo quería tener el mío, noen gran escala, pero sí ganarlo con esto, con mismanos y no con dinero de mi padre. Nunca tuveambición de la herencia de parte de mi padre,ninguna. Yo pensaba: «Si algún día tengo algúndinero, que sea por mi trabajo, no porque me lo dénadie, vecino, pariente, tío o mi padre, no; que seaganado con mis propias manos.» Eso fue lo que mehizo tomarle amor al trabajo. Y otra cosa, másimportante: que al irme de casa yo sabía que si notrabajaba no comía. Cuando me fui de casa de mi padre tenía unosdoce años. Me marché sin decir nada a nadie.Primero trabajé en un molino, luego limpiandoterreno con el azadón en una plantación de caña, ydespués cortando caña en un ingenio. El trabajo era
  • 62. muy duro, y entonces pagaban un peso y medio porcortar novecientas o mil cañas. Poco a poco me fuiacostumbrando a ese trabajo y al principio hacíamedia tarea; me pagaban 75 centavos de peso, nipara comer. Tenía mucha hambre y me pasabamuchos días sin comer o con sólo una comida aldía. Por eso digo que no tuve infancia. Así trabajécuatro años. Después conocí a un español que tenía unmolino de masa. Él sabía que yo conocía algo debásculas, y un día me dijo: —Me voy a México; siquieres venir, yo te puedo dar trabajo. —Y yo ledije: —Sí, señor. —Todo mi equipaje era una cajitaque tenía con ropa. Yo quería conocer Méxicoporque nunca había salido. Tomamos el tren paraMéxico al día siguiente en la mañana y llegamos aTacuba, donde paramos. Después de trabajar untiempo para él, me corrieron, así, de plano.Tuvimos una pelea por unas pesas de la báscula.Bueno, él buscó la forma de echarme. Usted ya sabecómo es la gente cuando ven a otro más tonto ymás analfabeto. Pos claro, hacen lo que quieren,¿no? En aquel entonces yo estaba recién venido deuna hacienda, ignorante de todo. Yo había acabadolos centavos que traía, no conocía una sola calle; niun centavo, sin dinero, sin conocer a nadie, ninada. Bueno, y como dicen algunas gentes: «Donde
  • 63. todo falta, Dios asiste. «Había un señor quetrabajaba en un molino de masa y que pasaba adiario por allí. Un día me vio y me dijo que supatrón quería que picara unas piedras para sumolino. Aquella noche estaba en la esquina de lacalle, con mi cajita de ropa, sin un centavo y sinsaber qué hacer. De haber tenido dinero me habríaido a mi tierra. En ese momento pasó ese señorcomo bajado del cielo, y me preguntó: —¿Qué haceaquí? —Le conté lo que había ocurrido, y me dijo:—No se apure, vámonos a la casa y yo le voy aconseguir trabajo. —Pero había eso de lossindicatos. Al día siguiente fuimos a ver a supatrón, pero me dijo que necesitaba estar en elsindicato para poder trabajar en su molino. Yo notenía ni un centavo. Vinimos desde la Tlaxpana yfui andando hasta cerca de Tepito, donde estaba elsindicato de molineros. Me preguntaron cuántodinero traía, y cuando les dije que ni un centavo,pues no pudo arreglarse nada. Volví andando otravez, sin nada en el estómago. Estaba en la mismasituación que antes, vuelta a pasar hambre. Por esoalgunas veces regaño a mis hijos, porque yosiempre les he dado techo, plato y sopa. Entonces me fui buscando por las tiendas deabarrotes, a ver si buscaban un mozo. Yo conocíaalgo de abarrotes, podía despachar ligero. Fuibuscando tienda por tienda, pero sin suerte. Por
  • 64. todos lados veía pan, y yo con tanta hambre; no sepuede imaginar lo que uno siente. Después dealgunos días de andar así, conocí a un señor en laTlaxpana, a una cuadra de donde yo estaba. Teníauna tienda de abarrotes muy bien parada. Mepreguntó: —¿Quieres trabajar? —Sí, señor. —¿Tienes referencias? —No, señor. Acabo de llegar de Veracruz. —Yo,pidiéndole a Dios que me diera algún trabajo, o decomer. Le dije que sólo me conocía un señor quetenía un molino allí cerca. Fue a ver al señor, yluego me dijo que me tomaría a prueba quince días.Ganaba medio peso diario y el alimento. Al otrodía, allí estaba yo con mi paquete de ropa, porqueno tenía dónde dejarla. En seguida me puse adespachar. Yo andaba como sobre rieles, rápido entodo; necesitaba trabajar, necesitaba comer.Pasaron quince días, pasó un mes, pasaron dos,tres... Yo andaba muy contento. Trabajaba de lasseis de la mañana a las nueve de la noche, sindescansar. El desayuno se tomaba en la tienda,helado; no había tiempo de tomarlo caliente. Habíamucha clientela. Iba a dejar pedidos a domicilio, ycargaba sacos de sal y cajas de cerveza que apenaspodía levantar. Una mañana, el patrón llevó a otro muchacho
  • 65. y me dijo: —Oye, Jesús, ven acá. Este muchacho seva a quedar en tu lugar. Tú no sirves; mañanamismo te vas de aquí. —Así, con esas palabras tandulces y consoladoras, me echó del trabajo. A lamañana siguiente estaba otra vez en la calle. Algunas veces esas situaciones le benefician auno, porque uno aprende a ser hombre y aprendea apreciar las cosas en todo su valor; sabe uno loque cuesta ganar el alimento con el sudor de lafrente. El criarse lejos de los padres ayuda a ver lascosas como son. Cuando estaba en la tienda conocí a unmuchacho que tenía un pariente que cuidaba todoun edificio. Le pedí que me diera una nota para estepariente, y fui a verle. Le entregué la nota, y medijo: —Cómo no, acomódese donde guste y pongala cajita donde quiera. —Allí me quedé, sin uncentavo, y otra vez empecé a buscar trabajo. Es entonces cuando entré a trabajar en elrestaurante La Gloria. Me pagaban doce pesos almes y tres comidas. Entré con todo y mi cajita deropa, y me puse a hacer todo lo que me mandaban.Trabajaba todo lo que podía, y pocos días despuéstuve una hernia por levantar un bulto pesado. Fuial baño, y vi una bolita aquí en la ingle. La apreté yme dolió. Fui al médico, y me dijo que era unprincipio de hernia. Tuve suerte de ir a aquelmédico, porque era del Hospital General y él me
  • 66. internó. Y ahora ¿qué hago con mi trabajo? Hablécon el patrón, un español, hombre decente y buenagente. Le pedí permiso para que me operaran. Meoperaron rápido, pero cometí una tontería.Después de la operación, sentía muy raro por lasgrapas. Por la noche alcé el vendaje y me toqué conla mano, y me infecté. En lugar de estar quince díasen el Hospital, tuve que estar cinco semanas. Cuando salí, me fui derecho para elrestaurante, y ya estaba otro en mi lugar. Pero elpatrón me volvió a admitir. Sí, llevo más de treintaaños de servicio, sin faltar ni un solo día. Losprimeros quince años trabajé dentro; ayudaba entodo y aprendí a hacer pan y helados. Trabajaba de14 a 15 horas. Después empecé a hacer las compraspara el restaurante. Cuando empecé a trabajar,ganaba ochenta centavos por día. Ahora, despuésde treinta años, tengo el salario mínimo de oncepesos diarios. Pero nunca pude vivir solamente coneste salario. En treinta años rara vez he perdido un día detrabajo. Aunque esté enfermo, no falto. Parece queel trabajo es una medicina para mí. Hasta se meolvidan a veces los problemas hogareños. Me gustatodo lo que tengo que caminar, me gusta platicarcon los vendedores del mercado. Los conozco atodos, después de tantos años de comprarles fruta,verduras, queso, mantequilla y carnes. Hay que
  • 67. saber comprar, porque todas las frutas tienen sutemporada, ¿no? Como los melones; ya estánbuenos, ya se pueden comprar. Los primeros novalen porque vienen de diferentes partes, deMorelos, de Michoacán, de Cortazar. Los deGuanajuato son muy buenos, y también losamarillos de Durango. Lo mismo con la naranja ycon las verduras. De los aguacates, el mejor es el deAtlixco y Silao, pero la mayor parte se exporta aEstados Unidos. Jitomates, ahorita hay muchomalo; barato, pero malo. Hay que observar muchopara conocer las frutas y poder comprar. Yo compro cada día unos 600 pesos demercancía para el restaurante. Por la mañana meentregan el dinero y yo pago en efectivo por cadacompra. No hay notas ni recibos. Yo llevo miscuentas, y cada día entrego a la caja la lista degastos. Todos los días llego al restaurante a las sietepara abrir las cortinas. Después trabajo un pocodentro, desayuno y me voy al mercado a las nuevey media. Me ayudan dos muchachos que llevan encarretillas la compra al restaurante. Luego regresocomo a la una y media; casi siempre falta algo, yhago otro viaje. Vuelvo al restaurante a las tres,como, y a eso de las cuatro me marcho a cuidar demis marranos, a vender billetes de lotería y a visitara mi hija Marta y los niños.
  • 68. Los compañeros de trabajo me aprecianmucho, me estiman por ser yo el más viejo de lacasa. En el trabajo siempre bromeamos y estotambién es una distracción. Yo siempre me heportado dentro del orden y me he llevado bien conel patrón. Muchos obreros sienten cierta antipatíahacia el patrón y no tienen mucha ayuda moral,digamos, de la casa. Yo, por ese lado, estoy bienporque sé que el patrón me estima. Lo demuestrael hecho de que a mí me permite trabajar parejo,los siete días de la semana y las vacaciones.Durante años he trabajado el miércoles, mi díalibre. Respeto a mi patrón y trabajo lo mejor quepuedo. Él es para mí como un padre. Todo lo que hago es trabajar y cuidar de mifamilia. Nunca voy a fiestas. Sólo una vez, cuandovivíamos en la calle de Cuba, fui a una fiesta quehacían personas de la misma vecindad donde yoestabas Allí bailé un poquito, pero sin tomar grancosa; me fui a acostar a mi casa, y se acabó. Para míno hay paseos ni fiestas, ni hay nada, sólo trabajo yfamilia. Donde trabajo no tengo compadres. Yoconsidero que el compadrazgo es cosa seria, unacosa que debe respetarse. Cuando he tenidocompadres he procurado que sean gentes mayoresde edad, no jovencitos ni de la casa donde yotrabajo. No me gusta, porque luego hacen fiestas, se
  • 69. emborrachan mucho y hasta se matan. Cuando meinvitan, nunca voy. Fue en La Gloria donde conocí a Leonor, lamamá de mis hijos. Me enamoré de ella. Erachaparra, pero ancha de espaldas, morena, de esagente muy fuerte. Yo tenía unos dieciséis años, yella dos o tres más que yo. Llevaba muchos añosviviendo aquí, en la capital, y había tenido unmarido en unión libre. Yo la recibí con una niñacomo de diez meses. Para mí era lo más natural.Pero la niña enfermó y murió al poco tiempo. Yoganaba ochenta centavos al día y no podía pagardiez o quince pesos al mes por una casa. Por eso fui a vivir con su familia. Entonces yoera muy joven, muy pobre y muy torpe, como unpedazo de madera. Pero, a los quince años ¿quéexperiencia podía tener? ¿Qué experiencia podíatener del matrimonio, de las obligaciones delhogar? Ninguna. Me casé porque necesitaba vivircon mi mujer. Pero, como decimos aquí, el muerto y elarrimado a las veinticuatro horas apestan. Sushermanos tomaban mucho y había disgustosporque pegaban a sus mujeres. Entonces yo hice elesfuerzo de buscar una casita para vivir aparte.Encontré una habitación, por la que pagábamosdiez pesos. Yo no tenía ni cama. Ella ganaba buenoscentavos con el pastel que vendía. A veces ganaba
  • 70. sus ocho pesos diarios. El comercio siempre deja y,como decimos aquí: yo «me enterré como uncamote» en el restaurante y ya no salí. Leonor tenía su carácter, un genio muy fuerte,y por eso no podía vivir tranquilo con ella. Queríaque nos casásemos, y eso me ponía furioso. ¡Yopensaba que me quería amarrar para toda la vida!Estaba equivocado, pero así era yo entonces. Leonor fue la primera mujer que conocí.Perdimos a nuestro primer hijo, una niña que sellamaba María. Se murió a los dos o tres días denacer, de pulmonía. Algunos dicen que se lereventó el vientrecito. Después nació Manuel, y yome sentía feliz con mi primer hijo. Estaba hastaorgulloso de ser padre. Le miraba como si fuerauna persona extraña. Yo era tan joven que no teníaexperiencia. Uno no siente mucho cariño alprincipio por los hijos, pero a mí siempre megustaron los niños. En aquel entonces yo estabacompletamente en la miseria; ganaba sólo ochentacentavos al día y eso no daba para mucho.Naturalmente, cuando Leonor esperaba al niño nopodía trabajar, y sin sus diez o doce pesos diariosnos faltaba de todo. Con lo suyo pagábamossiempre los gastos de casa. Después de Manuel nació otro niño que murióa los pocos meses. Murió por falta de dinero y porignorancia. No teníamos experiencia y murió por
  • 71. falta de lucha. Leonor era buena persona, perotenía un carácter fuerte, y le daban muchos ataquesal corazón y la bilis. No tenía suficiente leche parasus hijos. No era de esas madres cariñosas quemiman a sus hijos. Que yo recuerde, no lesgolpeaba, aunque se ponía muy enojada y leshablaba muy fuerte. No les besaba ni abrazaba,pero tampoco les trataba mal. Ella estaba todo eldía fuera de casa y vendiendo pastel. Yo tampoco fui muy cariñoso con los hijos. Nosé si porque a mí me faltó cariño en mi niñez oporque quedé solo con ellos, o porque siempre tuvela preocupación del dinero. Tenía que trabajar muyduro para alimentarlos. No tenía tiempo paraocuparme de ellos. Creo que en la mayoría de loshogares los disgustos y las tragedias tienen unabase económica; porque si uno necesita cincuentapesos diarios y no los tiene, pues anda molesto,anda preocupado y hasta se pelea con la esposa. Eldinero es motivo de muchos disgustos en lamayoría de los hogares de los pobres. Cuando Leonor estaba embarazada de Manuel,empecé a ver a Lupita. Lupita también trabajaba enel restaurante La Gloria. Leonor y yo siempreteníamos disgustos, y de cualquier disgusto queríatumbar la casa. Era demasiado celosa y siempre seenojaba. Cuando yo llegaba a casa, siempre estabade humor negro por cualquier cosa. Por ese genio
  • 72. tan fuerte que tenía le daban ataques; se le iba elpulso y parecía muerta. El médico no sabía cuál erael origen de los ataques. Y eso, poco a poco, me fuecausando molestia. Yo buscaba afecto, una personaque me comprendiera, alguien con quiendesahogarme. Usted sabe que hay distintoscaracteres, y muchas veces cuando el hombrehumilde no encuentra afecto en su hogar, loencuentra afuera del hogar. Decía un doctor: —Paraestar contenta, una mujer necesita estar bienvestida, bien comida y bien cogida; y para eso, éldebe ser fuerte y acordarse con frecuencia de ella.Hágalo así y verá. Leonor también fue una persona fuerte en eseaspecto, y creo que fue uno de los motivos... bueno,podía haber vivido... pero una mujer que estásiempre disgustada hace que el marido se olvide deella. Es una cosa mal hecha, lo sé, pero fue entoncescuando empecé a hablar con Lupita. Mi organismono es muy fuerte que digamos, pero siempre hesido un poco cálido de temperamento. Antes de ircon Lupita yo había estado en una casa de citas, enla calle Rosario; pero allí cogí una infección. Notuve cuidado, no tenía experiencia y nada más.Desde entonces no he vuelto a esos lugares. ¡Hoyno iría aunque fuera de balde! Pero en eso, a pesar de mi mala conducta, hetenido buena suerte. Nunca he tenido quejas de las
  • 73. mujeres que han vivido conmigo. Todas fueronmorenas y de mucho temperamento. Aquí, enMéxico, hay la creencia de que la mujer güera es demenos temperamento sexual. Pues, aunque nofuera con ellas por un tiempo, no buscaban otrohombre. Una mujer honrada, y si tiene familia con másrazón, debe aguantarse física y moralmente. Yo hetenido cinco mujeres... hubo una con la que tuve unhijo, pero se casó con otro. Ese hijo tendrá ahoraveintidós años, y creo que es hora de ir areclamarlo. Sí, he tenido cinco mujeres y variasaparte, y la suerte sigue favoreciéndome por loscuatro lados. No puede decirse que no fue suerte lamía, al ser yo nadie, analfabeto, sin escuela, nicapital, ni estatura, ni juventud, ni nada, y tenersuerte con las mujeres por todos lados. Otro estaría en la cárcel quién sabe por cuantotiempo. La libertad vale mucho, y yo no he buscadomuchachas nuevas. ¡No! Todas mis mujeres habíanestado casadas antes de vivir yo con ellas. Si fueranmuchachas nuevas querrían casarse por la Iglesiao por lo civil, o si no estaría yo ahí veinte años en lacárcel. Al entrar en relaciones con Lupita, yo no fuicon la idea de que se hiciera de familia. Pero elembarazo vino pronto. Nos veíamos en su pieza, enla calle Rosario, donde vivía con sus dos hijas. Eran
  • 74. tan chicas que no podían darse cuenta todavía.Ellas siempre me respetaron y hasta hoy me llamanpapá. En aquel entonces yo ganaba muy poco y nopodía mantener a Lupita. Ella seguía trabajando enel restaurante. Pero desde hace quince años yo lepago la renta. Aquí, en México, cuando uno recibe a unamujer con un hijo, como yo recibí a Leonor, lamujer no se siente con todo el derecho parareclamar al marido. Ella sabe que cometió un errorantes. Pero si aquí se casa uno, por ejemplo, conuna mujer señorita por la Iglesia y por lo civil, lascosas cambian. Esa mujer sí tiene el derecho dehacer reclamaciones. Pero Leonor era muy difícil.Sufrí mucho con ella, pero nunca la abandoné. Fuifiel a mis creencias. Sólo dejé la casa por unoscuantos días cuando nos enojábamos. Siemprevolví, porque quería mucho a los hijos. Bueno, un día murió; como a las siete de lanoche estábamos bebiendo atole y comiendogorditas, y me dijo: —Ay, Jesús, yo me muero esteaño. —Siempre se quejaba de dolores de cabezamuy fuertes. Y a la una de la mañana: —¡Ay!, ¡ay!,me muero; cuida de mis hijos. —Estaba yaagonizando. Apenas tuve tiempo de ir a buscar almédico. Cuando llegamos, le puso una inyección,pero no la ayudó. Estaba embarazada, pero elmédico dijo que se le había reventado una arteria
  • 75. en la cabeza. ¡Lo que sufrí aquellos días! Caminabapor las calles como un sonámbulo. Entonces estabala abuela en casa, y ella pudo cuidar de loschamacos. PRIMERA PARTE Manuel Tenía ocho años cuando mi madre murió.Roberto y yo teníamos un petate y dormíamos en elsuelo. Marta y Consuelo dormían con mi mamá ymi papá. Como entre sueños recuerdo que nosllamaba mi padre. Nos gritó, porque siempre hetenido el sueño muy pesado: —¡Levántense,cabrones! ¡Levántense, hijos de la chingada! Que seestá muriendo su madre, y ustedes echados ahí.¡Cabrones, párense! —Entonces me paré muyespantado. Recuerdo perfectamente bien los ojos de mimadre, y cómo nos miraba. Echaba espuma por laboca y no pudo hablar. Le mandaron hablar a undoctor que estaba a una cuadra de donde nosotrosestábamos, vino y examinó a mi madre pero durópoco puesto que creo que expulsaba el aire pero no
  • 76. podía aspirar. Se puso como muy morada y en unanoche murió. Mi madre estaba encinta otra vez ymurió con otro hermano mío dentro, porquerecuerdo bien que tenía su barriga mamá. A mihermana Marta la acabó de criar otra señora,porque ésa sí quedó muy chiquita. No alcanzo a comprender si fue a causa delparto o fue congestión realmente, como me dijeron.Un dato que me impresionó mucho fue que ya unavez tendida mi madre, aquello que tenía en elvientre, que era otro hermano mío, todavía lebrincaba adentro. Todavía le brincaba y mi padrehacía unos ojos de desesperación. Pero no sabía mipadre qué hacer, si que le cortaran y lo sacaran o lodejaran allí. Mi padre lloró mucho, mucho; lloró yfue y les avisó a todos sus compadres. Fue una cosa que sorprendió a todo el mundo.Tenía veintiocho años. La tarde anterior la habíanvisto que había andado lavando el patio, habíaandado haciendo el quehacer de la casa. Todavíaestuvo espulgando a mi papá, en la puerta, mimadre sentada y mi padre recargado en las piernasde ella. Entonces vivíamos en una vecindad de Sol. Enla noche me dijo mi mamá: —Ve y compra sopes yatole. —Nada más caminé a la esquina; al dar lavuelta había una señora que vendía sopes, tamalesy atole. ¡Ah!, por cierto era un día lunes, recuerdo
  • 77. bien, porque un domingo antes habíamos ido a laBasílica con mi padre y mi mamá. Entre nosotros tenemos la creencia de que elaguacate, el chicharrón y la chirimoya son muymalos para la bilis; haciendo un coraje y comiendoeso, ¿verdad? Y pues habíamos comido todo eso eldomingo y el lunes en la mañana mi madre hizo uncoraje bastante, pero bastante fuerte a causa de mihermano Roberto. Se disgustó muy fuerte con lavecina de al lado. Transcurrió todo el día. Terminó mi padre detrabajar, vino a casa y estuvieron los dos contentosese día. Todavía cenaron. Nos acostamos todos.Fue rápida la muerte. No tuvo tiempo mi padre dellamar un cura y casarse con mi mamá antes demorir. Al entierro de mi madre pues vino muchísimagente, mucha, pero mucha gente, en exageración.De la vecindad y de la plaza. No sé cuánto tiempoestaría permitido entonces tener un cadáver en lacasa, pero la gente empezaba a protestar porquedecían que ya se estaba descomponiendo el cadávery mi papá no quería que se lo llevaran. Cuandofuimos al panteón y bajaron la caja de mi madre ala fosa, mi papá trató de echarse con ella a latumba. Lloraba inconsolablemente mi padre, día ynoche a causa de ella. Recuerdo después que cuando llegamos a casa
  • 78. mi papá nos dijo: —Ahora sólo me quedan ustedes,hijos. —También nos dijo que debíamos procurarportarnos bien porque él iba a ser padre y madrepara nosotros. Y cumplió al pie de la letra supalabra. Pero cuántas veces habíamos de escuchara mi padre decirnos a mi hermano y a mí estando élenojado: —No tienen ni madre, cabrones. —Mipadre quiso mucho a mi madre, puestranscurrieron seis años de su muerte cuando seenamoró de Elena. Mi padre quiso a mi madre mucho, a pesar delos disgustos. No estoy enterado, pero creo que mimadre y mi padre se casaron por amor. Seconocieron en el restorán La Gloria donde trabajami padre y ella trabajaba allí. Había otra mujer,Lupita, que trabajaba ahí también y tuvieron undisgusto mi papá y mi mamá por eso. Mi mamá era de un carácter pues alegre,¿verdad?, un carácter muy opuesto al de mi padre.Era alegre y le gustaba trabar conversación contodo mundo. Siempre estaba cantando. Por lasmañanas ponía su brasero, sacaba el carbón, loechaba sobre la hornilla, le ponía unos trozos deocote, después le prendía un cerillo y le empezabaa soplar para que encandilara la lumbre, siempresin dejar de cantar. Era muy amante de tenerpájaros, de tener macetas, y mi padre no. Le decíaa mi mamá que eran gastos superfluos. Teníamos
  • 79. al único perro que hemos tenido en la casa en todala vida, lo recuerdo, se llamaba Yoyo. Ese perro mecuidaba mucho, pero mucho. Mi mamá era muy amante de festejar losonomásticos de sus hijos, de su marido. El día delsanto de mi padre le gustaba hacer fiesta, y el díadel santo de ella, pero le gustaba hacer las cosas engrande. Preparaba grandes cazuelas de comida y legustaba invitar a sus parientes, sus amigos ycompadres. Incluso en las fiestas le gustaba tomaruna copa o dos. Era muy alegre mi mamacita y legustaba frecuentar a sus compadres, a suscomadres. Era también de la clase de personas queera capaz de dejar el bocado que se iba a comer ydárselo a otra persona que viera que lo necesitaba.Y siempre dejaba que parejas que no tenían casadurmieran en el piso de la cocina. Fuimos una familia feliz mientras ella vivió.Después de su muerte ya nadie vino a visitarnos nihubo más fiestas. A mi padre nunca le he conocidoamigos, tiene compadres, pero a ellos también losdesconozco. Y nunca ha frecuentado casas que nosean las de él. Mi mamá la mayor parte del tiempo se la pasótrabajando; le ayudaba a mi papá. Él pagaba larenta y le daba dinero para el gasto, pero me dijomi tía que nunca le dio para ropa y otras cosas. Hade haber trabajado unos cinco años; vendía
  • 80. recortes de pastel en el barrio pobre dondenosotros vivíamos. Iba a comprar recorte de pastela la pastelería El Granero, una cantidad grande, yvendía cincos y dieces de migajas. Después serelacionó con gente que compra y vende usado yvarias veces me traía por la colonia Roma acomprar ropa para vender en el puesto que ellatenía en el mercado del baratillo. Mi mamá era muy religiosa y le gustaba muchoir en las peregrinaciones. Una vez nos llevó aRoberto y a mí con ella a Chalma. Chalma es elsantuario de los pobres, los que con mucha fe yamor caminan sesenta kilómetros por entrebrechas en la sierra. Es un viaje muy duro, unsacrificio ir caminando cargando el equipaje ycomida. Había mucha gente cuando fuimos y nosllevó cuatro días. Llegamos muy cansados, despuésde haber andado a lomo de mula. Nos dormimossobre una calle empedrada. Había cantidad degente ahí acostada. Se acostumbra comprar unpetate chalmeño, y se duerme uno en la calleporque no hay hotel. Mi madre estaba platicandocon otros peregrinos y le decían: —Tenga muchocuidado con sus niños, señora, porque es tiempo deque las brujas andan muy activas. Fíjese usted,antier sacaron del tular a tres criaturas que se
  • 81. habían chupado las brujas. Yo me acuerdo que nosotros estábamos oyendoaquel relato y me entraba mucho miedo y a Robertotambién. Decía: —¿Oyes, mano, oyes? —Le decíayo: —¿Sabes qué cosa, mano? Nos tapamos biencon la cobija, hasta la cabeza, y así la bruja cree queno hay niños aquí y no nos puede hacer nada. En el transcurso del camino hay cruces dondeahí se murió alguien, y hay la creencia de que aquelespíritu está esperando posesionarse de lascriaturas, y cuando uno pasa cargando un niño porahí hay que gritarle el nombre de la criatura paraque no se quede ahí su alma. Veía yo bolas de lumbre volar de la punta de uncerro a la punta de otro. Todas las gentes decían:—¡Es la bruja, es la bruja! —Y si estaban acostados,se sentaban y luego se hincaban. Las madrestapaban a sus hijos. Mi mamá nos abrazaba pordebajo de las cobijas para que la bruja no nosllevara. Decían que el mejor modo de agarrar unabruja era poner unas tijeras en cruz, santiguarseante las tijeras y rezar la Magnífica; y agarrar unrebozo, enrollarlo a modo que quedara comocuerda, y rezar una Magnífica, un Padrenuestro yecharle un nudo al rebozo, y así sucesivamente. Ytienen la creencia firme que al último nudo que leechaban la bruja aquélla iba a caer a los pies deuno. Y querían que cayera para quemarla en leña
  • 82. verde, porque las brujas se deben quemar en leñaverde a fin de que se mueran. Hay muchas leyendas ahí en Chalma. Unpeñón muy grande que se ve al lado del camino sellama el Arriero. Semeja un campesino con su faja,como la que usan los indios aquí, con un burrodelante y un perro atrás de él. Ese arriero, segúnparece, mató a su socio que iba con él arriba deaquel monte y ahí está encantado; inmediatamentese convirtió en piedra. Luego están los Compadres,que fornicaron dentro del río los dos y resulta quecuando estaban en el acto, como eran compadres,se volvieron rocas. Después hay una configuraciónde rocas muy curiosas, parece un padre,meditando, con una mano puesta en la mejilla, susombrero y su capa. Este cura, no recuerdo por qué,pero también fue un castigo del cielo. Las gentes deedad tienen la creencia de que aquellas rocas cadaaño por sí solas dan una vuelta. Cuando hayanllegado dentro de la iglesia van a volver a su estadonormal. Hay también penitentes, personas que van conla penitencia de ir de rodillas desde las cruces delPerdón hasta el atrio de la iglesia. Hay padrinospara bajar la penitencia; el que va con la penitenciava de rodillas y los padrinos le ayudan con unacobija, se la ponen en la tierra, pero a trechostienen que andar sobre la tierra vil, sobre la roca.
  • 83. Hay otros que compran una cuerda, un mecate detendedero, que es lo más rasposo que hay, y seamarran los tobillos y caminan con los pies así.Aquel mecate les va cortando, les va cortando,hasta dejarles los pies bañados en sangre. Nuncaflaquean, no, aunque lleguen sangrando y casi sincuero en las rodillas, con el puro hueso. Mi mamá y toda su familia iban a Chalma confrecuencia. Les gustaba también mucho ir a lasperegrinaciones que se hacen a San Juan de losLagos; fuimos siempre, pero el viaje es más largo.Mi papá fue con nosotros una sola vez, pero nuncafue a Chalma. Nunca le han gustado lasperegrinaciones y ésa era otra causa para disgustoscon mi mamá. Mi papá siempre ha dicho de losparientes de mi mamá: —Serán muy santos perotoman durante todo el viaje al santuario. Es cierto que los hermanos de mi mamá, José,Alfredo y Lucio, tomaban mucho y se murieron portomar. A mi tía Guadalupe también le gustabatomar su copita todos los días. Pero no recuerdoque la mamá de mi mamá, mi abuelita, tomara. Erauna viejecita muy erguida, muy girita, y muylimpia, mucho. Siempre traía su ropa limpia, yusaba zapatos de glacé y vestía blusa de telita dedibujo en negro y blanco y naguas largas negras. Mi abuelita vivía con mi tía Guadalupe en uncuarto de la calle de Moctezuma. Tempranito
  • 84. llegaba a mi casa y se sentaba a desayunar. Mi papáya había salido a trabajar. Mi abuelita le ayudaba ami mamá a lavarnos la cara, las manos, el pescuezo.Siempre queríamos llorar porque nos tallaba muyduro con el zacate. Me daban ganas de chillar. Elladecía: —¡Mugrosos, jodidos éstos, lávense bien! Mi abuelita tenía más arraigado el cultoreligioso. Nos hacía rezar a la hora de levantarnosy a la hora de acostarnos. Ella nos enseñó apersignarnos, y oraciones como la Magnífica, queella decía era el mejor remedio de lasenfermedades, y una oración al Santo Ángel de laGuarda. Era también devota del Arcángel SanMiguel y nos enseñó su oración. Tenía una horadedicada a la oración en todas las fiestas, eldomingo de Ramos, Pentecostés, el día deMuertos... todas. El día de Muertos ponían laofrenda: manjares, agua, pan de muerto. Fue elúnico tiempo que nos ponían el Nacimiento en laNavidad. Después que murió mi abuelita ya nadade esto tuvimos. Mi abuelita era la única que teníaestas tradiciones y siempre trató de inculcárnoslas. La familia de mi papá vivía en un pueblito delEstado de Veracruz pero casi no sabíamos nada deellos. Recuerdo lejanamente que cuando Roberto yyo éramos muy chicos mi abuelito le mandó hablar.Mi abuelo estaba solo y estaba agonizando. A mistíos los mataron, o se murieron, no sé qué cosa
  • 85. pasó. Mi abuelito tenía la tienda más grande deabarrotes en Huauchinango. Mucha gente le quedóa deber dinero. Él le dijo a mí padre que la tiendaera para nosotros, pero mi papá, al fin mayor, creoque la vendió. Había un tío mío que le metiórencilla, dijo que tenía mucho dinero mi papá y lometieron a la cárcel para poderle quitar el dinero.Luego creo que lo querían matar, o no sé qué cosaquerían hacerle. Entonces mi mamá en la nochesalió sigilosamente y se fue a la cárcel —al fin cárcelde pueblo— le pegó con un garrote al guardia y quesaca a mi papá de la cárcel, y nos tuvimos que venirpero si a la carrera en el tren que venía paraMéxico. Así que pues de eso no le quedó a mi papáni un centavo. Cuando tenía yo seis años nació Consuelo. Esedía andaban muy agitados ahí en la casa y mihermano Roberto y yo nada más veíamos elmovimiento. Nomás nos mirábamos uno al otropero no nos explicaban qué estaba sucediendo.Luego nos corrieron para afuera y después oímosun llanto de niño. Me agradaba mucho oír llorar aConsuelo, oír su llanto de niña chiquita, y se mehacía una cosa muy bonita tener una hermanita.Pero entonces empecé a sentir celos pues me dabayo cuenta de que mi mamá la traía cargando, y quele daba de comer y ahí estaba. Le decía: —Mi hijita,qué bonita mi muchachita. —Y yo sentía feo. Mi
  • 86. mamá me veía que ponía yo cara y me decía: —No,no, m’hijo, si usté es mi consentido, no se crea. —Ysiempre era yo el preferido, porque siempre andabacargando conmigo cuando andaba ella trabajando.Dejaba a Roberto con mi abuelita y yo me iba conella. Y mentira que de chamaco no sepa uno lo quehace; sí sabe uno. En mi interior pensaba: «mimamá me quiere mucho, me tiene que compraresto», porque yo todo quería, ¿no? Nada máshaciéndole un berrinche, una rabieta, me lo teníaque dar. Me acuerdo muy bien que me decía: —Ayhijo, yo te quiero mucho, pero la verdá eres muyexigente. Yo no sé qué vas a ser cuando seasgrande. Un día íbamos al Granero a traer el recorte depastel y mi mamá se detuvo a platicar con sucomadre, la madrina de Consuelo, cuando veo quele empieza a salir sangre por la pierna. Ella no sehabía dado cuenta y yo le dije: —Mamá, ya tecortaste. —¿Cómo que ya me corté? —Sí, mamá,tienes sangre en la pierna. —Creo que sí, de veras,ya me corté. —Se regresó a la casa y le mandóhablar a mi papá. Luego entró la señora que había venido la otravez, con Consuelo, y de repente oí llorar a un niño.Mi hermano y yo estábamos ahí sentados con carasde conejos asustados y mi papá se nos quedóviendo y dice: —No se espanten, hijos, ya tienen
  • 87. otra hermanita, la trajo la señora en la petaca quevenía cargando. —Entonces nos metimos y meacerqué a ver a la niña, al bulto que tenía abrazadomi mamá. Sentí bonito el olor a talco y a jabón,pero cuando me acerqué a darle un beso, que meretiro rápido y le dije: —Ah, está refea, mamá, esamuchachita. Te hubieran traído una más bonita. Mi papá se ponía muy contento cuandonacieron sus hijas. Creo que él hubiera preferidotener solamente hijas. Era más afectuoso con mishermanas pero entonces no lo notaba yo tantoporque todavía cuando vivía mi mamá mi papá eramuy cariñoso. Con Roberto no recuerdoexactamente. Hay una cosa, pues a mi papá no le hagustado la gente así muy morena, y es que a lomejor por eso, a causa de su color, pues él esbastante moreno. Cuando éramos chicos no era tanestricto con nosotros. Si hasta nos hablaba con otrotono de voz. Lo malo para nosotros, para Robertoy para mí, fue crecer. Yo fui feliz hasta que tuveocho años. Por cierto que en ese tiempo fue cuando me dicuenta del contacto sexual entre el hombre y lamujer. Pasó que mi mamá iba a prender la lumbrey quién sabe qué se había hecho el aventador y memandó a pedírselo a la vecina. Abrí la puerta, salícorriendo y me metí a la casa de la vecina desopetón, sin llamar. El marido tenía a Pepita en un
  • 88. sofá. Ella estaba con las piernas para arriba y él conlos pantalones para abajo y esas cosas. Pues yosentí pena de algo, no podía precisar de qué, bueno,como que los había agarrado en un hecho malo.Pepita se turbó toda y el señor también, pero nadamás cesaron el movimiento, no se quitaron de laposición que estaban. Y me dice: —Sí; agárralo, ahíestá en el brasero. —Entonces ya me salí yocúrreseme platicarle a mi mamá, ¡y me ha puestouna tundal... —¡Muchacho baboso, qué andaviendo! Se me grabó aquello y después ya quiseexperimentar aquello con las chamaquitas de lavecindad. Y jugábamos al papá y a la mamá. Mimamá tenía una muchacha que le ayudaba a hacerel quehacer y yo jugaba con ella cuando estábamossolos. Un día subió a la azotea a tender la ropa y yome fui detrás de ella. —Ándale —le digo—, vamos ahacerlo. —Y traté de alzarle el vestido y bajarle loscalzones y ya iba a dejarse, cuando oí que alguientocaba en una ventana. Nuestra casa en aqueltiempo daba enfrente de una fábrica de medias ycuando me volteé a ver quién estaba tocando, queveo a todos los hombres y mujeres que trabajabanahí señalando y riéndose. Alguien gritó: —¡Cabrónmuchacho, miren el escuintle éste, hijo de lachingada! —Y que me voy corriendo de la azotea.
  • 89. El primer día que mi madre me fue a dejar a laescuela me solté llorando y al primer descuido de lamaestra me salí corriendo y me fui a refugiar a lacasa, puesto que era únicamente una cuadra. Unaseñorita que se llamaba Lupa fue mi primeramaestra y era de un carácter tan fuerte, pero tanfuerte así, que si alguno de nosotros hacía unatravesura agarraba el borrador y se lo aventabadesde donde estuviera. Tenía una regla de esas dea metro y, bueno, a mí una vez me la rompió en lamuñeca. Ese año conocí a mi primer amigo, se puededecir, de confianza. Santiago se llamaba y era el queme defendía cuando me pegaban los muchachosmás grandes. Este muchacho era más grande queyo y fue el que me empezó a enseñar a decirmajaderías y acerca de lo que hacen los hombrescon las mujeres. En esa escuela estuve del primero al cuartoaño. Ahí me pusieron el apodo de Chino, puestengo los ojos oblicuos. Iba yo en tercer año cuandoRoberto entró a primero. Sentía que me hervía lasangre, me daba mucho coraje que le pegaran ysiempre me peleaba por mi hermano. A la hora delrecreo yo veía que lo querían llevar castigado a ladirección por algo, y lo llevaban jalando y comoestaba más chiquillo se soltaba llorando y
  • 90. forcejeaba. No sé qué se me figuraba pero me dabamucho coraje y entonces es cuando peleaba yo. En una ocasión mi hermano llegó llorando enuna forma desaforada a mi salón de clase y notéque le salía sangre de la nariz: —Fíjate que me pegóel Puerco. —Y sin más que voy al salón de él yllegué a reclamarle: —Francisco, ¿por qué lepegaste a mi hermano? —Porque quise, ¿y qué? —Ah, sí, pues pégame a mí. —Y que me avienta.Me le fui encima, pero en eso le finté con la manoizquierda y él se agachó y le pegué un golpe muyfuerte. Cuando él me tiró ya tenía una navaja en lamano, que si no me agacho seguro me habíacortado la cara. Luego mandaron llamar a mi padre. Pordesgracia era un miércoles, el día que descansabami padre. En la tarde que salí no sabía yo si llegaro no llegar a casa, ¿no? Pero después dije: «Pues enel nombre sea de Dios. Voy a llegar y me va a pegarmi papá, ni remedio.» Llegué y por una hendiduraque había en la puerta estaba viendo a mi papá aver qué cara tenía, si se veía enojado o contento.Pues entré y no me pegó mi papá ese día, sino queme dijo que procurara evitar los pleitos lo másposible. Llegué yo de la escuela y se acercaba el día delas madres. Habíamos estado ensayando una
  • 91. canción dedicada a la madre. Llegué a la casacantando la canción, «Perdóname, madre mía, queno puedo darte más que amor". Entonces mi padre,lo noté con mucho orgullo, con mucha satisfacción,me dice: —No hijo, puedes darle también este regalo.—Volteé los ojos hacia donde señalaba y sobre elropero estaba un radio. —¡Qué bueno, papá! —ledigo— ¿es de mamá? —De tu mamá y tuyo también —me dijo mipadre. El radio lo compró a raíz de una lotería que sesacó. Después me cayó mal el radio porque mi papáse enojaba con mi mamá si llegaba y teníaencendido el aparato, porque decía que se iba adescomponer. —Aquí nadie paga nada, yo soy elúnico que pago. —Y, bueno, él quería que nada másel radio se tocara cuando él quisiera. Después de la muerte de mi madre mi abuelitase hizo cargo de nosotros por un tiempo. Miabuelita en realidad es la única persona que yosentía que me quería realmente. Me acercaba abuscar consejo con ella. Era la única que llorabaporque no comía yo. En una ocasión me acuerdoque me dijo: —Manuelito, mira, tú eres muycaprichudo, hijo, y me haces hasta llorar porque no
  • 92. quieres comer. El día que yo me muera vas a verque nadie va a llorar para que comas. Mi abuelita nunca nos pegaba. Cuando algunavez no quise acompañarla a algún mandado mejalaba las orejas, o me tiraba de las patillas, pero nofue seguido. Mi mamá sí llegó a pegarnos en variasocasiones, especialmente a Roberto, que erainsoportable, era muy travieso. Una vez se metióabajo de la cama y mi mamá de tanto coraje quetenía porque no quería salir, agarró una plancha deésas para carbón y se la aventó así por el suelo y lehizo un chipote en la cabeza. Mi abuelita más quenada significó para mí la ternura personificada. Mi papá se llevó bien con mi abuelita. Yo norecuerdo haber visto ninguna discrepancia entre miabuela y mi padre. Ella fue para nosotros el hadamadrina porque nos enseñó a rezar, nos enseñó aquerer y a respetar el recuerdo de nuestra madre.Siempre nos dio consejos sanos: —Cuiden de supadre, es el hombre que los mantiene, que les da decomer, y padres como el que ustedes tienen haypocos. En un tiempo mi tía Guadalupe estuvoatendiéndonos. Una noche mi papá nos mandó acomprar dulces. Él esperaba, yo creo, que nostardáramos, pero yo regresé prematuramente. Medi cuenta que él estaba en la actitud del hombreque quiere abrazar a fuerza a una mujer. Creo yo
  • 93. que mi papá le haya hecho el amor a mi tíaGuadalupe. Sí me sorprendió de mi papá, como queal fondo me desagradó, ¿no? Pero, bueno, era mipapá y no lo juzgo. Después mi papá trajo varias sirvientas paracuidarnos. No me acuerdo del nombre de laprimera, dientona ella, y tenía los dientes muyamarillos porque fumaba mucho. Un día que estabalavando fui y que le meto la mano por abajo y medice: —Noooo, estáte quieto, ándale, a ver qué tevas a ganar, sangrón. —No quería, la fregada, perole subí el vestido, y que le veo la cola, y ¡ay!, teníahartos pelos... sentí refeo. Nos cambiamos de la calle de Moctezuma a unavecindad a la calle de Cuba. Nuestro cuarto era muypequeño y oscuro y estaba en muy mal estado; mepareció un lugar muy pobre. Fue donde mi papáconoció a Elena. No recuerdo los números exactos, perosupongamos que nosotros vivíamos en el númerouno y Elena vivía en el número dos con su marido.Nada más lo que hizo mi papá fue pasarla delnúmero dos al número uno y se casó con mi padre.Se mostraba muy cariñosa con nosotros alprincipio, con mis hermanos y conmigo. Era muyjoven y bonita. Como no sabía leer me mandabahablar a mí para que le fuera a leer el Pepín o elChamaco. Era nuestra amiga, ¿no? Yo no sé como
  • 94. estaría, el caso es que se enamoraron mi papá yella. Y yo creo que quisieron disimular la cosaporque Elena entró a la casa de nosotros comosirvienta, pero vamos a ver que después vinocasándose con mi padre. Una noche el marido de Elena le mandó hablara mi papá. Mi papá, a pesar de ser chaparrito, fue yse metió a la casa del otro. Vi que agarró uncuchillo y que se lo guarda en la cintura. Estuvieronencerrados y yo tenía miedo. Le dije a Roberto:—Súbete a la azotea y si vemos que le quiere haceralgo aquél nos aventamos sobre de él. —Estábamoschamacos, pero estábamos en la azotea viendo a verqué. Pero no, hasta la puerta de adentro cerraron.Tenía yo mucho miedo, estaba yo muy preocupadopor mi padre, pues dije: «A lo mejor éste lo va amatar, le va a hacer algo.» Quién sabe qué cosasestarían hablando, luego ya salió mi padre yentonces ya en definitiva se quedó Elena allí en lacasa. A raíz de eso se formó un escándalo ahí en lavecindad, ¿no? La gente escandalizada, que cómohabía sido capaz Elena de salirse de una pieza ymeterse a otra luego luego, ¿verdad? Y que mi papáqué valor de haberla sacado. Bueno, era lacomidilla de ahí de la vecindad. Entonces mi papátuvo que haberse cambiado y nos fuimos a vivir allía las calles de Orlando.
  • 95. El día que nos cambiamos mi papá vinotemprano de trabajar, a la una en punto, y comosiempre le ha gustado que las cosas se haganrápido, llegó diciendo: —Vámonos, desarmen lacama y enrollen el colchón. —Enrollamos elcolchón, y para que no se viera lo manchado, losucio, lo envolvimos con una colcha limpia.Empezamos a bajar ollas, a descolgar jarros, aacarrear las cosas en las tinas que teníamos paraapartar agua, porque es un problema, en todas lascasas falta agua. Entre mi hermano y yo sacamoslas cosas, Elena andaba también ayudando. Mipapá contrató a alguien para que cargara el ropero,pues estaba pesado y la nueva casa quedaba comoa una cuadra y media. Era una vecindad más grande y más bonita ypor primera vez vivimos en dos cuartos. Las piezasestaban en el tercer piso y había únicamente unbarandal muy pequeño en el corredor que daba alpatio. Mi papá mandó poner una verdadera bardapara que no nos fuéramos a caer. Pero a mi papá no acababan de gustarle estoscuartos en Orlando, así que nos volvimos a la callede Cuba, donde vivían, por cierto, dos compañerasde trabajo de mi padre. Una de ellas tenía una hijaque me gustaba mucho. Se llamaba Julia y soñabacon que fuera mi novia, pero su familia era decondición más acomodada que la nuestra y me
  • 96. hacía sentir como inferior. Cuando vi lo bonita quetenían amueblada su casa me decidí a nuncapedirle que fuera mi novia. Al principio Elena nos trató bien. Se mostrabamuy cariñosa con nosotros, pues ella nunca tuvohijos, no podía tener familia. Después se volvió unpoco mala con nosotros, ya una vez que noscambiamos a Cuba. De allí fue cuando empezó mipadre a cambiar en su modo de ser con nosotros.Ella de continuo peleaba con mi hermano Robertoy al pobrecito de mi hermano es al que le pegaba mipapá, más que nunca. La primera vez que sentí laimpresión que mi papá sí quería mucho a Robertofue cuando un perro lo mordió y le jaló un cacho decarne. Vi ponerse descolorido a mi papá, se espantómucho, se atarantó mi papá completamente y nosabía qué hacer. Unas vecinas le echaron unapomada, no sé qué cosa, y le vendaron el brazo. Es cierto que Roberto siempre ha sido muydifícil, de un carácter rebelde, nunca le ha gustadodejarse de nadie. Elena le decía: —Lava el suelo.—Y decía Roberto: —Nosotros por qué lo vamos alavar. Usted es la señora de la casa. —Total, que seagarraban fuerte, ¿no?, de palabra. Entonces veníami papá, y Elena hacía que estaba llorando yagarraba mi padre el cinturón y nos daba parejos,a mí y a Roberto. Aunque uno no hiciera nada, nospegaba a los dos. Nos ponía a lavar el suelo, a lavar
  • 97. los trastes y Elena se sentaba a la orilla de la camay se reía de nosotros para hacernos rabiar más. Una ocasión estábamos sentados cenando —mimadrastra, mi padre, mis hermanas, mi hermano yyo—. Yo iba a dar un sorbo de café cuando volteé aver a mi padre. Nos estaba viendo fijamente a mihermano y a mí, como con rencor, como con odioverdadero, y nos dijo: —¡Hijos de la chingada, yahasta lo que se tragan me pesa, hijos de larechingada! —Sin motivo, porque ese día nohabíamos hecho nada nosotros. Nos dijo así y yonunca he vuelto a sentarme a la mesa con mi padre. Entre hermanos, donde debe existir tantaconfianza y más siendo huérfanos de madre,debiéramos ser más unidos, buscar más apoyo unoen otro, ¿verdad? Pero nunca hemos podido ser asípor cuestión de que mi padre siempre se interpusoentre las muchachas y nosotros. Entonces nuncapude cumplir con mi deber como hermano mayor.Si mi madre hubiese vivido, hubiera sidocompletamente diferente, porque mi madre teníagran apego a la tradición de que los menores debenrespetar a sus mayores. Posiblemente mishermanas nos hubiesen respetado sin que nosotroshubiéramos abusado de esa autoridad. Aquí en México se estila que el hermano mayordebe de ver por los menores, ¿verdad?, debe decorregirlos un poco. Pero él nunca me permitió que
  • 98. les llamara la atención a mis hermanas, porque ¡ayde mí donde se me ocurriera! Me decía: —¿Quiéneres tú, hijo de la chingada, qué les das? ¡El únicoque se chinga aquí para trabajar soy yo, y nadie, nitú, ni ninguno, tienen que ponerles la manoencima! Mis hermanas, especialmente Consuelo,siempre trató de crear discordias entre nosotros.Sabía cómo hacer para que mi papá nos pegara ynos jalara las orejas. Desde un principio mi papá nonos dejaba jugar con ella, o correr, con eso de queha sido siempre tan flaquita. Y para ser franconunca consideré tener una hermana. Siempre hasido muy quejumbrosa, siempre ha sido exagerada.¡Para exagerar como exagera esa Consuelo! Derepente le daba yo un manacito y se soltaba llora yllora y llora. Llegaba mi papá y ella empezaba atallarse los ojos para que se le pusieran rojos y mipapá notara que había llorado. La veía mi papá y ledecía: —¿Qué te pasa, hija, qué tienes, madre?—Hacía un escandalazo, porque si nosotros ledábamos un manazo, ¡uuuuh!, se soltaba comosirena: —Mira, papá, me pegó en el pulmón.—Siempre decía que le pegábamos en el pulmón,pues sabía que era la parte que le preocupaba a mipapá, y ahí tiene que mi papá zúrrale con nosotros. La Flaca —así llamábamos a Consuelo—siempre ponía cara muy humilde delante de mi
  • 99. padre, como sor Juana Inés de la Cruz ante elcrucifijo. Era toda sufrimiento y resignación, perocon las uñitas afiladas por dentro. Siempre era muyegoísta y ¡hombre! a Roberto y a mí nos dabamucho coraje. No sé por qué mi padre ha sido muy duro conlos hijos y muy cariñoso con las hijas. A ellas leshablaba con un tono de voz y a nosotros con otro.Será que mi padre es un hombre chapado a laantigua y en ese tiempo eran muy estrictos con loshijos hombres. En dos o tres ocasiones que mipadre me ha dejado entrever su vida, se acuerdaque mi abuelo era muy estricto con él, lo golpeabamucho. Ha de decir que, para que no le perdamosel respeto, él se muestra, antes que padre, hombrecon nosotros. A Roberto y a mí nos ha pegadofuerte, nos ha dicho cosas que a veces en realidadno tiene justicia para decírnoslas, sin embargonunca le hemos contestado. Siempre lo hemosrespetado, bueno, lo hemos adorado, entonces,¿por qué nos ha tratado así? El hecho de que nos haya pegado siemprefuerte no lo tomo como cosa cruel porque lo hizocon buenas intenciones. En ocasiones también nospegó a causa de otro sentimiento más fuerte delque tenía por nosotros, que era el amor de Elena.En esas ocasiones le podía más su mujer quenosotros los hijos, y nos pegó para desagraviar,
  • 100. para complacer a la mujer. Yo creo que en el fondonos quería mucho, pero él quisiera que fuésemosalguien; él abrigaba muchas esperanzas de sushijos, y al verse defraudado, desilusionado, tienerencor con nosotros. Nos decía que Elena era unasanta, y que nosotros fuimos los canallas, los malasalmas que nunca quisimos comprenderla y quenunca la dejamos ser feliz. Yo creo para mi modode pensar que su amor por Elena era una mezcla decariño y gratitud, y mi padre es, pues, aferrado asus sentimientos. No creo que él haya querido aElena más que a mi madre, porque mi madre fue suamor verdadero, su primer amor. En cuanto a Elena yo fui siempre pues no sé,más dejado, o más prudente. Aun cuando me dolíalo que ella decía yo me lo guardaba, me lo callaba,y sabía que no me iba a resultar bien. Yo lerecomendaba a mi hermano que se quedaracallado, pero él nunca se dejó de ella porque decíaque esa mujer no era su madre. A mis hermanas,Elena las trataba más bien, por ser mujeres,posiblemente, o como eran muy chicas no podíanprotestar ellas, no podían catalogar, pero nosotrosya teníamos más visión de lo que era una cosa y loque era otra. En una ocasión estábamos platicando, unaplática de familia se puede decir, ¿no? y se meocurrió decirle a Elena que mi mamá le decía a mi
  • 101. papá, por cariño, Gato Seco. Entonces Elena dijouna grosería de mi madre, que quién sabe qué clasede amor le tenía a mi padre que le andabaponiendo apodos. Insultó a mi madre en unapalabra, y me dio mucho coraje y le dije que con mimadre no se metiera. Tuvimos un disgusto, llegó mipapá y me pegó. Siempre procuré evitar losdisgustos con ella, pero Roberto no, era como unvolcán, nomás lo tocaban y explotaba. Cada cosa mala que pasara, o que faltaracualquier objeto de la casa, cualquier cosa,culpaban a Roberto, Hay una cosa que me duelemucho y es que en una ocasión pagó mi hermanopor una culpa mía. Ésa fue la única cosa que hehecho. Mi amigo Santiago me dice: —Sácate algo detu casa para irnos al cine. —Y lo que hallé más a lamano fue un crucifijo que tenía mi papá, de miabuelito; lo saqué y lo fuimos a vender. En la tarde buscaron y buscaron el Cristo, queno apareció. ¡Cómo iba a aparecer si yo lo habíavendido! Entonces le pegaron a mi hermanoporque decían que él lo había robado. Quiseconfesarle a mi padre que yo había sido, pero deverlo tan enojado, me dio miedo y me quedécallado. Nunca le he dicho a nadie de esteincidente. Pero sí cada cosa que pasaba, algúndesperfecto, siempre se lo cargaban a Roberto. Después de la muerte de mi madre Roberto
  • 102. empezó a sacarse las cosas de la casa. La mayoríade las veces que faltaban cosas de la casa, él se lassacaba. Excepto el Cristo, nunca volví yo a sacarnada de mi casa. Los robos de Roberto cuandochico eran robos en pequeña escala y creo que hayasido pues por consejo de los amigos. Por ejemplo,mi papá mandaba a la casa los huevos por docena;él agarraba un huevo, o dos, y los iba a vender,entonces ya tenía para gastar. Pobrecito de mipapá, no podía con tanto. Nos compraba zapatos yropa cuando la necesitábamos y siempre noscompró útiles para la escuela de lo mejor. Perohabía veces que ni yo ni mi hermano llevábamos nicinco centavos para gastar. Me daba envidia quemis compañeros compraban paletas, o dulces, ocualquier golosina. Y pues siempre se siente tristeuno así, ¿no? Pero ahora comprendo que mi papáno podía atender a tantos. Cuando estaba yo en quinto año tuve mi primernovia. Esta muchacha, Elisa, era hermana de miamigo Adán. Iba yo a la casa de él a cantar, porquesiempre me ha gustado cantar, y él tocaba laguitarra. Sus padres le tenían a Elisa una vigilanciamuy estrecha y a mí me aceptaron como amigo desu hermano. Yo quería sentir a qué sabía tenernovia, así que le dije yo de plano que si quería ser
  • 103. mi novia, ¿verdad? Esta muchacha era mucho másgrande que yo y mucho más alta. Yo tenía comotrece años y tenía que subirme en algo para poderbesarla. La llevaba yo al cine donde la podía yobesar y abrazar. A su novia de uno la quiere parallevarla al cine, o ir a pasear a cualquier parte conpermiso de los padres. Una vez que se duerme conellas es como si ya estuviera uno casado. Por mis amigos empecé a desatenderme de misestudios, pero mi profesor, el profesor Everardo,era una persona buena, yo como alumno era maloporque no estudiaba, pero se puede decir que dehombre a hombre era yo amigo de él. Allí en esaescuela me sucedió un hecho muy interesante queme trae en mi vida real muy buenos recuerdos. Enuna ocasión, recién que llegué yo allí, había unmuchacho que se llamaba Bustos que era elcampeón en la escuela, por razón de que les ganabaa todos los zoquetes a pelear. Hubo junta el primerdía de clases, se fueron los maestros y dejaron aBustos encargado del salón de nosotros. EntoncesBustos me llamó la atención, pero en una formaindebida, ¿no? y le dije: —No, no, chiquito, tú a mí no me gritas. —Ah, ¿no? —dice— ¿pues qué tú eres muychicho? No me digas. —No soy tan chicho, pero pues, ¿por qué mevas a gritar tú? Si tantos pantalones tienes tú como
  • 104. yo. ¿A poco porque tú eres bravero aquí? No, mano,yo vengo de Tepito, y los de Tepito no nos dejamosnunca de nadie. Pues que nos agarramos una moquetiza allímismo dentro del salón y bueno, pues lo he puestobañado, pero bañado así, en sangre. De las naricesy de la boca, todo le reventé. Y los muchachosdijeron: —¡Ay, Bustos, qué bárbaro, mira nada másqué trompiza te puso el nuevo! —Después mepusieron de apodo el Veinte, porque a la hora depasar lista a mí me tocó el número veinte. A raíz deeso que le había yo pegado al más chicho de ahí,pues me hice famoso, y decían que el Veinte, y elVeinte, y ya dondequiera ganaba el Veinte. Yadespués de eso ya ninguno de los muchachos semetió conmigo, pues aunque he sido chaparro,pues he tenido buen cuerpo y los brazos gruesos. Había una muchacha, Josefa Ríos, que creo yoque fue de la primera muchacha que me haya yoenamorado realmente en mi vida; una rubia,blanca, bueno, muy bonita esta muchacha, ¿no?Había un muchacho, Pancho, y pues era hijo depadres de más dinero y muy guapo, por cierto. Yoandaba locamente enamorado de Josefa, y ellaandaba enamorada de Pancho y Pancho no le hacíacaso. Llegó a tanto mi celo que yo no hallaba cómoprovocar a Pancho para pelearme con él delante deJosefa para que viera que yo era mejor. Y no,
  • 105. Pancho nunca quiso pues supo que le había yopegado a Bustos. Bueno, pues entonces se acercó el santo deldirector de la escuela y todos los grupos tenían unnúmero para desarrollar en su honor. Nuestrosalón no tenía nada preparado. Un día lleguétemprano a la escuela y no había nadie y siempreque me siento triste o que me siento alegre me dapor cantar, me puse a cantar allí en el salón. Estabayo canta y canta y no me había dado cuenta que elmaestro Everardo, mi maestro, me estaba oyendo.Luego que entró me dice: —Oyes, Manuel, puestienes buena voz. Ya tenemos número parapresentar el día del santo del director. —Pero yo nocomprendí con qué intención me había dicho esto.Transcurrieron unos días, llegó la fecha exacta delfestival, y entonces el primer año presentó unbailable, el segundo una declamación, el terceraño... y así sucesivamente. Llegó el quinto año yentonces dicen: —Quinto año A, canción dedicadaal señor Director, cantada por el alumno ManuelSánchez Vélez. —¡Madre Santísima! Yo no sabía, nime habían avisado y ahí estaba Josefa en primerafila. Me dio una pena espantosa, pues no es lomismo estar uno solito cantando como loco, quedelante de la gente. Y que me escondo debajo de las bancas y ya noquería salir de allí. Todos buscan y buscan hasta
  • 106. que uno de los muchachos, Bustos, se da cuenta yque me sacan de debajo de la banca y ahí me llevan.Parecía que me llevaban preso. Bueno, subí alestrado y canté una canción que estaba en boga enaquel tiempo: «Amor, amor, amor, nació de mí,nació de ti, de la esperanza... amor, amor, amor,nació de Dios, para los dos, nació del alma.» En esetiempo tenía la voz más clara, ¿verdad?, y podíacantar mucho más alto. Yo no oía lo que estabacantando, de los nervios, de la pena que tenía y noquitaba la vista de Josefa. Como si hubieradespertado de un sueño pues que oigo unosaplausos, muy fuertes, muy nutridos. ¡Ay! Yentonces me sentí muy orgulloso y Josefa era la quemás me aplaudía, y dije: —¡Ay, Dios mío, ¿qué seráposible que ahora sí se vaya a fijar en mí? —Bueno,pues ya después yo quería que me dejaran cantarmás. Esa misma tarde le dije a Josefa: —Necesitodecirte algo, ¿me das permiso de verte? —Y meacuerdo que me dio tanto gusto que me dijo: —A lasseis de la tarde te espero en la esquina de mi casa.—Me dio mucho gusto y fui a las seis de la tarde, enpuntito; allí estaba yo, pero ¡triste mi decepción! nosalió. Ese mismo día le habló Pancho y claro, ella lecorrespondió y a mí me dejó «chiflando en laloma», como se dice aquí. Siguieron las clases y yo me iba de pinta un día
  • 107. por semana. Fue cuando me empezó a dar porfumar. Nos íbamos con los amigos y uno de ellosdice: —Vamos a ver qué se siente darse las tres.—Me daba su cigarro, y yo fumaba de él y luego lopasaba a otro, era un cigarro para varios. Yo me ocultaba de mi padre para fumar; unavez que entró y estaba yo fumando recuerdo quehasta me metí el cigarro prendido a la boca y con lasaliva le hacía yo para que se apagara. He de habertenido unos doce años cuando me agarró fumandoahí en el patio, me acuerdo que me dice: —Mmm,cabrón, ya sabe usted fumar, y ¿sabe usted trabajarpara comprarse sus cigarros? ¡Nomás ahorita quellegues a la casa verás, cabrón! —Así me dijodelante de los amigos. Después eso lo agarraronpara andarme vacilando a cada rato. Decía yo: —Dame un cigarro, mano, ¿no? —No, qué te voy a dar, a ti te pega tu papá. Hasta que tuve veintinueve años no fumédelante de mi padre. El día que me decidí a hacerlofue más bien una especie de rebelión contra supaternidad, porque dije: —Bueno, que vea que ya soy hombre... Inclusotodavía siento cierta penilla, ¿no? Siento, he tenido la sensación, que nuncahemos tenido un hogar verdadero. He tenido muypoco que ver con mi familia y he pasado tan pocotiempo en la casa que no puedo ni recordar qué
  • 108. hacíamos. Además no tengo memoria para lascosas diarias. Sólo lo que me desagrada mucho o loque me agrada es lo que recuerdo perfectamentebien, en todos sus detalles. Pero las cosasrutinarias... pues siempre he tenido aversión a larutina. No quiero que esto suene como ingratitudhacia mi padre, pero la verdad es que siempre nosha tratado muy mal a mi hermano y a mí. Nos hahecho pagar por el lugar en que hemos dormido yel pedazo de pan que hemos comido,humillándonos. Sí ha sido muy fiel, muyresponsable, pero siempre me ha parecido másenérgico. Él hubiera querido que hubiéramos salidouna réplica exacta de él. Él imponía su propiapersonalidad sobre la de nosotros y nunca nos dejóexternar nuestras opiniones, ni nunca pudimosacercarnos a él, a pedirle consejos sobre lo quedebiéramos o no hacer, porque él nos decía:—Pendejos, babosos, ustedes qué saben, cállense elhocico. —Ya le daban a uno un cortón, le daban auno un aplastón, y ya no podía hablar mediapalabra con él. El hábito de andar en la calle me lo fueformando inconscientemente él. Como digo nuncahe tenido un hogar verdadero porque no éramoslibres de llevar un amiguito. A la hora que estabaleyendo y entrábamos o hacíamos cualquier ruido:
  • 109. —Cabrones, sáquense para el patio a jugar,cabrones, mulas, que estoy leyendo; no esténjodiendo, viene uno de trabajar todo el día y nopuede uno ni leer en paz. —Si nos quedábamosadentro teníamos que estar absolutamentecallados. Quizá es que soy hipersensible, pero la falta desentimiento de mi padre hacia nosotros me hacíapensar que éramos una carga para él. Hubiera sidomás feliz con Elena si no nos hubiera tenido anosotros, porque creo que en realidad en esetiempo sí le pesaba a él mantenernos, lo hacía comode esas cargas que no se pueden soportar y porquetienen que llevarse se llevan. Nunca se me va aolvidar la mirada que nos echó de odio a Roberto ya mí aquel día que estábamos cenando. Me fui a lacocina llorando y no pude comer porque se meatoraba el bocado en la garganta. Muchas veces le he querido decir: —Mira, papá,¿qué te he hecho? ¿Por qué tienes la peor opiniónde nosotros? ¿Por qué nos tratas como acriminales? ¿No te das cuenta que hay padres quetienen hijos que son drogadictos, o que abusan desus familias en su propia casa, o que matan hasta asu propio padre? —Algún día, si me atrevo, megustaría decirle todo esto, con buen modo, desdeluego. Siempre que he tratado de hablarle a mi padre
  • 110. hay algo que me impide hablar. Creo yo quepalabras me sobran, ¿verdad? Pero algo se meatora aquí en la garganta y entonces ya no puedohablarle. No alcanzo a definir si en realidad es elrespeto profundo que le tengo a mi padre o miedo.Quizás sea por esto que he preferido vivir mi vidamuy aparte de mi padre y del resto de mi familia.Hay un golfo entre nosotros, una desunión, yaunque los respete me duele ver lo que les pasa,pero me encierro en mí mismo. Una actitudegoísta, sí, pero creo que así me lastima menos a míy los hiero menos a ellos. Me iba con mis amigos todo el tiempo.Prácticamente he vivido en la calle. En las tardesiba a la escuela y por las mañanas iba con losamigos a trabajar a una talabartería. No llegaba a lacasa más que por mis útiles. Comía en la casa perome salía tan pronto como terminaba. Lo hacía paraevitarme dificultades, para evitarme golpes, másbien, a raíz de lo de mi madrastra. Mi papá no decíanada. En ese tiempo creo yo que era mejor para él. Debo haber trabajado desde muy chico porqueel primer trabajo que tuve me acuerdo que mi papáme fue a esperar el día de mi primera raya. Saquémis centavitos y se los entregué a mi papá. Me sentímuy contento cuando mi papá me abrazó y me dijo:—Ahora ya tengo quien me ayude. —Estuve deayudante de acabador de zapatos en un taller a
  • 111. unas cuantas cuadras de la casa. Hasta la nochetrabajaba, a veces nos quedábamos a velar toda lanoche. Debo de haber estado muy chiquillo, de atiro, no creo haber tenido más de nueve años. Mi segundo trabajo fue en la talabartería,después vendí billetes de lotería, por un tiempotrabajé con el hermano menor de Elena, deayudante del hijo de un primo de mi abuelita queera albañil. Antes de eso, cuando todavía estaba yoen la escuela, me iba a echar unas veladas a unapanadería. Mi tío Alfredo trabajaba ahí y meenseñó a hacer «bisquets». Desde que yo meacuerdo me he pasado la vida trabajando aunque eltrabajo no haya sido muy productivo, así que ¿porqué dicen que soy un flojo hijo de esto y lo otro? Terminó el año y me entregaron la boleta dereprobado. El profesor Everardo me quería muchopero de todos modos me reprobó. Me dio muchavergüenza y dolor al mismo tiempo para con mipadre que me hayan reprobado. Creí que elprofesor había cometido una injusticia conmigo yallí se me acabó el amor a la escuela. Para lacuestión de la conjugación de los verbos y todasesas cosas, la gramática, para eso pues siempre fuiburro. En la aritmética era yo regular. En lo que sísiempre fui sobresaliente y me gustó mucho y meencanta en la actualidad es la historia universal y lageografía. Son cosas que me fascinan, de veras, y en
  • 112. eso sí ponía todos mis cinco sentidos. En la clase, en cuestión de deportes, encuestión de fuerza física, yo era pues el númerouno. En cierta ocasión se organizaron carreras decien metros y yo fui el primer lugar, y luego dedoscientos metros y yo fui el primer lugar. Me atraemucho todo lo que es de motores y eso y miambición era llegar a ser profesionista, a teneralguna carrera, hubiera querido estudiar paraingeniero mecánico. Pero eso ya pasó. Todavía vivíamos e