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Publicación El Nalón (Oviedo). 17 7-1842. Página 6 Cuento del Castillo de Priorio.

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Publicación El Nalón (Oviedo). 17 7-1842. Página 6 Cuento del Castillo de Priorio.

  1. 1. '(Núm 18.) Don^ihgo 17 dé jiilrrt <le í8'4a. Prtrw^i martos. f)iihlini Inilra liHcloiiitn^xJi ie «ijíici;bc r:i Oviedo cu Vlíhrtfiá íc ft .'rl)í..í nAni^oWi.eiiUd d<U II«r- rcx'ia,,j on Us proTÍn(;ias Iftn laK pnncí4>ni^8 librería! del reino Las raí tas, iccUiuacio- nen ^ artí^|lI'>^ (fuc para ku inserción et).^Af« perió- dico (te no« t ei<''taa, deliit^ rán divíuirsfí^í la Urdar- cioB, ntW •*' Trti.tlhrin^ c* mím. 1.", frtnroi de piirle. " £L PERIÓDICO DE PHzri09 ut iutcnipciov. /'lírnWi.íflrfo.í ;.,,. «( Mr* i / ^ ¡lor Iriuieitre, Ut- vndo á casit tle lot Srrs* tustrif/tarrs Para tot eUmat jjuntoi de la fjroi'incirt (iyo< un mes, y Id pnr trimestre {J'rtncQ df itorla. I Pitra lai ftrovinci/is del 'relh«7 ffÁr ,ln m'c.iy /,"? por, itrhn^tlre , j'ranct ^ también de porte. II LnEliJmA, CIEIVCIxlS Y AHTES. 6V nJtuile.ii /lai <i su i/iftranii aiiuiii ío$ <U inicies general ü pnnius conimit innciUn. Los riúrncí 1:. íiirlioí Xi vcmUii en a'icliti llhreriii. ^Concluyen los ¡ira¡presos y ¡ur/rtdcn de la lengua ca.sttl¡üt¡a. Pf pn^dn ad«'mo* «osiriuT que en líií voces que lieiieii el oceiiiu so- httí la nítoha q^ie prt^ceile á la an- ii-.peiiúl(inio, cooío en CDntiíridotclo, prfsf.ntáronsoics , acaw¡lañábamos- le ikc las ires úliinias r^ilalias lie- rifii i(>ual valor niiUrico que las dos de (jiie aca^laDlos cit- lií.blar, y que íoii por consecuencia don mas l»rfe- v»;s 1') lircvísittiiis, según advierte el Sr. Salva en <u grarnáij(a cacielta- nn, |iáginn 4M' edi*io>i áe 18.Í0. Mas. ni no so quiere n'lrniíir esia úi- i lima (iircrencia, no se podrán al me- I noí* descuix.'cer las otras CÍDCO que > heuioi ioüicado, j La influencin de esíos acentos «• (atuhien de bastante rottsideracion ro las composiciones poéticaa; laa siguientes oliservaciooes demuestran esta verdad. 1.' Es constante que la rima principia siempre en la VÍICB! aicn- tuoda,- de manera que si la voz es aguda, ia semejaría de la úUioja si- ialM Iwsta para la Hma ¡ al paso que si es esdrájul» es pieciso que sean semejantes las tres últimas. 8.' Si el «rento dedos voces se halla en sílalia diferente, no pueden jamás consonar ettre si cualquiera que $é» por otro patte »u seiuejaiiza. 35
  2. 2. 3 / Ea la rima asoaaote la ia- íluencia de los acentos se hace auo mas perceptible, puesto que la se- mejanza ea las sílabas acentuadas hace que no se tenga cuenta con las otras diferencias; de manera, que dos voces esdrújuUs pueden conso- nar entre si Üíií^tb sus penúltimas silabas sean todo oiTerenies como su- cede en tabernáculo y oráculo. Por la misma razón en los diptongos solo stfjiiiende á una de las vocales, á saber, aquella cuyo sonido es mas sensible. 4.* Últimamente, la diversa po- sición de los acentos es de la ma- yor importancia, no solamente al fín sino al medio del VPDO. ES verdad que en el segundo caso oi acentos no hacen variar el níim^^iro de si- labas de aquel ; pero su inílunocia es tan marcada, que de su disirihu- cion dependen casi i< da la gracia y armonía de la versificflciou. Pueden verse sobre este punto alginoH por- rannores curiosos en la p )eiica de D. F. Martínez de la Rosa. La necesidad de esta distribución de los acentos, es la que escluye de toda especie de verso las voces com- puestas de un gran número de síla- bas asi como la reunión de muchos monosílabos. — Las observaciones precedentes prueban cuan impor- tante es el papel de los acentos ea la versificación. En cuanto á la pro- sa, es sin duda menos importante; pero no carece de influencia, y el que lea con reflexión los autores espa- ñoles que mas se distinguen por la belleza de su estilo, tales como Gra- nada, Cervantes, Luis de León, Ma- riana, Lope de Vega, Sulis y otros, no podrá menos de conocer quu una gran parte de su mérito, consisto en su buen gusto con respecto á la va- riación y colocación de las voces agu- das, graves y esdriijulas, sogun (|uo lo exija la materia y naturaleza del discurso. Asi los que quieran dis- tinguirse en el pf?nero oratorio, no deben descuidar esta parte. Mas este es un punto sobre el cual las reglas abstractas son poco útiles. Para acurtar en él es preciso estar dotado de un oído lino , un gusto delicado y leer con frecuencia los autores de mas elegaocia de estilo. íl un CaetiUo. Monumento de gloria y de grandeza, que eo tiempos ya remotos has servido de morada á la indómita fiereza d«i Astur que á tu sombra ha combatido. Castillo, que remontas la memoria venciendo de los siglos la distancia, ñ edad feliz de libertad y gloria que destruyó el destino en su inconstancia.
  3. 3. CustiUo que á despecho de los hombres fatales las lorinenias derruyeron, en ruinas sepultando escelsos nombres que la patria olgun dia cnnoblecieroo. ¡Oh pesar! do los hombres olvidado sin que uadie lamente lu dolor, tu cuerpo vi-s caer desprdoíado infundiendo en los límidos terror. Inclinaste ante el liado la cabc2a que enhiesta'con orgullo levantabas; do lus muros huyú la fortaleza ion que al moro en cien lides rechazabas. Tras de un canto carcomido por la lluvia cTiuegrecido , »-l buho sinitsiro augura con faliílico graznido desasirosa desventura. Tus motronu» que se hicieron? qué tus bravos infanzones, tus soberbios torreones y argentados artesones? ¡al destino sucumbieron! Qué los fuertes paladines que en carrozas relumbrantes penetraban iciunlantes por lus arcos culminantes al compás do los clorines? Qué los dulces trobadoreí que con liras melodiosas en estrofas armoniosas de tus vírgenes hermosas celebraban los amores? Qué las lanzas, los aceros que chispeantes esgrimían en la lid tus caballeros, tas pujantes y tan fieros que al Alarbe confundían? Qué los timbres, los blasoneSi lus trofeos y pendones
  4. 4. 1761 que vali«n(M conqaisuron y que un dia se octeniaron eo lus toscos murallonesp Que los corceles briosos qae al combate á sus señores conduelan orgullosos, y arrostraban animosos de la muerte los horrores? Que los preciosos tapie** que tus bóvedas ornabao y en variados mil matices las proezas revelaban? L<os lapices, las lanzas, los aceros, los timbres, los trofeos y blasones, las carrozas, lo» fuuries caballeros y bardos que cantaban sus acciones, loí festines, vergeiíjs |)bcenteros, arcos, puente y doraiios artesones y mas galas que en ti rps,jlaiidecieron, ya uu existen cu polvo se voivieíoo! Huyó i" juventud; con <'lla, lu grandeza, tus primores, V ií)feliz, ora siirres los rigores de la (lef,roj>ilii(l. Mas no te aflijas tan'o: qMÍen te acoinpat'ie tienes en tu duelo.' tamliieti cual lú no encuentro yo consuelo á iTii triste (jnebranto. Oíiui) los siglos van cor tormentas tus muros carcomienclo, lis penas van rni vida destcuyeodo ton enconado alan. Tal vez sucederá que al hundirse tu canto pcatrimero, e>iiale yo un gemido lasiintero q i e el último será. (Consuélate ya castillo, pues si tu eres dw^aCÍAdo, yo estoy también coiidunatio
  5. 5. ^^11 eternamente á sufrir. Respetemos el destino, pues nada i «u iey resiste... [til itapuso á cuanto existe la de Mcer..... y morir! A MI MAPIRE. Ya noo»rtic)io su vo/..... ay! ya no siento «II )>eso en mi niPfjílla, ni se confunde tierno con mi aliento sn aliento sin maiirilla. Y» no riza mi luenga caballera miH'ida por la liris.i, ni veo su stuirisa jilacentera (nt liusca m i sonrisa. jOli inailre iiiia ! tic dolor el alma se siente eslrernerida al riTonlir la riuieta y dulce calma d- mi niilei querida. ; -VyT yó apiiré la» lipces del veneno ' nnndo en mi afán doliente íialí que no eiiconlraln ya tn seno en (|ue posar mi fiviitc. Ailios, mailre querida, de su gloria le «iiliiie Jeluivá, que tu iiijo por siempre en )• nicnioria tu imáj^en guardará. ¿Y cómo lia di' olvidarte, madre inia, siendo tan desilitliai'n, que su solo plaier y su alegría ej (II retuerdo amado? Pero j triste de mi ! que ahora en vano tus caricias aniirli>.,.. nunca del polvo se sitará tu mann... j no bajarás del cielo! Y al pensar esto de dalQr fl alma, M' siente estremecida, riiciidandola quieta y dulce calma de mi iXH** ^fiMtFida. Av ! (lian (emprano á renunciar áfila tu muerte me obligo, sin que iVipipses por mi infausta estrella lo que t>', amaba yo. ¿No lo sabias?... yo, madre ipieiiiia, mi rostro desgarraba oyendo por el eco repelida mi voí que te llamaba. Yo también... yo también Irislff y errante los valles recorria, y ver en cada llor tu risa amante frenético ereia. Yo también te bincaba con delirio y al ver que no te liall.nbn, la frente al suelo, cual marchito lirio, abrumado inclinaba. Y (le nuevo los bosques recruzaba, y á cansarme volvía... y mi cárdeno labio te llamaba y el eco mis ]KIlabra» repetía. Y yo apur^ las heces <li I veneno cuando en mi alan dolírntr Mntf que no encontraba ya tu seno en que posar mi fnnle. Mí» al fin penetre- , madre anioro.sa en la mansión desierta... v( tu ndmbre gravado en una losa y CJ'fí Iwllarle ¡.,. pero fslabas mnerla' /Muerta ..'f;n «Inif ndQ lu penar prolijo habia ccsadc ya, y fn íl, sin t(, tu ilesdichado hijo ¡amis goce hatlarí. Y qui.se alli tu postrimer abrazo rccUiir, luadnMnia, y anhelaba (Misarme en tu regazo, y quite b'vantar la bita tria.
  6. 6. Pero la voi de Dios con sa ternura ralin') mi frenesí, V «Olí piogaria fervorosa y pura t'iiloncc or^ por tí. ¡ Ay!ciianUs vece» yo madre adorada, «!e III sepulcro al pie, la fren le sobif el mármol reclinada «ilálico quedé ! Y pasaba Uaniándole los dias calx' lu sepultura, y me enlreí^aha al ver que no me oías al llanto la amargura, Y al fin cansado de esperarle ea rano deria sin consuelo : >• ;nuncii del polvo se altaré tu mano,,, ni> bajará del cielo/» Anos queridos de mi edad primera, infancia que gocé, ¿Aú liallarú la sonrisa placentera que en la mi madre hallé? Ni el lauro del poeta apetecido, ni el IM'SO de una lierraosa hicieron que yo echara eu el olvido á mi madre amorosa. No .• que el arntii* que tienen las niugercí y su falaí delicia,' es nn veneno en eop» de placeres oculto con roalicM, > í^ue en el mundo un cariño verdadero existe solamente, y e» el amor afable y duradero que toda madre siente. Y las dvTicias de este fiel cariño no gosaré ¡ay de mi / pues yo desventurado, de muy niño á mi madre perdí. /Ay.'que en 11 mundo soy tan desdichado, /oh cara madre mia/ que solamente tu recuerdo amado es mi única alegría Adiós, madre querida, de su gloria te colme Jehoví, que lu imagen por siempre en la memoria tu hijo (guardará, Miguel Mcnendei Arongo. CUENTO* Introducción. Triíie, mBabrlo, rolo y olvidado alza Priorio »u cadaea frente^ en UD peqieño y áspero collado que fecunda el f^alon con «u cortiente. ( I ) Hoy llamado dr <«• Caldas.
  7. 7. Todo es silencio en su mansioo sombría circundada de espesos matorrales, y solo pueblan su recinto hoy dia raquíticos é inmundos animales. Cuatro desmoronados murallones y un lorrepó sin pisos ni techumbre, son los qué aun resisten los turbiones y calcina del sol la ardiente lumbre. Solo huecos recónditos y oscuros quedaron de su bélica opulencia , é impresas tiene en sus tostado^ muros de cien generaciones la existencia. M Cuando en la noche solitaria, oscura, cruza la vega el labrador cansado, acelera su paso con pavura y huye de su mansión desalentado. Que es triste ver entre la sombra densa on castillo arruinado y sin señores» y que se pierdo en la llanura inmensa creyendo oír fatídicos clamores. Que ese negro torreón cuando á deshora •e mira entre las sombras dibujado, parece una fantasma vengadora que fiera oprime el muro desgastado. Pues esta negra sombra, un tiempo ha sido morada de valientes caballeros que en defensa de Dios han combatido, por su rey esgrimiendo los aceros. Tras estos muros ora destrozados esta generación, noble y valiente. dom¿ con un puúado de soldados la furia de los hijos del oriente. Mas después que no hallaron enemigos en quien saciar pudiesen sus furores.
  8. 8. en su fí^t'h coituttibre, & tu» Adiigot provocaban asiuios y traidores. En una de estas pugnas infernalea se arraitiú este casiitlo; que altanero despreciaba el poder de los feudales: y aquesta destrucción, cantaros quiei'o. NOMBRO. 1.* £00 tiod Xtobisí^, Se ocultaba ya el sol en las montañas ahuyentando su luz del A^iur suelo é iluminaniio el pálido orizonte cou áureas bandos de color de fuego, cuando del pardo alciizaf de Priurio salieron doit apuestos caballeros dejando su maDaion Iritte v sombria, montadlos en cali.állos agarpnos: júvenes eran, sueltos v gallarilos, vestidos á la u^aoza de aqU<>l tiempo, auncjue u>i>«tiab.in en «tis i'ico» troges ser ricos hoiues del solar d»* í)vÍL'do. A susrfii'él.lasciMuras s«' ccniao dos largos y foril>inios aceri.í, y picando la es^tuela á los brid» nos que impacieOfes galtubao de contento, tomaron el cauíino que conduce por'senda fSirt'cba á la ciudad de Oviedo. Silenciosos sipuifidt* largo rato, sin que nffdie tuihase su silencio mas que el suelto trotar di" los corceles y del Naloo los murniullanies ecos. El lino era I). Mendo de Quillones, bi'iVif del fuerte, d6 puco bá salieron- hombre astuto y sagaz, que aunque tenia faina de s«»r valiente y jusiicieru, no poseia del valor la prenda, y un falso corazón latía en su pecho. D. Juan (jarci de Vargas era el otro,
  9. 9. .. t. 0e •lpia,íR,r|{ijl)|e,y, cprftzqn de fuego, y que al con|ir.()|-jo,()e si^ falso aofigo >of.pii»„ fftp» <íp,ijqf| por p^ieso. Je! |,»6|i^,r <j«r W fiWi^i'ío^ «115 inmedialq /le^ac»! gf^ie^ q^S.yí^ fil sol tras el potieotq |!9^^jp.p,iá,qau)((i,dp,e(il,eF9nicrite al cielo, c|ay|an4o e) a^ic/ile á su caballo «if.i, 4i;9.á .SV Vi^^^ cojDap<ñero. Ya v^js cjjlie Tj^ne la, nothe y es hora avanzada, creo, espolead vu«s,tr,p caballo y prosigamos, D. Mendo. Mas ¿que motivos os obligq, (contestó su compañero) á cam4p<V''> Á ^?^^ liora. Eara la ciudad de Oviedop !l verá mi hermosa Elvira, y decirla.....' aquí p. ^J^cndp, clavó en su ami^Q junos pjflf como dos ascuas de fuego,, Y 8ácai^^p,|oij,irfibíij9 la llueca voz (|'e^u pcp.ho. ^•qué la diréis?... lo ¡nterru^pnfl con enronqueoido asento. Que mí ipddre <)|,fia jt^^^q, de mis »úp^'caSlj^',^;^^PR, y ahogando pjpcujti^fpíopjf;» me dio su con^j^pligaíentOf,.^ ;Para?.... VMcWe ji, ipji,«:ruinj)¡fjí( yo sudando de co^^oj^,, Como herid<^ pf},H jU^j-jy^p, y con airaLdq.^rtluniwio» suelta las r>jepda|S iQiúitqpcs de su br|d,9ij i^ll^Pl^fo,, . , y echa mano involuntario á su toledano acero, mas como qncubrir sabia su mas atrc|Z pensamiento soltó su mano la cifrada, mostró el semblante sereno volviendo á tomar las riendas' del bruto que erguido y fiero, sin tal sujeción mirándose ?uiso mostrar su contento, orcfljeando por tirar j fiu airado señor al suelo.- é esto atribuyó el de Vargas I aquel ademau tan fiero y sin hacer ,«J(o en «ada fisi prosiguió diCModo: *»Esta es la «o(ipia, amigo, Í ue oc^if>««iiaji coaienio, unque la aiQiirga un disgusto, Eues sk goe VQ nwl caballero a queri4o> di»{nitarm« Í4I alio bien,que poseo, j osó d<4<tlfiif0C i Élvif» ^u atrevido peq»»aMBDto; I fias por SaniMgo bendito que si llegQ,,4 CPOOCello, qaros le hahf¿o d« costar MU amorosos c«q«ii«iu»i.'^ 36
  10. 10. ProBunciú aquestas palabras con tan decidido acento, que cualquiera pensaría por el tcmbior de D. Mendo, aue él era el riral odiado el ardoroso manceba Callaron ambos á dos y caminando siguieron, el de Vargas, ocupado de amorosos pensamientos, y Quiñones maquinando en su cabeza los medios, de impedir á todo irancs un enlace tan funesto. La luna entonces de súbito por entre nubes saliendo Tes dejó ver la distancia que de su amoroso objeto les separaba, y entonces sus corazones latieron, al divitar tan cercanas las pardas torres de Oviedo, NÓMKHO í." £a Conffrmfta. En un sillón reclinado y con faz meditabunda, una mano en la mejiittf fluctuando eotrc mlt awgQMiM, en un talón del castillo que opaca lámpara alumbra, se halla D. Mendo Quiñooea entregado á sn amargara. Torbo es su rostro y Sombrio que fiero dolor ofasea,' : y sordas imprecaciowM ' entre sus labios fluctoao. Su mano aprieta furios* el* puñal áe •» ci«lt<^, '•>•'•'' j encoótradóf peoMmíéntoa «n su airadia tíi¿BÍe Tuchan. Su ceño arrugado y Aorbo I con su mirada iniegura, I y sus bruscos ademáoea y fisooooitia estúpida, ' ' m dan en áqdiil iiídaieilíto taú infernal cat^d^rá que en vano ié' ré^i'atáriín ni aun el pincel ni la pluma. Por fio como si una idea' viniese pronto en su ayuda, se levantó de su asiento y gritó con voz robusta , , -MBen-A1i«»y en el momento volvió ¿ su antigua postura, ytsaEste és el único medio-a. con ronco acento murmura. Apareció én él dintel un moro, que le pregunta, •>i>¿Qtte mandáis?—>y el de Quiñones contestó impacientea—•Eicucha-Bi y hace seña de acercarse BI page abe to ejecuta, j á respelüoáa distancia l»e colocó c6(l'iKestii-a. •«Dime, mi buen páge, estás dispuesto á servirme á mi ^ todo irance?^<— *unca i¿ié volveré'«tras. Cnaodo ya déule^tado V rodeado'díé eVisitanóa " jba moririsus matios, me habéis, señor, libtx^ado. ¥ al que me saltó tá'vida, h vida daré péir él, que si yo 'lie náüido'influí ''| lengo un alUii agra(C¿<¿idl. ' Y nunca os haré traición.» « F e l i z la acción del salado, '4ae tal servidor me ha dado,
  11. 11. escucha con atención. Ya tal)es m la amisiad que con Varg^he tenido,' que juntoa.'^liéiJliÓ» ¡taüilo. diariaiuenre á ia ciudad; iba á ver una doncella el D, Juan á quien amaba, Y YO 81 M acompañaba era (ap splo por; vella. A l a eólrVi'í»ia" primera quedo t«n ci^*go como él, mas ella n)¡ amor cruel le desatendió altanera. Emooces yo conocí, que Elvira y D. Juan se amaban; mas q^ue de unirse trataban, iiasia ayer no compreiuli. (jue mal pudiera pensar que al (in consiniiura cl padre de D. Juan y que le cuadre los doí jóviiies casar. Mas juaga de uti sorpresa, cuando ayer «u roisnio hijo con gran contento me dijo de tu padre la promesa. En mj insensato furor Í ' mi rabia, con mis brazos liciera dos mil pedazos al insensato amador. O este puñal damasquino que pende de mi cintura, causara á su desventora y fíjára mi destino; mas-.. prosiguió el castullADO con marcada hipocretia, nunca tuve yo á fú mia un corazón tan villano. Y su franqueza conmigo me causó tai compasión, que á fé que no hallé razón para matar á un amigo. — For Alá, que ya os comprendo, (dijo con fiereza All) Dejadme ese encargo á mi y dadme el puñal, D. Meudo. —No roe comprendes por Dios, no soy de temple, tan fiero, lo que yo tan solo quiero es separar á los dos. Para esto el medio mejor, es el robar á su amada, y que quede aqui encerrada hasta que olvide su amor. Comisión tan arriesgada, es la que habrás de cumplir.— —Señor, (fcuándo lie de partir? >» Mañana í la madrugada. Contigo debes llevar dos de mis fieles criados, y seréis recompensados mas que podáis esperar. Se levantó el de Quiñones mas tranquilo de su asiento, y salió del aposento dando á Ali sus instrucciones. ¡ Aun SDS pisadas se oyeron Í 8U8 voces apagadas, asta que voz y pisadas á lo lejos se perdieron. C, 6. Bravo.
  12. 12. j^284C6 imMA^mi^ TJna anomalía «ncuentro yo en el carácter de los hijos de este pueblo. Ensalzaa i veces, eocoitiiaD acaso con esceso á algonot de los que en- tre ellos sobresalen ¿ se disiiugueif en lasarles ó las Ciencias. Deprimen otras ó desdeñan por lo menos, áar- i listas poco afortunados, á jóvenes es- ' tudiosos que ño carecen de algún mérito. No entraré en el étámen de las causas de este proceder contra- dictorio, aunque no me fuera Jincil señalarlas. Hasta &rolprupú'íiio ma- nifestar este Hecho, que cualquiera como yú, habrá tenido ocasión de observar en este pueblo. Loíihlé y aun uiil me parece lo primero; por que sirve de estimulo al trabajo, al estudio. Nada es lau lisongero, nada complace tanto, y anima en las ira- probas tareas á que tiene que en- tregarse, el que ha de sobresalir en las artes ¿ las ciencias, como el ver-' se ensalzado, encomiado por sus convecinos. Aquel á quien esto no sirva de estímulo, carece del noble orgullo, de la ambición, sin la cual es Imposible hacer cosas escélentes' en ningún ramo.'Oiro tanto vitupe- rable será por lo mismo, ese desden esa indiferencia con que se mira á veces al profesor que no fué tan afortunado. Sugirióme estas reflexiones lo que está pasando con un artista de esta ciiiriad. IIiji> de uoa familia poco acomodada, no recibió maf eddca» cion que la primaria, y limitada k lo poco que antea e^a objeto de está enseñanza. Dediciósis iih échYíargó, sin otro maestro que SU áüccíbn, »1 dibujo y la pintura. Encontró en esta un medio harto reducido pof desgracia de subveóir'á éus primé* ras nece5Íd.ides,- pei'ó'fué precisó pa- ra ello que viciase su gusto, que tra^ bajase para gentes á qitienes sola complacían los colores relumbrantes, las G:;uras infoi'mns y cxagt^radas. Precisado á pintar du eiste moda pa- ra comer, y escasamente, ni podía es- tudiar tos buenos modelos, ni asistir á las cátedras de dibujo, ni salir en fin á otros pueblos en donde pudie- ra lecibir U-ccioncs provechosas da los granile;4 maestro» de ese arte di- vino. A'pesar de tantos obstáculos como se oponi.Vn k Su educaci^ih ar- tística, logró hacer eh él dibujo pro-, gresoí consilioni !>!«», y si bien no tantos en el colorido, porquo para esto se necesita rtias que aplícacíqo y genio, los baítanles iiii embargo para que'deba' ser leaido cómo uno de los pocos pí'rfro'rfes dó éitá pro- vincia. Su mala estrella, y el eiico- ¡imieniu natural de su carácter le redvjeron á pesar de sus buenas cir- (MtttftiaDcias, á un estado deplorable. Recurrió á sus pinceles para hallar I algún alivio en su miseria, ya que no pedia asegurar su fortuna de un
  13. 13. nodo estable. Encuentra por'OMua lidad una virgen de Hurttlo; ta tO" pía con esmero molestando -á sm amigos y conocidos, para que le pro- porcionasen los recursos j)ecun¡arios precisos para comprar el lienzo, los colores, di atareo y el oro con que fué dorado por áu misma mano. Propones» rifarla , único mOdo de hallar salida á una obra ariísiiea olg') costosa, en un puclilo general- mente pobre; colócala en el gabine- te de lectura, que es el punto en que se reúnen en mayor número las gentes acomodadas y de gUsto. Pero pasan dias y dias, y hasta alio- ra uno so4o ba querido sacrificar un duro para socorrer á un arii>ia po- bre, para animar no solo ¿él, sino ¿ todos tus que pudieran hallarse en su caso, en la escabrosa senda de un arle tan bello, tan difícil y tan mal premiado. Debemos publitíar su nombre, por que una acción tan generosa, le hon- ra ,• fué el I)r. D. Domingo Alwtrez Arenas. Es el pritoero siempre en actos de esta clase. ¡ ü}úla quu la* riquezas (^uo otros atesoran y escon- den, se pamran á sus manos 1 No ig- nora que «sa copia tiene defoctcs, no en el dibt>jo, sino en el colori- do; porque jqiiién puede copiar-sin ellos al inimitable Murillo? Pero no mira cou datdtA sin «mborgOt co- 5 lao otros tal vez lo hicieron, una oh^a que'Siunque defectuosa, no ca- rece de mérito, por la corrección del dibujo, por la frescura de las carnes, y naturalidad del colorido apesar de las inmensas , de las in- superables di(i<ouUad«t que ofrece ese inmortal pintor que tiene un es- , tilo tan sui ^enórít, poír decirlo asi, que no.ha 'encoatrtido hasta hora entre suS innumerables copistas é imitadores, un fiel intérprete. So ha hecho cargo también deque con los escasos medios cOn qtie codnta y ha contado siempre fvi|estro {úntor, no era daltle'hacer una obra maestra, y que ea digao de loa verdadera- mente admirable, que hubiese lle- gado apt'sar de tabtoi obiiCá'culos al punto en que le vemos. ¡Qúé el ejem- plo del ilustrado Dr. Arenas tenga imitadores! ! Qué todos aqtiéilos que por su fortuna puedan sin grande esfuerzo desprenderse de la peque- ña cantidad de veiifus realas, tomeo parte en esa rifa; porque ademas de qm podránad^uiríir un cuadro que vale reelmenie la cantidad ea que se enagena, coniriltuyen á sacar de la miserable situractoo an que se encuentra á un arlUia digno de me- jor ^fifte, y és un'estimólo para otroM qt^igüitratl'diM^ai^i' lasar- les. ! IMPRENTA DE D. BENITO GONZÁLEZ Y COMPAÑÍA.
  14. 14. a^tia^. Por razones que no creemos del caso manifestar, se suspende la publicación de este: Periódico. Si para el i.° de setiembre tuviése- mos el suficiente número de sus- criptores, considerándose como tales los Sres. que gusten inscri- bir su nombre en la librería de D. Nicolás Longoria, entonces no dudaremos proseguir con la ta- rea que nos hemos propuesto con tanto desinterés. Damos gracias á los Sres. sus- criptoresque nos han favorecido, advirtiéndoles que aquellos, cu- yos .i^bopos uo concluyen cp 19 de este me»» pueden recoger ei exceso del punto de siiscripcion.

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