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Caperucita Feroz y el Lobito Bueno

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Para Laia con amor, inspirado en el cuento clásico de Caperucita pero desde un punto de vista muy chulo ;)

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Caperucita Feroz y el Lobito Bueno

  1. 1. Caperucita Feroz y el Lobito Bueno
  2. 2. Editado por eMe Comunicaci�n y Cuentos Diciembre 2017 Caperucita Feroz y El Lobito Bueno Adaptaci�n del cl�sico de Charles Perrault Adaptaci�n, ilustraci�n y maquetaci�n: Kris Varela Revisi�n: Mireia Corach�n
  3. 3. Caperucita Feroz y el Lobito Bueno
  4. 4. �rase una vez, una ni�a llamada Laia, aunque todo el mundo sol�a llamarla Caperucita Roja, ya que siempre se abrigaba con una capa de color rojo que le hab�a tejido su mam� Anna, para salir a pasear. Y como a casi todas las ni�as, a Laia le encantaba cantar, jugar con la plastilina, saltar en los charcos, y hacerse un mont�n de preguntas, de esas a las que los mayores casi nunca saben responder. Per a Laia amb estima. Una historia amb llobets bons i xiquetes valentes, perqu� no deixes de somniar e imagines m�ns del rev�s.
  5. 5. Una tarde de primavera, mam� Anna le dijo a Laia: - La abuelita Maril� te est� esperando para merendar en la casita del bosque. Ll�vale esta cesta con los dulces que prepar� ayer con tanto cari�o pap� �scar. - S�, mam�. - contest� Caperucita. - Pero por favor, ve por el camino y no a trav�s del bosque, he o�do que hay un lobo merodeando por ah� y podr�a ser muy peligroso. - �Peligroso? - pregunt� Laia - �Es que son malvados, los lobos? - �Por supuesto que son malvados, los lobos ! - exclam�Anna. - �Y por qu� son malvados, mam�? - Son malvados porque pueden devorarte de un s�lo bocado.
  6. 6. Y Laia se march� por el camino, pensando en que ella tambi�n pod�a devorar su pizza de un s�lo bocado y que eso no era maldad, si no hambre.
  7. 7. Al llegar al cruce de caminos, Caperucita se top� con un cazador. - Buenos d�as - salud� Laia. - Buenos d�as - repuso el cazador. - � Qu� es ese chisme que llevas en la mano? - pregunt� la ni�a intrigada. - Es mi escopeta - contest� orgulloso el cazador - �Voy a derribar al lobo de un s�lo disparo! - Y � por qu� quieres hacer algo tan horrible? - pregunt� con asombro la ni�a. - Porque quiero ser un h�roe - contest� el hombre. - �Vaya! - exclam� Caperucita - �Y yo que pensaba que los h�roes ayudaban a los dem�s y se esforzaban en cuidar en vez de destruir! Y Laia prosigui� su camino pateando las piedras malhumorada.
  8. 8. De pronto, un ruido de pisadas sobre las hojas secas, atrajo su mirada hacia el bosque. La curiosidad era tan fuerte que Caperucita, a sabiendas de que desobedec�a a su mam�, no pudo evitar adentrarse en la espesura y salirse del camino seguro. - �Hoooooolaaaa! - grit� Caperucita. Pero no obtuvo respuesta. - �Hoooooolaaaa! - insisti� - Soy Caperucita, no te tengo miedo, no me tengas miedo. - Hola - dijo una t�mida voz tras la maleza. Caperucita se volvi� hacia ella. - �Eres t� el temible lobo del que todos hablan? - le pregunt�. - Supongo que s�.... - dijo dudoso. - �Vaya! �No pareces tan temible! Ven, ac�rcate. - le propuso Laia. - Ser� mejor que te marches - advirti� el Lobo - dicen que podr�a devorarte de un s�lo bocado. Y es cierto. �Tengo tanta hambre! - Bueno, eso podemos solucionarlo: llevo en la cesta un mont�n de pasteles. Ven, ac�rcate y te dar� uno. - No puedo. Tambi�n dicen que los humanos podr�ais derribarme de un s�lo disparo. - �Vaya! �Parece que la gente dice muchas cosas! Tambi�n es cierto, s�, pero yo no llevo escopeta, s�lo ricos pasteles. Aunque si no me crees, te dir� lo que
  9. 9. vamos a hacer: dejar� un pastelito aqu� en el suelo y yo me quedar� muy quieta y callada. Caperucita coloc� un pastelito en el suelo, se tendi� sobre la hierba y sonri� amablemente. - No te muevas - dijo el Lobo- voy a acercarme muy despacio. La ni�a se qued� inm�vil y el animal sali� temeroso de entre la maleza.
  10. 10. Pasito a pasito, el Lobo lleg� hasta el dulce y, como era de esperar, lo devor� de un s�lo bocado. - Conf�o en ti - le dijo a la ni�a. - Entonces, seamos amigos - propuso Laia. - �Amigos? Nunca he tenido un amigo... �Qu� significa ser amigos? - Significa que yo conf�o en ti y tu conf�as en m�, que yo te cuido a ti y t� me cuidas a m�, que yo te quiero a ti y tu me quieres a m�. - explic� Laia. El Lobo la miraba con sus grandes ojos. - Ven hasta mi regazo y te lo mostrar� -a�adi� Laia. El animal se acerc� a la ni�a y �sta lo estrech� entre sus brazos. - Ahora lo entiendo - sonri� el Lobo - Me gusta que seamos amigos. - Yo soy Laia, pero si lo prefieres, tambi�n puedes llamarme Caperucita.
  11. 11. Como el Lobo segu�a hambriento, Laia le invit� a merendar a casa de la abuelita Marilu. - Hagamos una carrera - propuso �l. Y sali� disparado bosque a trav�s. Al llegar, llam� a la puerta y una voz le invit� a entrar: - Pasa cari�o, estoy en el comedor. Tal fue el susto que se llev� la abuela al ver asomar aquellas orejas peludas, que de un salto se meti� en el armario, y all� permaneci� en absoluto silencio. El animal, al no encontrar a nadie, y puesto que estaba muy cansado de tanto correr, decidi� esperar a Caperucita acurruc�ndose en la mullida cama. Poco despu�s lleg� la ni�a, encontrando la puerta abierta. - �Abuelita! �Ya estoy aqu�! - grit� al entrar. En el dormitorio vi� al Lobo arropado en la cama y brome�: - Abuelita, abuelita, �qu� ojos tan grandes tienes! - Son para verte mejor, Caperucita. - respondi� el Lobo. - Abuelita, abuelita, �qu� orejas tan grandes tienes! - Son para o�rte mejor, Caperucita. - Abuelita, abuelita, �qu� dientes tan grandes tienes!
  12. 12. - �Son para comerte mejor! - grit� el cazador, irrumpiendo en la estancia y apuntando al Lobo con su escopeta.
  13. 13. Caperucita se apresur� a proteger al Lobo interponi�ndose entre �ste y el cazador. - �Aparta, ni�a! �Ya es m�o! - grit� el hombre sin dejar de apuntar hacia ella. - Esa horrible cabeza peluda lucir� pronto en mi sal�n. De pronto, se oy� un golpe seco y el cazador se desplom� sobre la alfombra. - �Abuelita! - grit� Laia - �Buen golpe! - �Nadie entra en mi casa empu�ando un arma! �Habrase visto? �C�mo se atreve a amenazar a mi nieta? - refunfu�� la abuelita, blandiendo una sart�n en la mano. - �Le va a caer una buena! Ahora mismo llamo a la polic�a. No creo que volvamos a verlo por aqu� en mucho tiempo. Laia abraz� a su abuela. - Bien, y ahora todo el mundo a lavarse las manos y las patas que es hora de merendar.
  14. 14. Yalrededor de la mesa, todos comieron a dos carrillos los deliciosos dulces de pap� �scar. Aquel dia, los vecinos y vecinas del pueblo aprendieron una gran lecci�n. Desde entonces, cuidar�an a los animales del bosque con amor y respeto, as� como lo hacen los aut�nticos h�roes ...
  15. 15. ... y vieron felices para siempre.
  16. 16. Tlf. 659 388 524 emecomunicamos@gmail.com www.emecomunicacionyservicios.com eMe

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