Ce diaporama a bien été signalé.
Nous utilisons votre profil LinkedIn et vos données d’activité pour vous proposer des publicités personnalisées et pertinentes. Vous pouvez changer vos préférences de publicités à tout moment.
CLÍNICAS
QUIRÚRGICAS
DE NORTEAMÉRICA
La hernia incisional es una complicación frecuente y a menudo debilitante de la lapa-...
SHELL et al.62
Las hernias incisionales son las únicas hernias abdominales yatrógenas [10]. Exis-
te controversia sobre el...
REPARACIÓN ABIERTA DE HERNIAS VENTRALES INCISIONALES 63
Las hernias incisionales difieren de las otras hernias de la pared...
SHELL et al.64
con las funciones de los músculos de la pared abdominal y aparecen trastornos fisio-
lógicos significativos...
REPARACIÓN ABIERTA DE HERNIAS VENTRALES INCISIONALES 65
de todas las hernias secundarias y zonas de fascia debilitada [47]...
SHELL et al.66
Reparación con malla
La elevada frecuencia de recidivas asociada a la reparación primaria con sutura ha
lle...
REPARACIÓN ABIERTA DE HERNIAS VENTRALES INCISIONALES 67
ción. Su porosidad también permite un mejor crecimiento fibrovascu...
SHELL et al.68
20% han dado lugar al uso de otras técnicas para optimizar la resistencia de la inter-
fase entre la malla ...
REPARACIÓN ABIERTA DE HERNIAS VENTRALES INCISIONALES 69
De manera experimental, se ha demostrado que el prolene puede enco...
SHELL et al.70
en la línea media y la mejora estética del abdomen por la extirpación del exceso de
tejido y la cicatriz so...
REPARACIÓN ABIERTA DE HERNIAS VENTRALES INCISIONALES 71
Técnica de separación de componentes
Una contribución significativ...
SHELL et al.72
del cierre miocutáneo transverso del recto abdominal que implica la separación de los
músculos oblicuos ext...
REPARACIÓN ABIERTA DE HERNIAS VENTRALES INCISIONALES 73
Tabla 3
Resultados de la técnica de separación de componentes
Auto...
SHELL et al.74
puede usarse para los defectos del tercio medio. Los defectos del tercio medio pueden
cubrirse con un colga...
REPARACIÓN ABIERTA DE HERNIAS VENTRALES INCISIONALES 75
hematoma, el seroma, la pérdida del injerto cutáneo y la inestabil...
SHELL et al.76
en la reconstrucción de defectos congénitos y hernias grandes [156–161]. Los expan-
sores pueden colocarse ...
REPARACIÓN ABIERTA DE HERNIAS VENTRALES INCISIONALES 77
Rutkow IM. Epidemiologic, economic and sociologic aspects of herni...
SHELL et al.78
Puckree T, Cerny F, Bishop B. Abdominal motor unit activity during respiratory and nonrespira-[39]
tory tas...
REPARACIÓN ABIERTA DE HERNIAS VENTRALES INCISIONALES 79
McCarthy JD, Twiest MW. Intraperitoneal polypropylene mesh support...
SHELL et al.80
Heniford BT, Park A, Ramshaw BJ, et al. Laparoscopic repair of ventral hernias: nine years’[87]
experience ...
REPARACIÓN ABIERTA DE HERNIAS VENTRALES INCISIONALES 81
Shestak KC, Edington HJ, Johnson RR. The separation of anatomic co...
SHELL et al.82
Kuzbari R, Worseg AP, Tairych G. Sliding door technique for the repair of midline incisional[132]
hernias. ...
REPARACIÓN ABIERTA DE HERNIAS VENTRALES INCISIONALES 83
Jacobsen WM, Petty PM, Bite U, et al. Massive abdominal wall herni...
Prochain SlideShare
Chargement dans…5
×

Reparación abierta de hernias ventrales incisionales

Livres associés

Gratuit avec un essai de 30 jours de Scribd

Tout voir

Livres audio associés

Gratuit avec un essai de 30 jours de Scribd

Tout voir
  • Soyez le premier à commenter

Reparación abierta de hernias ventrales incisionales

  1. 1. CLÍNICAS QUIRÚRGICAS DE NORTEAMÉRICA La hernia incisional es una complicación frecuente y a menudo debilitante de la lapa- rotomía. A pesar de los avances significativos realizados en muchos campos de la cirugía, la corrección de las hernias incisionales continúa siendo problemática, con una frecuencia de recidivas del 5 al 63%, dependiendo del tipo de reparación usada [1–8]. Probablemente, las frecuencias de recidiva están infravaloradas debido a la falta de seguimiento a largo plazo y de criterios objetivos en la literatura médica para determinar la recidiva real. En EE. UU. cada año se realizan más de 2 millones de laparotomías, con una inci- dencia publicada del 2 al 11% de hernias incisionales [1,5,9–11]. Es la complicación más frecuente después de la laparotomía con un cociente de 2:1 sobre la obstrucción intesti- nal, y es la indicación más frecuente de reoperación con un cociente de 3:1 sobre la obstrucción por adherencias del intestino delgado [12]. Al año se realizan unas 100.000 reparaciones de hernias en EE. UU. [13]. La morbilidad asociada secundaria a la incarceración, la estrangulación y la obstrucción intestinal es significativa. En una revisión retrospectiva de 206 pacientes sometidos a una reparación de hernias incisiona- les, Read y Yoder [9,10] encontraron que la estrangulación o la incarceración eran las indicaciones para la reparación en el 17% de los pacientes. El aumento de tamaño gra- dual de la hernia con el tiempo da lugar a una pérdida relativa del dominio abdominal, con efectos adversos sobre el mantenimiento de la postura, la respiración, la micción, la defecación y las propiedades biomecánicas, lo que tiene una influencia profunda en la ca- pacidad física y en la calidad de vida de los pacientes. Como los pacientes se ven forza- dos a alterar su estilo de vida, su capacidad para trabajar se afecta, lo que tiene consecuen- cias económicas negativas. El aumento de tamaño progresivo de la hernia da lugar también a una deformidad estética, lo que es perjudicial para la autoestima de los pacientes. * Autor para correspondencia. Dirección electrónica: jdlt@uab.edu (J. de la Torre) Surg Clin N Am 88 (2008) 61–83 Reparación abierta de hernias ventrales incisionales Dan H. Shell IV, MDa, Jorge de la Torre, MDa,*, Patricio Andrades, MDa,b, Luis O. Vasconez, MDa aDivision of Plastic Surgery, University of Alabama at Birmingham, 510 20th Street S, Birmingham, AL 35294-3411, USA bDivision of Transplant Immunology, University of Alabama at Birmingham, 510 20th Street S, Birmingham, AL 35294-3411, USA QUIRURGICA (61-84).indd 61QUIRURGICA (61-84).indd 61 5/12/08 13:50:265/12/08 13:50:26
  2. 2. SHELL et al.62 Las hernias incisionales son las únicas hernias abdominales yatrógenas [10]. Exis- te controversia sobre el tratamiento ideal de las hernias incisionales. En ningún lugar dentro de la cirugía es más cierta la frase «si hay múltiples formas de solucionar un problema, es que no hay ninguna buena» que en la reparación de la hernia incisional. El método para practicarla se basa más en la tradición que en las pruebas. En los últi- mos años, varias contribuciones importantes a la literatura médica nos han ayudado a comprender las causas de la formación de la hernia incisional y las propiedades fisio- lógicas y funcionales importantes de la pared abdominal. Un reconocimiento de la función dinámica de la pared abdominal ha llevado a refinamientos técnicos y a la acep- tación de importantes principios que son necesarios para una reparación exitosa. Etiología En el desarrollo de las hernias incisionales, se han implicado varios factores de riesgo relacionados con el paciente, como la obesidad, el tabaco, la enfermedad aneu- rismática, la enfermedad obstructiva crónica, el sexo masculino, la malnutrición, la dependencia de los corticoesteroides, la insuficiencia renal, las neoplasias malignas y el prostatismo [1–8,10,11,14–23]. Muchos de estos factores de riesgo pueden contribuir al desarrollo de una hernia incisional, pero ningún factor único muestra una asociación tan constante que pueda declararse verdaderamente causal [22]. En un estudio de Condon et al. [21] de complicaciones asociadas al cierre de 1000 laparotomías de la línea media, ningún factor aislado se asoció a la hernia inci- sional en un análisis unifactorial. En el multifactorial, solo la combinación de reaper- tura y nuevo cierre de incisiones previas, unida a la infección de la herida, influyó en la aparición de la hernia incisional. En otros estudios se ha visto que la infección postoperatoria de la herida es el factor pronóstico aislado más significativo en el de- sarrollo de este tipo de hernia [1,7,10,14,19,21]. Bucknall et al. [1] publicaron una incidencia del 23% de formación de hernia incisional en pacientes que sufrieron una infección de la herida. La obesidad se ha citado a menudo como factor de riesgo, con una frecuencia de hernia incisional del 15 al 20% [24–26]. En una evaluación prospectiva y aleatorizada que comparó las técnicas de cierre fascial, Brolin [24] encontró una reducción de la aparición de hernia incisional del 18 al 10% con el uso de PDS de doble hebra #1 colocada de forma continua, comparada con Ethibond #1 colocado en forma de ocho interrumpido. También se ha visto en múltiples estudios que la enfermedad aneuris- mática es un factor de riesgo independiente de la aparición de hernias incisionales [22,27–29]. En un reciente estudio prospectivo multicéntrico, Rafetto et al. [22] encon- traron una incidencia del 28,2% de formación de hernia incisional en pacientes some- tidos a una reparación quirúrgica de un aneurisma aórtico. Tras corregir los otros factores de riesgo, esta cifra representaba un aumento de nueve veces en la incidencia de formación de hernia incisional comparada con la intervención quirúrgica por una enfermedad aórtica oclusiva. Se ha señalado que podría tener relación un defecto en el metabolismo del colágeno con una relación menor entre el procolágeno del tipo I y el del tipo III; pero son necesarios más estudios antes de poder establecer una relación cau- sal [22,30]. QUIRURGICA (61-84).indd 62QUIRURGICA (61-84).indd 62 5/12/08 13:50:275/12/08 13:50:27
  3. 3. REPARACIÓN ABIERTA DE HERNIAS VENTRALES INCISIONALES 63 Las hernias incisionales difieren de las otras hernias de la pared abdominal en su origen yatrógeno. La mayoría de las hernias incisionales se deben a los errores técnicos del cirujano. El cierre bajo tensión da lugar a una estrangulación fascial y a la forma- ción de la hernia. Los estudios han demostrado que el 50% de las recidivas de las hernias se detectan en el primer año del postoperatorio, el 75%, a los 2 años, y el 90%, a los 3 años, con frecuencias continuas de fracaso posteriores del 2% anual [2,5,6,11]. Estas observaciones implican factores técnicos en el fracaso temprano de la herida y factores relacionados con el paciente en el fracaso tardío de la herida. Playforth et al. [31] aplicaron grapas radiopacas a los márgenes de la fascia incisa. Se tomaron radio- grafías seriadas a intervalos de hasta 1 año. En los pacientes que presentaron hernias incisionales al cabo de este tiempo, se produjo una separación de las grapas 1 semana después la operación. Esta observación apoya que una mala técnica quirúrgica sea la principal causa del fracaso temprano de la herida. Poole [32] concluyó en una revisión exhaustiva que los factores técnicos locales tenían más importancia que el estado del paciente en la aparición de hernias incisionales. A partir de estos datos, se puede afir- mar que incumbe a los cirujanos identificar y usar las técnicas y materiales adecuados para minimizar la incidencia de hernias incisionales. Hay controversia sobre el material y técnica óptimos para el cierre que eviten las hernias incisionales. Carlson et al. [21] compararon la frecuencia de hernia incisional en las incisiones en la línea media, transversa y paramediana. Las incisiones en la línea media tenían la mayor frecuencia de hernias —un 10,5% comparado con un 7,5% con las incisiones transversas y con un 2,5% con las paramedianas—. Un metaanálisis de ensayos controlados aleatorizados que compararon el material de sutura y la técnica observó que el cierre de la fascia abdominal con sutura de monofi- lamento no reabsorbible de forma continua tenía una frecuencia significativamente inferior de hernia incisional [33]. En un trabajo apoyado por otros, Jenkins [34–36] encontró que una relación entre la longitud de la sutura y la de la incisión de 4:1 era óptima para el cierre de la fascia. Para usar esta longitud de sutura, los puntos deben englobar 1 cm de tejido a intervalos de 1 cm con el objetivo de aproximar simplemen- te la fascia. Asimismo, encontraron que la sutura no reabsorbible en una forma conti- nua es el material y la técnica de elección. Presentación y evolución natural Habitualmente, los pacientes acuden con una protuberancia en una porción de la incisión quirúrgica cicatrizada. Son frecuentes las molestias abdominales continuas y las náuseas asociadas que se relacionan con el estiramiento del mesenterio intestinal a medida que sobresale a través del defecto [10,11]. La obstrucción intestinal puede provocar una incarceración en el saco herniario, pero esta suele deberse a un giro del intestino alrededor de las adherencias en los márgenes laterales del defecto her- niario [10,11]. La evolución natural de las hernias incisionales es de un aumento de tamaño gradual. La línea alba sirve de anclaje para las inserciones aponeuróticas de la vaina de los rectos y los músculos oblicuos [37]. La ruptura da lugar a un aumento gradual del defecto herniario debido a la contracción lateral sin oposición de los músculos oblicuos. A medida que se ensancha el defecto herniario, interfiere QUIRURGICA (61-84).indd 63QUIRURGICA (61-84).indd 63 5/12/08 13:50:275/12/08 13:50:27
  4. 4. SHELL et al.64 con las funciones de los músculos de la pared abdominal y aparecen trastornos fisio- lógicos significativos [11,38,39]. La pared abdominal tiene funciones importantes en la respiración. A medida que se ensancha el defecto herniario, el diafragma pierde sinergia con la pared abdominal, como demuestra el movimiento respiratorio abdominal paradójico [37]. Puckree et al. [39] demostraron que los músculos oblicuo interno y transverso reciben impulsos neu- rales de las neuronas espiratorias centrales. Por su parte, Misuri et al. [40] observaron mediante ecografía que el músculo transverso del abdomen contribuye de forma importante a la generación de fuerzas espiratorias. Las anomalías del movimiento del tronco son frecuentes en los pacientes con hernias incisionales. Myrinkas et al. [41] midieron los reflejos de estiramiento de los músculos rectos abdominales y encontra- ron que hay una comunicación monosináptica cruzada entre los músculos rectos dere- cho e izquierdo, que controla la flexión y extensión del tronco. La rotación del tronco da lugar a la contracción articular de un oblicuo externo y del oblicuo interno contra- lateral. En estudios dinamométricos isocinéticos, Blondeel et al. [42] demostraron que la luxación de las inserciones de las fibras del oblicuo provoca reducciones estadísti- camente significativas en la rotación del tronco. La pared abdominal desempeña una función importante en el mantenimiento de la postura y en el apoyo de la columna lumbar [43–45]. Los pacientes con hernias incisio- nales grandes tienen una lordosis lumbar significativa y un dolor de espalda incapaci- tante. Los niños con un síndrome de Eagle-Barrett (ausencia congénita de la muscula- tura abdominal) tienen una alteración funcional por la escoliosis asociada [45]. Ramirez et al. [46] demostraron un alivio completo del dolor de espalda tras la reparación de her- nias incisionales grandes mediante la restauración de la continuidad miofascial de la línea media. En un estudio realizado por Toranto [43], se observó la resolución del dolor de espalda en 24 de 25 pacientes tras un plegado ancho del recto. Esta resolución se considera el resultado de una restauración del efecto de equilibrio de los músculos de la pared abdominal con la musculatura de la espalda. La tracción lateral de los músculos oblicuo interno y transverso del abdomen sobre la fascia lumbodorsal es responsable de una reducción de la tensión sobre la articulación intervertebral [46]. Además, las funciones de expulsión se ven menoscabadas y pueden hacerse pro- blemáticas a medida que la hernia aumenta de tamaño. La contracción de los músculos de la pared abdominal y la generación de presión intraabdominal son importantes en funciones tales como la tos, la micción y la defecación. A medida que la hernia aumenta de tamaño, también pueden producirse cambios cutáneos. La piel situada por encima se estira, por lo que el tejido subcutáneo se atro- fia y la piel del vértice se hace isquémica, haciéndose susceptible a las úlceras y a la infección. Principios de la reparación La presencia de una hernia incisional es una indicación para la reparación; la her- nia sólo aumentará de tamaño y llevará a trastornos fisiológicos progresivos. El tama- ño real de la hernia se define por el tamaño del defecto parietal que hay que reparar, que a menudo es significativamente mayor que el palpable en la clínica. Esto compren- QUIRURGICA (61-84).indd 64QUIRURGICA (61-84).indd 64 5/12/08 13:50:275/12/08 13:50:27
  5. 5. REPARACIÓN ABIERTA DE HERNIAS VENTRALES INCISIONALES 65 de todas las hernias secundarias y zonas de fascia debilitada [47]. Se han usado múl- tiples técnicas de reparación en el pasado; pero hay una falta de consenso general sobre la técnica óptima. Se han definido varios principios importantes para ayudar en el abordaje quirúrgico de este difícil problema [48–51]. Los objetivos de la reparación de la hernia deben ser: Prevención de la eventración visceral.1. Incorporación del resto de la pared abdominal a la reparación.2. Provisión de apoyo muscular dinámico.3. Restauración de la continuidad de la pared abdominal sin tensión.4. La elevada frecuencia de recidivas con la reparación primaria mediante sutura ha llevado a un mayor uso de malla protésica con el fin de ofrecer una reparación «sin ten- sión». Este método ha reducido la frecuencia de recidivas; sin embargo, las complicacio- nes relacionadas con la malla, como la infección, la extrusión y la formación de fístulas, son problemas significativos. El reciente énfasis que se pone en la importancia de la res- tauración de la continuidad miofascial en la línea media y el apoyo dinámico de la pared abdominal ha llevado a la aplicación de numerosas técnicas de reconstrucción autógena. Reparación primaria con sutura Hasta los años noventa, la reparación simple con sutura de las hernias incisionales era el tratamiento de referencia. Múltiples estudios retrospectivos en la literatura médi- ca han demostrado la frecuencia elevada de recidivas (25–63%) de la reparación pri- maria con sutura de defectos fasciales incluso pequeños (<5 cm) [3,4,7,9,11]. Se han aplicado varias técnicas; pero la presencia continua de tensión en la zona de reparación ha llevado a una frecuencia alta de recidivas (v. tabla 1). Es posible que otras hernias y zonas de debilitamiento fascial no puedan apreciarse debido a la exposición limitada de la reparación primaria con sutura, por lo que estas pueden dar lugar a futuras reci- divas. En un estudio de hernias recidivantes de Girotto et al. [55], el 50% de los pacientes tenían más de una hernia en el momento de la exploración. La elevada frecuencia de recidivas de la reparación primaria con sutura la apoyó un ensayo prospectivo extenso aleatorizado realizado por Luijendijk et al. [3]. En un estudio que comparó la reparación con malla y la reparación primaria con sutura para las hernias incisionales menores de 6 cm de diámetro mayor, encontraron una frecuen- cia de recidiva del 46% en el grupo de reparación primaria con sutura, comparada con la del 23% en el grupo de reparación con malla [3]. Un seguimiento largo del estudio de Burger et al. [4] reveló una frecuencia acumulada de recidiva a los 10 años del 63% en el grupo de reparación con sutura, comparada con la del 32% en el grupo de repa- ración con malla, lo que llevó a los autores a concluir que «la reparación primaria con sutura de las hernias incisionales debe abandonarse por completo». Un grupo de exper- tos sobre reparación de hernia incisional llegó a la conclusión de que la reparación primaria con sutura sólo debe usarse en hernias pequeñas (<5 cm) y si la reparación está orientada de forma horizontal con suturas de monofilamento no reabsorbible con una relación entre la longitud de la sutura y la herida de 4:1 [56]. QUIRURGICA (61-84).indd 65QUIRURGICA (61-84).indd 65 5/12/08 13:50:275/12/08 13:50:27
  6. 6. SHELL et al.66 Reparación con malla La elevada frecuencia de recidivas asociada a la reparación primaria con sutura ha llevado a una aplicación cada vez mayor de la malla protésica para reparar las hernias incisionales. El uso de malla sintética en la reparación de las hernias incisionales ha aumentado del 34,2% en 1987 al 65,5% en 1999 [57]. La American Hernia Society ha declarado que el uso de la malla representa en la actualidad el modelo de asistencia en la reparación de la hernia incisional [58]. La colocación de la malla permite una restauración sin tensión de la integridad estructural de la pared abdominal. Las venta- jas que presenta este método son la disponibilidad, la falta de morbilidad en la zona donante y la resistencia de la reparación [59]. El material protésico ideal no debe ser tóxico, inmunógeno ni reactivo [59,60]. El objetivo último del uso de la malla es que se incorpore en los tejidos vecinos. La resistencia a la tensión es otra propiedad importante del material sintético. La resistencia a la tensión de la pared abdominal puede calcularse como el producto entre la fuerza de tensión según la fórmula de LaPlace (ΔP = 2T/r) y el área transversal del abdomen [59]. En un ser humano de tamaño medio, la máxima resistencia a la tensión necesaria para mantener el cierre abdominal es de 16 N/cm [59]. La de los materiales protésicos suele ser de más de 32 N/cm [61]. Raramente se produce un verdadero fracaso del material de la malla. Las recidivas vistas después de la reparación con malla suelen ser laterales a la interfase entre la malla y el tejido. Las propiedades físi- cas de esta interfase son importantes para determinar la resistencia y duración final de la reparación. Los dos materiales protésicos más usados son el polipropileno y el politetrafluoroe- tileno expandido (PTFEe). El polipropileno lo introdujo por primera vez Usher en los años cincuenta [62]. El gran tamaño de poro de la malla de este material permite que sea infiltrada por macrófagos y neutrófilos, lo que proporciona mayor resistencia a la infec- Tabla 1 Resultados de las técnicas de reparación primaria con sutura Autor/Año N Recidiva (%) Seguimiento (m) Langer et al., 1985 [6] 154 31 48–120 George et al., 1986 [2] 81 46 14 Van der Linden et al., 1988 [52] 151 49 39 Read et al., 1989 [9] 206 24,8 Gecim et al., 1996 [15] 109 45 7–92 Luijendijk et al., 2000 [3] 97 46 36 Burger et al., 2004 [4] 97 63 120 Sauerland et al., 2005 [53] 305 18 60 Al-Salamah et al., 2006 [54] 72 20,8 37,5 Adaptado de Cassar K, Munro A. Surgical treatment of incisional hernia. Br J Surg 2002;89:534–45; con autorización de Blackwell Science Ltd. QUIRURGICA (61-84).indd 66QUIRURGICA (61-84).indd 66 5/12/08 13:50:275/12/08 13:50:27
  7. 7. REPARACIÓN ABIERTA DE HERNIAS VENTRALES INCISIONALES 67 ción. Su porosidad también permite un mejor crecimiento fibrovascular en su interior y una menor incidencia de formación de seroma [59]. El PTFEe, en cambio, tiene una estructura microporosa que minimiza la infiltración celular y la incorporación de tejido. Los estudios han mostrado que las prótesis de PTFEe son más fuertes que el Marlex y equivalentes al polipropileno en cuanto a fuerza de retención de la sutura [63]. Como resultado de sus cualidades de flexibilidad, blandura y conformación y el mínimo creci- miento interior tisular, puede colocarse directamente sobre el intestino [59]. Las desven- tajas del PTFEe se relacionan con su estructura microporosa. El material es práctica- mente impermeable, lo que evita la incorporación del tejido del huésped y lleva a la formación del seroma. Una vez infectado, el PTFEe debe explantarse. Los microporos tienen un tamaño de 3 a 41 µm, lo suficientemente grandes para que las bacterias (1 µm) los atraviesen, pero demasiado pequeños para los macrófagos (>50 µm) [59]. Con el fin de reducir las complicaciones relacionadas con la malla e imitar mejor las características fisiológicas de la pared abdominal, los estudios se han centrado en la obtención de materiales compuestos que combinen materiales no reabsorbibles y absor- bibles. Todavía necesitamos estudios comparativos bien diseñados con un seguimiento prolongado. Son necesarios el conocimiento de las características anatómicas estructu- rales y el reconocimiento de las características fisiológicas de la pared abdominal para la reconstrucción satisfactoria de la pared abdominal. La recidiva tras la reparación con malla raramente se debe a un fracaso intrínseco del material protésico. La falta de iden- tificación de la fascia sana y el error técnico a la hora de asegurar la malla a la fascia llevan con frecuencia a la recidiva en la interfase entre una y otra (v. tabla 2). Se han descrito varios métodos para asegurar la malla a la fascia, siendo los más frecuentes la malla por encima, la malla por dentro, su colocación por detrás del recto y la intraperitoneal por debajo. La primera de estas técnicas (v. figura 1A) es popular entre los cirujanos porque evita el contacto directo con el intestino y ejerce menos tensión sobre la reparación. En un sondeo de más de 1000 cirujanos, Milliken [11] comunicó que el 50% usa esta reparación sin cerrar el defecto fascial. Sin embargo, las desventajas que presenta son que precisa socavar ampliamente el tejido, lo que puede predisponer a complicaciones relacionadas con la herida, y que la presión nece- saria para romper la malla desde la pared abdominal anterior es menor que en otras reparaciones. Chevrel y Rath [76,77] publicaron sus resultados basados en 389 pacien- tes y encontraron una frecuencia de recidiva del 18,4% (n = 153) sin el uso de la malla, comparada con la del 5,5% (n = 133) con el uso de la malla de polipropileno por enci- ma y del 0,97% (n = 103) con el uso de pegamento de fibrina además de la malla. Su técnica consistió en incisiones de relajación en la vaina del recto anterior con aproxi- mación primaria de la línea alba y recambio medial de la vaina del recto anterior seguido de la colocación de la malla. La segunda técnica, la malla por dentro, implica la escisión del saco herniario y la identificación de los márgenes sanos de la fascia (v. figura 1B). Este método pro- porciona una reparación sin tensión en el momento de la intervención quirúrgica y evita el socavado amplio de la reparación por encima. Sin el apoyo por encima de la pared abdominal anterior, las actividades que aumentan la presión intraabdominal ejercen una tensión significativa sobre la interfase entre la malla y la fascia, que es el punto más débil de la reparación [76]. Las frecuencias altas de recidiva del 10% al QUIRURGICA (61-84).indd 67QUIRURGICA (61-84).indd 67 5/12/08 13:50:275/12/08 13:50:27
  8. 8. SHELL et al.68 20% han dado lugar al uso de otras técnicas para optimizar la resistencia de la inter- fase entre la malla y la fascia [3,11]. La colocación de la malla por detrás del recto, popularizada por Rives y Stoppa, se ha sido usada cada vez con más frecuencia [11,78,79]. En esta técnica, el saco herniario se conserva y usa como un amortiguador entre las vísceras subyacentes y la malla, la cual se coloca por encima de la vaina del posterior del recto y por debajo del músculo recto (v. figura 1C). Por debajo de la línea arqueada, la malla se sitúa en el espacio preperitoneal. Generalmente, se recomienda colocarla con al menos 4 cm de contacto entre ella y la fascia, lo que permite la dis- tribución de la presión sobre una zona más amplia (principio de Pascal), y la aposi- ción inducida por la presión promueve el crecimiento fibroso hacia la interfase entre la malla y la fascia [59]. Tabla 2 Resultados de la reparación abierta con malla de las hernias incisionales Autor Año N Malla Técnica Recidiva (%) Seguimiento (m) McCarthy et al. [64] 1981 25 Polipropileno Intraperitoneal Solapamiento de 3 cm 8 27 Matapurkar et al. [65] 1991 60 Polipropileno Extraperitoneal Solapamiento de 2 cm 0 36-84 Temudom et al. [66] 1996 50 Polipropileno PTFEe Extraperitoneal Solapamiento de 4-6 cm 4 24 Gillion et al. [67] 1997 158 PTFE 4 37 McLanahan et al. [68] 1997 106 Polipropileno Extraperitoneal Solapamiendo de 4-6 cm 4 24 Balen et al. [69] 1998 45 PTFE Extraperitoneal Solapamiento de 2 cm 2 39 Turkcapar et al. [70] 1998 45 Polipropileno 2 36 Arnaud et al. [71] 1999 250 Dacron Intraperitoneal Solapamiento 10 cm 3 97 Bauer et al. [72] 1999 98 PTFE Extraperitoneal 10 72 Utrera Gonzalez et al. [73] 1999 84 PTFE Intraperitoneal Solapamiento 5-7 cm 2 12-36 Chrysos et al. [74] 2000 52 PTFE 8 – Luijendijk et al. [3] 2000 84 Polipropileno Extraperitoneal Solapamiento 2-4 cm 23 23 Burger et al. [4] 2004 84 Polipropileno Extraperitoneal Solapamiento 2-4 cm 32 120 Martin-Duce et al. [75] 2001 152 Polipropileno Extraperitoneal 1 72 Adaptado de Cassar K, Munro A. Surgical treatment of incisional hernia. Br J Surg 2002;89:534–45; con autorización de Blackwell Science Ltd. QUIRURGICA (61-84).indd 68QUIRURGICA (61-84).indd 68 5/12/08 13:50:275/12/08 13:50:27
  9. 9. REPARACIÓN ABIERTA DE HERNIAS VENTRALES INCISIONALES 69 De manera experimental, se ha demostrado que el prolene puede encogerse hasta un 30% tras su implantación [80,81]. Al colocar la malla por debajo de la pared abdo- minal, la reparación se ve reforzada por la pared abdominal anterior, lo que proporcio- na una reparación más segura y fisiológica. Con este método se han conseguido fre- cuencias de recidivas menores del 10% [66,68]. La colocación intraperitoneal por debajo es practicada frecuentemente en abordajes abiertos y laparoscópicos. Los par- tidarios de esta técnica dicen que la capacidad de colocar la malla por debajo permite un mejor crecimiento tisular hacia dentro y una interfase más segura entre la malla y la fascia [11]. Las técnicas de fijación varían desde la aproximación a los márgenes fasciales a la fijación lateral de espesor total [82]. La colocación intraperitoneal por debajo ha conseguido frecuencias de recidiva menores del 5% [82]. Los avances en la cirugía laparoscópica han llevado a una mayor aplicación de esta técnica al tratamiento de las hernias incisionales. Su realización implica la colocación intraperitoneal de la malla, que se asegura con un dispositivo de grapado, suturas transabdominales o ambas. Los partidarios de esta técnica citan como ventajas la menor frecuencia de recidivas del 2 al 4%, una estancia hospitalaria menor y menores frecuencias de infección y de complicaciones de la herida. Finalmente, varios estudios comparativos han concluido que es una técnica superior [83–87]. Además, la restau- ración de la función dinámica de la pared abdominal por la aproximación miofascial Figura 1. Técnicas de colocación de la malla. A. Técnica por encima. B. Técnica por dentro. C. Técnica por debajo de los rectos. A B C QUIRURGICA (61-84).indd 69QUIRURGICA (61-84).indd 69 5/12/08 13:50:275/12/08 13:50:27
  10. 10. SHELL et al.70 en la línea media y la mejora estética del abdomen por la extirpación del exceso de tejido y la cicatriz son objetivos importantes de la reparación de la hernia que no se consiguen mediante el abordaje laparoscópico [58]. Aunque la aplicación de la malla ha dado lugar a una mejora significativa de la fre- cuencia de recidivas, el uso de la malla se asocia a complicaciones específicas que pue- den ir desde relativamente leves hasta la amenaza de la vida. La infección es una de las complicaciones más temidas después de colocar la malla. La frecuencia media de infec- ciones tempranas y tardías es de aproximadamente un 7% [8,59,72,88–90], dependiendo del tipo de malla usada. Los microorganismos más frecuentes son Staphyloccocus aureus y Staphylococcus epidermidis [59]. Hay informes en la literatura médica de rescate de la malla ante una infección; pero en la mayoría de los casos es necesario extirparla [91]. Law [92] examinó los efectos de la infección sobre la interfase entre la malla y la fascia y encontró un debilitamiento significativo, que predispone a una mayor frecuencia de recidivas. Robertson et al. [93–106] demostraron que el aislamiento de la incisión alejada de la reparación de la hernia a través de un abordaje de abdominoplastia se asocia a una menor frecuencia de complicaciones y de recidiva. Fue particularmente útil en pacientes obesos y en pacientes con hernias múltiples o recidivantes. El seroma es una complicación frecuente después de la reparación de la hernia y supone hasta el 16% de todas las complicaciones [8,88,107]. La reducción de la hernia deja un espacio virtual para la acumulación de líquido. La combinación de inflamación, rotura de los vasos linfáticos e irritación continua, causada por la reacción de cuerpo extraño frente al material protésico, es una complicación que provoca la acumulación de líquido [59]. Los seromas se resuelven a menudo con el tiempo; pero la irritación continua de la prótesis puede dar lugar a un seroma persistente que exija un drenaje quirúrgico. La cobertura inadecuada de las partes blandas puede dar lugar a la extrusión de la malla. Los materiales menos flexibles, como el Marlex, se asocian a una mayor fre- cuencia de extrusión. Cuando se observa una extrusión, la mayoría de los autores están de acuerdo en que está indicado extraer la malla. La formación de fístulas entéricas es una complicación en potencia devastadora que aparece cuando el material protésico corroe el intestino vecino. Leber et al. [8] demostraron que la escisión del saco hernia- rio, la falta de interposición del epiplón y la presencia de un espacio fascial eran fac- tores asociados a una mayor incidencia de formación de fístulas. Prótesis biológicas La preocupación justificada en las complicaciones de la malla ha llevado a inves- tigar materiales protésicos con mayor biocompatibilidad. Los avances en la tecnología de la ingeniería tisular han conducido a la obtención de materiales biológicos deriva- dos de tejidos humanos y animales. Estos materiales difieren en que cicatrizan por un proceso regenerativo en lugar de por formación de tejido cicatricial. La matriz extra- celular con colágeno se conserva, lo que permite mantener la integridad mecánica mientras proporciona una base para la regeneración de los tejidos del huésped. Estos materiales han mostrado resistencia a la infección, tolerancia a la exposición cutánea y estabilidad mecánica cuando se usan en la reparación de la hernia incisional. Sus desventajas son el elevado coste y la falta de estudios de seguimiento prolongados. QUIRURGICA (61-84).indd 70QUIRURGICA (61-84).indd 70 5/12/08 13:50:275/12/08 13:50:27
  11. 11. REPARACIÓN ABIERTA DE HERNIAS VENTRALES INCISIONALES 71 Técnica de separación de componentes Una contribución significativa a la reparación de las hernias incisionales fue la des- cripción de Ramirez et al. [46] de la técnica de separación de componentes (v. figura 2). La evolución de esta técnica se basa en las descripciones tempranas de Vasconez et al. [108] Figura 2. Técnica de separación de componentes. A. La pared abdominal formada por capas muscula- res solapadas que pueden separarse. B. Elevación del oblicuo externo sobre el oblicuo interno. C. El recto se libera de la vaina posterior. D. Avance medial de músculo recto y complejo oblicuo interno- transverso del abdomen. A B C D QUIRURGICA (61-84).indd 71QUIRURGICA (61-84).indd 71 5/12/08 13:50:275/12/08 13:50:27
  12. 12. SHELL et al.72 del cierre miocutáneo transverso del recto abdominal que implica la separación de los músculos oblicuos externo e interno y la liberación de la vaina posterior. Ramirez et al. [46,51,109,110] observaron que la pared abdominal está formada por capas muscula- res solapadas que pueden separarse conservando su inervación y riego sanguíneo, en concreto la elevación del oblicuo externo del oblicuo interno mientras se mantiene el aporte neurovascular al recto abdominal, que discurre de forma segmentaria entre el oblicuo interno y el transverso del abdomen. El recto puede liberarse entonces de la vaina posterior. Una vez se consigue este procedimiento, puede usarse el avance medial de un colgajo compuesto de músculo recto y complejo oblicuo interno-transverso del abdomen unido para cubrir grandes defectos abdominales en la línea media. Se ha des- crito el avance unilateral de 5 cm en la región epigástrica, de 10 cm en el ombligo y de 3 cm en la región suprapúbica. Fabian et al. [111,112] describieron una modificación que consistía en la división del oblicuo interno de la vaina del recto anterior, lo que permitió el avance de 8 a 10 cm en la zona epigástrica, de 10 a 15 cm en la mitad del abdomen y de 6 a 8 cm en la región suprapúbica. En la literatura médica se ha citado una menor frecuencia de recidiva de la hernia, la evitación de material protésico, la restauración de la función dinámica de la pared abdominal y la mejora de las alteraciones de la espalda y posturales (v. tabla 3). Las complicaciones relacionadas con la herida han sido proble- máticas con esta técnica y se relacionan con el amplio socavado que exige. Estudios recientes han demostrado una reducción de las complicaciones relacionadas con la heri- da con la conservación de las perforadoras periumbilicales [121]. En una revisión reciente, Ramirez [110] atribuyó el éxito del procedimiento a cin- co principios: 1. Traslado de la capa muscular de la pared abdominal para aumentar el área de superficie tisular. 2. Separación de las capas musculares que permita una máxima expansión indi- vidual de cada unidad muscular. 3. Desconexión de la unidad muscular de su cubierta fascial, lo que restringe el movimiento horizontal y así facilita la expansión. 4. Los músculos de la pared abdominal están cubriendo vísceras huecas, que son más fáciles de comprimir que las estructuras sólidas, en alrededor del 70% de su superficie. 5. La movilización bilateral trabaja con mayor eficiencia que el avance unilateral al equilibrar las fuerzas de la pared abdominal y centralizar la línea media. Reconstrucción con colgajo Se han usado colgajos locales y distantes para reconstruir los defectos herniarios en los que hay una pérdida absoluta significativa del dominio y los defectos laterales que no son adecuados para las técnicas de avance. Pueden usarse colgajos fasciocutáneos para reconstruir defectos de espesor parcial de la piel y los tejidos subcutáneos y defectos de espesor completo cuando se usan combinados con la malla. El colgajo toracoepigástrico es útil para los defectos del tercio superior de la pared abdominal. El colgajo iliolumbar bipediculado con base en la ilíaca circunfleja superficial y las perforadoras lumbares QUIRURGICA (61-84).indd 72QUIRURGICA (61-84).indd 72 5/12/08 13:50:275/12/08 13:50:27
  13. 13. REPARACIÓN ABIERTA DE HERNIAS VENTRALES INCISIONALES 73 Tabla 3 Resultados de la técnica de separación de componentes Autor/año n Seguimiento medio (m) Recidiva n (%) Hultman et al., 2005 [113] 13a 11,5 2 (15) Vargo et al., 2004 [114] 27b 6–27 2 (7) Howdieshell et al., 2004 [115] 18c 48 2 (11) Lowe et al., 2003 [116] 30 9,5 3 (10) Lindsey et al., 2003 [117] 10d 18,6 1 (10) Jernigan et al., 2003 [112] 73e 24 4 (5) Girotto et al., 2003 [55] 96f 26 21 (22) Ewart et al., 2003 [118] 11g 10 1 (9) De vries Reilingh et al., 2003 [119,120] 38 15,6 12 (32) Saulis et al., 2002 [121] 66h 12 3 (8) Maas et al., 2002 [122] 5i 10,6 1 (20) Sukkar et al., 2001 [123] 47j 24 1 (2) Voigt et al., 2001 [124] 9 14,2 0 Levine et al., 2001 [125] 10k ¿? 0 Cohen et al., 2001 [126] 29l 12–36 1 (3) Shestak et al., 2000 [109] 22m 52 1 (5) Mathes et al., 2000 [127] 26n 13,7 4 (15) Lowe et al., 2000 [128] 37o 12 4 (11) Girotto et al., 2000 [129] 20p 25,7 1 (5) Maas et al., 1999 [130] 4q 18 0 Girotto et al., 1999 [131] 37 21 2 (5) Kuzbari et al., 1998 [132] 10r 28,8 0 Dibello et al., 1996 [50] 35s 22 3 (9) Fabian et al., 1994 [111] 9t 11 1 (11) Thomas et al., 1993 [133] 7u 18 0 Ramirez et al., 1990 [46] 11 4–42 0 a Separación de componentes (SC) sola = 3, SC + malla = 5, SC + malla/Alloderm po encima = 5. b SC = 23, SC + malla = 2, SC + surgisis = 2. c SC = 12, SC + expansión tisular (ET) subfascial = 6. d Partición de pared abdominal (acordeón), escalonada de tranversal/oblicuo externo. e Modificado = oblicuo interno seccionado, aproximación de borde medial de vaina posterior a borde lateral de vaina anterior. f Malla por encima cuando sea necesario. g SC = 4, SC + ET = 3, SC + malla por encima = 4; modificado = vaina de recto cortada por vía anterior, posterior o ambas o doblada en sentido medial (libro abierto) y transversal cortado. h SC estándar = 25, modificado (conservación de perforadora periumbilical) = 41. i Con ayuda endoscópica. j SC = 41, SC + injerto de fascia lata = 6, conservación modificada de perforadora periumbilical. k SC = 9, SC + malla por encima = 1, modificado (Ϯ) liberación de oblicuo interno. l SC = 24, SC + injerto de Goretex = 4, SC + colgajo de pared abdominal lateral = 1. m SC = 21, SC + malla = 1. n Ϯ Malla. o SC = 20, SC + malla = 10, con ayuda endoscópica = 6, con ayuda endoscópica + malla = 1. p SC = 8, SC + malla por encima = 12. q Modificado = oblicuo externo seccionado a través de incisión lateral separada. r Modificado = liberación completa de recto desde vaina anterior y posterior. s SC = 20, SC + vicrilo por encima = 12, SC + Goretex por encima = 3. t Modificado = oblicuo interno seccionado, aproximación de borde medial de vaina posterior a borde lateral de vaina anterior. u SC = 7, SC + sección de transversal = 2. Tomado de Nguyen V, Shestak KC. Separation of anatomic components method of abdominal wall reconstruction: clinical outcome analysis and an update of surgical modifications using the technique. Clin Plastic Surg 2006;33:255; con autorización. QUIRURGICA (61-84).indd 73QUIRURGICA (61-84).indd 73 5/12/08 13:50:275/12/08 13:50:27
  14. 14. SHELL et al.74 puede usarse para los defectos del tercio medio. Los defectos del tercio medio pueden cubrirse con un colgajo inguinal, que puede alcanzar el ombligo [49,127,134–137]. Los colgajos de arteria epigástrica inferior superficial y arteria epigástrica inferior profunda son útiles para los defectos abdominales inferiores e inguinales [134,138–140]. Los colgajos musculares locales son útiles para los defectos musculofasciales de la porción lateral de la pared abdominal (v. figura 3). El recto abdominal se usa con frecuencia pediculado, basado en la arteria epigástrica superior o en la epigástrica inferior profunda. El colgajo tiene un arco extenso de rotación capaz de alcanzar todo el abdomen [134,135,141,142]. El recto también puede estar separado completamente de la vaina posterior del recto y girarse en sentido medial basado en una columna medial de perforadoras para reconstruir los defectos de la línea media. Esta técnica tiene una frecuencia de recidiva comunicada del 13% y una incidencia de complica- ciones locales de la herida del 25% [143]. El colgajo de oblicuo externo basado en ramas cutáneas laterales de las arterias intercostales posteriores se ha usado como colgajo de rotación para cubrir los defectos superiores de la pared abdominal y como un colgajo de avance para cubrir defectos pa- ramedianos. Spear et al. [144] comunicaron una frecuencia de recidiva del 3% a los 12 meses de seguimiento con el uso de este colgajo. Los colgajos de músculos distantes, libres o pediculados, se han usado para defec- tos musculofasciales que no eran adecuados para el cierre con colgajos locales o téc- nicas de avance [145,146]. El tensor de fascia lata se ha usado con éxito como colgajo pediculado y libre y como parche de fascia autógena. Se basa en la rama ascendente de la arteria circunfleja femoral lateral y puede usarse como un colgajo muscular, fascial o fasciocutáneo [145,146]. Presenta la ventaja de que puede dispensarse y tiene un buen arco de rotación. No proporciona una reconstrucción dinámica y su tercio distal no es fiable con una frecuencia de necrosis del 20 al 25%. Su uso se complica con una incidencia de un 15 a un 20% de morbilidad en la zona donante, incluidos el Figura 3. Colgajos en la reconstrucción de la pared abdominal. A. Tensor de fascia lata. B. Región anterolateral del muslo. C. Recto femoral. A B C QUIRURGICA (61-84).indd 74QUIRURGICA (61-84).indd 74 5/12/08 13:50:275/12/08 13:50:27
  15. 15. REPARACIÓN ABIERTA DE HERNIAS VENTRALES INCISIONALES 75 hematoma, el seroma, la pérdida del injerto cutáneo y la inestabilidad lateral de la rodilla [145,146]. La frecuencia de recidivas también es significativa y, así, en la lite- ratura médica se ha comunicado que se sitúa entre el 9 y el 42%. [145,146]. El colgajo de la porción anterolateral del muslo se ha usado en la reconstrucción de los defectos inferiores de la pared abdominal como colgajo libre o pediculado con base en las ramas perforantes septocutáneas de las ramas transversa y profunda de la arteria circunfleja femoral lateral [147]. Con el uso complementario de la malla, esta técnica ha mostrado una frecuencia baja de recidivas en pequeñas series. También puede usarse combinado con el tensor de la fascia lata para obtener un injerto com- puesto de hasta 35 x 20 cm de diámetro. En series pequeñas, el uso de esta técnica no ha mostrado recidivas ni pérdida del colgajo en un seguimiento de hasta 24 meses [134,147,148]. El músculo recto femoral se ha usado con éxito como un colgajo libre con conser- vación del nervio motor o como colgajo pediculado en la reconstrucción de los dos tercios inferiores del abdomen. Es un músculo prescindible con unas características anatómicas constantes. Los informes han indicado una debilidad en la extensión ter- minal de la rodilla tras la obtención del músculo, lo que puede minimizarse aproxi- mando el vasto medial y el lateral. Se basa en la arteria circunfleja femoral lateral y tiene un gran arco superior y rotación contralateral. Puede diseñarse como un colgajo musculofascial o musculofasciocutáneo basado en la localización y extensión del defecto [149–151]. Los estudios electromiográficos han demostrado la función motora del músculo transferido. El músculo dorsal ancho se ha usado como colgajo musculocutáneo para los defec- tos del tercio superior del abdomen. Se basa en el pedículo toracodorsal y puede dise- ñarse en forma pediculada o libre. Como injerto pediculado, su arco de rotación es limitado para cubrir los defectos superiores de la pared abdominal. El área de cober- tura puede aumentarse incluyendo la fascia preglútea y lumbodorsal. En 1979, Bost- wick [152] publicó el uso del dorsal ancho como colgajo libre para la reconstrucción de la pared abdominal. En 1998, Ninkovic [153] publicó el uso de un colgajo libre de dorsal ancho inervado junto a una malla de prolene para la reconstrucción de la pared abdominal. No se comunicaron fracasos del colgajo y las pruebas electromiográficas mostraron la reinervación del músculo. El músculo grácil se ha usado para reconstruir los defectos del tercio inferior de la pared abdominal. Es un músculo fino, estrecho y prescindible basado en la rama ascendente de la arteria femoral circunfleja medial. Puede designarse como colgajo muscular o musculofasciocutáneo y se limita a pequeños defectos por su tamaño y por la escasa fiabilidad de su piel distal [154]. El vasto lateral puede usarse como colgajo muscular para la reconstrucción de los defectos del tercio inferior de la pared abdomi- nal. No tiene componente fascial y su uso se reserva sobre todo para situaciones de rescate [155]. Expansión tisular La expansión tisular se ha usado para proporcionar tejido autógeno inervado y bien vascularizado para la reconstrucción de la pared abdominal. Su uso se ha demostrado QUIRURGICA (61-84).indd 75QUIRURGICA (61-84).indd 75 5/12/08 13:50:275/12/08 13:50:27
  16. 16. SHELL et al.76 en la reconstrucción de defectos congénitos y hernias grandes [156–161]. Los expan- sores pueden colocarse en el plano subcutáneo o intermuscular. La colocación en el plano avascular entre los músculos oblicuo externo e interno permite la expansión superficial del oblicuo externo y la expansión profunda de la capa musculofascial de oblicuo interno-transverso del abdomen, conservando la inervación y el riego sanguí- neo. Hobar et al. [157,158] mostraron un duplicado aproximado de las capas de la región anterior de la pared abdominal con una función normal y demostraron en la clí- nica que la reconstrucción compuesta inervada de los defectos superaba el 50% de la superficie abdominal. Resumen A pesar de los avances en muchos campos de la cirugía, las hernias incisionales siguen teniendo problemas significativos. Hay una carencia de consenso general entre los cirujanos sobre el tratamiento óptimo. A menudo, el abordaje del cirujano se basa en la tradición en lugar de en las pruebas clínicas. El plan terapéutico del cirujano debe ser completo, sin centrar su atención exclusivamente en la restauración de la continui- dad estructural. Son necesarios un conocimiento de las características anatómicas estructurales y funcionales de la pared abdominal y el reconocimiento de la importan- cia de la restauración de la función dinámica para la reconstrucción satisfactoria de la pared abdominal. Bibliografía Bucknall TE, Cox PJ, Ellis H. Burst abdomen and incisional hernia: a prospective study of 1129[1] major laparotomies. Br Med J (Clin Res Ed). 1982;284(6364):519–520. George CD, Ellis H. The results of incisional hernia repair: a twelve year review.[2] Ann R Coll Surg Engl. 1986 Jul;68(4):185–187. Luijendijk RW, Hop WC, Van den Tol MP, et al. A comparison of suture repair with mesh repair[3] for incisional hernia. N Engl J Med. 2000;343(6):392–398. Burger JW, Luijendijk RW, Hop WC, et al. Long term follow up of a randomized controlled[4] trial of suture versus mesh repair of incisonal hernia. Ann Surg. 2004;240(4):578–583[discus- sion: 583–5]. Mudge M, Hughes LE. Incisional hernia: a ten year prospective study of incidence and attitudes.[5] Br J Surg. 1985;72:70–71. Langer S, Christiansen J. Long-term results after incisional hernia repair.[6] Acta Chir Scand. 1985;151:217–219. Anthony T, Bergen PC, Kim LT. Factors affecting recurrence following incisional hernior-[7] rhaphy. World J Surg. 2000;24(1):95–101. Leber GE, Garb JL, Alexander AJ, et al. Long term complications associated with prosthetic[8] repair of incisional hernias. Arch Surg. 1998;133(4):378–382. Read RC, Yoder G. Recent trends in management of incisional herniation.[9] Arch Surg. 1989;124:485–488. Santora TA, Rosalyn JJ. Incisional hernia.[10] Surg Clin North Am. 1993;73:557–570. Millikan KW. Incisional hernia repair.[11] Surg Clin North Am. 2003;83:1223–1234. Duepree HJ, Senagore AJ, Delaney CP, et al. Does means of access affect the incidence of small[12] bowel obstruction and ventral hernia after bowel resection? Laparoscopy versus laparotomy. J Am Coll Surg. 2003;197(2):177–181. QUIRURGICA (61-84).indd 76QUIRURGICA (61-84).indd 76 5/12/08 13:50:275/12/08 13:50:27
  17. 17. REPARACIÓN ABIERTA DE HERNIAS VENTRALES INCISIONALES 77 Rutkow IM. Epidemiologic, economic and sociologic aspects of hernia surgery in the United[13] States in the 1990s. Surg Clin North Am. 1998;78:941–951. Hesselink VJ, Luijendijk RW, De Wilt JH, et al. An evaluation of risk factors in incisional hernia[14] recurrence. Surg Gynecol Obstet. 1993;176(3):228–234. Gecim IE, Kocak S, Ersoz S, et al. Recurrence after incisional hernia repair: results and risk[15] factors. Surg Today. 1996;26(8):607–609. Sorenson LT, Hemmingsen UB, Kirkeby LT, et al. Smoking is a risk factor for incisional hernia.[16] Arch Surg. 2005;140(2):119–123. Sugerman HJ, Kellum JM, Reines HD, et al. Greater risk of incisional hernia with morbidly[17] obese than steroid-dependent patients and low recurrence with prefascial polypropylene mesh. Am J Surg. 1996;171(1):80–84. Koller R, Miholic J, Jakl RJ. Repair of incisional hernias with polytetrafluoroethylene.[18] Eur J Surg. 1997;163(4):261–266. Lamont PM, Ellis H. Incisional hernia in re-opened abdomens: an overlooked risk factor.[19] Br J Surg. 1988;75(4):374–376. Makela JT, Kiviniemi H, Juvonen T, et al. Factors influencing wound dehiscence after midline[20] laparotomy. Am J Surg. 1995;170(4):387–390. Carlson MA, Ludwig KA, Condon RE. Ventral hernia and other complications of 1,000 midline[21] laparotomies. South Med J. 1995;88(4):450–453. Raffetto JD, Cheung Y, Fisher JB, et al. Incision and abdominal wall hernias in patients with[22] aneurysm or occlusive aortic disease. J Vasc Surg. 2003;37:1150–1154. Condon RE. Ventral abdominal hernia. In: Baker RJ, Fischer JE editor. Mastery of surgery. 4th[23] edition. Philadelphia: Lippincott Williams & Wilkins; 2001. Brolin RE. Prospective, randomized evaluation of midline fascial closure in gastric bypass[24] operations. Am J Surg. 1996;172(4):328–331. Thompson WR, Amaral JF, Caldwell MD, et al. Complications and weight loss in 150 consecu-[25] tive gastric exclusion patients: critical review. Am J Surg. 1983;146(5):602–612. Yale CE. Gastric surgery for morbid obesity: complications and long-term weight control.[26] Arch Surg. 1989;124(8):941–946. Adye B, Luna G. Incidence of abdominal wall hernia in aortic surgery.[27] Am J Surg. 1998;175(5):400–402. Stevick CA, Long JB, Jamasbi B, et al. Ventral hernia following abdominal aortic reconstruc-[28] tion. Am Surg. 1988;54(5):287–289. Johnson B, Sharp R, Thursby P. Incisional hernias: incidence following abdominal aortic aneu-[29] rysm repair. J Cardiovasc Surg (Torino). 1995;36(5):487–490. Si Z, Bhardwaj R, Rosch R, et al. Impaired balance of type I and type III procollagen mRNA in[30] cultured fibroblasts of patients with incisional hernia. Surgery. 2002;131(3):324–331. Playforth MJ, Sauven PD, Evans M, et al. The prediction of incisional hernia by radio-opaque[31] markers. Ann R Coll Surg Engl. 1986;68(2):82–84. Poole GV. Mechanical factors in abdominal wound closure: the prevention of fascial dehiscence.[32] Surgery. 1985;97(6):631–640. Hodgson NC, Malthaner RA, Østbye T. The search for an ideal method of fascial closure: a[33] meta-analysis. Ann Surg. 2000;231(3):436–442. Jenkins TP. The burst abdominal wound: a mechanical approach.[34] Br J Surg. 1976;63(11): 873–876. Trimbos JB, van Rooij J. Amount of suture material needed for continuous or interrupted wound[35] closure: an experimental study. Eur J Surg. 1993;159(3):141–143. Cassar K, Munro A. Surgical treatment of incisional hernia.[36] Br J Surg. 2002;89:534–545. Abrahamsom J, Eldar S. Abdominal incision.[37] Lancet. 1989;1(8642):847. Grevious MA, Cohen M, Shah SR, et al. Structural and functional anatomy of the abdominal[38] wall. Clin Plast Surg. 2006;33:169–179. QUIRURGICA (61-84).indd 77QUIRURGICA (61-84).indd 77 5/12/08 13:50:275/12/08 13:50:27
  18. 18. SHELL et al.78 Puckree T, Cerny F, Bishop B. Abdominal motor unit activity during respiratory and nonrespira-[39] tory tasks. J Appl Physiol. 1998;84(5):1707–1715. Misuri G, Colagrande S, Gorini M. In vivo ultrasound assessment of respiratory function of[40] abdominal muscles in normal subjects. Eur Respir J. 1997;10(12):2861–2867. Myrinkas SE, Beith ID, Harrison PJ. Stretch reflexes in the rectus abdominus muscle in man.[41] Exp Physiol. 2000;85(4):445–450. Blondeel N, Vanderstraeten GG, Monstrey SJ. The donor site morbidity of free DIEP flaps and[42] free TRAM flaps in breast reconstruction. Br J Plast Surg. 1997;50(5):322–330. Toranto IR. Resolution of back pain with wide abdominal rectus plication abdominoplasty.[43] Plast Reconstr Surg. 1990;85(4):545–555. Gracovetsky S, Farfan H, Helleur C. The abdominal mechanism.[44] Spine. 1985;10(4):317–324. Lam KS, Mehdian H. The importance of an intact abdominal musculature mechanism in maintain-[45] ing spinal sagittal balance: case illustration in prune-belly syndrome. Spine. 1999;24(7):712–722. Ramirez OM, Ruas E, Dellon L. “Components separation” method for closure of abdominal-[46] wall defects: an anatomic and clinical study. Plast Reconstr Surg. 1990;86(3):521–526. Wantz GE. Incisional hernia: the problem and the cure.[47] J Am Coll Surg. 1999;188(4):433–447. Core GB, Grotting JC. Reoperative surgery of the abdominal wall. In: Grotting JC editors.[48] Aesthetic and reconstructive plastic surgery. St Louis (MO): Quality Medical Publishing, Incor- porated; 1995;p. 1327–1375. Rohrich RJ, Lowe JB, Baty JD, et al. An algorithm for abdominal wall reconstruction.[49] Plast Reconstr Surg. 2000;105(1):202–216. DiBello JN, Moore JH. Sliding myofascial flap of rectus abdominus muscles for the closure of[50] recurrent ventral hernias. Plast Reconstr Surg. 1996;98(3):464–469. Nguyen V, Shestak KC. Separation of anatomic components method of abdominal wall recon-[51] struction: clinical outcome analysis and an update of surgical modifications using the technique. Clin Plast Surg. 2006;33:247–257. Van der Linden FT, van Vroonhoven TJ. Long term results after surgical correction of inci-[52] sional hernia. Neth J Surg. 1988;40:127–143. Sauerland S, Schmedt CG, Lein S, et al. Primary incisional herniarepair with or without poly-[53] propylene mesh: a report on 384 patients with 5 year follow up. Langenbecks Arch Surg. 2005;390(5):408–412. Al-Salamah SM, Hussain MI, Khalid K, et al. Suture vs mesh repair for incisional hernia.[54] Sau- di Med J. 2006;27(5):652–656. Girotto JA, Chiaramonte M, Menon NG, et al. Recalcitrant abdominal wall hernias: long term[55] results of autologous tissue repair. Plast Reconstr Surg. 2003;112(1):106–114. Korenkov M, Paul A, Sauerland S, et al. Classification and surgical treatment: results of an[56] experts’ meeting. Langenbecks Arch Surg. 2001;386:65–73. Flum DR, Horvath K, Koepsell T. Have outcomes with incisional hernia repair improved with[57] time? A population-based analysis. Ann Surg. 2003;237(1):129–135. Voeller GR, Ramshaw B, Park AE, et al. Incisional hernia.[58] J Am Coll Surg. 1999;189 (6):635–637. Grevious MA, Cohen M, Jean-Pierre F, et al. The use of prosthetics in abdominal wall recon-[59] struction. Clin Plast Surg. 2006;33:181–197. Klosterhalfen B, Rosch R, Junge K. Long term inertness of meshes. In: Schumpelick NL editors.[60] Meshes: benefits and risks. Berlin: Springer; 2004;p. 170–178. Cobb WS, Kercher KW, Heniford BT. The argument for lightweight polypropylene mesh in[61] hernia repair. Surg Innov. 2005;12(1):T1–T7. Usher FC, Ochsner J, Tuttle LL. Use of Marlex mesh in the repair of incisional hernias.[62] Am Surg. 1958;24:969–974. Stelzner F. Function of the abdominal wall and development and therapy of hernias.[63] Langen- becks Arch Chir. 1994;379(2):109–119. QUIRURGICA (61-84).indd 78QUIRURGICA (61-84).indd 78 5/12/08 13:50:285/12/08 13:50:28
  19. 19. REPARACIÓN ABIERTA DE HERNIAS VENTRALES INCISIONALES 79 McCarthy JD, Twiest MW. Intraperitoneal polypropylene mesh support of incisional hernior-[64] rhaphy. Am J Surg. 1981;142:707–711. Matapurkar BG, Gupta AK, Agarwal AK. A new technique of “Marlex peritoneal sandwich” in[65] the repair of large incisional hernias. World J Surg. 1991;15:768–770. Temudom T, Siadati M, Sarr MG. Repair of complex giant or recurrent ventral hernias by using[66] tension-free intraparietal prosthetic mesh (Stoppa technique): lessons learned from our initial experience (fifty patients). Surgery. 1996;120:738–743. Gillion JF, Begin GF, Marecos C, et al. Expanded polytetrafluoroethylene patches used in the[67] intraperitoneal or extraperitoneal position for repair on incisional hernias of the anterolateral abdominal wall. Am J Surg. 1997;174:16–19. McLanahan D, King LT, Weems C, et al. Retrorectus prosthetic mesh repair of midline abdom-[68] inal hernia. Am J Surg. 1997;173:445–449. Balen EM, Diez-Caballero A, Hernandez-Lizoain JL, et al. Repair of ventral hernias using[69] expanded polytetrafluoroethylene patch. Br J Surg. 1998;85:1415–1418. Turkcapar AG, Yerdel MA, Aydinuraz K, et al. Repair of midline incisional hernias using poly-[70] propylene grafts. Surg Today. 1998;28:59–63. Arnaud JP, Tuech JJ, Pessaux P, et al. Surgical treatment of postoperative incisional hernia by[71] intraperitoneal insertion of Dacron mesh and an aponeurotic graft: a report of 250 cases. Arch Surg. 1999;134:1260–1262. Bauer JJ, Kreel I, Gelernt IM. Twelve year experience with expanded polytetrafluoroethylene in[72] the repair of abdominal defects. Mt Sinai Med J. 1999;66(1):20–25. Utrera Gonzalez A, de la Portilla de Juan F, Carranza Albarran G. Large incisional hernia repair[73] using intraperitoneal placement of expanded polytetrafluoroethylene. Am J Surg. 1999; 177:291–293. Chrysos E, Athanasakis E, Saridaki Z, et al. Surgical repair of incisional ventral hernias: tension[74] free technique using prosthetic materials (expanded polytetrafluoroethylene Goretex dual mesh). Am Surg. 2000;66:679–682. Martin-Duce A, Noguerales F, Villeta R, et al. Modifications to Rives technique for midline[75] incisional hernia repair. Hernia. 2001;5:70–72. Chevrel JP, Rath AM. The use of fibrin glues in the surgical treatment of incisional hernias.[76] Hernia. 1997;1:9–14. Larson GM. Plastic mesh repair of incisional hernias.[77] Am J Surg. 1978;135:559–563. Stoppe RE. Treatment of complicated groin and incisional hernias.[78] World J Surg. 1989; 13:545–554. Rives J, Pire JC, Flement JP, et al. Major incisional hernia. In: Chevrel JP editors. Surgery of[79] the abdominal wall. New York: Springer-Verlag; 1987;p. 116–144. Klinge U, Klosterhalfen B, Conze J, et al. Modified mesh for hernia repair that is adapted to the[80] physiology of the abdominal wall. Eur J Surg. 1998;164(12):951–960. Klinge U, Conze B, Klosterhalfen B, et al. Changes in abdominal wall mechanics after mesh implan-[81] tation: experimental changes in mesh stability. Langenbecks Arch Chir. 1996;381(6):323–332. Millikan KW, Baptista M, Amin B, et al. Intraperitoneal underlay ventral hernia repair utilizing[82] bilayer ePTFE and polypropylene mesh. Am Surg. 2003;69:258–263. Carbajo MA, Martin del Olmo JC, Blanco JI, et al. Laparoscopic treatment versus open surgery[83] in the solution of major incisional and abdominal wall hernias with mesh. Surg Endosc. 1999;13:250–252. Ramshaw BJ, Schwab J, Mason EM, et al. Comparison of laparoscopic and open ventral hernior-[84] rhaphy. Am Surg. 1999;65:827–831. Park A, Burch DW, Lovrics P. Laparoscopic and open incisional hernioplasty.[85] Surg Endosc. 1997;11:32–35. Heniford BT, Park A, Ramshaw BJ, et al. Laparoscopic ventral and incisional hernia repair in[86] 407 patients. J Am Coll Surg. 2000;190:645–650. QUIRURGICA (61-84).indd 79QUIRURGICA (61-84).indd 79 5/12/08 13:50:285/12/08 13:50:28
  20. 20. SHELL et al.80 Heniford BT, Park A, Ramshaw BJ, et al. Laparoscopic repair of ventral hernias: nine years’[87] experience with 850 consecutive cases. Ann Surg. 2003;238:391–400. Cobb W, Harris JB, Lokey JS, et al. Incisional herniorrhaphy with intraperitoneal composite[88] mesh: a report of 95 cases. Am Surg. 2003;69(9):784–787. Carlson G, et al. Abdominal wall reconstruction. In: Achauer BM, Eriksson E, Guturon B[89] editor. Plastic surgery: indications, operations, and outcomes. St Louis (MO): Mosby; 2004;p. 563–574. Jones JW, Jurkovich GJ. Polypropylene mesh closure of infected abdominal wounds.[90] Am Surg. 1989;55:73–76. Kelly ME, Behrman SW. The safety and efficacy of prosthetic hernia repair in clean-contami-[91] nated and contaminated wounds. Am Surg. 2002;68(6):524–528[discussion: 528–9]. Law NW. A comparison of polypropylene mesh and expanded polytetrafluoroethylene for repair[92] of contaminated abdominal wall defects: an experimental study. Surgery. 1991;109 (5):652–655. Robertson JD, de la Torre JI, Gardner PM, et al. Abdominoplasty repair for abdominal wall[93] hernias. Ann Plast Surg. 2003;51:10–16. Badylak SF, Kokini K, Tullius B, et al. Morphologic study of small intestinal submucosa as a[94] body wall repair device. J Surg Res. 2002;103:190–202. Buinewicz B, Rosen B. Acellular cadaveric dermis (Alloderm): a new alternative for abdominal[95] hernia repair. Ann Plast Surg. 2004;52:188–194. Butler CE, Langstein HN, Kornowitz SJ. Pelvic, abdominal, and chest wall reconstruction with[96] Alloderm in patients at increased risk for mesh-related complications. Plast Reconstr Surg. 2005;116:1263–1275. Espinosa-de-los-Monteros A, de la Torre JI, Marrero I, et al. Utilization of human cadaveric[97] acellular dermis for abdominal hernia reconstruction. Ann Plast Surg. 2007;58:264–267. Adedeji OA, Bailey CA, Varma JS. Porcine dermal collagen graft in abdominal wall reconstruc-[98] tion. Br J Plast Surg. 2002;55:85–86. Shell DH, Croce MA, Cagiannos C, et al. Comparison of small-intestinal submucosa and[99] expanded polytetrafluoroethylene as a vascular conduit in the presence of gram-positive con- tamination. Ann Surg. 2005;241(6):995–1001[discussion: 1001–4]. Jernigan TW, Croce MA, Cagiannos C. Small intestinal submucosa for vascular reconstruction[100] in the presence of gastrointestinal contamination. Ann Surg. 2004;239(5):733–738[discussion: 738–40]. Butler CE. The role of bioprosthetics in abdominal wall reconstruction.[101] Clin Plast Surg. 2006;33:199–211. Ueno T, Pickett LC, de la Fuente SG, et al. Clinical application of porcine small intestinal sub-[102] mucosa in the management of infected or potentially contaminated abdominal defects. J Gas- trointest Surg. 2004;8:109–112. Helton WS, Fisichella PM, Berger R, et al. Short term outcomes with small intestinal submu-[103] cosa for ventral abdominal hernia. Arch Surg. 2005;140:549–562. Choe JM, Kothandapani R, James L, et al. Autologous, cadaveric, and synthetic materials used[104] in sling surgery: comparative biomechanical analysis. Urology. 2001;58:482–486. Silverman RP, Li EN, Holton LH, et al. Ventral hernia repair using allogenic acellular dermal[105] matrix in a swine model. Hernia. 2004;8:336–342. Butler CE, Prieto VG. Reduction of adhesions with composite Alloderm/polypropylene mesh[106] implants for abdominal wall reconstruction. Plast Reconstr Surg. 2004;114:464–473. Balique JG, Bouillot JL, Flament JB, et al. Intraperitoneal treatment of incisional and umbilical[107] hernias using an innovative composite mesh: four year results of a prospective multicenter clin- ical trial. Hernia. 2005;9:68–74. Vasconez LO, Lejour M, Gamboa-Babadilla M. Atlas of breast reconstruction. Philadelphia: JB[108] Lippincott; 1991. QUIRURGICA (61-84).indd 80QUIRURGICA (61-84).indd 80 5/12/08 13:50:285/12/08 13:50:28
  21. 21. REPARACIÓN ABIERTA DE HERNIAS VENTRALES INCISIONALES 81 Shestak KC, Edington HJ, Johnson RR. The separation of anatomic components technique for[109] the reconstruction of massive midline abdominal wall defects: anatomy, surgical technique, applications, and limitations revisited. Plast Reconstr Surg. 2000;105(2):731–738. Ramirez OM. Inception and evolution of the components separation technique: personal recol-[110] lections. Clin Plast Surg. 2006;33:241–246. Fabian TC, Croce MA, Pritchard FE. Planned ventral hernia: staged management for acute[111] abdominal wall defects. Ann Surg. 1994;219(6):643–650[discussion: 651]. Jernigan TW, Fabian TC, Croce MA. Staged management of giant abdominal wall defects: acute[112] and long term results. Ann Surg. 2003;238(3):349–355. Hultman CS, Pratt B, Cairns BA. Multi-disciplinary approach to abdominal wall reconstruction[113] after decompressive laparotomy for abdominal compartment syndrome. Ann Plast Surg. 2005;54(3):269–275. Vargo D. Component separation in the management of the difficult abdominal wall.[114] Am J Surg. 2004;188(6):633–637. Howdieshell TR, Proctor CD, Sternberg E. Temporary abdominal closure followed by definitive[115] abdominal wall reconstruction of the open abdomen. Am J Surg. 2004;188(3):301–306. Lowe JB, Lowe JB, Baty JD. Risks associated with components separation for closure of complex[116] abdominal wall defects. Plast Reconstr Surg. 2003;111(3):1276–1283[discussion: 1286–8]. Lindsey JT. Abdominal wall partitioning (the accordion effect) for reconstruction of major[117] defects: a retrospective review of 10 patients. Plast Reconstr Surg. 2003;112(2):477–485. Ewart CJ, Lankford AB, Gamboa MG. Successful closure of abdominal wall hernias using the[118] components separation technique. Ann Plast Surg. 2003;50(3):269–273[discussion: 273–4]. de Vries Reileigh TS. Components separation technique for the repair of large abdominal wall[119] hernias. J Am Coll Surg. 2003;196(1):32–37. Losanoff JE, Richman BW, Sauter ER. Component separation method for abdominal wall recon-[120] struction. J Am Coll Surg. 2003;196(5):825–826. Saulis AS, Dumanian GA. Periumbilical rectus abdominis perforator preservation significantly[121] reduces superficial wound complications in separation of parts hernia repair. Plast Reconstr Surg. 2002;109(7):2275–2280[discussion: 2281–2]. Maas SM, van Engel M, Leeksma NG. A modification of the components separation technique[122] for the repair of complicated ventral hernias. J Am Coll Surg. 2002;194(3):388–390. Sukkar SM, Dumanian GA, Szczerba SM. Challenging abdominal wall defects.[123] Am J Surg. 2001;181(2):115–121. Voigt M, Andree C, Galla TJ. Reconstruction of abdominal wall midline defects: the abdominal[124] wall components separation. Zentralbl Chir. 2001;126(12):1000–1004. Levine JP, Karp NS. Restoration of abdominal wall integrity as a salvage procedure in difficult[125] recurrent abdominal wall hernias using a method of wide myofascial release. Plast Reconstr Surg. 2001;107(3):706–717. Cohen M, Morales R, Fildes J. Staged reconstruction after gunshot wounds to the abdomen.[126] Plast Reconstr Surg. 2001;108(1):83–92. Mathes SJ, Steinwald PM, Foster RD, et al. Complex abdominal wall reconstruction: a com-[127] parison of flap and mesh closure. Ann Surg. 2000;232(4):586–596. Lowe JB, Garza IR, Bowman JL. Endoscopically assisted components separation technique for[128] closure of abdominal wall defects. Plast Reconstr Surg. 2000;105(2):720–729. Girotto JA, Malaisrie SC, Bulkely G. Recurrent ventral herniation in Ehlers-Danlos syndrome.[129] Plast Reconstr Surg. 2000;106(7):1520–1526. Maas SM, van Engel M, Leeksma NG. A modification of the components separation technique[130] for closure of abdominal wall defects in the presence of an enterostomy. J Am Coll Surg. 1999;189(1):138–140. Girotto JA, Ko MJ, Redett R. Closure of chronic abdominal wall defects: a long term evaluation[131] of the components separation method. Ann Plast Surg. 1999;42(4):385–394. QUIRURGICA (61-84).indd 81QUIRURGICA (61-84).indd 81 5/12/08 13:50:285/12/08 13:50:28
  22. 22. SHELL et al.82 Kuzbari R, Worseg AP, Tairych G. Sliding door technique for the repair of midline incisional[132] hernias. Plast Reconstr Surg. 1998;101(5):1235–1242. Thomas WO, Parry SW, Rodning CB. Ventral/incisional abdominal herniorrhaphy by fascial[133] partition/release. Plast Reconstr Surg. 1993;91(6):1080–1086. Lowe JB. Updated algorithm for abdominal wall reconstruction.[134] Clin Plast Surg. 2006; 33:225–240. Mathes SJ, Nahai F. Clinical application of muscle and musculocutaneous flaps. St Louis (MO):[135] Mosby; 1982. Mathes SJ, Nahai F. Reconstructive surgery: principles, anatomy, and technique. New York:[136] Churchill Livingstone; 1997. Ohtsuka H, Ochi K, Seike H. Reconstruction of a large lateral abdominal wall defect with an[137] iliolumbar bipedicled flap. Br J Plast Surg. 1984;37(3):327–329. Gottlieb ME, Chandrasekhar B, Terz JJ, et al. Clinical applications of the extended deep infe-[138] rior epigastric flap. Plast Reconstr Surg. 1986;78(6):782–792. Stern HS, Nahai F. The versatile superficial inferior epigastric artery free flap.[139] Br J Plast Surg. 1992;45(4):270–274. Classen D. The extended deep inferior epigastric flap: a case series.[140] Ann Plast Surg. 1999;42(2):137–141. Parkash S, Palepu J. Rectus abdominus myocutaneous flap: clinical experience with ipsilateral[141] and contralateral flaps. Br J Surg. 1983;70(2):68–70. Mathes SJ, Bostwick J. A rectus abdominus myocutaneous flap to reconstruct abdominal wall[142] defects. Br J Plast Surg. 1977;30(4):282–283. DeFranzo AJ, Kingman GJ, Sterchi JM, et al. Rectus turnover flaps for the reconstruction of[143] large midline abdominal wall defects. Ann Plast Surg. 1996;37(1):18–23. Spear SL, Walker RK. The external oblique flap for reconstruction of the rectus sheath.[144] Plast Reconstr Surg. 1992;90(4):608–613. Disa JJ, Goldberg NH, Carlton JM, et al. Restoring abdominal wall integrity in contaminated[145] tissue deficient wounds using autologous fascia grafts. Plast Reconstr Surg. 1988;101 (4):979–986. Williams JK, Carlson GW, deChalain T, et al. Role of tensor fascia lata in abdominal wall recon-[146] struction. Plast Reconstr Surg. 1998;101(3):802–805. Kimata Y, Uchiyama K, Sekido M, et al. Anterolateral thigh flap for abdominal wall reconstruc-[147] tion. Plast Reconstr Surg. 1999;103(4):1191–1197. Sasaki K, Nozaki M, Nakazawa H, et al. Reconstruction of a large abdominal wall defect using[148] combined free tensor fascia latae musculocutaneous flap and anterolateral thigh flap. Plast Reconstr Surg. 1998;102(6):2244–2252. McCraw JB, Dibbell DG, Carraway JH. Clinical definition of independent myocutaneous vas-[149] cular territories. Plast Recostr Surg. 1977;60(3):341–352. Koshima I, Nanba Y, Tutsui T, et al. Dynamic reconstruction of large abdominal defects using[150] free rectus femoris. Ann Plast Surg. 2003;50(4):420–424. Caulfield WH, Curtsinger L, Powell G. Donor leg morbidity after pedicled rectus femo-[151] ris muscle flap transfer for abdominal and pelvic reconstruction. Ann Plast Surg. 1994; 32(4):377–982. Bostwick J, Vasconez LO, Nahai F, et al. Sixty latissimus dorsi flaps.[152] Plast Reconstr Surg. 1979;63(1):31–41. Ninkovic M, Kronberger P, Harpf C. Free innervated latissimus dorsi muscle for reconstruction[153] of full-thickness abdominal wall defects. Plast Reconstr Surg. 1998;101(4):971–978. Venugopalan S. Repair of midline abdominal incisional hernia by gracilis muscle transfer.[154] Br J Plast Surg. 1980;33(1):43–45. Dowden RV, McCraw JB. The vastus lateralis muscle flap: technique and applications.[155] Ann Plast Surg. 1980;4(5):396–404. QUIRURGICA (61-84).indd 82QUIRURGICA (61-84).indd 82 5/12/08 13:50:285/12/08 13:50:28
  23. 23. REPARACIÓN ABIERTA DE HERNIAS VENTRALES INCISIONALES 83 Jacobsen WM, Petty PM, Bite U, et al. Massive abdominal wall hernia reconstruction with[156] expanded external/internal oblique and transversalis fascia. Plast Reconstr Surg. 1997;100 (2):326–335. Hobar PC, Rohrich RJ, Byrd HS. Abdominal-wall reconstruction with expanded musculofascial[157] tissue in a posttraumatic defect. Plast Reconstr Surg. 1994;94(2):379–383. Byrd HS, Hobar PC. Abdominal wall expansion in congenital defects.[158] Plast Reconstr Surg. 1989;84(2):347–352. Carlson GW, Elwood E, Losken A, et al. The role of tissue expansion in abdominal wall recon-[159] struction. Ann Plast Surg. 2000;44(2):147–153. Espinosa-de-los-Monteros A, de la Torre JI, Ahumada LA, et al. Reconstruction of the abdomi-[160] nal wall for incisional hernia repair. Am J Surg. 2006;191:173–177. Ger R, Duboys E. The prevention and repair of large abdominal wall defects by muscle transpo-[161] sition: a preliminary communication. Plast Reconstr Surg. 1983;72(2):170–175. QUIRURGICA (61-84).indd 83QUIRURGICA (61-84).indd 83 5/12/08 13:50:285/12/08 13:50:28

×