Ce diaporama a bien été signalé.
Nous utilisons votre profil LinkedIn et vos données d’activité pour vous proposer des publicités personnalisées et pertinentes. Vous pouvez changer vos préférences de publicités à tout moment.

Antologia tema 4

399 vues

Publié le

Publié dans : Formation
  • Soyez le premier à commenter

  • Soyez le premier à aimer ceci

Antologia tema 4

  1. 1. PARA LA FUNDACION´ DEL CULTURA MAESTRO Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación Curso-Taller Fortalecimiento para Docentes 2011 FDFDFortalecimiento para Docentes 2011 Tema 4 Competencias Didácticas
  2. 2. 2 Lectura Página Desarrollo de competencias en el aula 3 Aplicar las competencias: una verdadera competencia 9 La construcción del conocimiento en los niños/as del siglo XXI 14 Planeación por competencias 19 Diez nuevas competencias para enseñar 22 La evaluación basada en competencias 97 La organización y los estándares como plataforma de los procesos pedagógicos 101 Desarrollo profesional para una educación inclusiva 115 Las artes sociales 131 La alfabetización emocional como prevención 140 Educación y sentido del humor 150 Competencias para la vida y perfil de egreso de Educación Básica 152
  3. 3. 3 DESARROLLO DE COMPETENCIAS EN EL AULA Laura Frade Rubio La palabra competencia tiene dos acepciones: la primera viene del griego “agon, agonistas” (Argudín, 2005) y quiere decir rivalizar, enfrentar; la segunda proviene del latín competere (Simon y Hersch, 2001) y significa “te compete, es del ámbito de tu responsabilidad”. En educación utilizamos la segunda porque lo que nos interesa es impulsar que el estudiante se haga competente, que el aprendizaje sea su responsabilidad y por tanto, parte de su quehacer. Una persona es competente cuando sabe las cosas y puede resolver lo que encuentra. Por eso, una competencia es una capacidad adaptativa, cognitivo- conductual para responder a las demandas del entorno con cierto nivel de adecuación (Frade, 2008a, 2008c), es decir, lo que el sujeto hace es lo que se espera que realice en concordancia con lo que la sociedad señala como pertinente, y para lograrlo tiene que pensar, conocer, sentir y hacer al mismo tiempo. Por ejemplo, en el Programa de Educación Preescolar 2004, se encuentra la competencia: “Utiliza los números en situaciones variadas que implican poner en juego los principios de conteo”. En este caso, se busca que cuando un niño la despliegue, no que lo haga porque exista un estímulo, como antes se pensaba y así lo señalaba el conductismo, sino porque lo que encuentra es una exigencia compleja ante la cual tiene que reflexionar y utilizar todos los conocimientos que posee para resolver. Así, cuando el pequeño va a la tienda, sabe qué hacer con diez pesos (---), además identifica lo que puede comprar con esta cantidad entre los diversos productos que encuentra en este entorno. En un contexto mercantil como este último, que es diverso y complejo, las capacidades que usa son mayores que los saberes con los que cuenta, pero, además, la acción que realiza desarrollará la competencia de manera continúa; mientras más utilice los números en situaciones diferentes mayor será su capacidad de hacerlo. Por esto, en la educación se ha adoptado el enfoque curricular por competencias, puesto que en el siglo XXI el conocimiento se produce a la velocidad de la luz, en virtud de que no existe cabeza humana que soporte la transmisión del local de los conocimientos acumulados a la fecha por la sociedad a las nuevas generaciones, es necesario adoptar un nuevo paradigma; el que está centrado en el desarrollo de las capacidades adaptativas y cognitivo- conductuales que permitirá a los estudiantes salir adelante en la época que les tocará vivir; asunto que se centra en la construcción del desempeño frente a las diferentes exigencias que se presentan en el medio ambiente en que se desenvuelve (Frade 2008a). El sujeto que puede satisfacer las demandas que encuentra en el entorno ha interiorizado una serie de conocimientos, habilidades, destrezas, actitudes, valores, percepciones, intuiciones, creencias, tradiciones, representaciones mentales de sí mismo (autoestima y autoconcepto), códigos y pautas culturales; de tal modo que, al poner en juego todos estos elementos juntos frente a la demanda que encuentra, la resuelve, cumpliendo con el requisito de adecuación establecido por la sociedad: considerarlo competente.
  4. 4. 4 En este orden de ideas surgen preguntas: ¿por qué algunas personas son más competentes que otras?, ¿cuál es la razón por la que, aunque desplieguen la misma competencia, los resultados son diferentes? La respuesta se puede concretizar al identificar que existen tres variables que afectan el desempeño (Frade, 2008b): • La cultura en la que crece el sujeto porque ésta establece las demandas, las exigencias frente a las cuales tendrá que responder, si se nace en un pueblo cazador, esto es lo que tendrá que aprender el niño que crece; • Los procesos de mediación, es decir, el tipo de intervención que los adultos realizan para que las personas se adapten al mundo natural, cultural y social que les tocará vivir (Vygslky,1995); si se les enseña a memorizar y a repetir contenidos, esto es lo que sabrán hacer; • Las especialidades propias, esto es, el nivel intelectual que posee el individuo, su temperamento, habilidades motrices, carácter, herencia genética, etcétera. Por ejemplo, un niño con Síndrome de Down que crece en una cultura que apoya el desarrollo de las diferencias y que cuenta con los procesos de mediación pertinentes para lograrlo, impulsará que éste despliegue múltiples competencias como expresarse por diferentes medios gráficos o bien leer y escribir; en cambio, si crece en un ambiente que lo rechaza y que niega todas sus potencialidades no podrá hacerlo. Es la interacción de la cultura, la mediación y la capacidad de cada sujeto lo que genera los diferentes resultados en el desempeño de las personas. Por esto, desde el punto de vista educativo, debemos identificar cuáles son los procesos de mediación que garantizan el desarrollo de las competencias que se definen como necesarias para responder a las demandas de la época que les tocará vivir a las nuevas generaciones del siglo XXI. La respuesta a esto es muy compleja porque desde el punto de vista pedagógico existen varias puntualizaciones que hacer. En primer lugar, es necesario señalar que las competencias se conceptualizan en diferentes ámbitos. En el psicológico, como capacidad cognitiva que produce un desempeño, por ejemplo, comprender y producir el lenguaje. En el laboral, como el conjunto de habilidades para responder a las exigencias de la empresa que contrata: el trabajador que atiende las necesidades de un cliente. En cambio, en el pedagógico, como metas curriculares hacia las cuales se debe dirigir el proceso educativo; ejemplo de ello sería elaborar diversos tipos de textos utilizando las reglas de ortografía y redacción; capacidad que requerirá todo egresado de primaria a lo largo de su vida (Frade 2008a. 2008c) No obstante, si las competencias se despliegan por su utilización, entonces no son sólo fines terminales, sino que también describen la dinámica mediante la cual se debe llegar a ellas, es decir, que cuentan con un carácter dual, son meta y proceso a la vez. Así, si la competencia dice que el sujeto toma decisiones éticas frente a los dilemas que enfrenta, eso mismo debe hacer el estudiante en el salón de clases, de manera que se adquiera el conocimiento ético al mismo tiempo en que lo utiliza.
  5. 5. 5 En segundo lugar, una vez que se ha comprendido lo que es una competencia y como se caracteriza, emerge entonces la pregunta: ¿cuáles son las competencias que debe tener el estudiante del siglo XXI? Porque al contestarla estaremos definiendo el perfil del egreso de nuestros alumnos y alumnas. Esto no es fácil en un mundo cambiante, ya que existen procesos educativos que se están cuestionando mucho, como la cantidad de caligrafía que se debe enseñar, dado que los estudiantes escribirán cada vez menos a mano y utilizando el papel, haciendo mucho más uso de la computadora; o bien el tiempo que se debe destinar para ejercitar el cálculo mental cuando se puede usar una calculadora o el Excel; y, sobre todo, si lo importante es resolver problemas complejos en lugar de hacer sólo cuentas. Si bien las respuestas a estas preguntas son ambivalentes porque cuentan con argumentos a favor y en contra, los resultados de la discusión que se genere serán la definición de las competencias requeridas para elaborar un plan de estudios centrado en la satisfacción de las necesidades educativas del estudiante del siglo XXI. En tercer lugar, es necesario tomar la decisión sobre el tipo de estructura curricular que se debe adoptar desde este enfoque. Es decir, si solamente se redactan las competencias como metas terminales hacia las cuales dirigir el proceso educativo, lo que implica que sólo se les describe en el perfil de egreso de un plan de estudios, o si se van especificando a lo largo de cada asignatura y de cada bloque. Este dilema se resuelva por la intencionalidad que se adopta, en el sentido de que si lo importante ahora es desarrollar las capacidades necesarias para responder a las demandas del entorno y no sólo la transmisión o construcción del conocimiento, las competencias deberán concretizarse desde el perfil hasta las unidades más simples del programa en desempeños más específicos (Frade, 2008a) Esto implica reconocer que existen dos propuestas curriculares en los programas de estudio actuales, ya que el de preescolar y el de bachillerato tienen un diseño curricular centrado en el desempeño, mientras que la Reforma de Educación Secundaria y en el nuevo Plan 2009 para la primaria cuentan con una perspectiva más constructivista que está centrada en la construcción del conocimiento. En cuarto lugar, es necesario observar que las competencias deben contar con una estructura gramatical que garantice que así como están redactadas se aplicarán en el salón de clase, por lo que se deben escribir en presente, en la tercera persona singular, puesto que esto se convierte en un imperativo para el docente. Por ejemplo, si la competencia dice “Lee, comprende e interpreta diferentes tipos de texto”, eso es exactamente lo que se debe hacer en el aula; en cambio si se redacta en infinitivo o en futuro, ya no es responsabilidad de nadie, puesto que se parte del principio de que algún día el estudiante lo logrará (Frade 2008a, 2008c). En quinto lugar, es indispensable identificar el tipo de estructura curricular que se utilizará a lo largo del plan de estudios, es decir, si sólo cuenta con propósitos, temas a tratar, aprendizajes esperados y parámetros para evaluar, o bien con competencias que incluyen varios indicadores de desempeño, que son los descriptores del proceso con los que los estudiantes deberán seguir para llegar a adquirir la competencia especificada. Por ejemplo, en la competencia de preescolar: “Reconoce sus cualidades y capacidades y las de sus compañeras y compañeros”, el programa advierte como manifestaciones (indicadores), los siguientes desempeños: habla sobre sus sentimientos, habla libremente sobre cómo es él o ella, de su casa y comunidad, apoya y da sugerencias a otros (SEP, SEP. 2004).
  6. 6. 6 Dado que la ejecución de dichas competencias e indicadores se realiza con diferentes impactos, la estructura también incluye niveles de desempeño, que son los descriptores del resultado que sé obtiene cuando ya se cuenta con ellas. En sexto lugar, para garantizar la mediación adecuada a las demandas que se presentan en el siglo XXI, también se debe abordar la forma en la que se tienen que desarrollar las competencias, sí mediante procesos constructivistas exclusivamente, cuyo eje central es la construcción del conocimiento bajo el supuesto de que sí esto se logra se trasladará a otros contextos, o más bien sí es necesario contar con una intención educativa explicita, cuyo énfasis, al momento de planear y de dar la clase, se encuentra en enfrentar demandas del entorno. Esto implicaría que el docente deberá diseñar escenarios de aprendizaje llamados situaciones didácticas, en las que se busque la resolución de problemas; el análisis de casos; la elaboración de proyectos innovadores; la realización de investigaciones en las que se ponga el acento en la comprobación de las hipótesis que tengan los estudiantes sobre ciertos fenómenos, hechos. Procesos o conocimientos; la ejecución de diversos experimentos; la organización de eventos; o bien la elaboración de productos concretos como pueden ser ensayos, libros propios, manuales, recetas, instructivos, etc. (Frade, 2008a, 2008c). Al llevar a cabo estas estrategias, el énfasis estará en la búsqueda constante de soluciones ante las demandas presentadas, lo que, por lo tanto, conlleva a que la mediación y la clase brindada deberán ser distintas, asunto que se resuelve con una nueva forma de planear, cuyo centro de acción se encuentre en el estudiante y no en el docente. Es decir, que la planeación será lo que los alumnos y alumnas realizarán y no lo que hará el profesor como siempre se ha hecho. En séptimo lugar, si lo que prevemos hacer en el aula se modifica, también debe serlo el proceso para evaluar; asunto que va más allá de efectuar un balance sobre lo que los estudiantes han aprendido. Se trata, más bien, de identificar en qué medida se despliegan las competencias que han ido desarrollando frente a las demandas concretas de la vida real; el énfasis estará en el análisis del desempeño, más que en ubicar qué tanto saben los estudiantes. Esto trae como consecuencia la necesidad de recabar la evidencia requerida para observar lo que saben hacer tanto en el proceso como en el resultado, lo que incluye la recopilación de trabajos (proyectos, investigaciones, escritos, tareas, resultados de experimentos, etcétera) para analizarlos desde ambos puntos de vista: cualitativa y cuantitativamente, de manera que la información que se obtenga sobre hacer, así como lo que le falta, se represente con una escala que sea significativa para el estudiante sobre el esfuerzo realizado (Frade, 2008a, 2008d). Lo anterior obedece a la idea de que éste último debe desarrollar su capacidad metacognitiva, y que se traduce en la habilidad para analizar su propio desempeño, ya que, al hacerlo, podrá identificar sus aciertos para repetirlos y sus errores para evitarlos, así como lo que necesita modificar, esto es la base del ser competente. Este nuevo proceso pedagógico conlleva un supuesto: que los docentes requieren identificar las diferencias conceptuales que emergen en torno a las competencias, de tal forma que puedan aplicar cualquier tipo de modelo, sea constructivista o centrado en el desempeño, o bien puedan construir sus propias propuestas sin perder de vista la base del nuevo enfoque, la adecuación entre lo que sabe hacer el sujeto frente a lo que le tocará vivir en el corto, mediano y largo plazo.
  7. 7. 7 Todo lo anterior trae como consecuencia una nueva definición en el tipo y particularidades de una mediación, cuya característica esencial es la intención que tiene el docente: el desempeño adecuado a las demandas del entorno por parte del estudiante, lo que cuestionará, sin duda, las prácticas que realizan las y los maestros, asunto que requerirá una adaptación al nuevo entorno por parte de sus propias competencias docentes. Si bien, estas últimas no son nuevas, ya que las capacidades que despliegan los educadores para enseñar siempre han estado ahí, son históricas; lo que resulta una novedad es que actualmente se les busca definir mediante diversos procesos de investigación al contestar la pregunta: ¿qué es lo que sabe hacer el mejor docente, aquel que produce buenos procesos de enseñanza-aprendizaje y buenos resultados? Esto a partir de la consideración de que sus prácticas cuentan con una adecuación, una correspondencia con las exigencias que la sociedad le impone. Es decir que, en el contexto mexicano, es bueno aquel profesor o profesora que cumple con las demandas planteadas en el plan de estudios vigente de acuerdo con las necesidades de su grupo y, por esto, obtiene buenos resultados. Desde mi presupuesto, las capacidades para hacerlo se definen visualizando la inteligencia educativa, esto es a partir de la teoría de las inteligencias múltiples que señala que no existe un solo tipo de inteligencia, sino varias (musical, matemáticas, lingüística, cinética, grafica especial, naturalista, intrapersonal e interpersonal), por lo que la capacidad para educar es una más, misma que puede ser innata o bien se puede desarrollar. Dicha capacidad se concretiza en la posibilidad de llevar a cabo mediciones inteligentes y de calidad a partir de las cuales el sujeto que aprende desarrolla las capacidades que le permitirán integrarse de manera adecuada al momento histórico que le tocará vivir (Frade, 2008b). El sujeto cuenta, entonces, con ocho competencias, a saber: • Competencia Diagnóstica: Detecta las necesidades de aprendizaje que se desprenden del medio socio-histórico. • Competencia Ética: Toma decisiones éticas sobre lo que debe enseñarse y cómo debe hacerlo, lo que incluye el propio comportamiento en el entorno. • Competencia Cognitiva: Cuenta con un dominio claro de los conocimientos y competencias que va a mediar. • Competencia Lógica: Define un orden lógico para enseñar los conocimientos y competencias detectadas de manera que organiza los aprendizajes tomando en cuenta las necesidades de sus estudiantes. • Competencia Empática: Identifica las necesidades psicoafectivas y motrices del sujeto que aprende, es empático con él y ejerce un liderazgo proactivo, su intención genera una reciprocidad por parte del estudiante. • Competencia Comunicativa: Establece una comunicación efectiva con el educando, le comunica su propósito y este último le responde.
  8. 8. 8 • Competencia Lúdico-Didáctica: Diseña y utiliza diferentes manifestaciones simbólicas en la mediación para promover el aprendizaje significativo y efectivo. • Competencia Metacognitiva: Evalúa su propio desempeño como educador, de manera que encuentra el acierto para repetirlo y el error para evitarlo, lo que sabe y lo que le falta por saber y además lo sabe resolver. Como se observa, las competencias docentes descritas no incluyen ciertas competencias laborales, como el trabajo en equipo o el cumplimiento de las normas institucionales. Esto se debe al hecho de que educar a otro no necesariamente es una actividad que se subsume al trabajo institucional, por el contrario, se ejerce de manera continua con o sin la misma. Es decir, que el buen educador lo es, independientemente de que la escuela se lo exija, pero además, ejerce su práctica en una relación de uno a uno con sus estudiantes o bien con su grupo, con o sin ayuda del colegiado docente. Si bien es cierto que el apoyo institucional, así como el de sus compañeros, puede mejorar su práctica, también lo es que él y la maestra competente se identifican por la labor que realizan por si mismos/as. En suma, el enfoque curricular por competencias es un nuevo paradigma educativo, cuyo énfasis se encuentra en el desarrollo de las capacidades que requiere desarrollar del siglo XXI para salir adelante a lo largo de su vida. Busca construir el desempeño necesario frente a las demandas del entorno, por lo que no sólo se centra en construir y transmitir conocimientos, sino en cómo el sujeto los utiliza para vivir, adaptarse, superarse y transformar la sociedad en la que vive, asunto que requiere de la adaptación de nuestras propias competencias docentes al nuevo entorno que emerge de la globalización. Frade, Laura. (2009). Desarrollo de Competencias en el aula. Comisión Nacional de los Libros de Texto Gratuitos. Págs. 317 – 326.
  9. 9. 9 APLICAR LAS COMPETENCIAS: UNA VERDADERA COMPETENCIA Antonio Gómez Nashiki 1 Como lo muestran los testimonios de maestros que aquí se presentan, el tema de las competencias apenas comienza y su principal reto está por venir, cuando los profesores apliquen de manera cotidiana los nuevos planteamientos y, por tanto, surjan las observaciones correspondientes. En estos temas hace falta más difusión e investigación y discusión permanente, no sólo de quienes están al frente de las aulas, sino de amplios sectores que den seguimiento y atiendan los distintos requerimientos derivados de un planteamiento de esta naturaleza. Un Concepto, varias interpretaciones El concepto de competencia desde su aparición marcó un hito y llamó poderosamente la atención en distintos círculos, no sólo educativos, pues asociados a él estaban otros temas y conceptos muy complejos, tales como: habilidades, experiencia, actitudes, valores, saberes, procesos, entre otros, por lo que su manejo desde un principio no fue muy accesible que digamos. Por ejemplo, la definición de Francois Lasnier (2000): […] saber hacer complejo resultado de la integración, movilización y adecuación de capacidades y habilidades (cognitivas, afectivas, psicomotoras o sociales) y de conocimientos utilizados eficazmente en situaciones similares. O de esta otra definición que se presenta como: Una red conceptual amplia, que hace referencia a una formación integral del ciudadano, por medio de nuevos enfoques, como el aprendizaje significativo, en diversas áreas: cognoscitiva (saber), psicomotora (saber hacer, aptitudes), afectiva (saber ser, actitudes y valores)… abarca todo un conjunto de capacidades que se desarrollan a través de procesos que conducen a la persona responsable a ser competente para realizar múltiples acciones (sociales, cognitivas, culturales, afectivas, laborales, productivas), por las cuales proyecta y evidencia su capacidad de resolver un problema dado dentro de un contexto específico y cambiante… (Documentos de Buenos Aires, 2005, citado en Beneitone, Esquetini, González Marty, Siufi y –Wagenaar, 2007: 36). Dos aspectos pueden considerarse ante esta situación, la primera es la polisemia del concepto, pues hay mucha confusión en el medio magisterial, por ejemplo el siguiente testimonio: Maestro de secundaria: Fui a un curso a Guadalajara nos dieron una visión completa, y definiciones y quedé convencido, luego chequé en internet y ¡que bárbaro! Era un mar de definiciones, la cosa es ¿cómo le vamos hacer para que los docentes entiendan más o menos lo mismo?, uno se pierde con mucha facilidad. 1 Profesor-investigador de la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Colima
  10. 10. 10 Este será, sin duda, un tema que estará presente con mucha fuerza en los próximos años, por lo que se seguirá discutiendo. En este sentido, valdría la pena considerar que implica un reto, porque como apunta Laval (2004:94) La dificultad reside aquí en el hecho de que el término puede designar realidades variadas y tanto puede encerrar indudables avances democráticos como conducir a verdaderas regresiones –Noción encrucijada” para algunos, “atractivo extraño” para otros, la competencia permite, por ejemplo, que se reconozcan a los asalariados conocimientos prácticos no certificados por los diplomas y que los contratistas no están dispuestos a reconocer espontáneamente. En segundo lugar, los conceptos asociados podrían dar pie por sí mismos a un debate muy amplio sobre el peso que cada componente tendría de acuerdo con la corriente u orientación educativa en la que se inscribe. Pero ante esta situación, vale la pena preguntar: ¿cuál es el papel del docente de educación básica ante esta situación?, ¿cómo afrontar el reto de instrumentarlas?, ¿existe la plena convicción de llevarlas a cabo?, ¿hay información suficientes y de fácil acceso para los docentes? Educación 2001 se dio a la tarea de preguntar a maestros (18 docenas, diez de primaria y ocho de secundaria) de distintos niveles educativos de Colima en torno a este tema, las respuestas dejan ver un interesante crisol de puntos de vista que sólo desde la opinión de la práctica docente es posible que salgan a la luz pública. Por otro lado, si bien es cierto que el reto de las competencias –como muchas otras reformas educativas- está en su correcta formulación teórica, también es crucial que los docentes logren hacerla suya para poder instrumentarlas adecuadamente en el salón de clase. Como lo demuestran algunos estudios (Giroux, 1990, Apple, 1989), los maestros gozan y ejercitan una independencia al momento de aplicar sus contenidos en el salón de clase, y hacen los ajustes y modificaciones que creen convenientes en el momento que lo deciden. Por esta razón, es que es necesario conceptualizar su práctica desde una posición no pasiva en los procesos de diseño y desarrollo del currrículum. Quizá el mejor ejemplo se la propuesta de Stenhouse de Currículum hipotético (1984), en donde la iniciativa curricular adquiere sentido, a partir de que los sujetos van poniendo en práctica lo indicado en el plan y programa de estudios, La profesión docente es una actividad creativa en la que todos los días los docentes adaptan distintas acciones y conocimientos en función de su experiencia personal y del contexto en donde les toca impartir sus clases, lo que se ha denominado en ocasiones el currrículum real o vivido, que ocurre todos los días en los salones de clase que protagonizan el docente y sus alumnos. Al respectos han desarrollado interesantes trabajos de todo lo que hace un docente, además de enseñar contenidos específicos, por ejemplo, los trabajos de Pérez Gómez (1998), Jackson (1968) o en la forma más cotidiana como lo señala una profesora de Tecomán: “uno no se hace maestro hasta que se pone a trabajar con los problemas de los niños y padres y de la colonia”. Es, en otras palabras, la aplicación de lo aprendido por los docentes, la identificación de sus problemas concretos, definición, análisis, explicación, las propuestas para su solución y la ejecución de las mismas, son procesos en los cuales intervienen muchos saberes
  11. 11. 11 provenientes de los aportes más básicos y fundamentales de diversas disciplinas y experiencias (Gutiérrez-Vázquez, 2004). ¿Cómo le hacemos? De manera casi inmediata al anuncio de la instrumentación de las competencias surgieron algunas dudas acerca de qué y cómo va a cambiar la forma de enseñanza. Para algunos docentes la pregunta está en cómo ir cambiando progresivamente o de plano entrar de lleno con el nuevo enfoque aun cuando no se domina muy bien: Maestro de 2° año de secundaria: Sinceramente me he informado poco, pero sí he escuchado que esto de las competencias es un hecho y no hay paso atrás, pero yo todavía le dudo, porque necesito informarme más y acercarme con compañeros que sepan bien de qué se trata, yo estoy con que tenemos que cambiar, sí, pero no sabemos muchos cómo […] Por otro lado, existe la convicción de que todo se irá resolviendo paulatinamente, conforme arranque de lleno el enfoque, aunque no con plena claridad, por lo que la necesidad de una acompañamiento permanente se hace más que necesario en opinión de los entrevistados: Maestra de 6° año: Yo no me opongo a los cambios eso es algo sano, los resultados no han sido buenos, por eso hay que cambiar, y como ha pasado en otras ocasiones arranca la reforma y te las vas ingeniando, pero yo pediría ahora que nos den más apoyo, porque luego haces las cosas por pura intuición y eso no está muy bien, qué le cuesta a la SEP poner gente cerca de los lugares de trabajo para que asesoren, aprenderíamos más ¿no?, y sobre seguro, sin tantas dudas […] Quizá uno de los aspectos más relevantes de la entrevista es que los docentes señalaron que la atención se centra en cómo aprender una forma nueva de enseñar, utilizando correctamente cada uno de los niveles de competencia, en reto por demás interesante que lo plantean así: Maestros de Secundaria: En mi caso, por ejemplo, doy matemáticas, y la verdad es que si uno analiza el planteamiento de las competencias suena muy bueno, pero ¿cómo le hago cuando les enseño una ecuación y su despeje? […] eso nos lleva a pensar en ejemplos y darle vuelta a los contenidos que venimos enseñando, no está mal, pero hay que aprender cómo se le hace, a mí me preocupa el tiempo para hacerlo y en el año esto es lo que más te presiona. En el caso de ciencias sociales el tema también preocupa, pero el énfasis se pone en la evaluación, ¿cómo evaluar correctamente las habilidades y competencias?: Maestra de 5° año:
  12. 12. 12 Yo vi la lista de competencias y habilidades en un curso que tomé, son muchas y lo que me quedé pensando fue: ¿cómo le voy a hacer?, ¿evaluaré todo lo que hace el alumno? Y con muchos al mismo tiempo ¿cómo le voy a hacer? Maestra de 3°: En mi caso yo tengo dudas, conozco muchos profesores que sí están comprometidos con el cambio, con hacer cosas que el día de mañana se vean, que tengan resultados positivos, en niños con buenos logros académicos, pero también hay otros compañeros que ya no están muy dispuestos, ¿cómo abandonar los vicios adquiridos? Esto de las reformas está mucho en función de la disposición y de la edad de los maestros, eso creo […] Ante este cuestionamiento se cierne una pregunta central y que puede ser una reflexión interesante en la medida de que apunta a que la práctica docente requiere que cambie, pues de lo contrario se hará lo mismo que se viene haciendo, repitiendo los mismos errores para señalar el tiempo después que el enfoque no sirvió. ¿Cómo garantizar un cambio en los profesores?, ¿será posible que se comprometan completamente? El destino de una innovación y cambio educativo depende de lo que piensen y hagan los maestros, pues son ellos, a través de su trabajo cotidiano, mediante su forma de concebir y administrar las situaciones de enseñanza-aprendizaje, los que tienen incidencia positiva o negativa para que se produzcan dichos cambios. La calidad con que se transmita dicha innovación dependerá de su modo de entender esas nuevas ideas, de su adhesión a ellas, así como de su capacidad y de su voluntad para integrarlas de forma duradera en su aplicación práctica, aunque con distintos niveles de integración: La innovación crea un repertorio de prácticas pedagógicas alternativas. Nunca se recuperan de forma íntegra, pero están ahí, y podemos recurrir a ellas en caso de necesidad. Y cuando se da el caso, no se recuperan tal cual, se niega que se han recuperado. Se convierte en una fuente de inspiración (Prosa, 1996) Un punto recurrente en las entrevistas tiene que ver con el tiempo para capacitarse y poner en marcha las competencias, pues ya no se trata de la aceptación o rechazo, como lo señala un docente: “… aquí ya no estamos es estás de acuerdo o no, pues ya están aquí y lo que es más llevándose a cabo”. Los señalamientos están en ¿con qué herramientas afrontar el reto y el tiempo para llevar a cabo una adecuada apropiación de los nuevos planteamientos? Se sabe, por ejemplo, que los docentes no reciben de manera acrítica los planteamientos, por lo que el conocimiento y el convencimiento resultan aún tareas por realizarse, como lo muestra el siguiente testimonio: Maestra de 6° año: Yo no estoy en contra, que no se crea que no me interesa, sí me interesa y mucho, pero primero tengo qué saber bien a bien qué voy a hacer, tengo que estar convencida de que esta nueva orientación sirve y es mejor […], no podemos enseñar algo de lo que no estamos convencidos, si no haces lo clásico y finges como si sirviera, y no queremos eso, ¿verdad?
  13. 13. 13 Otro argumento muy citado fue la poca o nula supervisión en estos procesos por parte de la autoridad una vez que las reformas inician, pues se mencionó que en determinados momentos se requiere de apoyo y un esfuerzo sostenido a lo largo de un buen tiempo: Maestro de 5° año: Lo que se necesita son muchos apoyos, porque de alguna manera es como volver a empezar, y no porque no tengas conocimiento de qué es lo que vas a hacer, o no tengas experiencias […], sino porque de lo se trata es de abordar la enseñanza desde otra forma y es lógico que surjan dudas y ahí es cuando requieres apoyo. Maestra de 1°: A veces ni los compañeros nos podemos apoyar, deberían poner un teléfono, internet o personal para apoyo, con la capacitación y los cursos no basta, porque necesitas resolverlo en el momento o en la semana, yo lo que pediría son ejemplos de cómo hacerle […] por ejemplo para tal contenido se le hace así y así, ¿no? Como lo muestran los testimonios, el tema de las competencias es algo que apenas comienza, y que su principal reto está por venir, cuando los profesores apliquen de manera cotidiana los nuevos planteamientos, y por tanto, surjan las observaciones correspondientes. De nueva cuenta queda claro que en estos temas hace falta más difusión y por tanto más investigación y discusión permanente, no sólo de quienes están al frente de las aulas, sino de amplios sectores que den seguimiento y que atiendan los distintos requerimientos producto de un planteamiento de esta naturaleza. Antonio Gómez Nashiki. Aplicar las competencias: una verdadera competencia. Revista de Educación 2001. No. 178
  14. 14. 14 LA CONSTRUCCIÓN DEL CONOCIMIENTO EN LOS NIÑOS/AS DEL SIGLO XXI Laura Frade Rubio Antes de la escritura, la educación, como proceso de transmisión del conocimiento y de reproducción social de la cultura, se lleva a cabo de manera oral, de padres a hijos, o bien de un adulto mayor a uno menor. Cuando aparecen la escritura y los libros, se inicia un proceso de transmisión en el cual pasamos de la interpretación directa de las cosas a una interpretación más compleja, en la cual cada persona puede construir sus propias inferencias a partir de lo leído, se da un proceso analítico y lógico, de abstracción y generalización. Ambos procesos se desarrollaron gracias a nuestra capacidad de lenguaje oral y escrito. Es más, podemos afirmar que, de inicio, el hemisferio izquierdo, donde se localiza el lenguaje, se desarrolló de una manera más pronunciada que el otro hemisferio (considerado más gráfico, musical y espacial). Lo anterior trajo como consecuencia que los seres humanos mantuviéramos un estilo de aprendizaje mayoritariamente lingüístico durante mucho tiempo, y, aunque no se descarta que hubiera otros estilos en la población, la generalidad de las personas desarrollamos el lenguaje como medio fundamental tanto de enseñanza como de aprendizaje. Si bien en las sociedades humanas el dibujo, la pintura y la música siempre han estado presentes, no todos podemos dibujar, cantar o componer música, de hecho, algunos podemos considerarnos analfabetos musicales o gráficos; pero todos poseemos una capacidad innata para hablar. La inmensa mayoría de los y las adultas podemos escuchar con atención una lectura, una conferencia, y aprender a partir de lo leído, sin embargo, la aparición de los medios visuales esta impactando esto, ya que las capacidades lingüísticas de niños/as y jóvenes están cada vez más interrelacionadas con las habilidades gráficas espaciales. Hoy podemos observar que los juegos como el Nintendo, Game Boy, Game Cube, Xbox, la televisión, la computadora y hasta los teléfonos celulares ofrecen sistemas de comunicación centrados en tres aspectos fundamentales que modifican los estilos de aprendizaje de los niños/as y jóvenes: La información cuenta con un mínimo de lenguaje oral o escrito, ya que ésta se brinda de manera gráfica, con dibujos animados, con signos que sustituyen las letras, e íconos que representan acciones, palabras, sentimientos, etcétera, y hasta cuentan con acompañamiento musical. Dichos medios ofrecen una constante interacción entre el usuario y el medio utilizado; asunto que se manifiesta cuando el juego u actividad realizados mediante el aparato requieren de acción constante por parte del sujeto, ya que pican un botón y se les obedece, dan órdenes, son partícipes de lo que sucede en el juego. Mientras que en la televisión una persona puede observar cómo matan a otros, en los juegos electrónicos es la persona quien mata, se muere, incendia, o realiza la acción. Esto implica un desarrollo constante de voluntad como función cognitiva: los niños/as y jóvenes de hoy son más voluntariosos que los de antes. Esperan que se les obedezca como los hacen las máquinas que usan, pero
  15. 15. 15 además tienen la expectativa de que en todo lo que realizan esa interacción está presente; no son pasivos ante el medio natural. Mientras que antiguamente los adultos, hoy ya maduros, nos concentrábamos en un solo estímulo para leer o bien para ver la televisión o hablar por teléfono, los niños/as y jóvenes de hoy se concentran en varios estímulos a la vez. Pueden ver hasta cuatro pantallas que aparecen al mismo tiempo en la televisión, o bien hablar por teléfono y jugar Game Boy mientras que van en el carro o el autobús. Lo anterior tiene efectos ambivalentes en el proceso de atención. Si definimos la atención como la capacidad para concentrarse en un sólo estímulo para planear y ejecutar acciones sobre él, veremos que ésta pasa por varias etapas: • La atención focalizada: el momento en que se elige un estímulo; cuando tomo un libro y empiezo a leer elijo poner atención a la lectura. • La atención sostenida: cuando se mantiene la atención a un solo estímulo por largo rato, aunque este sea aburrido, como cuando se fija atención en la lectura, o en una conferencia, o mientras alguien habla. • La atención selectiva: cuando se sigue concentrando en el estímulo, independientemente de las incitaciones que se presenten, como continuar leyendo a pensar del ruido que pueda haber en torno a uno. • La atención directiva: cuando, una vez que se ha optado por un estímulo, se planea la acción sobre el mismo, se ejecuta y se evalúa, porque se sigue poniendo atención en dicho estímulo, pero además se anticipa la siguiente tarea. • La atención diferida: cuando podemos poner atención en dos cosas a la vez. La interacción constante con los medios de comunicación electrónicos desarrolla sólo algunos tipos de atención: la atención focalizada selectiva y la atención diferida. • Atención focalizada y selectiva. Cuando se despliega la capacidad para elección del estímulo de manera constante, ya que dichos medios están estructurados para escoger estímulos rápidamente, puesto que éstos cambian de forma continua, por ejemplo, el niño/a toma el control, y selecciona una y otra vez múltiples acciones sin analizarlas ni aprender a concentrarse por largo rato en un estímulo. Esto ocurre con todos los medios electrónicos: con la computadora, toma el ratón y elige íconos; con la televisión, usa el control y escoge canales con mucha rapidez; con el Nintendo, utiliza sus controles y selecciona sólo lo que le interesa. De este modo los niños/as y jóvenes desarrollan una gran capacidad selectiva, pero muy poca habilidad para centrar su atención y sostenerla por un buen tiempo en algo que a lo mejor puede ser aburrido o tedioso. • Atención diferida. Dado que los medios de comunicación presentan estímulos simultáneos, los niños, niñas y jóvenes pueden elegir estímulos y pasar de uno a otro sin pausa, como cuando platican con 10 amigos en el Messenger abriendo las
  16. 16. 16 ventanas y manteniendo diferentes comunicaciones con cada uno de ellos, o cuando en la televisión aparecen cuatro recuadros y pueden identificar lo que pasa en cada uno y comprenderlo. Los niños/as y jóvenes cuentan con un proceso cognitivo que pudiéramos llamar volátil, es decir, seleccionan otra cosa casi sucesivamente hasta que algo logra captar su atención. Los medios de comunicación actuales repercuten en que los niños/as y jóvenes cuenten con un proceso de atención selectiva y diferida muy desarrollado, pero con una baja atención sostenida, que es la base del aprendizaje. El asunto es que si el estímulo no es atractivo cambian de canal. Las clases, por lo tanto, o son interesantes o los alumno se distraen, empiezan a portarse mal o dibujan en su cuaderno. Es este el contexto, el proceso cognitivo de los niños/as es muy distinto del nuestro, ya que es visual, interactivo y volátil, mientras que el de los adultos es lingüístico, menos interactivo y muy centralizado en un aspecto a la vez. Lo anterior implica que los primeros aprenden viendo e interactuando, y los segundos deseamos una larga explicación. Esto significa que en tanto nuestra clase se brinda utilizando básicamente los estilos de aprendizaje lingüísticos, los jóvenes requieren medios visuales, interactivos, interactivos y dinámicos. Los niños, niñas y jóvenes de hoy reciben información de manera permanente, simultánea, rápida, creciente y sistemática, por los que no pueden distinguir, discernir o analizar si lo que acogen es verdad o es correcto. Poseen conocimientos previos de muchas cosas, lo cual hace que cuando llegan a la escuela se aburran, y que cuando evalúan a sus profesores, los consideran seres arcaicos de otro planeta que pretenden enseñarles cosas que ya saben. Un joven de secundaria decía: “En la actualidad, cualquiera puede ser maestro, te sientas, bajas de internet tu clase, y luego le dictas a a los niños/as del salón; si te cuestionan, pues nada más dices: ‘aquí yo mando y soy la autoridad’, con esto cobras ti cheque y punto”. Como vemos, los jóvenes cuentan con ciertas capacidades con las cuales analizan el mundo, su contexto es mucho más vasto y complejo de lo que fue el nuestro cuando éramos pequeños/as. Cualquiera pudiera decir que la interacción con los medios depende de la clase social de los alumnos/as. Si bien esto tiene algo de verdad, es común ver indígenas que envían mensajes con su teléfono celular a sus amigos, que los jóvenes en los pueblos no tienen computadora jueguen con las maquinitas de la esquina de la avenida principal, y que las jóvenes lean revistas en las que se aborden aspectos relativos a la sexualidad, cómo pintarse, qué hacer contra la anorexia l bulimia y cómo borrar las cicatrices de las cirugías, aunque obviamente esto no suceda en sus comunidades. Ellas también están recibiendo la información de las ciudades, tratan de vestirse como las modelos e imitan su maquillaje. En realidad, al menos en nuestro país, pertenecer a una clase social no determina el acceso o no a los medios, más bien es un asunto de cantidad. Las personas con más recursos cuentan con una mayor diversidad en los medios que utilizan, mientras que los más no disponen de tanta variedad. En este escenario, la información que se recibe es múltiple, a veces científica, a veces no. En otras ocasiones es real, pero no toda. Lo que se llega a saber no es uniforme, ni todos
  17. 17. 17 saben lo mismo, ni con igual profundidad. El conocimiento al cual se tiene acceso resulta fraccionado, en pedazos; como estar dentro de una película en la que se reciben flashes de información cortada, que se tiene que interpretar, aunque no se hace de manera crítica. El impacto mediático tanto en el nivel de proceso cognitivo (cómo aprenden los niños, niñas y jóvenes) como en el de recepción de conocimientos entraña al mismo tiempo el desarrollo de ciertas habilidades de investigación. Hoy, si un niño/a quiere saber sobre su perro escribe la raza en un buscador de Internet y obtiene toda la información que necesita, a una velocidad impresionante. Así mismo, la analiza con gran rapidez, pues, de algún modo ha aprendido a leer y a buscar sólo lo que le interesa al contar con una atención selectiva y diferida. Pero estas habilidades no son utilizadas en la escuela, ni siquiera en las clases de computación, en las que por lo general se le enseña a usar Windows, Word o Excel. Esto porque en la escuela aprenden a usar programas que cuando sean grandes sin duda no existirán. Basta con contestar una pregunta: ¿desde que aparecieron las computadoras cuántos tipos de Windows ha aprendido a manejar una persona? Por lo tanto la necesidad de aprender computación no implica saber manejar el programa sino cómo extraer la información que se produce de manera continua en Internet, cómo se usa, a qué se le hace caso y a qué no, lo cual entraña una capacidad analítica, sintética, crítica y creativa. Desde la perspectiva de los niños/as y jóvenes, la escuela no es un espacio de aprendizaje sino un lugar al que asisten obligatoriamente a escuchar a los maestros/as porque sus padres los mandan. Aunque la deserción de los jóvenes ocurre sobre todo por razones económicas, también inciden otras cuestiones subyacentes, como aquella que a menudo señalan algunos desertores escolares: “De todas maneras ni me enseñan nada”. Muchos jóvenes de bachillerato abandonan los estudios porque consideran que el mundo tiene más que ofrecerles que la escuela, y entonces se incorporan al mercadl laboral sin vislumbrar que estarán en desventaja en el futuro. En este marco, la escuela, desde preescolar hasta la universidad, debería estar respondiendo a los retos del siglo XXI: • Analizar, reconstruir y explorar la información obtenida con el fin de que no se convierta en conocimiento inerte, sino activo, apropiado por el sujeto para lograr que su interacción con el medio ambiente sea profundamente transformadora y no receptora de ideas. • Utilizar las nuevas formas de aprendizaje que se han ido desarrollando en los niños/as y jóvenes, las visuales-auditivas e interactivas, para que adquieran el conocimiento mediante ellas, tal y como lo hacen con los diversos aparatos mediáticos que usan. Estos mecanismos de acción se convierten en propuestas de cambio al escenario en el que se están moviendo, ya que si se aprieta un botón se da necesariamente una modificación que es empleada por el sistema para continuar jugando. La escuela debería desencadenar procesos en los que las y los sujetos puedan proponer nuevos conceptos de los que reciben.
  18. 18. 18 • Reenfocar sus procesos de atención terriblemente ágiles pero también fuertemente volátiles, mediante actividades y situaciones de aprendizaje en las que puedan concentrarse de manera motivada, demostrando interés por lo que aprenden, pero además apropiándose de la información para constituirla en conocimiento. . Frade, Laura. (2009). Desarrollo de Competencias en educación desde preescolar hasta el bachillerato. La construcción del conocimiento en los niños/as del siglo XXI. Págs. 30 – 40
  19. 19. 19 PLANEACIÓN POR COMPETENCIAS Laura Frade Rubio La planeación es una actividad básica para cualquier docente, no sólo porque mediante ella se establecen con claridad los pasos que seguirá en su clase sino también porque es a través de esta actividad que se pone sobre la mesa cómo se piensan alcanzar las metas propuestas, pero además constituye un elemento fundamental de la inteligencia educativa que se posee. La planeación por competencias supone varias habilidades de pensamiento relevantes, entre ellas: aprender a visualizar la diferencia de matiz entre un tipo de planeación y la otra para poder diseñar su actividad docente de conformidad con los marcos teóricos actuales. La pregunta inicial es: ¿Existe un cambio entre la planeación por objetivos, la planeación por propósitos y la planeación por competencias? Planeación por objetivos Planeación por propósitos Planeación por competencias Es un mecanismo de control de la actividad del maestro en el que se observa una relación entre el insumo, el proceso y el resultado conseguido; en otras palabras, el estímulo y la respuesta obtenida Es un instrumento para identificar las estrategias de aprendizaje que debe instalar el docente durante su clase Es una toma de conciencia del docente sobre todo lo que implica el desarrollo de una competencia; incluye los elementos objetivos que la componen para poder diseñar la situación didáctica que realmente asegure que el estudiante la despliegue Considera que ante el estímulo presentado existe un resultado esperado concreto, visible evaluable y único, igual para todos los estudiantes Considera que el docente llevará a cabo una mediación que tiene, de su parte, una intención, y de parte del estudiante, una reciprocidad, y que lo importante a establecer en ella es que lo debe hacer para que el estudiante construya su propio aprendizaje de manera autónoma Es un proceso de diseño de la mejor situación didáctica o bien el escenario de aprendizaje que más interese al alumno/a y responda a sus necesidades y motivaciones, además incluye un conflicto cognitivo a resolver por parte del mismo Es un proceso rígido Es un proceso flexible que busca responder a las necesidades de los estudiantes Es un proceso flexible que busca responder a las necesidades definidas con anterioridad y observadas durante el proceso de enseñanza-aprendizaje Se concentra en la dinámica estímulo-respuesta Se centra en la construcción del aprendizaje por parte del alumno/a con el docente como guía y facilitador, y, aunque los estudiantes participan, el centro y motor de la clase sigue siendo el docente, ya que es quien facilita el aprendizaje Se centra en el desarrollo de la competencia, es decir, en la construcción del desempeño del estudiante frente a una demanda que conlleva un proceso de ejecución por su parte, el cual ha sido planeado por él; lo más importante es el desempeño no el conocimiento; pero no se subsume en ellos, cuenta con otros elementos: habilidades de pensamiento, actitudes, etcétera
  20. 20. 20 Planeación por objetivos Planeación por propósitos Planeación por competencias Proceso de elaboración Proceso de elaboración Proceso de elaboración Se establece el objetivo al cual llegar como una actividad final. Se define el propósito del maestro. Se elije la competencia a desarrollar, que esté de acuerdo con las necesidades e interés del grupo, partiendo del programa. Se diseñan las actividades para poder alcanzarlo, no importa que estén articuladas o no. Se establecen los temas que se abordarán durante la clase Se define de antemano qué conocimientos, qué habilidades, destrezas, actitudes y valores requiere adquirir el alumno para desarrollar esa competencia. Se definen los materiales a utilizar y los recursos necesarios para que se dé la relación estímulo-respuesta. Cuenta con una secuencia didáctica, se enumeran una a una las estrategias didácticas que buscarán que el estudiante construya su propio aprendizaje; se incluyen las siguientes fases: a) Identificación de los conocimientos previos por parte del estudiante b) Construcción colectiva del concepto mediante preguntas por parte del docente, de manera que el estudiante vaya identificando las nociones. c) Ejecución de actividades de clasificación, organización, orden, cuya meta es lograr la asociación entre el concepto y sus significado y los conceptos que se derivan o se relacionan, o bien actividades procedimentales que son visualizadas como medio para construir el conocimiento. d) Realización de ejercicios de aplicación a la vida real. e) Inclusión de una actividad de cierre con la que se busca que los estudiantes se queden con lo más importante y lo articulen a la vida. • Se trabaja esa competencia en el salón de clase, de la misma manera en que está escrita, buscando el mejor escenario de aprendizaje de la vida para lograrlo: un proyecto, una unidad de investigación, el análisis de un caso, un problema, una historia, etcétera. • Se diseña esta situación con un conflicto cognitivo a resolver por parte del estudiante, con una serie de actividades que le permitan encontrar la solución mediante el aprendizaje por descubrimiento.
  21. 21. 21 Planeación por objetivos Planeación por propósitos Planeación por competencias Proceso de elaboración Proceso de elaboración Proceso de elaboración Se observan los niveles de dominio alcanzados, que son: conoce, comprende, aplica, analiza, sintetiza y evalúa. El proceso de la clase es: conoce, construye, comprende, aplica. Se parte de un proceso que es: analiza un escenario real, comprende, usa. Se establece cómo se va a evaluar, bajo qué niveles de dominio, según la actividad realizada en un examen del que se esperan respuestas únicas y uniformes. El supuesto básico es: si el estudiante construye el conocimiento lo aplicará indudablemente en su vida; a esto se llama proceso de transferencia y se observa en actividades y exámenes. Se define cómo se evaluará el desempeño logrado bajo qué mecanismo (producto, ejercicio, examen, participación, actitud, etcétera) y qué porcentaje e la calificación tendrá cada uno, así como los niveles de desempeño a evaluar, o sea hasta dónde se espera que los alumnos/as usen el conocimiento en diversos contextos. Se examina el resultado obtenido por la realización del objetivo, el énfasis está en el resultado. Se evalúan los aspectos conceptuales, procedimentales y actitudinales por separado; el énfasis está en el proceso. Se evalúa el proceso y el resultado mediante productos y exámenes. La participación del maestro “ser el estímulo”, él/ella da la clase, él/ella dice qué hacer, los alumnos obedecen. El rol del maestro es el de facilitador. El rol del maestro es de diseñador, de guía . El alumno recibe el estímulo y produce una respuesta. El papel del estudiante es el de participante activo en la construcción del conocimiento; dependiendo del enfoque constructivista que se aplique, el estudiante tendrá mayor o menor autonomía en la realización de las actividades que se presenten. El rol del alumno es de investigador, descubridor, constructor del conocimiento y de su propio desempeño. Cabe señalar que la práctica cosntructivista existen múltiples formas de planear, pues dentro de esta línea de pensamiento no sólo existe una corriente sino varias, por lo que de acuerdo con ello definirá la planeación que realizan los docentes. Lo trascendente en términos de la diferencia frente al enfoque por competencias, es la intención, lo que se busca con las actividades, es el despliegue del desempeño, mientras que en el constructivismo el objeto es que se construya el conocimiento por parte del estudiante y que lo traslade a otras situaciones. Frade, Laura. (2009). Desarrollo de Competencias en educación desde preescolar hasta el bachillerato. La construcción del conocimiento en los niños/as del siglo XXI. Págs. 161-166.
  22. 22. 22 DIEZ NUEVAS COMPETENCIAS PARA ENSEÑAR Philippe Perrenoud Introducción: nuevas competencias profesionalesparaenseñar2 Práctica reflexiva, profesionalización, trabajo en equipo y por proyectos, autonomía y responsabilidad ampliadas, tratamiento de la diversidad, énfasis en los dispositivos y las situaciones de aprendizaje, sensibilidad con el conocimiento y la ley, conforman un «escenario para un nuevo oficio» (Meirieu, 1989). Éste aparece en un marco de crisis, en un momento en el que los profesores tienden a recogerse en su clase y las prácticas que han dado prueba de sus aptitudes. Dado el estado de las políticas y de las finanzas públicas de los países desarrollados, no habría motivo para reprochárselo. Sin embargo, puede esperarse que numerosos profesores aceptarán el desafío, por rechazo de la sociedad dual y del fracaso escolar que la prepara, por deseo de enseñar y de hacer aprender a pesar de todo, o incluso, por temor a «morir de pie, con una tiza en la mano, en la pizarra», según la fórmula de Huberman (1989a) cuando resume la cuestión existencial que surge al acercarse el cuarenta aniversario en el ciclo de vida de los profesores (1989b). Decidir en la incertidumbre y actuar en la urgencia (Perrenoud, 1996c) es una forma de caracterizar la experiencia de los profesores, que realizan una de las tres profesiones que Freud llamaba «imposibles», porque el alumno se resiste al saber y a la responsabilidad. Este análisis de la naturaleza y del funcionamiento de las competencias está lejos de conseguirse. La experiencia, el pensamiento y las competencias de los profesores son objeto de numerosos trabajos, inspirados en la ergonomía y la antropología cognitiva, la psicología y la sociología del trabajo, el análisis de las prácticas. Intentaré aquí abordar la profesión del docente de una manera más concreta, proponiendo un inventario de las competencias que contribuyen a redefinir la profesionalidad del docente (Altet, 1994). Tomaré como guía un referencial de competencias adoptado en Ginebra en 1996 para la formación continua, en cuya elaboración he participado activamente. 2 El tema de este libro ha aparecido anteriormente en el Éducateur, revista de la Société pédagogique ro-mande, en doce artículos publicados en intervalos de tres semanas, durante el año escolar 1997-98. Agradezco profundamente a Cilette Creton, redactora del Éducateur, por haberme invitado a escribir esta serie de artículos. Éstos aparecen en el Éducateur, en el n.° 10 (5 de septiembre de 1997, pp. 24-28), n.° 11 (26 de septiembre de 1997, pp. 26- 31), n.° 12 (17 de octubre de 1997, pp. 24-29), n.° 13 (7 de noviembre de 1997, pp. 20-25), n.° 14 (28 de noviembre de 1997, pp. 24-29), n.° 15 (19 de diciembre de 1997, pp. 26-33), n.° 1 (23 de enero de 1998, pp. 6-12), n.° 2 (febrero de 1998, pp. 24-31), n.° 3 (6 de marzo de 1998, pp. 20-27), n.° 4 (1 de abril de 1998, pp. 22-30), n.° 5 (19 de abril de 1998, pp. 20-27), n.° 8 (26 de junio de 1998, pp. 22-27).
  23. 23. 23 El comentario de esta cincuentena de enunciados, de una línea cada uno, sólo me compromete a mí. Podría ocupar 10 páginas así como 2000, puesto que cada entrada remite a aspectos completos de la reflexión pedagógica o de la investigación en educación. La dimensión razonable de esta obra se debe al hecho de que las competencias seleccionadas están reagrupadas en diez grandes familias y cada una da lugar a un capítulo autónomo. Me he empeñado en que éstas conserven una dimensión razonable remitiéndolas a las obras de Develay (1995), Houssaye (1994), De Peretti, Boniface y Legrand (1998) o Raynal y Rieunier (1997) para un tratamiento más enciclopédico de los distintos aspectos de la educación. Mi propósito es distinto: dar a conocer competencias profesionales favoreciendo a las que surgen actualmente. Este libro no tratará las habilidades más evidentes, que siguen siendo de actualidad para «hacer la clase» y sobre las cuales Rey (1998) ha propuesto una interesante síntesis para la escuela elemental. Yo haré hincapié en lo que cambia y, por consiguiente, en las competencias que representan un horizonte, más que una experiencia consolidada. Un referencial de competencias sigue siendo en general un documento bastante escueto, que a menudo se olvida con rapidez y que, poco después de su redacción, da motivo ya a todo tipo de interpretaciones. El referencial de Ginebra que me guiará aquí se ha desarrollado con una intención clara: orientar la formación continua para convertirla en coherente con las renovaciones en curso en el sistema educativo. Se puede leer pues como una declaración de intenciones. Las instituciones de formación inicial y continua tienen necesidad de referenciales para orientar sus programas, los inspectores los usan para evaluar a los profesores en ejercicio y pedir explicaciones. No pretendo aquí hacer un uso particular del referencial adoptado, sino simplemente ofrecer un pretexto y un hilo conductor para construir una representación coherente del trabajo del profesor y de su evolución. Esta representación no es neutra. No pretende dar cuenta de las competencias del profesor medio de hoy en día. Más bien describe un futuro posible y, a mi entender, deseable de la profesión. En un periodo de transición, agravado por una crisis de las finanzas públicas y de las finalidades de la escuela, las representaciones se hacen añicos, no se sabe muy bien de dónde venimos ni adónde vamos. Así pues, lo importante es descubrir la pólvora y algo más. Sobre temas de está índole, el consenso no es ni posible, ni deseable. Cuando se busca la unanimidad, lo más inteligente es seguir siendo muy abstracto y decir, por ejemplo, que los profesores tienen que dominar los conocimientos que enseñan, ser capaces de impartir cursos, conducir una clase
  24. 24. 24 y evaluar. Si nos limitamos a las formulaciones sintéticas, seguramente todos coincidiremos en que la profesión del docente consiste también, por ejemplo, en «conducir la progresión de los aprendizajes» o «implicar a los alumnos en sus aprendizajes y en su trabajo». El acuerdo en estas evidencias abstractas puede esconder profundas divergencias en cuanto a la manera de utilizarlas. Veamos un ejemplo: • Practicar una pedagogía frontal, hacer regularmente controles escritos y poner en guardia a los alumnos con dificultades, avisándoles de un fracaso probable si no cogen de nuevo las riendas: he aquí una forma bastante clásica de «conducir la progresión de los aprendizajes». • Practicar una evaluación formativa, un apoyo integrado y otras formas de diferenciación, para evitar que las diferencias no se acentúen, es otra forma, más innovadora. Cada elemento de un referencial de competencias puede, del mismo modo, remitir bien a prácticas más selectivas y conservadoras, o bien a prácticas democratizadoras e innovadoras. Para saber de qué pedagogía o de qué escuela hablamos, es necesario ir más allá de las abstracciones. También es importante analizar con más detalle el funcionamiento de las competencias definidas, sobre todo para hacer el inventario de los conocimientos teóricos y metodológicos que movilizan. Por consiguiente, un trabajo profundo de las competencias consiste en: • Relacionar cada una con un grupo delimitado de problemas y de tareas. • Clasificar los recursos cognitivos (conocimientos, técnicas, habilidades, aptitudes, competencias más específicas) movilizados por la competencia considerada. Tampoco existe un modo neutro de hacer este trabajo, puesto que la misma identificación de las competencias supone opciones teóricas e ideológicas, por lo tanto, una cierta arbitrariedad en la representación de la profesión y de sus facetas. He decidido retomar el referencial de Ginebra puesto en circulación en 1996, porque surge de una administración pública y ha sido objeto, antes de ser publicado, de varias negociaciones entre la autoridad escolar, la asociación profesional, los formadores y los investigadores. Es la garantía de una mayor representatividad que la que tendría un referencial construido por una sola persona. Como contrapartida, este referencial ha perdido un poco en coherencia, en la medida en que resulta de un compromiso entre varias concepciones de la práctica y las competencias. Esta fabricación institucional no significa que esta división esté consensuada en el seno del cuerpo docente, suponiendo que cada practicante en ejercicio se tome la molestia de estudiarla con detenimiento... Las divergencias no se hallarían tan sólo en el contenido, sino en la misma oportunidad de describir las competencias profesionales de forma metódica. Nunca resulta inofensivo
  25. 25. 25 poner en palabras las prácticas y el rechazo de entrar en la lógica de las competencias puede expresar, primero, una reticencia para verbalizar y colectivizar las representaciones de la profesión. El individualismo de los profesores empieza, de algún modo, con la impresión de que cada uno tiene una respuesta personal y original a preguntas como: ¿qué es enseñar?, ¿qué es aprender? La profesión no es inmutable. Sus transformaciones pasan sobre todo por la aparición de nuevas competencias (relacionadas, por ejemplo, con el trabajo con otros profesionales o con la evolución de las didácticas) o por el énfasis de competencias reconocidas, por ejemplo, para hacer frente a la heterogeneidad creciente de los públicos y a la evolución de los programas. Cualquier referencial tiende a pasar de moda, a la vez porque las prácticas cambian y porque el modo de concebirlas se transforma. Hace treinta años, no se hablaba de un modo tan corriente del tratamiento de las diferencias, evaluación formativa, situaciones didácticas, práctica reflexiva o metacognición. El referencial seleccionado hace hincapié en las competencias consideradas prioritarias porque son coherentes con el nuevo papel de los profesores, la evolución de la formación continua, las reformas de la formación inicial y las ambiciones de las políticas de la educación. Es compatible con los ejes de renovación de la escuela: individualizar y diversificar los itinerarios de formación, introducir ciclos de aprendizaje, diferenciar la pedagogía, ir hacia una evaluación más formativa que normativa, dirigir proyectos de institución, desarrollar el trabajo en equipos de profesores y la responsabilidad colectiva de los alumnos, situar a los niños en el centro de la acción pedagógica, recurrir a métodos activos, a la gestión de proyectos, al trabajo por problemas abiertos y situaciones problema, desarrollar las competencias y la transferencia de conocimientos y educar en la ciudadanía. El referencial en que se inspira este libro intenta pues comprender el movimiento de la profesión insistiendo en diez grandes familias de competencias. Este inventario no es ni definitivo, ni exhaustivo. Ningún referenciar no puede además garantizar una representación consensuada, completa y estable de una profesión o de las competencias que lleva a cabo. He aquí estas diez familias: 1. Organizar y animar situaciones de aprendizaje. 2. Gestionar la progresión de los aprendizajes. 3. Elaborar y hacer evolucionar dispositivos de diferenciación. 4. Implicar a los alumnos en sus aprendizajes y en su trabajo. 5. Trabajar en equipo. 6. Participar en la gestión de la escuela. 7. Informar e implicar a los padres. 8. Utilizar las nuevas tecnologías.
  26. 26. 26 9. Afrontar los deberes y los dilemas éticos de la profesión. 10. Organizar la propia formación continua. Para asociar representaciones a estas fórmulas abstractas, dedicaremos un capítulo a cada una de estas diez familias. Si los títulos están sacados de un referencial adoptado por una institución en concreto, la forma de explicitarlos sólo me compromete a mí. Estos capítulos no tienen más ambición que contribuir a formar representaciones cada vez más precisas de las competencias en cuestión. Es la condición de un debate y de un acercamiento progresivo de los puntos de vista. He renunciado a las fichas técnicas, más analíticas, para conservar un enfoque discursivo. Para dar a conocer modos de preparar la clase, por ejemplo, en torno a la diferenciación, a la creación de situaciones didácticas o a la gestión de las progresiones a lo largo de un ciclo de aprendizaje, una argumentación me ha parecido más razonable que una lista de ítems cada vez más detallados. La urgencia no es clasificar el mínimo gesto profesional en un inventario sin fallos. Como propone Paquay (1994), consideramos un referencial como un instrumento para pensar las prácticas, debatir sobre la profesión, descubrir los aspectos emergentes o las zonas controvertidas. Sin duda, para crear controles de competencias o de elecciones muy precisas de módulos de formación, convendría poner a disposición instrumentos más precisos. Esta empresa me parece prematura y podría desarrollarse en una etapa ulterior. El mismo concepto de competencia merecería ser desarrollado ampliamente. Este atractor extraño (Le Boterf, 1994) suscita desde hace algunos años numerosos trabajos, al lado de los conocimientos de experiencia y de los conocimientos de acción (Barbier, 1996), en el mundo del trabajo y de la formación profesional así como en la escuela. En varios países, se tiende asimismo a orientar el currículum hacia la creación de competencias desde la escuela primaria (Perrenoud, 1998a).El concepto de competencia representará aquí una capacidad de movilizar varios recursos cognitivos para hacer frente a un tipo de situaciones. Esta definición insiste en cuatro aspectos: 1. Las competencias no son en sí mismas conocimientos, habilidades o actitudes, aunque movilizan, integran, orquestan tales recursos. 2. Esta movilización sólo resulta pertinente en situación, y cada situación es única, aunque se la pueda tratar por analogía con otras, ya conocidas. 3. El ejercicio de la competencia pasa por operaciones mentales complejas, sostenidas por esquemas de pensamiento (Altet, 1996; Perrenoud, 1996, 1998g), los cuales permiten determinar (más o menos de un modo consciente y rápido) y realizar (más o menos de un modo eficaz) una acción relativamente adaptada a la situación. 4. Las competencias profesionales se crean, en formación, pero también a merced de la navegación cotidiana del practicante, de una situación de trabajo a otra (Le Boterf, 1997).
  27. 27. 27 Por lo tanto, describir una competencia vuelve, en larga medida, a representar tres elementos complementarios: • Los tipos de situaciones de las que da un cierto control. • Los recursos que movilizan, conocimientos teóricos y metodológicos, actitudes, habilidades y competencias más específicas, esquemas motores, esquemas de percepción, evaluación, anticipación y decisión. • La naturaleza de los esquemas del pensamiento que permiten la solicitación, la movilización y la orquestación de los recursos pertinentes, en situación compleja y en tiempo real. Este último aspecto es el más difícil de objetivar, puesto que los esquemas de pensamiento no son directamente observables y sólo pueden ser inferidos, a partir de prácticas y propósitos de los actores. Además, resulta difícil tener en cuenta la inteligencia general del actor -su lógica natural- y los esquemas de pensamiento específicos desarrollados en el marco de una experiencia concreta. Intuitivamente, se prevé que el profesor desarrolle esquemas de pensamiento propios a su profesión, distinto a los del piloto, el jugador de ajedrez, el cirujano o el agente de bolsa. Falta describirlos con más detalle. En resumen, el análisis de competencias remite constantemente a una teoría del pensamiento y de la acción situados (Gervais, 1998), pero también del trabajo, la práctica como profesión y condición (Descolonges, 1997; Perrenoud, 1996c). Es decir, que nos hallamos en terreno pantanoso, a la vez que en el plano de conceptos e ideologías... Un punto merece que le prestemos mayor atención: en medio de los recursos movilizados por una competencia mayor, se encuentran en general otras competencias, de alcance más limitado. Una situación de clase presenta en general múltiples componentes, que hay que tratar de forma coordinada, incluso simultánea, para llegar a una acción acertada. El profesional dirige la situación globalmente, pero moviliza ciertas competencias específicas, independientes las unas de las otras, para tratar ciertos aspectos del problema, al modo de una empresa que subcontrata algunas operaciones de producción. Sabemos, por ejemplo, que los profesores experimentados han desarrollado una competencia muy preciada, la de percibir simultáneamente múltiples procesos que se desarrollan a la vez en su clase (Carbonneau y Hétu, 1996; Durand, 1996). El profesor experto «tiene ojos en la espalda», es capaz de advertir lo esencial de lo que se trama en varias escenas paralelas, sin que ninguna lo deje estupefacto o lo angustie. Esta competencia apenas resulta útil en sí misma, pero constituye un recurso indispensable en una profesión en la que varias dinámicas se desarrollan constantemente en paralelo, incluso en una pedagogía frontal y autoritaria. Esta competencia se moviliza por numerosas competencias más globales de gestión de clase (por ejemplo,
  28. 28. 28 saber prever y prevenir el alboroto) o de animación de una actividad didáctica (por ejemplo, saber descubrir e implicar a los alumnos distraídos o con dificultades). El referencial seleccionado aquí asocia a cada competencia principal algunas competencias más específicas, que son en cierto modo sus componentes principales. Por ejemplo, «conducir la progresión de los aprendizajes» moviliza cinco competencias más específicas: • Concebir y dirigir las situaciones problema ajustadas al nivel y a las posibilidades de los alumnos. • Adquirir una visión longitudinal de los objetivos de la enseñanza. • Establecer vínculos con las teorías que sostienen las actividades de aprendizaje. • Observar y evaluar los alumnos en situaciones de aprendizaje, desde un enfoque formativo. • Establecer controles periódicos de competencias, tomar decisiones de progresión. Cada una de estas competencias se podría analizar a su vez, pero permaneceremos en este nivel, por temor de que los árboles no nos dejen ver el bosque. Un análisis más detallado sólo tendría sentido para los que comparten globalmente las orientaciones y las concepciones globales del aprendizaje y de la acción educativa que sostienen los dos primeros niveles y exigen además poner el referencial al servicio de un proyecto común. Yo no propondré un inventario sistemático de conocimientos ya expuesto, para no sobrecargar el propósito. Además rara vez se relacionan con una sola competencia. Tanto es así que los conocimientos relativos a la metacognición son movilizados por las competencias tratadas en capítulos distintos, por ejemplo: • Trabajar a partir de las representaciones de los alumnos. • Trabajar a partir de los errores y los obstáculos al aprendizaje. • Concebir y hacer frente a situaciones problema ajustadas a los niveles y posibilidades de los alumnos. • Observar y evaluar a los alumnos en situaciones de aprendizaje, según un enfoque formativo. • Practicar el apoyo integrado, trabajar con los alumnos con grandes dificultades. • Suscitar el deseo de aprender, explicitar la relación con el conocimiento, el sentido del trabajo escolar y desarrollar la capacidad de autoevaluación en el niño. • Favorecer la definición de un proyecto personal del alumno. Una cultura en psicosociología de las organizaciones será, por su parte, movilizada por las competencias siguientes: • Instituir y hacer funcionar un consejo de estudiantes (consejo de clase o de escuela) y negociar con los alumnos distintos tipos de reglas y de contratos. • Liberalizar, ampliar la gestión de clase en un espacio más amplio. • Desarrollar la cooperación entre alumnos y ciertas formas simples de enseñanza mutua. • Elaborar un proyecto de equipo, de representaciones comunes. • Impulsar un grupo de trabajo, dirigir reuniones.
  29. 29. 29 • Formar y renovar un equipo pedagógico. • Hacer frente a crisis o conflictos entre personas. • Elaborar, negociar un proyecto institucional. • Organizar y hacer evolucionar, en el sí de la escuela, la participación de los alumnos. • Fomentar reuniones de información y debate. • Prevenir la violencia en la escuela y en la ciudad. • Participar en la instauración de reglas de vida común referentes a la disciplina en la escuela, las sanciones, la apreciación de la conducta. • Desarrollar el sentido de las responsabilidades, la solidaridad, el sentimiento de justicia. • Negociar un proyecto de formación común con los compañeros (equipo, escuela, red). Comprendemos a través de estos dos ejemplos la relativa independencia del análisis de los conocimientos y del de las competencias, por lo menos en lo que se refiere a los conocimientos cultos, nacidos de las ciencias de la educación. Los primeros se organizan según campos disciplinarios y problemáticas teóricas, mientras que el referencial de competencias remite a un análisis más pragmático de los problemas para resolver en el terreno. A menudo, los conocimientos pertinentes serán nombrados «de paso». Con frecuencia figurarán «indirectamente» en la descripción de las competencias. Si queremos «utilizar las nuevas tecnologías», evidentemente tenemos que dominar los conceptos básicos y ciertos conocimientos informáticos y tecnológicos. Otros conocimientos quedarán implícitos: todos los conocimientos de acción y de experiencia sin los que el ejercicio de una competencia se ve comprometida. A menudo son conocimientos locales: para utilizar un ordenador en una clase, hay que conocer las particularidades de la máquina, sus programas, sus periféricos y su posible conexión a una red. Cada practicante asimila dichos conocimientos con motivo de su pertenencia a una institución o a un equipo. También los crea a merced de su experiencia, a pesar de que estos conocimientos son para una parte de orden privado, por lo tanto, poco comunicables y difíciles de identificar. Demasiado generales o demasiado específicos, los conocimientos movilizados no son pues organizadores adecuados de un referencial de competencias. El inventario elegido sin duda no es el único posible. Por supuesto se podrían proponer otras reagrupaciones, también del todo plausibles, de las 44 competencias específicas finalmente distinguidas. Fijémonos, sin embargo, en que los diez grandes dominios se han constituido al principio, mientras que las competencias más específicas no se han definido hasta un segundo tiempo. En este sentido, el referencial no nace de un método inductivo que formaría parte de una miríada de gestos profesionales descubiertos en el terreno. Este método, seductor en apariencia, conduciría a una visión bastante conservadora de la profesión y a una reagrupación
  30. 30. 30 de las actividades según criterios relativamente superficiales, por ejemplo, según los interlocutores (alumnos, padres, compañeros u otros) o según las disciplinas escolares. Las diez familias resultan de una construcción teórica conectada a la problemática del cambio. Por esta razón no se encontrarán en este referencial las categorías más consensuadas, tales como la construcción de secuencias didácticas, evaluación, gestión de clase. Por ejemplo, planificar un curso o las lecciones no figuran entre las competencias elegidas, por dos razones: • El deseo de romper la representación común de la enseñanza como «sucesión de lecciones» • La voluntad de englobar los cursos en una categoría más amplia (organizar y fomentar las situaciones de aprendizaje). Esta elección no invalida el recurso de una enseñanza magistral, que a veces es la situación de aprendizaje más apropiada, teniendo en cuenta los contenidos, los objetivos fijados y las obligaciones. Sin embargo, el curso debería convertirse en un dispositivo didáctico entre otros, utilizado en el momento oportuno, más que el emblema de la acción pedagógica, modalidad muy distinta que parece excepcional. Sin ser la única posible, ni agotar los distintos componentes de la realidad, esta estructura de dos niveles nos guiará en un viaje alrededor de las competencias que, aunque sin duda menos épico que La vuelta al mundo en 80 días, nos conducirá a pasar revista a las múltiples facetas del oficio de profesor. Este libro se presta, pues, a varias lecturas: • Aquellos y aquellas que buscan identificar y describir las competencias profesionales encontrarán en este libro un referencial, uno más, cuya única originalidad quizás reside en basarse en una visión explícita y argumentada de la profesión y su evolución. • Aquellos y aquellas que se interesen más bien por las prácticas y la profesión pueden hacer abstracción de las competencias, para seleccionar solamente los gestos profesionales que éstas sostienen. • Aquellos y aquellas que trabajan para modernizar y para democratizar el sistema educativo encontrarán en este libro un conjunto de proposiciones relativas a los recursos del cual depende el cambio. Sobre ninguno de estos puntos, la investigación no da garantías en cuanto a los medios, ni respuesta en cuanto a las finalidades. La obra pretende ser una invitación al viaje, luego al debate, a partir de una constatación: los programas de formación y las estrategias de innovación se basan demasiado a menudo en representaciones poco explícitas y poco negociadas de la profesión y las competencias subyacentes, o bien en referenciales técnicos y escuetos cuyas bases el lector no entiende.
  31. 31. 31 Referencial completo Cuadro 1. Diez dominios de competencias consideradas prioritarias en la formación continua del profesorado de primaria COMPETENCIAS MAS ESPECIFICAS PARA TRABAJAR EN FORMACIÓN CONTINUA (EJEMPLOS) COMPETENCIAS DE REFERENCIA COMPETENCIAS MÁS ESPECÍFICAS PARA TRABAJAR EN FORMACIÓN CONTINUA (EJEMPLOS) 1. Organizar y animar situaciones de aprendizaje • Conocer, a través de una disciplina determinada, los contenidos que hay que enseñar y su traducción en objetivos de aprendizaje. • Trabajar a partir de las representaciones de los alumnos. • Trabajar a partir de los errores y los obstáculos en el aprendizaje. • Construir y planificar dispositivos y secuencias didácticas. • Implicar a los alumnos en actividades de investigación, en proyectos de conocimiento. 2. Gestionar la progresión de los aprendizajes • Concebir y hacer frente a situaciones problema ajustadas al nivel y a las posibilidades de los alumnos. • Adquirir una visión longitudinal de los objetivos de la enseñanza. • Establecer vínculos con las teorías que sostienen las actividades de aprendizaje. • Observar y evaluar los alumnos en situaciones de aprendizaje, según un enfoque formativo. • Establecer controles periódicos de competencias y tomar decisiones de progresión. 3. Elaborar y hacer evolucionar dispositivos de diferenciación • Hacer frente a la heterogeneidad en el mismo grupo-clase. • Compartimentar, extender la gestión de clase a un espacio más amplio. • Practicar un apoyo integrado, trabajar con los alumnos con grandes dificultades. • Desarrollar la cooperación entre alumnos y ciertas formas simples de enseñanza mutua. 4. Implicar a los alumnos en su aprendizaje y en su trabajo • Fomentar el deseo de aprender, explicitar la relación con el conocimiento, el sentido del trabajo escolar y desarrollar la capacidad de autoevaluación en el niño. • Instituir y hacer funcionar un consejo de alumnos (consejo de clase o de escuela) y negociar con ellos varios tipos de reglas y de acuerdos. .Ofrecer actividades de formación opcionales, «a la carta». • Favorecer la definición de un proyecto personal del alumno. 5. Trabajar en equipo • Elaborar un proyecto de equipo, de representaciones comunes. • Impulsar un grupo de trabajo, dirigir reuniones. • Formar y renovar un equipo pedagógico. • Afrontar y analizar conjuntamente situaciones complejas, prácticas y problemas profesionales. • Hacer frente a crisis o conflictos entre personas. 6. Participar en la gestión de la escuela • Elaborar, negociar un proyecto institucional. • Administrar los recursos de la escuela. • Coordinar, fomentar una escuela con todos los componentes (extraescolares, del barrio, asociaciones de padres, profesores de lengua y cultura de origen). • Organizar y hacer evolucionar, en la misma escuela, la participación de los alumnos. 7. Informar e implicar a los padres • Favorecer reuniones informativas y de debate. Dirigir las reuniones. • Implicar a los padres en la valorización de la construcción de los conocimientos. 8. Utilizar las nuevas tecnologías • Utilizar los programas de edición de documentos. Explotar los potenciales didácticos de programas en relación con los objetivos de los dominios de enseñanza. • Comunicar a distancia a través de la telemática. • Utilizar los instrumentos multimedia en su enseñanza. 9. Afrontar los deberes y los dilemas éticos de la profesión • Prevenir la violencia en la escuela o la ciudad. • Luchar contra los prejuicios y las discriminaciones sexuales, étnicas y sociales. • Participar en la creación de reglas de vida común referentes a la disciplina en la escuela, las sanciones, la apreciación de la conducta. • Analizar la relación pedagógica, la autoridad, la comunicación en clase. . Desarrollar el sentido de la responsabilidad, la solidaridad, el sentimiento de justicia. 10. Organizar la propia formación continua • Saber explicitar sus prácticas. • Establecer un control de competencias y un programa- personal de formación continua propios. • Negociar un proyecto de formación común con los compañeros (equipo, escuela, red). • Implicarse en las tareas a nivel general de la enseñanza o del sistema educativo. • Aceptar y participar en la formación de los compañeros.
  32. 32. 32 1. Organizar y animar situaciones de aprendizaje ¿Por qué presentar como una competencia nueva la capacidad de organizar y animar situaciones de aprendizaje? ¿No se halla en el mismo oficio de docente? Todo depende evidentemente de lo que se esconda bajo las palabras. Durante mucho tiempo el oficio de profesor ha sido identificado con el curso magistral, acompañado de ejercicios. La figura del magister remite a la del discípulo, que «bebe sus palabras» y continuamente se forma con su contacto, luego trabajando su pensamiento. Escuchar una lección, hacer ejercicios o estudiar en un libro pueden ser actividades de aprendizaje. De ahí que el profesor más tradicional pueda pretender organizar y fomentar dichas situaciones, un poco como el señor Jourdain hacía con la prosa, sin saberlo, o más exactamente, sin darle importancia. La idea misma de situación de aprendizaje no presenta ningún interés para los que piensan que a la escuela se va para aprender y que todas las situaciones se supone que han de servir a este propósito. Desde este punto de vista, insistir en las «situaciones de aprendizaje» no añade nada nuevo a la visión clásica del oficio de profesor. Esta insistencia incluso puede parecer pedante, como si se insistiera para decir que un médico «concibe y fomenta situaciones terapéuticas», en vez de reconocer simplemente que cura pacientes, al igual que el profesor instruye a sus alumnos. Excepto los que están familiarizados con las pedagogías activas y los trabajos en didáctica de las disciplinas, los profesores de hoy en día no se consideran espontáneamente como «diseñadores y animadores de situaciones de aprendizaje». ¿Se trata de una simple cuestión de vocabulario o tienen motivos para resistirse a un modo de ver que sólo puede complicarles la vida? Cojamos el ejemplo del profesor universitario de primer ciclo, porque todavía se encuentra en la mayoría de países. El curso se imparte en un anfiteatro, delante de centenares de rostros anónimos. ¡Qué entienda y aprenda quien pueda! Por un momento el profesor podría tener la ilusión de que crea de este modo, para cada uno, una situación de aprendizaje, definida por el hecho de escuchar la palabra magistral y el trabajo de la toma de notas, por la comprensión y la reflexión que se supone que suscita. Si lo piensa, se dará cuenta de que la estandarización aparente de la situación es una ficción, que existen tantas situaciones distintas como estudiantes. Cada uno vive el curso en función de sus ganas y su disponibilidad, de lo que oye y entiende, según sus medios intelectuales, su capacidad de concentración, lo que le interesa, lo que tiene sentido para él, lo que se relaciona con otros conocimientos o realidades que le resultan familiares o que logra imaginar. Llegado a este punto de reflexión, el profesor tendrá la sabiduría de suspenderla, so pena de considerar que en realidad, no sabe demasiado sobre las si-
  33. 33. 33 tuaciones de aprendizaje que crea... Considerarse diseñador y animador de situaciones de aprendizaje tiene sus riesgos: ¡esto puede conducir a preguntarse sobre su pertinencia y eficacia! El sistema educativo se construye por arriba. Por esta razón las mismas constataciones valen, hasta cierto punto, para la enseñanza secundaria y, en menor medida, para la enseñanza primaria. Cuando los alumnos son niños o adolescentes, no son tan numerosos y la enseñanza es más interactiva; se da más importancia a los ejercicios o a las experiencias conducidas por los alumnos (y no delante de ellos). Sin embargo, siempre y cuando practiquen una pedagogía magistral y poco diferenciada, los profesores no controlan realmente las situaciones de aprendizaje en las que sitúan a codo uno de sus alumnos. Como mucho pueden procurar, usando medios disciplinarios clásicos, que todos los alumnos escuchen con atención y se impliquen activamente, al menos en apariencia, en las tareas asignadas. La reflexión sobre las situaciones didácticas empieza con la pregunta de Saint-Onge (1996): «Yo enseño, pero ellos, ¿aprenden?» Sabemos, después de Bordieu (1996), que en realidad sólo aprenden, a merced de semejante pedagogía, los «herederos», los que disponen de los medios culturales para sacar provecho a una enseñanza que se dirige formalmente a todos, en la ilusión de la igualdad, identificada en este caso con la igualdad de trato. Esto hoy en día parece evidente. No obstante, ha sido necesario un siglo de escolaridad obligatoria para empezar a poner en cuestión este modelo, comparándolo con un modelo más centrado en los estudiantes, sus representaciones, su actividad, las situaciones concretas en las que les sumergimos y sus efectos didácticos. Sin duda esta evolución -inacabada y frágil tiene relación con la apertura de los estudios largos a públicos nuevos, lo cual obliga a preocuparse por aquellos para los que escuchar un curso magistral y hacer ejercicios no basta para aprender. Existen vínculos estrechos entre la pedagogía diferenciada y la reflexión sobre las situaciones de aprendizaje (Meirieu, 1989, 1990). En la perspectiva de una escuela más eficaz para todos, organizar y animar situaciones de aprendizaje ya no es un modo a la vez banal y complicado de definir lo que hacen de manera espontánea todos los profesores. Este lenguaje hace hincapié en la voluntad de elaborar situaciones didácticas óptimas, incluso y en primer lugar para los alumnos que no aprenden escuchando lecciones. Las situaciones pensadas así se alejan de los ejercicios clásicos, que sólo exigen la puesta en práctica de un procedimiento conocido. Ahora bien, siguen siendo útiles, pero ya no son el alfa y omega del trabajo en clase, no más que el curso magistral, limitado a funciones precisas (Étienne y Lerouge, 1997, p. 64). Organizar y animar situaciones de aprendizaje es mantener un lugar justo para estos métodos. Es sobre todo sacar energía, tiempo y disponer de
  34. 34. 34 las competencias profesionales necesarias para imaginar y crear otra clase de situaciones de aprendizaje, que las didácticas contemporáneas consideran como situaciones amplias, abiertas, con sentido y control, que hacen referencia a un proceso de investigación, identificación y resolución de problemas. Esta competencia global moviliza varias competencias más específicas: • Conocer, a través de una disciplina determinada, los contenidos que enseñar y su traducción en objetivos de aprendizaje. • Trabajar a partir de las representaciones de los alumnos. • Trabajar a partir de los errores y los obstáculos al aprendizaje. • Construir y planificar dispositivos y secuencias didácticas. • Comprometer a los alumnos en actividades de investigación, en proyectos de conocimiento. Analicémoslas, una a una, y recordemos que todas contribuyen a la concepción, la organización y la animación de situaciones de aprendizaje. Conocer, a través de una disciplina determinada, los contenidos que hay que enseñar y su traducción en objetivos de aprendizaje Conocer los contenidos que se enseñan es lo mínimo cuando se pretende instruir a alguien. Pero ésta no es la verdadera competencia pedagógica, sino que consiste en relacionar los contenidos por un lado con los objetivos, y por el otro, las situaciones de aprendizaje. Esto no parece necesario cuando el profesor se limita a recorrer, capítulo tras capítulo, página tras página, el «texto del conocimiento». Sin duda, ya existe transposición didáctica (Chevallard, 1991), en la medida en que el conocimiento se organiza en lecciones sucesivas, según un plan y a un ritmo que tiene en cuenta, en principio, el nivel medio y las adquisiciones anteriores de los alumnos, con momentos de revisión y otros de evaluación. En esta pedagogía los objetivos se definen de forma implícita por los contenidos: en resumen, se trata, para el alumno, de asimilar el contenido y de nacer la prueba de esta asimilación en una prueba oral, un control escrito o un examen. La importancia de los objetivos ocupó un primer plano durante los años sesenta, con la «pedagogía de control», traducción aproximada de la expresión inglesa mastery learning. Bloom (1979), su fundador, aboga por una enseñanza orientada por criterios de control, regulada por una evaluación formativa que conduzca a «remediaciones». En esa misma época (Bloom, 1975) propone la primera «taxonomía de objetivos pedagógicos», es decir, una clasificación completa de los aprendizajes enfocados a la escuela. En los países francófonos, este enfoque ha sido a menudo caricaturizado con la etiqueta de pedagogía por objetivos. Hameline (1979) ha descrito las virtudes además de los excesos y los
  35. 35. 35 límites del trabajo por objetivos. Huberman (1988) ha demostrado que el modelo de la pedagogía de control sigue siendo pertinente, con la condición de ampliarla e integrar enfoques más constructivistas. Hoy en día, nadie aboga por una enseñanza guiada a cada paso por objetivos muy precisos, en seguida probados con el fin de una remediación inmediata. La enseñanza sin duda persigue objetivos, pero no de una forma mecánica y obsesiva. Estos intervienen en tres esta- dios: • El de la planificación didáctica, no para dictar situaciones de aprendizaje propias a cada objetivo, sino para identificar los objetivos trabajados en las situaciones consideradas, para elegirlas y fomentarlas con conocimiento de causa. • El del análisis a posteriori de situaciones y de actividades, cuando se trata de delimitar lo que realmente se ha desarrollado y modificar la serie de actividades propuestas. • El de la evaluación, cuando se trata de controlar las experiencias de los alumnos. Traducir el programa en objetivos de aprendizaje y estos últimos en situaciones y actividades posibles no es una actividad lineal, que permitiría honrar cada objetivo por separado. Los conocimientos y habilidades de alto nivel se construyen en situaciones múltiples, complejas, de las cuales cada una persigue varios objetivos, a veces en varias disciplinas. Para organizar y favorecer semejantes situaciones de aprendizaje, es indispensable que el profesor controle los conocimientos, que tenga más de una lección de ventaja respecto a los alumnos y sea capaz de encontrar lo esencial bajo múltiples apariencias, en contextos variados. «Lo que se concibe correctamente se expresa con claridad y las palabras para decirlo salen con facilidad», decía Boileau. Hoy en día, nos encontramos más allá de este precepto. Para hacer aprender, no basta con estructurar el texto del conocimiento, luego «leerlo» de modo inteligible y con energía, sino que esto exige al menos talentos didácticos. La competencia necesaria hoy en día es controlar los contenidos con suficiente soltura y distancia para construirlos en las situaciones abiertas y las tareas complejas, aprovechando las ocasiones, partiendo dé los intereses de los alum- nos, explotando los acontecimientos, en resumen, favoreciendo la apropiación activa y la transferencia de conocimientos, sin pasar necesariamente por su exposición metódica, en el orden prescrito por un índice de contenidos. Esta soltura en la gestión de las situaciones y contenidos exige un control personal, no sólo de los conocimientos, sino de lo que Develay (1992) llamaba la matriz disciplinaria, es decir, los conceptos, las preguntas, los paradigmas que estructuran los conocimientos en el seno de una disciplina. Sin este control, la unidad de los conocimientos está perdida, los árboles esconden el
  36. 36. 36 bosque y la capacidad de reconstruir una planificación didáctica a partir de los alumnos y de los acontecimientos se ve debilitada. De ahí la importancia de saber identificar los conceptos núcleo (Meirieu, 1989, 1990) o las competencias clave (Perrenoud, 1998o), en torno a las cuales organizar los aprendizajes y en función de las cuales guiar el trabajo en clase y fijar las prioridades. No tiene sentido pedir a cada profesor que haga solo, para su clase, una lectura de los programas para sustraer los núcleos. Sin embargo, incluso si la institución propone una reescritura de los programas en este sentido, corren el riesgo de convertirse en papel mojado para los profesores que no están dispuestos a consentir un importante trabajo de vaivén entre los contenidos, los objetivos y las situaciones. ¡A este precio navegarán en la cadena de la transposición didáctica como peces en el agua! Trabajar a partir de las representaciones de los alumnos La escuela no construye a partir de cero, el alumno no es una tabla rasa, una mente vacía, al contrario, sabe «un montón de cosas», se ha hecho preguntas y ha asimilado o elaborado respuestas que le satisfacen de forma provisional. Así pues, la enseñanza a menudo choca de frente con las concepciones de los alumnos. Ningún profesor experimentado lo pasa por alto: los alumnos creen saber una parte de lo que queremos enseñarles. Una buena pedagogía tradicional se sirve a veces de estos poquitos conocimientos como puntos de apoyo, pero el profesor transmite, al menos de forma implícita, el siguiente mensaje: «olvidad lo que sabéis, desconfiad del sentido común y de lo que os han contado y escuchadme, yo os diré cómo suceden en realidad las cosas». La didáctica de las ciencias (Giordan y De Vecchi, 1987; De Vecchi, 1992, 1993; Astolfi y Develay, 1996; Astolfi y otros, 1997; Joshua y Dupin, 1993) ha demostrado que no nos libramos tan fácilmente de las concepciones previas de los alumnos; pues forman parte de un sistema de representaciones que tiene su coherencia y sus funciones de explicación del mundo y se reconstituye subrepticiamente, a pesar de las demostraciones irrefutables y las desmentidas formales aportadas por el profesor. Incluso al terminar los estudios científicos universitarios, los estudiantes vuelven al sentido común cuando se enfrentan, fuera del contexto del curso o del laboratorio, a un problema de fuerzas, calor, reacción química, respiración o contagio. Todo su- cede como si la enseñanza teórica rechazara, durante el curso y el examen, una costumbre lista para reaparecer al instante en los otros contextos. Lo que vale para las ciencias aparece en todos los dominios en que la ocasión y la necesidad de comprender no han esperado a que el tema sea tratado en la escuela...

×