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Reflexión La Alegría de la Caridad 31 marzo 2019

El texto evangélico del Hijo Pródigo, puede hablar sobre mil cosas: desde los diferentes tipos de pecado, los estragos del pecado en el hombre, el egoísmo y el fariseísmo en el ser humano, o bien en él se cimienta el mejor de nuestros sermones sobre la conversión en la cuaresma; en realidad el Señor Jesús nos presenta en la Parábola del Hijo Pródigo, un tema en mucho más importante: la temática sobre la BONDAD DE DIOS.

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Reflexión La Alegría de la Caridad 31 marzo 2019

  1. 1. EL PADRE BONDADOSO. “En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para escucharlo. Por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: “Este recibe a los pecadores y come con ellos”. Jesús les dijo entonces ésta parábola: “un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: “Padre dame la parte de la herencia que me corresponde.” Y él les repartió los bienes. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su herencia viviendo de una manera disoluta. “Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar hambre. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las agarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: “Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros.” Y, levantándose, partió hacia su padre. “Estando él todavía lejos, le vió su padre y, conmovido, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: “Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.” Pero el padre dijo a sus siervos: ¡Pronto! Traigan el mejor vestido y vistansela, ponganle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traigan el novillo más gordo. Matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado.” Y comenzaron la fiesta. “Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: “Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo gordo, porque lo ha recobrado sano y salvo.” Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: “Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo gordo!” “Pero él le dijo: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y lo hemos encontrado.” 1.- Escribía san Irineo, Obispo de Lyon a los cristianos de finales del siglo segundo: “De la misma forma que los cuidados del médico se manifiestan en los enfermos, de la misma manera que los cuidados del maestro se manifiestan en los ignorantes, de la misma manera los cuidados de Dios se manifiestan en todos los hombres y, especialmente, en los pecadores”. 2.- Muy queridos radioescuchas: Al escuchar, leer y meditar el mensaje del Evangelio en este domingo, me fue inevitable dejar a un lado un grato recuerdo hacia un escritor ruso del siglo XIX: Fedor Mijailovich Dostoievsky. La primera obra que leí de Dostoievsky fue la de Pobres Gentes, y recuerdo que al leerla me pareció una narración impregnada del sabor amargo y crudo del existencialismo. Era tan impactante leerla, como lo podía ser el leer La Peste de Albert 1
  2. 2. Camus o La Nausea de Jean Paul Sartre. Mi juicio de adolescente sobre Dostoievsky fue el de ubicarle como una persona realmente patética,... al menos en sus escritos. 3.- Y, sin embargo, un día me encontré con otro texto que me hizo cambiar rotundamente mi apreciación sobre su persona. El texto con el que me encontré narraba su propio encuentro con un texto que a él le hizo cambiar diametralmente su apreciación de la vida. En el desenlace de su vida, después de la prisión, del destierro, los trabajos forzados en la Siberia, sus crisis epilépticas y demás penalidades, se dispuso a afrontar cristianamente el momento final... Su hija describe en una biografía la muerte de su padre: “...Al darse cuenta de que su vida llegaba a su fin, tomó mis manos entre las suyas y pidió a mi madre que leyera el texto escrito que más le gusta a mi padre: el capítulo 15 de san Lucas. El, próximo a la muerte, escuchaba la historia con los ojos cerrados. Luego dijo: “Hijos, no olviden hunca lo que han escuchado. Confien siempre en Dios y no duden nunca de su perdón. Yo les amo muchísimo, pero mi amor no es nada comparado con el infinito amor de Dios. Y si tienen la desgracia de obrar el mal en su vida, no desconfien de Él. Son hijos suyos. Él se regocijará de vuestro arrepentimiento como se regocijó de la vuelta del hijo pródigo”. Tras estas palabras, murió mi padre. Era el 9 de febrero de 1881”. “ Se trata del texto en escritura más bello...”, según las palabras de Dostoievsky. 4.- Muy querido amigo: Aunque muchos sacerdotes referimos el texto evangélico del día de hoy, para hablar sobre mil cosas: desde los diferentes tipos de pecado, los estragos del pecado en el hombre, el egoísmo y el fariseísmo en el ser humano, o bien en él se cimienta el mejor de nuestros sermones sobre la conversión en la cuaresma; en realidad el Señor Jesús nos presenta en la Parábola del Hijo Pródigo, un tema en mucho más importante: la temática sobre la BONDAD DE DIOS. En la así llamada parábola del Hijo pródigo, más que hablarse del hijo libertino, o del hermano egoísta hay que hablar del Padre misericordioso. ¿No sé si lo has leído adecuadamente? La parábola no habla sobre conversión. ¿Por qué regresa el hijo pródigo? Su regreso no está motivado por el arrepentimiento: vuelve porque tiene hambre. El regreso a la casa del Padre no es por el dolor de haber ofendido al Padre sino por algo tan mezquino como el tener hambre, no se trata de un corazón que se experimenta vacío sino un vientre que repentinamente se siente vacío... Y lo más sorprendente de todo, es sin lugar a dudas la reacción de aquel Padre. No importándole las motivaciones que tuviera el hijo para regresar, sale corriendo y le abraza y le besa, su única motivación es la alegría de 2
  3. 3. encontrar al hijo que estaba perdido y ver con vida a aquel a quien pensó muerto. El acento de la parábola recae sobre LA ALEGRIA POR EL HIJO PERDIDO QUE HA SIDO ENCONTRADO: recibe los abrazos, los besos, calzado, vestido, un anillo en su mano y se sacrifica un ternero, el marco es el festivo en el medio ambiente oriental. En la parábola, sin duda es importante el momento en que regresa el hijo, pero más importante es la apertura del Padre. Sobresaliente, será también el caminar del Hijo hacia la Casa del Padre, pero más importante es el movimiento del Padre que corre hacia el Hijo: cuando el Hijo camina, el Padre corre. 5.- Y, sin embargo, el Evangelio nos deja un mensaje profundamente importante: el absoluto respeto que tiene Dios por la libertad del hombre, esto aún a costa del dolor que provoca la muerte de alguien a quien amamos. Para Dios, siempre le hará falta que el hijo manifieste un cambio, que el hombre sea el que dé el primer paso, para que Dios entonces nos colme de sus afectos. Y, sabemos, que es aquí en donde aparece la conflictividad ya conocida: aunque el Padre no prefiere a uno sobre el otro, sino a los dos, la universalidad se revela conflictiva por la actitud del hermano mayor. Es lamentable hablar de alguien con quien te pueden unir lazos tan fuertes y tan sagrados, como los pueden ser los de la sangre, o lazos equiparables o superiores a ellos, y llegue el momento en que le señalices como si fuera un extraño: “Ese hijo tuyo”. Es lamentable que ya no se hable de mi hermano, y mejor se diga: “Tu hijo”. 6.- Y, entonces el tema de la parábola toca otro derrotero que es importante para la vida del hombre, y sobre todo en nuestra comprensión cristiana: el tema de las lejanías y las cercanías. El Evangelio nos presenta a un hijo menor que se ha alejado de su casa y a un hijo mayor alejado aunque vive en la misma casa. Y es que, no bastan las distancias físicas, existen otro tipo de distancias mucho más lamentables en la vida. Tenemos al hijo mayor que está “lejano”, aunque jamás haya salido la casa, ni faltado a las obligaciones diarias. Su fidelidad es puramente formal; es obediente pero sin convicciones, por lo cual se encuentra privado de la alegría y del amor que palpita en el corazón de aquel Padre. Está tan “cercano” al Padre y al mismo tiempo tan “lejano” de Él: su corazón se manifiesta mezquino, rencoroso, incapaz de aceptar al hermano que se ha equivocado y a un Padre “tan débil de carácter”, todo un cuadro contrapuesto para aquel Padre que ama incondicionalmente. 3
  4. 4. Y es que ésta es nuestra historia: Los que nos apreciamos “cercanos” tenemos el riesgo de convertirnos en los lejanos más irrecuperables: los que somos irreprensibles en nuestra conducta, que frecuentamos la casa del Padre, pero que nos estacionamos en ella sumergidos en la mar insipiente de la costumbre; ya que rechazamos con desdén abandonar los rígidos esquemas de un código de comportamiento formal, y nos negamos a entrar en la lógica descabellada de la misericordia, ¡la lógica de Dios! Ante Dios, el verdadero alejamiento es el de aquellos que permanecemos sin dar el paso decisivo: superar el umbral de la observancia exterior y penetrar en el centro de la casa: allí en donde late el corazón de un Padre, y en dónde se da la experiencia sublime de gustar el perdón. 8.- ¿Qué es lo que le ha escandalizado más al hermano mayor? ¿Las malas compañías del hermano? ¿O la nueva “mala” compañía del Padre?... ¿La debilidad del hermano? ¿O la debilidad del Padre? En realidad, resulta mucho más escándaloso su egoísmo, su soberbia, el orgullo, el ser jactancioso, la mezquindad, la pedantería, su falsedad, el fariseísmo y la hipocresía,... el creerse a sí mismo, que él lo merece todo y, por ello despreciar al hermano por su fragilidad y enjuiciar “esa fragilidad” que brota del amor del Padre. El hijo mayor, dice el padre Louis Evely, no ha cometido faltas graves, pero tiene el más grande pecado que puede haber en el corazón humano: “el vivir sin amor”. Se trata de un calculador, un burócrata de la virtud. Su perfección es diplomática, sin alma, sin creatividad. Y es aquí en donde sobreviene nuestra peor distancia para con Dios: no la distancia geográfica, ni tan siquiera la de esa fragilidad a la que somos propensos todos, sino aquella distancia que marca el egoísmo para con el Padre que ama y para con el hermano que necesita de nuestro amor. El peor pecado que puede el hombre cometer, no es otro que el pecado de la ausencia de amor. 9.- Hoy, el Señor Jesús nos muestra el verdadero rostro de Dios y esa “incurable enfermedad” que padece frente al pecador arrepentido. Y es quizá esta la mejor oportunidad que tenemos de comprender el mensaje cuaresmal de este texto: la invitación a la conversión. La conversión es necesaria, ya que tú y yo nunca estamos donde Él está. Nos falta mucho. El Señor piensa, mira y ama de forma distinta a la nuestra. Necesitamos cambiar de corazón, cambiar de pensamientos y cambiar de sentimientos. 4
  5. 5. EL HERMANO MEZQUINO. “En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para escucharlo. Por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: “Este recibe a los pecadores y come con ellos”. Jesús les dijo entonces ésta parábola: “un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: “Padre dame la parte de la herencia que me corresponde.” 1.- Muy queridos amigos: Extraña actitud entraña el corazón de tantos hombres, los cuales nos sentimos superiores a los demás, pero todavía es más extraña y nociva la actitud de aquellos hombres religiosos que nos juzgamos buenos, a costa del desprecio de nuestros hermanos. Los hombres, tal parece que no hemos comprendido la realidad sobre la salvación que nos trajo Jesucristo, la cual por ser divina, tiene alcances universales. Los seres humanos no hemos comprendido que Dios ama a todos los hombres y, que espera algún día tenernos reunidos como su familia, en torno a la mesa del banquete eterno. 2.- Sin embargo, estos hombres de todos los tiempos y de todas las religiones, entre los cuales estamos tú y yo, hemos estado luchando contra esa gran tentación que amenaza al hombre religioso: la reducción del particularismo. Los hombres nos hemos encargado pretensiosamente de decidir por Dios sobre los que son salvos, y con ello somos aquellos que segregamos y proscribimos al hermano. Somos los hombres, los que hemos fraccionado esta tierra que Dios nos dio. Nos hemos dado a la tarea de crear esas líneas imaginarias que marcan las fronteras en la geografía de este mundo. Todo esto es comprensible, y hasta cierto punto aceptable. Nuestra verdadera complicación radica, en un hecho: no hemos alcanzado a comprender que en la geografía de Dios no existen los confines y que para Él no hay lugares limítrofes. En la geografía del divino Creador no se han diseñado distancias y, por tanto, para Él no existen los distantes. Sin embargo, nosotros mismos nos hemos encargado de separar a la humanidad por colores, por raza, por cultura, por economías y por ideologías. Los hombres hemos fabricado los ghettos, las alambradas y los muros. Casi todos los hombres, despreciamos a los que son distintos, y le hemos querido llamar pureza a nuestro racismo y al desprecio por el hermano le hemos llamado patriotismo. 3.- Este domingo, a la luz del Evangelio y de nuestra vida cotidiana, tenemos que reconocer, con verdadera vergüenza, que la frontera más dolorosa y la más intransitable que existe suele ser la frontera religiosa; al 5
  6. 6. mismo tiempo, hace algunos años salió en la prensa la intención que tuvo Al Qaheda de asesinar a Juan Pablo II, hemos vuelto a constatar como las guerras más despiadadas han sido, son y serán las que emprendemos los hombres en el “supuesto” nombre de Dios. El que los hombres nos sintamos distintos no entraña pecado alguno, pero sí el sentirnos superiores a los demás, y más aún, trasladar nuestro afán de superioridad al plano moral y religioso despreciando, desacreditando, condenando, y muchas veces, atacando a los que no piensan como yo, o que no pertenecen a mi exclusivo círculo. A esto, se le llama fundamentalismo. 4.- El hombre fundamentalista, llega a mirar a los enemigos propios como si fueran enemigos de Dios; es por ello que el Señor Jesús, en su sabiduría y amor, nos ha pedido amar a los enemigos y rezar por ellos. El Señor Jesucristo, bien sabe que en el momento en que rezo por alguien, ése alguien, por quien elevo una plegaria, ha dejado de ser mi enemigo. Los cristianos tenemos que ser coherentes con la fe que profesamos. Nosotros debemos luchar contra la hipocresía de nuestros fariseísmos. Se trata de la falsedad, porque en nuestra visión de la vida nosotros siempre somos los héroes y los otros son los villanos, nosotros somos los buenos y los otros son los malos. Muchos predicadores parecemos esos niños que juegan a policías y ladrones, en donde nosotros seremos siempre los guardianes del orden y los demás son los que delinquen. En el guión de la trama que nosotros mismos hemos redactado, nosotros seremos siempre los santos y los otros serán los pecadores empedernidos. Nosotros somos Abel y los otros son los Caínes. 5.- Pero, ¿Quién es realmente bueno y quién es auténticamente malo en la vida? Nos dice el Evangelio del día de hoy: Un padre tiene dos hijos y el menor le pide la parte de su herencia, y va y malgasta sus bienes de forma disoluta. El otro permanece en casa, al parecer en la fidelidad. Termina aquella parábola y ¿Quién fue el bueno y quién fue el malo? El Evangelio nos muestra el rostro de un Dios que no se deja engañar y que no se suele precipitar en los juicios, ni mucho menos en sus decisiones. El Padre del Evangelio tiene sólo una preocupación: que la bondad y maldad de un hijo se juzgue sólo con criterios humanos. 6
  7. 7. El Evangelio de hoy nos dice que el Padre sabe esperar mirando siempre a la puerta, y que no tiene prisa, puesto que Él conoce bien los procesos y, sabe bien que la diferencia inequívoca se tendrá solamente al final. La prisa de Dios sólo se manifestará cuando nos muestra su debilidad: el amor con el que sale corriendo al encuentro del Hijo que se alejó de la Casa paterna. La operación de Dios se llama paciencia. Esta es la principal estrategia del Divino Redentor: paciencia. 6.- ¿Quién es bueno y quién es malo en los campos de Dios? Al inicio de la historia o en el transcurso de la misma, el hombre puede equivocarse. Dios prefiere esperar a que termine nuestra película de la vida, a que se desarrolle también la escena final y, aparezcan ya los créditos en la pantalla de la existencia, para que entonces no haya algún margen de error. 7.- Esta parábola de la Misericordia, tiene tanto eco a lo largo y ancho del Evangelio. ¿Te acuerdas? Un Padre tenía dos hijos y le manda a uno trabajar y dice que sí va pero no fue, el otro le dice que no al principio, pero se arrepiente y sí lo hace. ¿Quién resultó ser el bueno y quién el malo al final? ¡Haz un poco de memoria!: En la parábola llamada del Buen Samaritano, en donde al ver a un hombre herido que está tirado en el camino, ni el sacerdote ni el levita se detienen a ayudarle, y el único que se detiene a hacer una obra de misericordia es un “mal llamado” apestoso Samaritano. Sí, fue un Samaritano, a quién los judíos del tiempo de Jesús, le llamaban “perro”, por ser considerado un mestizo, el cual se comportó como prójimo del hombre mal herido en el camino. ¿Quién es bueno y quién es malo al final de la historia? ¡Oye! Por favor: ¿Puedes hacer otro esfuerzo? En el templo, frente al altar de Dios hay un virtuoso y presuntuoso fariseo y, a la distancia, un publicano que ante Dios ni siquiera levanta la cabeza y solamente alcanza a reconocerse como un "pecador", y a pedirle incesantemente perdón. Dice el Señor que el publicano bajó justificado y el fariseo no. Así dice Jesucristo en el Evangelio: “Bajó justificado”, es decir que ante Dios el recaudador de impuestos es visto como un justo. ¿Quién es realmente bueno y quién es malo? 8.- La historia parece no terminar, sí es que no perdemos la memoria: Una mujer es sorprendida en flagrante adulterio y sus acusadores tienen ya las piedras en sus manos para lapidarla. Jesús escruta, interroga, va directo a lo esencial y luego le deja al hombre decidir y actuar: “el que esté 7
  8. 8. libre de pecado que tire la primera piedra”. ¿Quién resultó ser el malo en la historia? ¿Quién es el bueno? Y la verdad que Dios nos enseña, continúa interminablemente. Las historias son insistentes y, con ello, se vuelven contundentes: Concluyamos, de una buena vez, sin que con ello silenciemos la elocuencia de Dios: Jesús va a comer a la casa de Simón el fariseo y, una mujer de mala vida se cuela en la reunión y se sienta a sus pies, está llorando y con su llanto lava los pies del Maestro. El virtuoso fariseo que le ha invitado a comer ciertamente no se imaginaba tan inesperada e incómoda visita en su casa y emite su juicio de la descalificación ajena y de la autocalificación hipócrita: “¡Si este hombre fuera profeta, sabría qué clase de mujer es la que le está lavando los pies!...”. ¿Te acuerdas del Evangelio? ¿Quién fue el bueno al final de aquella comida y quién terminó siendo el malo? 9.- ¿Quién es, pues, el trigo y quién es la cizaña en el campo de Dios? ¿Quién es el Hijo bueno y quién es el Hijo malo? ¡Dios no tiene prisa! Él sabe, que solamente al final de la historia las buenas obras, se ubicarán muy por encima de nuestras solas apariencias y ciegas confesiones de fe. El Señor sabe que no basta con una buena reputación ni tan sólo con palabrerías. Cristo sabe que no basta con que el hombre le llame “Señor, Señor” para que entre al Reino de los cielos, sino que hace falta ponerse a trabajar y no despreciar al hermano. 10.- Aquellos que citan tantas ocasiones, al tocar las puertas de las casas, el texto de Romanos 10, 9-10 diciéndote que “basta que tú confieses con tu boca y que creas con tu corazón que Jesús es el Señor y tú serás salvo”, tienen que hacer un gran esfuerzo de memoria para recordar lo que dice, no el Apóstol Santiago en el capítulo 2, versículo 14 al 19 de su Carta sino, el mismo Jesucristo en el Evangelio de san Mateo capítulo 7, versículos 21 al 28: “No todo el que me diga: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos”. Pero, dejemos a un lado lo polémico y dirijámonos hacia la afirmación de Dios. El Evangelio del día de hoy, nos invita a reconocer que todos ante Dios podemos tener un cambio. Que ante Dios, sea cual fuere nuestra forma de vida, seguimos siendo personas y que todos merecemos respeto y una nueva oportunidad. Dios tiene siempre un nuevo boceto para la historia del hombre. 11.- Cuando aquellos que te rodean piensen que tu vida se te ha ido de las manos, Dios tendrá preparado siempre un nuevo proyecto. 8
  9. 9. Cuando juzgamos, o somos engreídos o somos injustos. Dios tiene criterios dispares a los de los hombres. Solamente Dios conoce el desenlace de la trama de la vida. Hoy, aparece un Dios paciente, un Dios que ve el corazón, un Dios que sabe dar nuevas oportunidades al hombre. Debemos acercarnos a Dios con humildad, apertura, sencillez y confianza... Jesús se aleja cuando no los hay. El hombre humilde es el hombre de la verdad, el hombre recto, el hombre coherente. El hombre soberbio es el que inventa, el que exagera, el que se olvida de Dios y del hermano y solamente piensa en sí mismo, y en sus exclusivismos salvíficos, ¡despojándole a Dios de su papel! EL HERMANO FRAGIL. Jesús les dijo entonces ésta parábola: “un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: “Padre dame la parte de la herencia que me corresponde.” Y él les repartió los bienes. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su herencia viviendo de una manera disoluta. 1.- Amigos muy queridos: Todos somos hijos de Dios y, siendo hijos, somos también herederos. La herencia es una promesa de bienes incalculables y de felicidad sin límites, pero podemos un día marcharnos lejos de la casa paterna y malbaratar los bienes viviendo de modo indigno a nuestra condición de hijos amados de Dios. Esta es la vida del cristiano, mientras peregrina sobre la tierra, puede disponer de su vida; puede luchar por ser santo o puede convertirse en pecador alejándose de la casa de Dios. Y esta es nuestra historia,... el hombre al examinar su corazón, comprueba esa tendencia hacia el mal y experimenta la división de su interior. 2.- Afirmará John Steinbeck: "Todos los pecados de los hombres son intentos de querer llegar al amor por una vereda". Tú sabes que todo acto de egoísmo nos encierra, y que todo mirar hacia arriba nos eleva y nos comunica con los deseos profundos de nuestro ser. El pecado es dejarse arrastrar por cualquier cosa que acabe en mí y sea sólo para mí. Pecado no suele ser en su primera expresión maldad, en ocasiones es desatención, descuido,.. la maldad vendrá después como una consecuencia de no poder resistir a las exigencias continuas de una manera de vivir en la que sólo importo yo y lo que me gusta. Luego, ya no me preocupa lo que pueda ocurrir a los demás y no me importa hacer el mal a los demás, por conseguir mis caprichos. 9
  10. 10. El pecado es un error que pagamos, pero también pagamos una vida que no tiene fuerza para ofrecerse y sacrificarse en aras de la construcción común de esta creación. El pecado del hombre comienza en la ignorancia, en el comodismo de no querer saber ni aceptar todo tipo de exigencia en nuestra vida. Y el pecado suele convertirse en la tragedia del cristiano. En pocos momentos llega a negar a Dios y se niega a sí mismo. Y contempla cómo en un momento la vida se va sumergiendo por una alcantarilla, su vida honrada, su vocación, las esperanzas que Dios, sus seres queridos y él mismo habían puesto en su propia persona. Repentinamente su pasado, su futuro y su presente se viene estrepitosamente hacia abajo. Y aquel que un día, al salir de la casa de su Padre, se las prometió muy felices fuera de los límites de la finca, pronto comienza a sentir necesidad. Y es que fuera de Dios el hombre es un ser solitario y hambriento. La satisfacción le dura poco y se acaba pronto, y el pecado jamás produce felicidad. Viene luego la soledad y le pérdida de la dignidad. Fuera de Dios es imposible la felicidad verdadera y duradera. 3.- Y es entonces que las pasiones se manifiestan y no dejan al hombre ni pensar ni decidir adecuadamente. Los instintos establecen su reino y no dejan a la voluntad actuar. Y así podríamos hablar el día de hoy en el sólo placer que se manifiesta con muchas y muy variadas máscaras: la droga, el alcohol, la erotismo, la sexualidad. El hombre entonces quiere ser autónomo y no le permite a Dios ingresar a ciertos campos de su existencia, quiere vivir sus propias leyes. Se le olvida al hombre que: "Dios siempre perdona, el hombre a veces perdona, pero la naturaleza nunca perdona". Y un día, esperamos que comprenda, y deseamos que no sea demasiado tarde, que no hay nada como llevar una vida ordenada. El placer llega a esclavizar y le empuja al hombre a pensar que solamente lo que le atrae es real. Para el que vive envuelto en los placeres, ni la familia es real, ni siquiera Dios es real. 4.- Tracey W. Lee-Coen en el año 2004 publicó un texto autobiográfico titulado: The Letter, que ella misma elaboró en Junio de 1997 y que hoy te comparto: “ Me senté frente a la computadora con temor de hacer mi primera tarea y sabiendo también que era un paso crítico en mi recuperación. "Mi recuperación”, este era un nuevo concepto para mi, que apenas 10
  11. 11. tenía una semana en el tratamiento por drogadicción y alcoholismo. Mi tarea era escribir una carta sobre mi adicción a alguien importante en mi vida y comprometerme a emprender el proceso de recuperación. Supe de inmediato que debía escribir esa carta a mis padres. Durante años vi su confusión ante el caos de mi vida. De alguna manera había sido capaz de ocultarles que me drogaba, así que ellos sólo vieron las consecuencias. Pero el gato se había salido del costal. No tenían respuestas para comprender por qué, de sus siete hijos, sólo yo le había dado la bienvenida al alcohol y a las drogas. Los demás tenían una vida normal, feliz y exitosa -una vida que yo envidiaba, pero que no podía imitar- En las reuniones familiares me sentía como una extraña, viviendo una mentira temiendo el día en que alguien descubriera mi terrible secreto. Yo era la última en llegar y la primera en irse, deseosa de estar sola con mi pipa de marihuana. Con la tarea que me dejaron me encontré de frente con mi peor miedo. Finalmente mis padres sabrían la terrible verdad acerca de su despreciable hija. Antes de comenzar, recé. Durante años creí que Dios no podría hacer nada conmigo. Entonces, en medio del peor su- frimiento, le pedí su fortaleza y su amor. Y escribí la carta. Por supuesto, después de escribirla tuve que entregársela. No sabía que el día que elegí compartir con ellos mi carta, mi madre había rezado (de nuevo) por mí. Me entregó a Dios, le dijo que yo estaba en sus manos. Sus preocupaciones por mí y por mi hijo la estaban matando. Ya no podía preocuparse por mí ni un día más. Conduje hasta su adorable casa. Entré por la puerta principal y encontré a mis padres en la acogedora sala con mi hermana Deidre. Les pedí que se sentaran. Saqué mi carta y se las leí: Junio de 1997 Estimados mamá y papá: Hola, soy su joven hija perdida. Ya saben, la que tiene "tanto potencial". Dios mío, los he extrañado durante estos últimos 15 años, a ustedes y a Wendy, a Deidre, a Shari, a Dean, a Randy y a Daren. Supongo que la mejor manera de decirles esto es que estén sentados mientras les voy leyendo el contenido de esta primera tarea y luego ver cómo se rompe su corazón mientras el mío se desintegra con más culpa y vergüenza. Ustedes hicieron todo bien. Tienen seis maravillosos hijos para probarlo y, sin embargo, yo soy una perdedora. A menudo deseaba 11
  12. 12. que descubrieran que no soy hija suya después de todo. Eso por lo menos explicaría que no valgo nada. Son las 3:21 de la mañana y estoy limpia, sobria -desde hace ocho días-. Y he decidido terminar esta carta como parte de mi primera tarea y como parte de una serie de pasos hacia mi recuperación. Siento miedo de hablarles de mí, pero sé que eso les responderá mu- chas preguntas. Siempre me dicen cuánto me extrañan. No me imagino, con exactitud, qué es lo que extrañan. De sus siete hijos, yo los decepcioné más que ninguno. "Tienes tanto potencial.. ." Mamá, me dijiste eso más veces de las que puedo recordar. Espero que tengas razón. Estoy muy cansada de estar tan alejada de ustedes. Los extraño mucho, mucho, mucho. Siento como si mi felicidad hubiera desaparecido en 1977, cuando papá me abrazó fuerte en mi pequeño dormitorio de la Universidad Estatal de Montana. Nunca olvidaré la mirada de amor y pesar que vi en tus ojos, papá, el día que me dejaste ahí. Y nunca olvidaré mi propia pena, cómo lloré al verte partir. Siento mucho el dolor que les he causado con mis decisiones. Siento la agonía que mis revelaciones les causarán ahora. Ustedes siempre han estado conmigo, cuando lo pedí y cuando ni siquiera podía hacerlo. Ustedes me han amado incondicionalmente y eso es lo que hará que los lastime tanto ahora. Mi único ruego es que con este dolor, finalmente comience la verdadera curación. Quiero volver a complacerlos. Quiero ser parte de mi familia de nuevo. Ya no quiero ser una drogadicta -nunca más-. Pero tengo mucho miedo de fracasar. Ustedes saben que nunca lo intenté mucho que digamos, porque de ese modo no podría fracasar, pero éste es mi mayor reto. Y si fracaso, la única respuesta para mí es la muerte. Así que debo tener éxito. Siempre seré una adicta en recuperación y me pregunto si podrán vivir con eso. ¿Es demasiado para ustedes? Necesito que lo sepan. Necesito que sigan amándome, pero tengo mucho miedo. Supongo que tengo miedo de perderlos. Pero ya los perdí hace mucho con mi adicción. Así que quizá no tengo nada que perder al compartir esto con, ustedes. Lo haré, mamá y papá, por mi hijo. Sí, lo ha criado una drogadicta -hasta ahora-. Y lo haré por ustedes y por mí, con la esperanza de que aún lo merezco. Los amo más que a la vida, mucho más. Incluso los amo más que a la muerte. Y eso es mucho decir, porque he deseado la muerte durante 12
  13. 13. mucho tiempo. Sí. Los amo más que a la muerte y deseo "mi recuperación" más que la muerte. Esa afirmación es profunda y sorprendentemente poderosa. Significa que tengo una oportunidad. Si sé que ustedes van a estar ahí, mi recuperación será tan sólo cuestión de tiempo y trabajo, de Dios y mía. Recen por mí. Por todo mi potencial. Voy a necesitarlo. Los mantendré informados al respecto. Con todo mi amor, Tracey Mis padres se acercaron más y más a mí conforme avanzaba en la lectura. Deidre se levantó y me tocó. Al final, todos nos abrazábamos, llorando y sufriendo. Pero con las lágrimas probamos la esperanza y supe que sin duda tendría todo el amor y el apoyo que podía soñar de mis padres y de mis hermanas y hermanos. Había tenido mucho miedo de su juicio y su rechazo. Imaginen mi sorpresa cuando el sábado siguiente toda mi familia -mis padres, hermanas y hermanos sus parejas, sus hijos y mi hijo- se presentó en mi centro de tratamiento en una demostración masiva de apoyo y amor. Eso fue hace casi siete años. El amor y el aliento nunca han flaqueado. Hoy estoy totalmente sumergida en mi familia, soy parte de ella. Tengo un fabuloso trabajo en servicios sociales y de salud; soy presidenta de Defensores del Tratamiento para la Recuperación, organización que valora la importancia del tratamiento para la drogadicción y el alcoholismo. Soy activa en mi iglesia y en mi comunidad. Mi relación con mi hijo de 14 años es increíble. Un estudiante de dieces, sabio, centrado y compasivo. Estoy con él para guiarlo, para amarlo y para ser una luz en su vida. Así que, una vez más, mi mamá tuvo razón... Tengo potencial. Y cada día de mi recuperación lo vivo”. 4.- Dime, ¿no es esta precisamente la historia del Evangelio? Y menciona el Evangelio: Pero aquel hombre, volviéndose... Así se anuncia toda conversión, todo arrepentimiento: volviendo en sí, haciendo un examen de conciencia que abarca desde que salió de la casa paterna hasta la lamentable situación en la que ahora se encuentra. Si el pecado se justifica o se ignora, el arrepentimiento es imposible y con ello la conversión. Para hacer examen de su propia vida es necesario 13
  14. 14. ponerse frente a las propias acciones con valentía y sinceridad, sin intentar falsas justificaciones, llamando a cada cosa por su nombre. Sólo entonces viene la esperanza de recuperar lo que se había perdido, de vivir y ser como antes, y de salir de la situación en la que ahora nos encontramos. Y después de la reflexión tiene que venir la acción. Ahora ya sólo falta emprender el viaje de regreso. La conversión pide ruptura con el pasado y retorno a Dios. Y el Padre sale al encuentro de su hijo. Se siente conmovido y,... le extraña. Corre a su encuentro y le prodiga todas las muestras del amor paterno. 6.- Esta actitud misericordiosa de Dios debe ser siempre para el hombre el más poderoso motivo para el arrepentimiento, aunque hayamos caído muy bajo. Antes de que nosotros alcemos la mano pidiendo ayuda, ya ha tenido Él la suya tendiente para ayudarnos a levantar y para que sigamos adelante. Cuando el hombre camina, Dios sale corriendo, por muy grande que sea la miseria del hombre la misericordia de Dios siempre será mayor. La túnica más rica le constituye en un huésped de honor, el anillo le devuelve la dignidad perdida, las sandalias le declaran hombre libre. Todos los pecadores retratados en el Nuevo Testamento (al igual que nosotros pecadores), estaban buscando el amor, pero se equivocaron de lugar. Entonces Jesús entró en sus vidas. Él les enseñó, amándolos, en qué consiste verdaderamente el amor. 7.- Muy querido amigo: En realidad, la parábola del Hijo Pródigo nos presenta los dos pecados que suelen existir en los distintos hombres que formamos la familia de Dios: la soberbia y la fragilidad. Por un lado el frágil, el débil, la flaqueza, el que fácilmente se deslumbra ante las vanalidades de la vida, el que no mira más que las cosas y ya no es capaz de discernir, precisamente porque al estar deslumbrado no puede mirar bien hasta que la pupila regrese a su posición original, hasta que las aguas regresen a su cauce, hasta que las cosas regresen a la normalidad. Por otro lado está el soberbio, el orgulloso, el jactancioso, el pedante, el fariseo, el hipócrita, el que cree que lo merece todo. Se trata del hombre que se presenta ante Dios como autosuficiente, que cree no necesitar a Dios ni a su hermano. El hombre que confía en sus propias fuerzas. Definitivamente el orgulloso se sentirá en la familia de Dios como si fuera “el hijo mayor”, el que debiera escuchar de Dios que está agradecido con él 14
  15. 15. por lo que hace; mientras que el frágil se experimenta siempre como el “hijo menor” en la familia de Dios, el que no merece nada, el que al experimentar sus flaquezas, debiera estar en esa casa como si fuera uno de los servidores. Pero resulta que Dios lo recibe como Hijo y Dios le va a prodigar toda clase de bienes, feliz porque el hijo regresa a la casa, porque está vivo, porque le ha encontrado. 8.- La fidelidad no es solamente el permanecer, sino el aceptar cotidianamente las novedades y la lógica paradógica y las desconcertantes iniciativas del Padre. No es suficiente no abandonar la casa. Es necesario, estar realmente allí, con un corazón dilatado por la bondad, por el perdón, y no entumecido por la mezquindad y por el mal humor. Tanto el hijo menor como el mayor prefieren las cosas a las personas. Ambos miran al Padre con interés, como si fuera una institución financiera: para uno ha sido un crédito, para el otro se convierte en debito, pero ambos olvidan el amor mutuo que el Padre les recuerda. Los hijos de la familia de Dios tenemos uno de los dos pecados de la parábola. Algunos la fragilidad y otros la soberbia. Pero, resulta increíble que nuestra vida coincide con la verdad que el Evangelio proclama: es más fácil que alguien se convierta un día del pecado de fragilidad que del pecado de soberbia. Ambos hijos están llamados a la conversión. DIOS ES PADRE: ESENCIA DEL EVANGELIO. “En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para escucharlo. Por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: “Este recibe a los pecadores y come con ellos”. Jesús les dijo entonces ésta parábola: “un hombre tenía dos hijos…” ¡Dios es Padre! Es el mensaje central del Evangelio, y es un mensaje en los labios y la vida de Jesús que podríamos decir fue el causante de la existencia del Viernes Santo, pero también fue la gran verdad que nos introdujo al Domingo de Pascua. Dios es un Padre bondadoso y así puede escribir con gran confianza Rainero María Rilke: “Cae la vida, caen las hojas, todos caemos. Pero alguien recoge estas caídas con sus enormes manos”. Efectivamente, Jesucristo levantaba los ojos al cielo y clamaba: “Abbá”, y entonces continuaba renovado con su misión. Jesús decía “Abbá” y expresaba por completo el secreto íntimo de su ser. Pero Jesús el Galileo les ordenó a sus seguidores que también ellos llamaran a Dios con ese mismo nombre y que en base a esta convicción también realizaran su oración cotidiana (Mt 6,9). 15
  16. 16. Dicha orden significa, evidentemente, que también ellos han sido elevados a la misma condición de hijos, requisito indispensable para que tal invocación y oración tenga sentido, para que sea posible y lícita: “Han recibido un Espíritu que les hace hijos adoptivos y les permite clamar Abbá” (Rm 8,15; Gal 4,6). Ya la misma palabra “Abbá” no sólo define exhaustivamente al Dios cristiano, no sólo nos revela la verdadera relación existente entre el Padre y el Hijo, sino que también, al ser repetida por los discípulos, proclama la filiación divina de éstos, expresando así su completa asimilación con el Hijo y con el misterio de su infancia eterna. Las manos de este Dios que es Padre son nuestra salvación. Estas manos no están hechas para condenar, sino para salvar. Las manos de Padre no están hechas para lastimar sino para acariciar. Si alguien se condena es solamente en la medida en que huye de esas manos. Y es que las manos de Dios también son resurrección. Estas manos no son de un Dios de muertos, sino de un Dios de vivos. Dios no sabe dar muerte, sino solamente vida. Como Cristo lo ha hecho. Porque las manos de Dios son, literalmente, las manos del Padre, y de un Padre Bondadoso, por ello el sacerdote descansa su alma cuando dice que: “pone todas las necesidades de su comunidad en las manos de Dios que son manos de Padre”. Pero estamos escribiendo Padre con mayúscula. Porque Dios no es “un poco padre”, Dios no es alguien que es “como un padre”. Dios es “Padre con mayúscula”, Dios se dedica a “ser Padre”, Dios es “sólo Padre”, “Dios es sobre todo Padre”, Dios es “ante todo Padre”, “Dios es centralmente Padre”. Esta fue la gran revelación que Jesús nos hizo y la causa de su condenación. Realmente Jesús para eso vino al mundo para decirnos que: “Dios es Abbá”. Quiten esa verdad de nuestra vida y el Evangelio se irá desmoronando poco a poco, y así nada nos quedará del Evangelio. Incluyan esta verdad en nuestra predicación: “Dios es Abbá” y entonces todo el mensaje evangélico adquiere su sentido. “Abbá” constituye una palabra clave y manifiesta una relación única: en ella se contiene, a la vez que el resumen de toda la teología cristiana, el fermento de toda la espiritualidad cristiana. Es por eso que el Viernes Santo Jesús muere tranquilo: Él sabe bien en dónde está poniendo su cabeza: en las manos de su Padre. Jesús ya ha 16
  17. 17. acabado su combate, y es ya el tiempo de descansar, es la hora de entregarle todo al Padre. 17

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