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Constitucionesdirectorio

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  1. 1. REGLA Y VIDACONSTITUCIONES DIRECTORIOHERMANAS FRANCISCANASHIJAS DE LA MISERICORDIA
  2. 2. © Hermanas Franciscanas Hijas de la MisericordiaDepósito Legal:PM 1464-1996Impreso por:Taller Gràfic RamonC/ Jaume Balmes, 4307004 Palma- MallorcaTe. 75.44.32 – Fax 20.70.13 2
  3. 3. INDICE ESQUEMÁTICO GENERAL DE LA REGLA T.O.R. Y DE LAS CONSTITUCIONES 3
  4. 4. ÍNDICE ESQUEMÁTICO GENERAL DE LA REGLA T.O.R. PágBreve pontificio de Juan Pablo II 9Franciscanum vitae propositumPalabras de san Francisco a sus seguidores 101. Comienza la Regla y Vida de los hermanos y de las hermanas de la Tercera Orden Regular de san Francisco1 112. La aceptación de esta vida. 123. El espíritu de oración. 134. La vida en castidad por el reino de los cielos. 155. Modo de servir y trabajar. 166. La vida en pobreza. 177. La vida fraterna. 188. La obediencia caritativa. 199. La vida apostólica. 20Exhortación y bendición. 21SIGLAS Y ABREVIATURAS 62ÍNDICE ANÁLITICO 64 4
  5. 5. ÍNDICE ESQUEMÁTICO GENERAL DE LAS CONSTITUCIONES PágDECRETO DE APROBACIÓNde la Sagrada Congregación 23CARTA DE PRESENTACIÓNde la Superiora General 25 CAPÍTULO ICONVOCADAS A VIVIR EL DON DE LAMISERICORIDIA: NUESTRA IDENTIDAD 26 CAPÍTULO IICOMPARTIMOS UNA MISMA FE:VIDA DE ORACIÓN Y PENITENCIA Vida de oración 29 Vida de Penitencia 30 CAPÍTULO IIIEN COMUNIDAD DE HERMANAS: VIDA FRATERNA El espíritu animador de la vida fraterna 32 La práctica de la vida fraterna 32 CAPÍTULO IVCONSAGRADAS A DIOS AL SERVICO DEL REINO:LOS CONSEJOS EVANGÉLICOS Obediencia 35 Pobreza 36 Castidad 37 CAPÍTULO VCOMPROMETIDAS EN LA EVANGELIZACIÓN DESDELA PRÁCTICA DE LA MISERICORDIA: MISIÓN 5
  6. 6. Principios generales 39 Algunas formas de evangelización 40 El testimonio de vida 40 El cuidado de los enfermos 40 La enseñanza 40 El servicio a los pobres y marginados 41 El trabajo por la justicia, la paz y salvaguarda de la creación 41 El servicio parroquial 42 La evangelización misionera 42 CAPÍTULO VIVIVIMOS EN CONTINUO PROCESO DE FORMACIÓNY ACOGEMOS A NUEVAS HERMANAS: FORMACIÓN Principios generales 43 Pastoral vocacional 44 Prenoviciado 44 Noviciado 45 Profesión religiosa 46 Juniorado 47 Profesión Perpetua 48 Formación permanente 48 CAPÍTULO VIINOS ORGANIZAMOS EN COMUNIDADCONGREGACIONAL: GOBIERNO Y ADMINISTRACIÓNGOBIERNO 50 Constitución de la fraternidad 50 El servicio de la autoridad 50 El Capítulo General 51 Autoridad, competencias y vocales del mismo 51 Elección de la Superiora General y su Consejo 52 El gobierno general y su misión 53 La Superiora General 53 El Consejo General 54 La Vicaria General 54 La Secretaria General 54 Delegaciones Regionales 55 Gobierno de las Fraternidades Locales 55 Las Superioras Locales 55 El Capítulo y el Consejo Locales. 56ADMINISTRACIÓN 57 Administración de los bienes de la Congregación 57 La Administradora General 57 La Administradora de la Delegación 57 La Administradora Local 58 6
  7. 7. CAPÍTULO VIIIFUNDACIÓN Y SUPRESIÓN DE CASASAUSENCIAS, SALIDAS Y EXPULSIÓN 59 Fundación y supresión de Casas 59 Ausencias, salidas y expulsión 59 CONCLUSIÓNOBSERVANCIA DE LA REGLA Y CONSTITUCIONES 61SIGLAS Y ABREVIATURAS 62ÍNDICE ANALÍTICO 64 7
  8. 8. REGLA Y VIDA DE LOS HERMANOS Y HERMANAS de laTERCERA ORDEN REGULAR DE SAN FRANCISCO Roma, 1992 8
  9. 9. BREVE PONTIFICIO1 Franciscanum vitae propositum JUAN PABLO II Para perpetua recordación del hecho. El ideal de vida franciscano sigue impulsando sin cesar, en nuestro tiempo no menos que enlos pasados, a muchos hombres y mujeres que anhelan la perfección evangélica y desean laimplantación del reino de Dios. Tomando como modelo a san Francisco de Asís, los miembros de la Tercera Orden Regular seesfuerzan por seguir a Jesucristo mismo, viviendo en fraternidad, comprometiéndose con votopúblico a la observancia de los consejos evangélicos de obediencia, pobreza y castidad yentregándose a las diversas formas de la actividad apostólica. Para realizar con mayor perfecciónese ideal de vida, cultivan asiduamente la oración, ejercitan recíprocamente la caridad fraterna ypractican la verdadera penitencia y la abnegación cristiana. Siendo así que cada uno de los aspectos de este ideal de vida franciscano se encuentranabundantemente expresados en la Regla y Vida de los Hermanos y las Hermanas de la TerceraOrden Regular de san Francisco y están totalmente conformes con la verdadera instituciónfranciscana, tal como se hallan en ella descritos, Nos, en virtud de la plenitud de nuestra potestadapostólica, establecemos, determinamos y decretamos que esta Regla tenga validez y autoridadpropia, como expresión genuina de la vida franciscana para los Hermanos y las Hermanas, en todaspartes, teniendo en cuenta cuanto decretaron sobre este asunto, en su tiempo, nuestros predecesoresLeón X y Pío XI, mediante las Constituciones Apostólicas Inter Caetera y Rerum condicio. Sabemos muy bien con qué diligencia y cuidado se ha llevado a cabo la renovación yadaptación de esta Regla y Vida y de qué manera se ha llegado felizmente a la meta de un consenso,después de muchas discusiones e investigaciones, propuestas y redacciones. Por lo mismo,confiamos que ha llegado el momento de ver logrados los abundantes frutos de renovación que seesperan de ahora en adelante. Así pues, mandamos que esta manifestación de nuestra voluntad tenga vigencia y poseaeficacia tanto ahora como en el futuro, sin que de ningún modo obste nada que sea contrario. Dado en Roma, junto a San Pedro, bajo el anillo del Pescador, el 8 de diciembre de 1982quinto año de nuestro Pontificado. AGUSTIN CARD. CASAROLI SECRETARIO DE ESTADO Loco + sigilli In Scret. Status tab. n. 104237.1 Este breve apostólico “Sub anulo Piscatoris”, lleva la fecha del 8 de diciembre de 1982, pero fue comunicado a lascongregaciones de la Tercera Orden Regular el 30 de abril de 1983 y publicado en AAS 75 (1983) 544. 9
  10. 10. PALABRAS DE FRANCISCO A SUS SEGUIDORES1 Todos los que aman al Señor con todo el corazón, con toda el alma y la mente, con todaslas fuerzas,2 y aman a sus prójimos como a si mismos3, y aborreciendo sus cuerpos con sus viciosy pecados, y reciben el cuerpo y sangre de nuestro Señor Jesucristo, y producen frutos dignos depenitencia4. ¡oh cuan dichosos y benditos son aquellos y aquellas que tales cosas ponen enpráctica y perseveran en ellas! Porque reposará sobre ellos el espíritu del Señor 5 y pondrá en ellos su habitación ymorada6. Y son hijos del Padre Celestial, cuyas obras realizan; y son esposos, hermanos y madresde nuestro Señor Jesucristo7. Somos sus esposos, cuando el alma fiel se une, en el Espíritu Santo, a nuestro SeñorJesucristo. Somos hermanos, cuando cumplimos la voluntad del Padre que está en los cielos.8Somos sus madres, cuando lo levamos en nuestro corazón y en nuestro cuerpo9 mediante el amordivino y una conciencia pura y sincera; lo damos a luz mediante las acciones santas, que debenresplandecer para ejemplo de los demás.10 ¡Oh, qué glorioso y santo y grande es tener en los cielos un Padre! ¡Oh, qué santo,consolador, hermoso y admirable es tener un tal Esposo! ¡Oh, qué santo y qué tierno, placentero,humilde, pacífico, dulce, amable y sobre todas las cosas deseable es tener un tal Hermano y un talHijo, nuestro Señor Jesucristo que dio la vida por sus ovejas11 y oró al Padre, diciendo: Padresanto, guarda, por tu nombre, a los que me diste en el mundo12, eran tuyos, y tu me los distes. Yoles he dado a ellos las palabras que tú me diste13, y ellos las han aceptado, y han creído querealmente he salido de ti y han conocido que tú me has enviado.14 Ruego por ellos y no por el mundo15. Bendícelos y conságralos16, por ellos yo me consagroa mi mismo17 . No te pido sólo por ellos, sino por todos los que han de creer en mí gracias a supalabra18, para que sean consagrados en la unidad con nosotros. 19 Y quiero, Padre, que esténconmigo donde yo estoy, a fin de que vean mi gloria20 en tu reino.21 Amén.1 Cf 1CtaF 1,1-19;2 Cf Mc 12, 30;3 Cf Mt 22, 39;4 Cf Lc 3, 8;5 Cf Is 11, 2;6 Cf Jn 14, 23;7 Cf Mt 12, 50;8 Cf Mt 12,50;9 Cf 1 Co 6, 19-20;10 Cf Mt 5, 16;11 Cf Jn 10, 15;12 Cf Jn 17, 11;13 Cf Jn 17, 6;14 Cf Jn 17, 8;15 Cf Jn 17,9;16 Cf Jn 17,17;17 Cf Jn 17,1918 Cf Jn 17,2019 Cf Jn 17, 11.22.23;20 Cf Jn 17,2421 M.20,21 10
  11. 11. 1 ¡EN EL NOMBRE DEL SEÑOR! COMIENZA LA REGLA Y VIDA DE LOS HERMANOS Y LAS HERMANAS DE LA TERCERA ORDEN REGULAR DE SAN FRANCISCO 1. La forma de vida de los hermanos y de las hermanas de la Tercera Orden Regular de san Francisco consiste en observar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, en pobreza y en castidad.1 Siguiendo a Jesucristo, a ejemplo de san Francisco2, están obligados a practicar mas y mayores cosas3, observando los preceptos y consejos de nuestro Señor Jesucristo4, y deben negarse a si mismos, como cada cual ha prometido al Señor.5 2. Los hermanos y las hermanas de esta Orden juntamente con todos cuantos quieren servir al Señor Dios dentro de la Iglesia católica y apostólica, han de perseverar en la verdadera fe y en la penitencia. Se proponen vivir esta conversión evangélica en espíritu de oración. De pobreza y de humildad. Absténgase de todo mal y perseveren en el bien hasta el fin6, porque el mismo Hijo de Dios ha de venir en la gloria, y dirá a todos los que le conocieron y le adoraron y le sirvieron en penitencia: Venid, benditos de mi Padre, recibid el reino que está preparado para vosotros desde el origen del mundo.7 3. Los hermanos y las hermanas prometen obediencia y reverencia al Papa y a la iglesia Católica.8 Con el mismo espíritu han de obedecer a aquellos que han sido constituidos para el servicio de la fraternidad.9 Y, dondequiera que estuvieren y en cualquier lugar donde se hallaren, han de tratarse entre si espiritualmente y con amor, con respeto y consideración.10 Y fomenten la unidad y la comunión con todos los miembros de la familia franciscana.1 Cf Rb 1,1;2 Verba “ejemplo s.Francisci” non sunt ad rem;3 2CtaF 36;4 2CtaF 39;5 2CtaF 40;6 Rnb 21,97 Rnb 23,48 Rb 1,2;9 Rb 1,310 Rnb 7,15 11
  12. 12. 3 EL ESPÍRITU DE ORACIÓN 9. Dondequiera y en todo lugar, a toda hora y en todo tiempo, las hermanos y las hermanas crean sincera y humildemente, y tengan en el corazón, y amen, honren, adoren y sirvan, alaben y bendigan y glorifiquen al altísimo y sumo Dios, eterno, Padre, Hijo y Espíritu Santo.1 Y adorándole con corazón puro, porque es necesario orar de continuo y sin desfallecer; ya que tales adoradores busca el Padre.2 Con el espíritu, han de celebrar el oficio divino en unión con la Iglesia universal. Aquellos y aquellas, que Dios ha llamado a la vida de contemplación, manifiesten su dedicación al Señor con alegría diariamente renovada y celebren el amor del Padre para con el mundo, el cual nos ha creado, nos ha redimido y por su sola misericordia nos salvará.3 10 Alaben al Señor, rey del cielo y de la tierra,4 los hermanos y las hermanas con todas las criaturas,5 y dándole gracias porque, por su santa voluntas i por medio de su único Hijo con el Espíritu Santo, creó toda las cosas espirituales y corporales y nos creó también a nosotros a su imagen y semejanza.6 11 Conformándose totalmente al santo Evangelio los hermanos y las hermanas reflexionen en su mente y observen las palabras de nuestro Señor Jesucristo, que es la Palabra del Padre y las palabras del Espíritu Santo, que son espíritu y vida.7 12 Participen en el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo y reciban su cuerpo y su sangre con grande humildad y veneración, teniendo presente que dice el Señor: Quien come mi carne y bebe mi sangre tendrá vida eterna.8 Tributen toda reverencia y todo el honor que puedan al santísimo cuerpo y sangre de Nuestro Señor Jesucristo,9 y a sus santísimos nombres y palabras escritas;10en él han obtenido la paz y la reconciliación con Dios omnipotente todas las cosas que hay en el cielo y en la tierra.11 13. En todas sus ofensas, los hermanos y las hermanas apresúrense a expiarlas, interiormente por la contrición y exteriormente por la confesión12; y hagan frutos dignos de penitencia.131 Rnb 23, 11;2 Rnb 22,30;3 Rnb 23,8;4 Rnb 23,1;5 Cant 3;6 Rnb 23,1;7 2Cta. 3;8 Rnb 20,5:9 CtaO 12-13;10 CtaCl1:11 Cf Col 1,20;12 Adm 23,313 2CtaF 25; 13
  13. 13. Deben, además, ayunar;14 y esfuércense por ser siempre sencillos y humildes. 15 Ninguna otra cosa, pues, deseen sino a nuestro Salvador,16 que se ofreció a si mismo en el ara de la cruz, como sacrificio y hostia, mediante su sangre, por nuestros pecados, dejándonos ejemplo para que sigamos sus huellas.1714 2CtaF3215 2Cta.F 45;16 Rnb 23,917 2Cta.F 11-13 14
  14. 14. 4 LA VIDA EN CASTIDAD POR EL REINO DE LOS CIELOS 14 Consideren los hermanos y las hermanas la excelencia tan grande en que los ha colocado el Señor Dios, ya que los ha creado y formado a imagen de su amado Hijo según el cuerpo, y a semejanza suya según su espíritu.1 Creados por medio de Cristo y en Cristo,2 han elegido esta forma de vida que se funda en las palabras y el los ejemplos de nuestro Redentor. 15 Habiendo profesado la castidad por el reino de los cielos,3 han de dedicarse con solicitud a las cosas del Señor, y no han de tener otra preocupación que la de seguir la voluntad del Señor y agradarle a él. 4 Obren en toda forma que de su comportamiento irradie la caridad para con Dios y para con todos los hombres. 16 Tengan presente que, en virtud de este don eximio de gracia, han sido llamados a manifestar en su vida el admirable misterio de la Iglesia, unida a su divino esposo, Cristo.5 17 Pongan los ojos, ante todo, en el ejemplo de la bienaventurada Virgen María, Madre de Jesucristo, dios y Señor nuestro, siguiendo el mandato de san Francisco, que profesó una grandísima veneración a santa María,6 Señora y Reina, virgen hecha iglesia.7 Y recuerden que la Inmaculada Virgen María, cuyo ejemplo han de seguir, se llamó a sí misma esclava del Señor.81 Adm 5 1-82 Col 1, 16-173 Mt 19,124 I Cor 7, 325 Ef 5,23-246 Cf art.27 SalV 1-38 Lc 1,38 15
  15. 15. 5 MODO DE SERVIR Y TRABAJAR 18. Como hermanas y hermanas pobres, a quienes el Señor ha dado la gracia de servir y de trabajar, sirvan y trabajen con fidelidad y con devoción, de tal manera que, evitando la ociosidad enemiga del alma, no apaguen el espíritu de la santa oración y devoción, al que deben servir las demás cosas temporales.1 19. Como remuneración por el trabajo, recibe, para sí y para sus hermanos, lo necesario para la vida corporal, y esto humildemente, como corresponde a siervos de Dios y seguidores de la santísima pobreza.2 Y empéñense en distribuir a los pobres todo lo que les sobrare.3 Nunca han de desear estar sobre los demás antes bien han de ser servidores y estar sometidos a toda humana criatura por Dios.4 20. Los hermanos y las hermanas pobres, a quienes el Señor sean mansos pacíficos y modestos, apacibles y humildes, hablando con todos dignamente, como conviene.5 Y dondequiera que estén y a cualquier parte que vayan por el mundo, no litiguen ni se traben en discusiones, ni juzguen a los demás,6 son que han de mostrarse alegres en el Señor, jubilosos y oportunamente donairosos.7 Y saluden diciendo: “El Señor te de la paz”.81 Rb 5, 1-2;2 Rb 5, 3-4;3 Rnb 2,4;4 2CtaF 47;5 Rb 3,11;6 Rb 3,10;7 Rnb 7,16;8 Test 23; 16
  16. 16. 6 LA VIDA EN POBREZA 21. Esfuércense todos los hermanos y las hermanas por seguir la humildad y pobreza de nuestro Señor Jesucristo,1 quién , siendo rico, quiso por encima de todo elegir la pobreza en este mundo, juntamente con la beatísima Virgen su madre,2 y se anonadó a si mismo.3 Y tengan presente que no debemos poseer nada de cuanto hay en el mundo, sino contentarnos, como dice el Apóstol, con tener con qué comer y con qué vestirnos.4 Y guárdense mucho del dinero.5 Y han de sentirse dichosos cuando se hallan entre gente de baja condición y despreciada, entre los pobres y los débiles, entre los enfermos y los leprosos, y con los que piden limosna a la vera del camino.6 22. Los que son verdaderamente pobres de espíritu,7 siguiendo el ejemplo del Señor, no hacen de cosa laguna objeto de apropiación, reservándola egoístamente para si, sino que viven como peregrinos y extranjeros en este mundo.8 Esta es la celsitud de la altísima pobreza, que nos ha constituidos herederos y reyes del reino de los cielos, nos ha hecho pobres de cosas y nos ha enaltecido en virtudes. 9 Sea ésta nuestra porción, la que conduce a la tierra de los vivientes. Estrechándonos a ella totalmente, ninguna otra cosa queramos tener jamás bajo el cielo.101 Rnb 9,1;2 2CtaF 5;3 Flp 2m 7-84 Rnb 9,15 Rnb 8,116 Rnb 9,27 Adm 14,48 Rb 6, 1-39 Rb 6,410 Rb 6, 5-6 17
  17. 17. 7 LA VIDA FRATERNA 23. Los hermanos y las hermanas ámense entre si por amor de Dios, como dice el Señor, Este es mi mandamiento, que os améis unos a otros como yo os he amado. Y muestren con las obras el amor que se profesan mutuamente.1 Cada uno manifieste confiadamente a los demás su propia necesidad, a fin de ser ayudado y servido por ellos en lo que necesita.2 Son bienaventurados los que aman tanto a su hermano cuando se halla enfermo y no puede corresponderles, como cuando se halla sano y puede corresponderles.3 Y den gracias al Creador por todo lo que les sucediere y deseen estar tal como el Señor los quiere, sanos o enfermos.4 24. Si aconteciere que surgiera entre ellos algún motivo de disgusto, ya sea de palabra ya por gestos, enseguida, antes de presentar la ofrenda de su oración al Señor, pídanse perdón humildemente el uno al otro.5 Si alguno descuidare gravemente la forma de vida que ha profesado sea amonestada por el ministro o por los demás que hayan tenido conocimiento de su culpa. Y ellos no lo avergüencen ni hablen mal de él, antes bien usen con él de gran misericordia.6 Todos deben guardarse de airarse y alterarse por causa del pecado de alguno, porque la ira y la alteración impiden la caridad en si y en los demás.71 Rnb 11, 5-62 Rnb 9,10;3 Adm 24, 1-44 Rnb 10,3;5 Cf Mt 5, 23-24;6 CtaM 14-15;7 Rb 7,3; 18
  18. 18. 8 LA OBEDIENCIA CARITATIVA1 25 Los hermanos y las hermanas a ejemplo del Señor, que puso su voluntad en la voluntad del Padre,2 tengan presente que han renunciado por Dios a su voluntad propia.3 Cuando se reúnen en capítulo, busquen primeramente el reinos de dios y su justicia 4 y exhórtense entre si sobre el modo de observar mejor la Regla que han prometido y de seguir fielmente las huellas de nuestro Señor Jesucristo.5 No tengan potestad o señorío alguno, sobre todo entre ellos. Por caridad de espíritu, sírvanse y obedézcanse voluntariamente los unos a los otros.6 Y ésta es la verdadera y santa obediencia de nuestro Señor Jesucristo.7 26 Están obligados a tener siempre a uno como ministro y siervo de la fraternidad, y a él estén obligados firmemente a obedecer en todas las cosas que prometieron al Señor guardar y no se oponen a su conciencia y a este Regla.8 27 Los que son ministros y siervos de los otros hermanos visítenlos, amonéstenlos con humildad y caridad, y anímenlos.9 Y, dondequiera que se hallaren los hermanos y las hermanas, los que supieren y conocieren que no pueden cumplir la Regla espiritualmente, deben y pueden recurrir a sus ministros. Los ministros, por su parte, acójanlos con caridad y bondad y usen con ellos de una familiaridad tan grande que los hermanos les puedan hablar y tratar como los señores a sus siervos; porque así debe ser, que los ministros sean siervos de todos los hermanos.10 28 Nadie se apropie servicio alguno, sino que debe dejar el cargo gustosamente cada uno al cumplir el tiempo establecido.111 Adm 3,6;2 2CtaF 10;3 Rb 10,2;4 Mt 6,33;5 Rnb 18,1;6 Rnb 5, 13-15;7 Rnb 5,9;8 Rb 8,1;9 Rnb 4,2;10 Rb 10,4-6;11 Rnb 17,4 19
  19. 19. 9 LA VIDA APOSTÓLICA 29 Los hermanos y las hermanas amen al Señor con todo el corazón y con toda el alma y la mente, con todas las fuerzas, y amen sus prójimos como a si mismos.1 Y ensalcen al Señor con sus obras, ya que para esto los ha enviado al mundo, para que, con la palabra y con las obras, den testimonio d su voz y hagan saber a todos que no hay otro omnipotente fuera de él.2 30. La Paz que anuncian de palabra, téngala en mayor medida en sus corazones.3 Nadie por causa de ellos sea instigado a la ira o al escándalo, sino que todos sean estimulados, por su misma mansedumbre, a la paz, a la benignidad y a la concordia. Pues para esto han sido llamados los hermanos y las hermanas: para curar a los heridos, vendara los quebrantados y volver al recto camino a los extraviados.4 Dondequiera que se hallen, recuerden que se entregaron a si mismos y abandonaron sus cuerpos al Señor Jesucristo. Por amor suyo han de exponerse a los enemigos, así visibles como invisibles, porque dice el Señor: Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.5 31. En la caridad que es dios, todos los hermanos y las hermanas, ya ore, ya sirvan, ya trabajen, procuren humillarse en todo, sin vanagloriarse ni complacerse de si mismos ni envanecerse interiormente de las palabras y obras buenas, mas aún, de bien alguno que Dios hace o dice o realiza alguna vez en ellos y por medio de ellos.6 En todo lugar y en toda circunstancia, reconozcan que todos los bienes son del Señor dios altísimo, dueño de todo, y tribútenle gracias, porque todos los bienes proceden de él.71 1CTAf 1,1;2 CtaO 8,9;3 TC 58;4 TC 58;5 Rnb 16, 10-12;6 Rnb 17, 5-6;7 Rnb 17,17; 20
  20. 20. EXHORTACIÓN Y BENDICIÓN 32. Pongan empeño todos los hermanos y las hermanas en espirar sobre todas las cosas, a poseer el espíritu del Señor y su santa operación.1 Y, sujetos siempre a la santa Iglesia, firmes en la fe católica,2 observen la pobreza y humildad y el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo que firmemente han prometido. 3 Y todo el que guardare estas cosas sea colmado en el cielo de la bendi- ción del altísimo Padre y sea colma- do en la tierra de la bendición de su amado Hijo, con el Espíritu Santo Paráclito y con todas las virtudes de los cielos y con todos los santos. Y yo, el hermano Francisco, el peque- ñuelo, siervo vuestro, os confirmo, en cuanto está de mi parte, por dentro y Por fuera, esta santísima bendición. 41 Rb 10, 8-9;2 Cf Col 1,23;3 Rb 12, 44 Test 40, 41; cf 2Cta.F 87-88 21
  21. 21. CONSTITUCIONESDE LAS HERMANAS FRANCISCANAS HIJAS DE LA MISERICORDIA PINA 1996 22
  22. 22. SACRA CONGREGAZIONE PER I RELIGIOSIE GLI ISTITUTI SECOLARI DECRETO Las Hermanas Franciscanas Hijas de la Misericordia, cuya casa generalicia está en Palma de Mallorca, tienen como misión particular en la Iglesia la práctica de las obras de la misericordia, especialmente el servicio de los enfermos, la educación cristiana de las niñas y de los jóvenes y la colaboración en el apostolado parroquial y diocesano. Siguiendo las indicaciones propuestas por el Concilio Vaticano II y las normas eclesiásticas posteriores, la Congregación ha elaborado, con la colaboración de todos sus miembros, un nuevo texto de Constituciones, que la Superiora General en nombre del Capítulo ha presentado a la Santa Sede, solicitando humildemente su aprobación. Este sagrado Dicasterio para los Religiosos e Institutos seculares, después de haber dado a estudiar el texto a sus Consultores, teniendo en cuenta el voto favorable del Congreso, con el presente Decreto aprueba y confirma dicho texto con las modificaciones establecidas por el mismo Congreso, según el ejemplar redactado en lengua española, que conserva en su Archivo, observando todo lo que por derecho se debe observar. Para mejor cumplir su específico apostolado, según el espíritu propio de la Congregación, las Hermanas Franciscanas Hijas de la Misericordia tendrán presente la exhortación del Padre fundador: “Las Hijas de la Misericordia procurarán en primer lugar y con el mayor ahínco subir a la montaña santa de la perfección cristiana por medio de la práctica de todas las virtudes, para que obrando su propia santificación y unidas íntimamente con aquel Dios cuya naturaleza es bondad y cuyas obras están llenas de misericordia, practiquen con prontitud, alegría y fruto las obras a que están destinadas” (Const. c.1) Dado en Roma, el 14 de septiembre, festividad de la Exaltación de la Cruz, del año 1982. E. Card.Pironio, Prof. 23
  23. 23. CONGREGAZIONE Roma, 12 de abril de 1996PER GLI ISTITUTI DI VITA CONSACRATA E LE SOCIETA DI VITA APOSTOLICA Prot.n. M. 37-1/96 Reverenda Madre: Con gusto le comunico que han sido examinados los textos del Directorio y de las Constituciones de su Instituto, renovados para adaptarlos al Derecho Canónico vigente y enriquecidos con algunos matices del Fundador, después de que fueron votados en el Capítulo General celebrado el mes de julio de 1995. Esta Congregación para los Institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica toma nota de los cambios efectuados en el Directorio y aprueba las modificaciones introducidas en las Constituciones de acuerdo con las observaciones que se anexan. Aprovecho la ocasión para manifestarle mi cordial estima y pedir al Señor siga bendiciendo abundantemente a su Instituto. Eduardo Cardenal Martínez Somalo Prefecto Francisco Javier Errázuriz Ossa Secretario ______________________________ Reverenda Madre M. Antonia Barrilero Cañadas Superiora general de las Hermanas Franciscanas Hijas de la Misericordia PALMA DE MALLORCA 24
  24. 24. PRESENTACIÓN Queridísimas Hermanas: Como ya sabéis, nuestras Constituciones aprobadas en Roma el 14 de septiembre de1982, fueron objeto de un amplio y profundo estudio por parte de la Congregación, pues despuésde haber sido renovadas según las disposiciones del concilio Vaticano II, han tenido que seradaptadas al nuevo Código de Derecho Canónico promulgado el 25 de Enero de 1983 yenriquecidas con textos y matices de la espiritualidad franciscana y de los Fundadores. Larga y laboriosa ha sido la trayectoria de este trabajo que empezó con el estudio delCarisma en 1986, y que ha sido recogido, estudiado y fundido por la comisión precapitular con elasesoramiento de teólogos y canonistas. El XV Capítulo General de 1995 con un trabajo atento ydiligente, ha refrendado el texto final que, sometido a la Congregación para los Institutos de VidaConsagrada y Sociedades de Vida Apostólica ha sido aprobado el 12 de Abril de 1996. Este refrendo confirma la autenticidad del Carisma de las Hijas de la Misericordia y anosotras, que estamos llamadas a vivir la misericordia del Dios Suma Bondad, según la Regla ylas Constituciones, nos ofrece la jubilosa certeza de caminar hacia la santidad si las observamoscon la mayor exactitud, si las tenemos presentes en nuestro corazón y si las sabemos casi dememoria, como nos invita el Fundador.1 Regla, Constituciones y Directorio constituyen un solo proyecto de vida carismático, queaceptamos con fe y vivimos con responsabilidad y amor. Hermanas y Comunidades de laCongregación hemos de encontrar aquí estímulos y principios de discernimiento para hacer de larenovación un quehacer que nos solidarice efectivamente en torno a las exigencias centrales denuestra vocación. Tratemos de que este libro esté al servicio de la vida: que, aceptado como un medioimportante para la Comunidad, favorezca nuestro crecimiento en el espíritu, consolide lacomunión y el amor entrañable entre nosotras y dinamice la tarea de ser canales de misericordiaallí donde se encuentre la Congregación. ANTONIA BARRILERO CAÑADAS SUPERIORA GENERAL Pina, 14 de septiembre de 19961 Cf. Const., XXXIII, 42 25
  25. 25. CAPÍTULO I CONVOCADAS A VIVIR EL DON DE LA MISERICORDIA: NUESTRA IDENTIDAD 1. Nuestra Congregación de Hermanas Franciscanas Hijas de la Misericordia, fundada en Pina (Mallorca, España), el 14 de septiembre de 1856, surgió en la Iglesia por la acción del Espíritu Santo que impulsó al sacerdote Gabriel Mariano Ribas de Pina, y a su hermana, Concepción de San José, a la creación de una familia religiosa, llamada a atender la mayor miseria2 y a profesar la forma de vida evangélica a ejemplo de San Francisco de Asís.3 Este carisma fundacional fue acogido y aceptado por la Iglesia, que otorgó su primera aprobación, por el obispo diocesano, Miguel Salvà i Munar, el 13 de septiembre de 1856. El 11 de marzo de 1871 el Papa Pío IX declaró la Congregación de Derecho Pontificio. 2. Movidas por la fuerza del Espíritu, y aspirando a la plenitud de la caridad, nos consagramos a Dios, cuya naturaleza es bondad y cuyas obras están llenas de misericordia4, buscando ante todo la experiencia personal de Dios y el encuentro con Cristo que nos lleven a vivir el Evangelio con radicalidad y a proclamar, con la palabra y con la vida, que en Él se nos revela el amor misericordioso del Padre. La Norma suprema de nuestra vida es el seguimiento de Jesucristo, según el Evangelio, observando con toda exactitud la Regla y Vida de los Hermanos y las Hermanas de la Tercera Orden Regular de San Francisco, que tantos santos cuenta que se sacrificaron en aras de la misericordia,5 y poniendo en práctica estas Constituciones.6 3. Es el Padre de la Misericordia quien nos ha llamado al seguimiento de Cristo, a ejemplo de San Francisco, por la profesión pública de los consejos evangélicos. Mediante los votos de obediencia, pobreza y castidad, le hacemos entrega total de nuestra libertad de decisión, de nuestro deseo de poseer, y de nuestra capacidad de amar al servicio del Reino de Dios y de su implantación en el mundo. 4. Buscamos con especial dedicación mantener siempre vivió el espíritu de oración y devoción7, y perseverar en la verdadera fe y en la penitencia,8 como expresiones privilegiadas de la primacía de Dios en nuestras vidas. Congregadas por la divina inspiración,9 nos reunimos en el nombre del Señor Jesús, en comunidad de vida, de fe y de amor con las Hermanas que Dios nos ha dado,10 a quienes aceptamos y amamos en su ser distinto y recibimos como don para enriquecimiento2 Const., I, 3-4; Documentos I, 26.3 Const. II, 5.4 Const. I, 45 Const. II, 56 RTOR 1; Const., XXXIII,427 RTOR 188 RTOR 2a9 Const., I, 4 RTOR 410 Cf. Test 14. 26
  26. 26. mutuo. Por eso nos esforzamos en hacer vida las palabras de nuestros Fundadores: es menester que tengan entre sí mutua y no interrumpida caridad,11 y acogemos como meta de nuestro amor las exigencias que nos proponen. Vivimos desinstaladas, como peregrinas y desasidas de todas las cosas (1 P 2,11),12 disponibles, libres para Dios y su causa, en cualquier lugar y casa donde seamos llamadas a vivir la misericordia. Nos entregamos con prontitud y alegría13 a anunciar el Reino, comprometiéndonos voluntariamente en la evangelización con el testimonio de la propia forma de vida, la propagación de la Palabra y la práctica de la misericordia. 5. Nos sentimos enviadas por Cristo a colaborar con nuestras obras en su misión de misericordia, según el carisma propio de nuestra Congregación: como revela su nombre, Hijas de la Misericordia, su fin especial es la práctica de aquella virtud, hija legítima de la caridad, que inclina poderosamente el corazón hacia el miserable, para remediar sus necesidades y hacerlas llevaderas y meritorias.14 Fieles a la inspiración original y siguiendo el ejemplo de nuestros Fundadores: • preferimos las poblaciones pequeñas a las grandes, y, dentro de las grandes, las zonas de mayor pobreza; • buscamos siempre la mayor miseria, para remediarla o aliviarla; • visitamos, acompañamos, consolamos y servimos a los enfermos, especialmente a los más pobres: • vivimos la actitud de Jesús, el Buen Pastor, al servicio de la fe, en la enseñanza y en la promoción humana; • colaboramos en la acción evangelizadora y pastoral de la Iglesia, sobre todo en las iglesias locales de los países más pobres y en los que la Iglesia aún no se halla plenamente establecida; • permanecemos abiertas, en sintonía con nuestro carisma, para atender las nuevas y más apremiantes necesidades que puedan surgir en la sociedad y en la Iglesia.15 6. Damos vida a nuestro carisma desde la actitud fundamental de María Reina y Madre de Misericordia, que nos dio a Jesucristo, Misericordia entrañable del Padre, y que acoge a todos los que en ella se refugian y los escucha cuando la invocan. 16 Queriendo imitar el amor misericordioso de María, llevamos a cabo nuestra vocación- misión de misericordia en favor de todos los hombres desde la opción preferencial por los más pobres y necesitados. 7. Vivimos nuestra consagración en comunión y servicio de la Iglesia, en obediencia a sus Pastores, especialmente al Obispo propio y al Papa, a quien obedecemos aún en virtud del voto de obediencia.1711 Const., IX, 1112 Const., XI, 14.13 Cf Const., XXII,28 . Documentos. 1, 33 RTOR 29-3014 Const., I, 315 Const., I, 4; XXIII, 30, 31; XXIV,3216 Cf. Prefacio de Santa María, Reina y Madre de Misericordia.17 CIC 590, 1-2; 678, 1 27
  27. 27. Aceptamos como una interpelación del Espíritu, que nos insta a mantener vivo nuestro carisma, la confianza que los Obispos y comunidades cristianas nos han mostrado siempre.8. Nos sentimos unidas a todos los miembros de la familia franciscana, con quienes compartimos un Proyecto Común, y, sobre todo, a los Institutos Religiosos que profesan la misma Regla y Vida de los Hermanos y las Hermanas de la Tercera Orden Regular de San Francisco. Como signo de comunión colaboramos en las iniciativas comunes, para que el carisma franciscano sea vivido por todos, con fidelidad siempre renovada, y redunde así en un mayor servicio a la Iglesia y al mundo. 28
  28. 28. CAPÍTULO II COMPARTIMOS UNA MISMA FE: VIDA DE ORACIÓN Y PENITENCIA VIDA DE ORACIÓN 9. Seguimos fielmente a Cristo, quien en permanente comunión con el Padre, hace de la voluntad divina la norma de su vida y misión, y como Él oramos continuamente, acogiendo, por ello, su consejo: es necesario orar siempre y sin desfallecer (Lc 18,11). El Espíritu del Señor que, infundido en nuestros corazones, nos hace llamar a Dios Padre (Rm. 8,15), acrecienta en nosotras el espíritu de oración y devoción, por el que adquirimos un conocimiento interno del Señor y de su voluntad, renovamos cada día nuestra decisión de seguirle, y recibimos la fuerza para vivir nuestro compromiso de misericordia.18 10. La forma privilegiada de nuestra oración es la adoración, la alabanza y la acción de gracias con las que enaltecemos a Dios; contemplando su rostro y las maravillas de sus manos, le damos gracias en comunión con todas las criaturas 11. Oramos en comunidad como familia reunida por el Señor, que nos dio Hermanas. La Liturgia ocupa un lugar central en la vida de nuestras fraternidades. Es la cumbre hacia la que tiende toda nuestra vida y actividad en la Iglesia, y la fuente de donde mana nuestra fuerza. 12. Tenemos como centro de nuestra vida fraterna la Eucaristía. En ella celebramos el Misterio Pascual de Cristo Siervo y Señor, y recibimos su cuerpo y su sangre, que hacen de nosotras su cuerpo entregado para la edificación del Reino de la fraternidad entre los hombres. Siguiendo el ejemplo de San Francisco, con la plegaria y la adoración frecuentes, tributamos la máxima reverencia y honor al misterio de Cristo presente en la Eucaristía.19 13. Por la Liturgia de las Horas nos asociamos a la vida litúrgica de la Iglesia que, en Cristo, alaba, adora, intercede y da gracias al Padre. Con el rezo diario en comunidad de Laudes y Vísperas, iniciamos y concluimos el día consagrado a Cristo, el Señor, que es Luz de resurrección y Sol que no conoce el ocaso.20 14. La Palabra de Dios, leída y meditada con asiduidad, personal y comunitariamente, alimenta e impulsa en nosotras el espíritu de oración y devoción, y nos lleva a identificarnos con los sentimientos de Jesús, y conformarnos al santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo que firmemente hemos prometido vivir. 21 Interpeladas por la Palabra, en actitud contemplativa, y leyendo desde ella, la situación del hombre y del mundo, nos incorporamos generosamente a la obra misericordiosa de Dios en la historia.18 Cf Const., XIV, 17-1819 RTOR.1220 CIC 1174,121 RTOR. 32 29
  29. 29. 15. A fin de tener siempre el corazón orientado hacia Dios, sin dejar de contemplarle y alabarle, dedicamos diariamente al menos una hora a la oración personal. Hacemos de la lectura espiritual frecuente alimento de nuestra oración y nuestra vida apostólica, dando preferencia a la Sagrada Escritura y a aquellos textos que nos ayudan a crecer en el conocimiento de Cristo, de la Iglesia, de la vida consagrada y de nuestro propio carisma. 16. Impulsadas por la experiencia personal de Dios y por la necesidad de compartir la fe, comunicamos nuestra vivencia espiritual en el seguimiento de Cristo, conscientes, de que este diálogo estrecha y consolida los vínculos de la vida fraterna 17. Valoramos el silencio como medio idóneo para el encuentro y la escucha continuada de Dios, que nos habla al corazón. Hacemos un día de Retiro al mes y, una vez al año Ejercicios Espirituales. Tiempos fuertes de oración, soledad y silencio, templan nuestro espíritu, disperso por las ocupaciones y tensiones de la vida cotidiana. 18. Oramos como Pueblo de Dios en comunión con la Iglesia local, haciendo nuestros sus trabajos y sus sufrimientos, sus alegrías y sus esperanzas, especialmente las de los pobres y de aquellos que sufren la mayor miseria.22 19. Nos esforzamos por integrar armónicamente la oración con los trabajos y tareas apostólicas viviendo siempre atentas al Señor por la contemplación y totalmente entregadas al servicio de los hermanos. Procuramos, por ello, que ni la excesiva actividad, ni el uso indiscriminado de los medios de comunicación, nos aparten del espíritu de oración y devoción al cual las demás cosas deben servir. 23 20. Veneramos con especial devoción a María, Virgen orante y misericordiosa. Su Fiat, emanado de su pobreza y disponibilidad, es modelo e inspiración para entregarnos plenamente a Dios y a los hombres.24VIDA DE PENITENCIA 21. La llamada al seguimiento de Jesús, pobre y crucificado, nos exige vivir en actitud permanente de conversión, evitando todo aquello que nos impida responder a las exigencias de nuestra vocación (Gál 2, 19-20), y procurando desapropiarnos de nosotras mismas para ir tras los pasos del Señor, que nos invita a cargar con la cruz e, incluso, a dar la vida para colaborar con Él en la redención de los hombres (Mc. 8, 34-35). 22. La radicalidad evangélica de nuestra forma de vida,25 y el servicio a quienes padecen la mayor miseria, es para nosotras la principal forma de penitencia. Consideramos también como expresión de la misma, la aceptación con verdadera alegría de los trabajos, contrariedades, privaciones y sufrimientos de la vida.2622 Cf. G.S.123 RTOR. 1824 CIC 663,425 Const., XIII, 17.26 Ver Al; Flor 8. 30
  30. 30. 23. Fieles a los orígenes penitenciales de la Tercera Orden de San Francisco, y solidarias con los graves problemas que afectan a la humanidad, tratamos de evitar toda clase de lujo y el consumo innecesario para compartir con aquellos que carecen de lo básico. Con la práctica de la austeridad, queremos manifestar la primacía del Espíritu y nos mostramos ante los hombres como testigos de la bondad y misericordia de Dios. 24. Practicamos comunitariamente las formas de penitencia señaladas por la Iglesia, y las que prescribe el Directorio. Con nuestras privaciones voluntarias participamos en el misterio de la Pasión de Cristo, y expresamos nuestra comunión con aquellos que sufren las consecuencias de un mundo insolidario e injusto. 25. Nuestra voluntad de conversión evangélica requiere la práctica del Sacramento de la Reconciliación, en el que acogemos el perdón de Dios y nos reconciliamos con los hermanos. Conscientes de nuestra condición pecadora, y de la dimensión social del pecado, valoramos y celebramos frecuentemente este sacramento.27 26. Puestos los ojos en la misericordia del Padre, y reconociendo humildemente nuestra parte de responsabilidad por las ofensas a las Hermanas, buscamos restaurar la comunión fraterna, por ello, nos adelantamos en ofrecer el perdón. Con este fin, celebramos en cada Casa, según las normas del Directorio, el Acto Penitencial. 27. A ejemplo de San Francisco, y siguiendo el deseo de nuestro Fundador, hacemos de los misterios de la Encarnación y Pasión de nuestro Señor Jesucristo tema frecuente de oración. En el Vía Crucis contemplamos el camino de Jesús pobre y crucificado. 28. Acogemos, humilde y amorosamente, la enfermedad y la ancianidad, conscientes del irreemplazable servicio que con ello prestamos a la Iglesia y al mundo ya que, crucificadas con Cristo, completamos así su Pasión redentora. 29. Aceptamos con alegría la muerte, como ofrenda de la propia vida y el tránsito a la gloria de Dios. Nuestra celebración litúrgica de este acontecimiento ha de ser un claro testimonio de fe y de esperanza en la Resurrección de Jesucristo.2827 CIC 664.28 Cánt. 12-14 31
  31. 31. CAPÍTULO III EN COMUNIDAD DE HERMANAS: VIDA FRATERNA EL ESPÍRITU ANIMADOR DE LA VIDA FRATERNA 30. El Espíritu del Señor nos ha convocado, por la participación en un mismo don de gracia, a vivir el seguimiento de Cristo en Comunidad de Hermanas. Nuestra Comunidad tiene su fuente en la fe en el Dios Trinidad, su fuerza en el amor del Espíritu que habita en nosotras, y su esperanza en la oración de Jesús: Que todos sean uno (Jn. 17,21). 31. Por nuestra vocación franciscana, somos llamadas a la vida comunitaria en fraternidad, en la que la igualdad fundamental de las Hermanas se traduce en obediencia y servicio recíprocos; vivimos las relaciones mutuas en clima de familiaridad, cercanía y lazos de verdadera amistad; y lo estructural e institucional sirve a lo personal.29 Reconocemos, como dimensión prioritaria de nuestra vocación y misión, el ser fraternidad. Por ello, acogemos a cada Hermana como don de Dios, independientemente de la utilidad o servicio que pueda prestarnos. 32. Nuestros fundadores cimentaron la vida fraterna asegurando que éramos doblemente hermanas30 por el bautismo, que nos hace hijas de Dios Padre misericordioso, y por la profesión religiosa, que nos une en una misma vocación y misión. Intentamos vivir comunitariamente el mandato que de ellos recibimos: “se amarán unas a otras con el mas entrañable amor.31 33. La profesión de los consejos evangélicos de obediencia, pobreza y castidad, con los que nos unimos mas intensamente a Cristo, es un medio para hacer efectiva nuestra vida fraterna: por la obediencia estamos llamadas a buscar fraternalmente y a aceptar la voluntad de Dios; por la pobreza, a compartir nuestros bienes materiales, culturales y espirituales, y por la castidad, a abrir nuestro corazón a la aceptación fraterna y universal. La fraternidad, por su parte, nos ayuda a vivir más fácilmente las exigencias de esta misma profesión religiosa. LA PRÁCTICA DE LA VIDA FRATERNA 34. La vida fraterna en comunidad nos exige la observancia de la Regla y de las Constituciones, la obediencia a las Superioras legítimamente constituidas, la participación en los actos comunitarios, particularmente en la oración y celebración litúrgica, el desempeño fiel y responsable de los trabajos encomendados, la colaboración generosa en las tareas de la casa y la puesta en común de todo lo recibido como remuneración de trabajo, o por cualquier otro concepto.29 RTOR 23; 25; 2730 Const., XVIII, 22; XXI, 2731 Const. IX, 12 32
  32. 32. 35. Como Comunidad reunida en el nombre del Señor, construimos nuestra fraternidad, día a día, mediante la celebración de la Eucaristía, la oración común, la comunicación espiritual y el discernimiento comunitario. 36. Cultivamos las relaciones de igualdad, afecto y servicio mutuos,32 poniendo especial atención en los gestos de acogida, comprensión, cercanía y todas aquellas actitudes humanas y espirituales que hacen posible la calidad de la vida fraterna. Atendemos a las Hermanas ancianas y enfermas con gran misericordia, solicitud y cariño, como expresión privilegiada de la dimensión gratuita de nuestra vida fraterna.33 37. La radicalidad evangélica de ideal de vida fraterna, la coherencia en el camino elegido y el imperativo de nuestros Fundadores, reclaman de nosotras abrirnos a la corrección fraterna, al perdón y a la misericordia, como medios para vivir la verdad de lo que somos, y permanecer fieles en el seguimiento de Jesús. 38. Para dinamizar su vida evangélica, cada Comunidad elabora y revisa periódicamente en discernimiento espiritual el Proyecto Comunitario. En él se concretan los objetivos y medios para el cultivo de la relación con Dios, la vida fraterna y la misión. 39. Nuestros lazos fraternos se prolongan más allá de la muerte por la participación de las Hermanas en la Pascua de Cristo. La comunión con los que nos precedieron en la fe no se interrumpe, sino que se robustece mediante la comunicación de bienes espirituales. Como signo de nuestra unión recordamos con agradecimiento alas Hermanas, familiares, amigos y bienhechores difuntos. 40. A fin de que vuestra vida fraterna sea fermento de comunión entre todos los hombres, dondequiera que estemos y en cualquier parte que vayamos, nos esforzaremos por vencer el mal con la práctica del bien (Cf. Rom.12,21), caracterizándonos por nuestro comportamiento fraterno. Anunciamos de palabra la paz, pero teniéndola en la mayor medida en nuestros corazones, de modo que todos se sientan estimulados a la paz, a la benignidad y a la concordia.34 41. La condición de fraternidad franciscana de las Hijas de la Misericordia, exige que nuestras Comunidades estén abiertas a todos, especialmente a aquellos que sufren la incomprensión y la marginación, y están más necesitados de calor humano y espiritual. La hospitalidad ha de ser signo distintivo de nuestra vida fraterna, aceptando a quienes vienen a nosotras, de tal modo que puedan encontrarse como en su propia casa, por la acogida fraterna. Acogemos de modo especial a los religiosos de la familia franciscana. 42. Armonizamos la apertura y acogida con espacios y lugares reservados a la intimidad personal y comunitaria,35 tratando de asegurar el necesario clima de serenidad y silencio que favorezca la oración, la vida familiar de la fraternidad, el trabajo y el descanso.32 RTOR 1933 Const., XXII, 30; RTOR 2334 RTOR 30; cf. 2035 CIC 667, 1 33
  33. 33. 43. Demostramos un sincero amor y agradecimiento a nuestros padres, parientes, amigos y bienhechores, y hacia todos aquellos que están unidos de algún modo a nuestra familia espiritual, y oramos por ellos. 34
  34. 34. CAPÍTULO IV CONSAGRADAS A DIOS AL SERVICIO DEL REINO: LOS CONSEJOS EVANGÉLICOS 44. Movidas por el Espíritu del Señor a identificarnos afectiva y efectivamente con Cristo, que pobre y virgen asumió la condición de Siervo (Flp. 2,7), y que con su palabra y vida proclamó la Buena Noticia del Reino (Lc. 4,43), nos consagramos a Dios por la Profesión de los consejos evangélicos, dedicándonos totalmente a Él y haciéndole entrega de nuestras vidas en total disponibilidad al servicio del Reino.36 45. Por nuestros votos de obediencia, pobreza y castidad, estamos llamadas a ser signo eficaz del Reino de Dios, anuncio y presencia de la filiación divina y de la fraternidad, señal que anticipa la vida nueva conquistada por la Redención de Cristo.37 Por la caridad que los anima y a la que impulsan, y por la libertad de espíritu que proporcionan, los consejos evangélicos nos permiten vivir disponibles y entregadas al servicio de la Iglesia y de cuantos están más necesitados de misericordia. 46. María, la Virgen hecha Iglesia y esclava del Señor,38 es para nosotras modelo de mujer consagrada. En su entrega total al plan de Dios, en pobreza de espíritu y magnanimidad de corazón, se encuentra la razón de ser de su verdadera grandeza. Ella es la perfecta discípula que escucha la Palabra y la cumple (cf Lc 8, 20-21) OBEDIENCIA 47. Teniendo a Jesucristo como maestro, que hizo de la voluntad del Padre su alimento (Jn 4,34) y se hizo obediente hasta la muerte para redimir a los hombres (Flp 2,8), en actitud de discipulado, y dóciles a la acción del Espíritu, buscamos en el discernimiento espiritual, personal y comunitario, conocer y cumplir la voluntad de Dios. 48. Nuestra obediencia es también hacer plenamente propia la forma de vida y misión propuesta en nuestra Regla y estas Constituciones, asumidas como proyecto de Dios para cada una, en comunión con las Hermanas.39 49. Siguiendo a Jesucristo, que no vino a ser servido sino a servir y a dar la vida por los hermanos (Mt 20,28; Mc 10,45), por caridad de Espíritu, nos servimos y obedecemos las unas a las otras con auténtico amor, espíritu de humildad, y hasta con santa porfía.40 50. Vivimos la obediencia desde una actitud positiva de entrega, participación y colaboración en fidelidad al Proyecto Común, y a la construcción de la vida fraterna, conscientes de que colaboramos a la edificación del cuerpo de Cristo según el plan de Dios. 51. Por el voto de obediencia nos comprometemos: a obedecer a las legítimas Superioras en todas las cosas que prometimos al Señor guardar y no se oponen a nuestra conciencia, a la Regla y a estas Constituciones;41 a aceptar cualquier destino que nos señalen, así como a36 CIC 65437 LG 4438 SalVir 1,539 Const., X,13. RTOR 25 a40 Const., X, 1341 RTOR, 26 35
  35. 35. desempeñar cualquier ocupación o responsabilidad allí donde la Iglesia nos necesite y nos envíe la legítima autoridad. 52. Para favorecer el recto ejercicio de la autoridad manifestamos con sinceridad nuestras opiniones a las Superioras, y llevamos a la práctica sus decisiones con espíritu de fe y de servicio. 53. La obediencia implica también exigencias concretas para quienes ejercen el servicio de la autoridad: la Superiora ha de animar la vida de familia de la Comunidad, con espíritu de humildad y servicio (Lc 22, 24-27); acoger con bondad y misericordia a las Hermanas, acompañar y secundar la acción del Espíritu en cada una de ellas, y estimular la fidelidad personal y comunitaria al proyecto de vida. 42 54. Creemos que la autoridad y la obediencia, vividas en actitud de humilde servicio, son condiciones complementarias de la misma participación en la entrega de Cristo. Sólo desde un horizonte de fe y adhesión libre a Cristo-Siervo podremos comprender y aceptar el misterio de muerte y vida que autoridad y obediencia encierran en la vida franciscana. POBREZA 55. A ejemplo de San Francisco, queriendo seguir la pobreza y humildad de nuestro Señor Jesucristo,43 esposo pobre y crucificado,44 que siendo rico se hizo pobre por nosotros para enriquecernos con su pobreza (2 Co 8,9), abrazamos voluntariamente la pobreza que nos facilita la vivencia de las bienaventuranzas evangélicas, y que es para nosotras camino de liberación interior y fraternidad. 56. Al profesar la pobreza, ponemos nuestra seguridad en Dios Altísimo, buen Señor, todo bien, sumo bien 45, viviendo desasidas de todas las cosas,46 libres para Dios y su causa, en cualquier lugar y casa donde seamos llamadas a vivir la misericordia. 57. Por el voto de pobreza nos comprometemos a llevar una vida pobre de hecho y en espíritu, sobria y desprendida, así como al uso y disposición de los bienes materiales en dependencia de las Superioras y de la fraternidad. 47 Intentamos vivir en un ambiente de austeridad personal y comunitaria, manteniendo nuestra libertad frente a las exigencias, siempre crecientes, de la sociedad de consumo. Si se nos presenta la ocasión, aceptaremos con gozo el vernos privadas de lo necesario. 58. Por nuestra opción de pobreza en fraternidad, compartimos cuanto somos y tenemos: valores, tiempo, lo que ganamos por nuestro trabajo, pensiones y lo que recibimos por cualquier otro concepto.48 59. Nuestra pobreza también nos lleva a comprometernos en el trabajo por la justicia y la paz, y a solidarizarnos con los pobres y marginados, optando por ellos, compartiendo con ellos el don de nuestra vida y nuestros bienes, aspirando al ideal máximo de vivir con ellos.4942 RTOR 2743 RTOR 21 a44 Cf. Const., X, 1445 Cf. Const., XI, 15; AID46 Const., XI, 14; RTOR 22 a47 CIC 60048 CIC 668, 3 36
  36. 36. Rasgo de nuestro carisma de misericordia es el sentirnos dichosas cuando estamos entre los más necesitados, entre la gente de baja condición y despreciada, entre los pobres y los débiles, entre los enfermos y los leprosos, y con los que piden limosna a la vera del camino. 50 60. El trabajo es para nosotras una forma más de vivenciar la pobreza. A través de él nos solidarizamos con todos los hombres y mujeres para quienes es ley de vida. Pero particularmente con aquellos que lo sufren como pesada carga. Es también nuestro principal medio de subsistencia. En ningún caso debe ser ocasión o motivo de acumular, como nos recuerda nuestro Fundador.51 Abandonándonos en la Providencia de Dios para con todas las criaturas, compartimos generosamente el fruto de nuestro trabajo con los pobres y necesitados, limitando gustosamente nuestras necesidades. 61. Porque nuestro ideal de fraternidad implica la igualdad fundamental de todas las Hermanas, valoramos de la misma manera el trabajo manual y el intelectual, las tareas humildes y las socialmente más consideradas, los trabajos domésticos y los apostólicos, velando para que el trabajo o la rentabilidad económica del mismo no sea nunca motivo de distinción de trato entre las Hermanas. 62. Aunque conservamos la propiedad de nuestros bienes patrimoniales y la capacidad de adquirir otros, antes de la primera profesión cedemos la administración de los mismos, su uso y usufructo en favor de quien cada una de las Hermanas prefiere. Antes de la Profesión Perpetua hacemos testamento, según el derecho civil, y después de la misma, como signo más radical de pobreza, podemos renunciar definitivamente a estos bienes, con el permiso de la Superiora General y el consentimiento de su Consejo.52CASTIDAD 63. La Castidad por el Reino de los cielos (Mt 19,12) es un don de gracia53 por el que respondemos gozosamente, y en humildad agradecida, a la invitación amorosa de Cristo que nos llama a su seguimiento. La vivimos como expresión de nuestro amor preferencial a Él, a quien queremos amar con un corazón indiviso, evocando así ante todos los fieles aquella maravillosa unión del Señor con su Iglesia, que ha de revelarse plenamente en el siglo futuro. 64. Por el voto de castidad nos comprometemos a vivir la continencia perfecta en el celibato por el Reino54. La renuncia y la pobreza que lleva consigo nuestra castidad consagrada no suponen una negación o subestima de la afectividad humana, sino la expresión de un más pleno y desinteresado amor a Dios, y de una apertura universal en el servicio y la entrega a los hombres todos; al tiempo que es también un medio para lograr la plenitud de una caridad portadora de misericordia para con los pobres y necesitados.49 CONGREGACION PARA LOS INTITUTOS DE VIDA CONSAGRADA Y LAS SOCIEDADES DEAPOSTÓLICA, la Vida Fraterna en Comunidad: “Congregavit nos in unum Christi amor”, 6350 RTOR 21 c; RNB 9,251 Const., XXX, 40. RTOR 1952 CIC 66853 PC 1254 CIC 599 37
  37. 37. 65. Vivida en comunión fraterna, es fuente de comunión espiritual y de fraternidad y está hecha de delicadeza y servicialidad, afecto y comprensión mutuas. Los nuevos lazos de fraternidad que la castidad hace posible, se fortalecen y vivifican en nuestras Comunidades en la medida en que compartimos la preocupación por los intereses del Reino. 66. Este Consejo Evangélico favorece nuestra disponibilidad para la misión, potencia nuestra capacidad de relación, nos abre a la amistad y da sentido a nuestra soledad, como libertad que se realiza en la entrega. 67. Siendo inseparables las dimensiones mística y penitencial de la castidad, conscientes de que llevamos este tesoro en vasos quebradizos,55 nos proponemos cuidar todo aquello que favorece la custodia y cultivo de este don de gracia, y particularmente: la confianza en la fuerza del Espíritu; la experiencia afectiva y del encuentro con Cristo, sobre todo en la oración; la ascesis personal y comunitaria; la calidad de la vida fraterna y las relaciones interpersonales; la entrega generosa y el servicio a los demás; así como cuanto permite lograr la madurez humana a nivel psicoafectivo y espiritual.55 Const., X II,16 38
  38. 38. CAPÍTULO V COMPROMETIDAS EN LA EVANGELIZACIÓN DESDELA PRÁCTICA DE LA MISERICORDIA: MISIÓN PRINCIPIOS GENERALES 68. Jesucristo, enviado por el Padre a anunciar el Reino (Lc. 4,43), fue ungido por el Espíritu para evangelizar a los pobres, dar la libertad a los cautivos, y proclamar el año de gracia del Señor. (Lc. 4, 18-19). Este Cristo se reveló a nuestros Fundadores desde el Evangelio como el Predicador itinerante de los pueblos, médico para los que necesitaban cuidado, buen pastor y maestro para los que carecían de guía y, para todos, como el Señor de la misericordia y el consuelo. 69. La Iglesia, enviada por Jesús, encuentra en la evangelización su dicha y su vocación propia, su identidad más profunda. Tiene viva conciencia de que a ella van dirigidas las palabras de Jesús: Debo anunciar el Reino, para esto he sido enviado.56 70. Dentro del dinamismo de la Iglesia, y siguiendo el ejemplo de San Francisco y de nuestros Fundadores, las Hijas de la Misericordia encarnamos su deseo de entregarse a la evangelización, y somos, por nuestra vida, signo de total disponibilidad para con Dios, la Iglesia y los hermanos. 71. El apostolado de nuestra fraternidad tiene sus raíces profundamente hundidas en las obras de misericordia practicadas por los primeros terciarios,57 que quisieron responder a la exhortación de San Francisco a los penitentes: hagamos además frutos dignos de penitencia.58 A ejemplo de éstos, practicamos las obras de misericordia como expresión concreta de la conversión de nuestros corazones. 72. Por nuestra forma de vida franciscana, realizamos nuestra misión desde: • El espíritu de oración y discernimiento, que busca el querer de Dios para obrar y decir su Nombre.59 • La pobreza y humildad, que son el reconocimiento de Dios en todo y la máxima verdad en que podemos andar ante Él. • La fraternidad, que se expresa en actitudes verdaderamente entrañables y misericordiosas. • La apertura y gratuidad a los hermanos. 73. La fecundidad de nuestra misión de misericordia depende de la unidad que exista entre el apostolado y cada una de las grandes opciones de nuestro proyecto evangélico: oración, vida fraterna, pobreza, misericordia y testimonio de vida.56 E.N. 1457 D. GABRIEL MARIANO RIBAS, Pro. El tercer estandarte del glorioso San Francisco de Asís, Palma, 1862,Imprenta D. Felipe Guasp, PP. I-II; 1-36;53-58; 89-100; 115-49958 2CtaF 2559 RTOR 31 39
  39. 39. 74. El profundo espíritu franciscano y de misericordia, la inquietud por el anuncio del Evangelio y la preocupación por los pobres llevaron a nuestros Fundadores a hacer vida la Palabra de Jesús: sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso (Lc. 6,36), saliendo al encuentro de la mayor miseria.60 Nos sentimos impulsadas a continuar su obra, viviendo nuestra misión especifica, la práctica de la misericordia, desde la pasión por los que sufren. ALGUNAS FORMAS DE EVANGELIZACION EL TESTIMONIO DE VIDA 75. La primera forma de evangelización de las Hijas de la Misericordia es el testimonio de vida franciscana en fraternidad, consagrada a Dios en comunión ininterrumpida y donación ilimitada a los demás. EL CUIDADO DE LOS ENFERMOS 76. Iremos a ellos con prontitud y alegría, prefiriendo los pobres a los ricos, y, viendo en cada pobre la persona de Jesucristo, los trataremos con dulzura y amor.61 77. La tarea sanitaria, desde la radicalidad de nuestro carisma, se orientará preferentemente hacia quienes padecen enfermedades que los marginan, aquellos que tienen necesidad de la solidaridad para ser persona, y hacia quienes sufren las consecuencias de desastres sociales y naturales.62 Nuestro servicio y cuidado hacia ellos deberá estar impregnado de amor solidario y profundamente misericordioso, proclamando así el valor y la dignidad de la persona humana.63 78. En el servicio a los enfermos nos esforzaremos por vencer la enfermedad y aliviar el dolor. Pondremos la esperanza en el valor redentor del sufrimiento y la muerte, vencidos ya en Jesús. Evangelizaremos el mundo del dolor con nuestras actitudes compasivas y generoso amor.64 79. Todo hombre está llamado a formar parte del Reino, sea cual sea su religión o creencias, por eso, la Hermana enfermera Hija de la Misericordia servirá a todos desde una actitud de apertura, ecumenismo y universalidad (cf. Lc. 10,29-37). LA ENSEÑANZA 80. En sintonía con la Tercera Orden Franciscana, que atiende la educación como una obra de misericordia, y con nuestra peculiar misión, trabajamos en la enseñanza, ayudando a la promoción de todo ser humano, disipando las sombras de la ignorancia.65 81. En nuestra tarea apostólico-educativa pondremos el acento socorrer la mayor miseria,6660 Const., I, 461 Const., XXII, 28-2962 SOR CONCEPCION DE JOSÉ Doc. 33-39; Doc. II, 70-106;179-18363 Doc. II, 11564 Doc. II, 10665 Const., XXII, 3066 Const., XXIII, 31 40
  40. 40. y permaneceremos en constante actitud de vigilancia para: • Hacernos presentes en lugares y situaciones donde exista verdadera pobreza. • Y descubrir entre nuestros alumnos aquellos que tienen más necesidad de ayuda en su desarrollo personal y en el proceso de aprendizaje. 82. Las Hermanas que trabajan en la enseñanza transcenderán los meros conceptos literarios, culturales y científicos, de forma que infundan en sus alumnos los valores de la bondad de Dios y de las criaturas, la dignidad de la persona humana y de la solidaridad del género humano. 83. Creemos en el valor y en la trascendencia de la educación para la formación de la persona; por ello, procuraremos que ésta sea integral mediante la asimilación sistemática y crítica de la cultura y de los valores del espíritu. 84. En la relación con los alumnos nos distinguiremos por el trato dulce, paciente y afable 67 y por nuestro testimonio que desvele los valores del Reino. Nuestra oferta será clara y libre, pero con tal fuerza proclamada que penetre más por su valor testimonial que por sus declaraciones de principios. EL SERVICIO A LOS POBRES Y MARGINADOS 85. Nuestra preocupación por los pobres debe traducirse a todos los niveles en acciones concretas. Por eso nos dedicamos a actividades de carácter social, conscientes de que nuestra acción tiene que ser liberadora, fomentando el bienestar integral del ser humano y potenciando sus capacidades. 86. El amor preferencial por los pobres nos llevará a la responsabilidad y a la lucha por vencer esa forma especial de pobreza que es la privación de derechos humanos y la falta de lo necesario. Esta opción entrañable por los más desfavorecidos la realizaremos compartiendo nuestro ser y lo que hemos recibido del Señor, desde las actitudes de misericordia, acogida y respeto, como lo hicieron San Francisco y nuestros Fundadores. EL TRABAJO POR LA JUSTICIA, LA PAZ Y SALVAGUARDA DE LA CREACIÓN 87. En el trabajo en instituciones publicas o privadas, pondremos de manifiesto una actitud humanizadora, reconociendo la singularidad de cada persona y acogiéndola con respeto, aceptación, apertura y servicio, haciendo presente a Jesús, misericordia de Dios para los hombres. 88. Movidas por la convicción evangélica de San Francisco, somos conscientes de que la injusticia que sufre un solo hombre la sufren todos. Como artífices de paz y reconciliación, trabajaremos por hacer un mundo más justo y más humano así como para alcanzar con todos la liberación total en Cristo. 89. Siendo evidente que la injusticia no solamente deshumaniza y hace esclavos, sino que además es un grave obstáculo que impide escuchar la Buena Noticia de la liberación,67 Const., XXIII, 30 41
  41. 41. como una exigencia de la evangelización, lucharemos por superar cualquier forma o situación de injusticia. 90. Imitando a San Francisco que consideraba hermanas a todas las criaturas, y en sintonía con las inquietudes de nuestro tiempo, tendremos un cuidado respetuoso y fraterno con la creación y trabajaremos por su protección y conservación. EL SERVICIO PARROQUIAL 91. Como expresión concreta de comunión eclesial nos esforzaremos por mantener viva nuestra tradición de servicio a las iglesias locales, colaborando de forma activa en la vida parroquial. Participamos vivamente en la celebración litúrgica y cooperamos generosa y desinteresadamente en los servicios destinados a la evangelización, a la caridad y al cuidado de las iglesias.68 LA EVANGELIZACION MISIONERA 92. Dios, rico en misericordia, quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1 Tm 2,4). Desde el principio, nuestra Congregación tuvo una apertura a la misión, hacia la frontera de la Iglesia: las Hermanas estuvieron muy bien dispuestas para ello.69 En continuidad con el mismo espíritu, participamos en la misión ad gentes de la Iglesia y permanecemos dispuestas a aumentar nuestra presencia misionera, dejando lugares y ministerios más atendidos para hacernos presentes en los países de misión.70 93. Fieles a nuestra vocación franciscana, acrecentaremos en nosotras el sentido ecuménico que favorece el diálogo con los cristianos de otras iglesias, con los que pertenecen a otras Religiones y con el mundo de la increencia. Fomentaremos esta apertura misionera y ecuménica desde los primeros años de formación y nos prepararemos antes de emprender estos ministerios. 94. En las Iglesias jóvenes, en sintonía con sus Obispos y en fidelidad discernida a la luz del Espíritu, contribuiremos al resurgir de la Vida Religiosa, adoptando formas adecuadas, de manera que la Iglesia crezca y se implante con la plenitud de los carismas.7168 Const., XXV, 3369 Doc. II, 188-18970 AG 4071 AG 18 42
  42. 42. CAPÍTULO VI VIVIMOS EN CONTÍNUO PROCESO DE FORMACIÓN Y ACOGEMOS A NUEVAS HERMANAS: FORMACIÓN PRINCIPIOS GENERALES 95. La formación tiene como objeto principal ayudarnos a dar respuesta personal a la llamada de Dios.72 identificarnos progresivamente con nuestra forma de vida en el seguimiento de Cristo, y capacitarnos en el servicio del Reino, de acuerdo con nuestro don fundacional: el carisma de la misericordia. Este proceso requiere una auténtica conversión así como una maduración gradual y armónica de la persona73 en sus diversos aspectos: humano, cristiano, franciscano y apostólico en el espíritu de nuestra Congregación. Esta finalidad debe abarcar tanto la formación inicial como la permanente. 96. La necesidad de asegurar una formación integral y de mantener la unidad dentro de las diversas etapas formativas exige que las Hermanas encargadas de la misma constituyan un equipo unido, en el que cada una, conciente de la tarea común, colabore activa, responsable y abiertamente. 97. La Superiora General, como última responsable, debe seguir con particular atención todo lo que se refiere a la formación de las Hermanas y al régimen de las Casas de formación en toda la Congregación. Pondrá especial interés en la preparación de Maestras, y mantendrá frecuente contacto con ellas así como con las candidatas y Hermanas en formación. 98. Cada Delegada Regional hará de la tarea formativa un campo de atención prioritario. Deberá promover y estimular a las Hermanas, despertando el interés que requiere una formación integral y permanente. 99. Todas las Hermanas nos sentiremos comprometidas, personal y comunitariamente, en la tarea de la formación. Colaboraremos, de manera particular, cuando las Hermanas en formación inicial se incorporan a nuestras Comunidades, ofreciéndoles un ambiente fraterno de vivencia evangélica como el mejor estímulo para que crezcan humana y espiritualmente en su respuesta a la vocación. 100. En todas las etapas del proceso formativo nos regiremos por el Plan General de Formación, elaborado por el Gobierno General y el Equipo de formadoras. Cada Delegación lo adaptará y acomodará a la realidad del lugar y a las necesidades de formación del propio ambiente, prestando especial atención a las exigencias de la inculturación. 101. Dada la importancia de la formación inicial para la renovación y crecimiento de la vida religiosa, dedicaremos a ella esfuerzos en la elección y preparación de quienes realicen esta tarea.72 Const., I, 4; RTOR 473 RTOR, 8 43
  43. 43. Se elegirán Hermanas que, teniendo presente el valor formativo del testimonio de vida, muestren la alegría de su vocación; se esfuercen por lograr la síntesis de lo humano y lo espiritual en su propia experiencia; hagan suyo el espíritu de nuestra Congregación, la amen y estén comprometidas en su misión y posean un verdadero espíritu misionero. Las formadoras deberán ser conscientes de la responsabilidad que la Congregación les confía, así como hacerse instrumentos cada vez más aptos para desempeñar su misión. 102. Las etapas de formación inicial deberán llevarse a cabo en Casas y Comunidades que ofrezcan un ambiente propicio al proceso formativo. Las Comunidades asignadas para este fin deben tener conciencia clara de su misión de formadoras. 103. La institución, traslado o supresión de una Casa de formación compete a la Superiora General, con el consentimiento de su Consejo y por decreto escrito.74 PASTORAL VOCACIONAL 104. La vitalidad y el crecimiento de la Congregación exige la responsabilidad de todas las Hermanas en la Pastoral vocacional. Conscientes de que la vocación religiosa es un don gratuito del Padre, rogamos al dueño de la mies que envíe obreros a su mies (Mt. 9,39) 105. Acogemos nuestra vocación de Franciscanas Hijas de la Misericordia y la vivimos gozosamente, de modo que el testimonio de nuestra vida y la práctica de la misericordia sea una constante invitación para que otras mujeres se sientan movidas a responder a la llamada del Señor. PRENOVICIADO 106. Es el período de preparación al Noviciado. Supone cierta ruptura con la vida secular; se orienta a que la aspirante pueda cerciorarse de su vocación, experimentar la forma de vida que quiere iniciar, y adaptarse, espiritual y psicológicamente, de una forma gradual a la vida religiosa y apostólica de la Congregación. Período que, a su vez, permite discernir mejor la vocación y aptitudes de la aspirante. 107. Con el fin de conseguir los objetivos del Prenoviciado se facilitará a la Prenovicia el conocimiento de sí misma y la profundización en su consagración bautismal. Conocerá y experimentará la vida religiosa de nuestra Congregación mediante la integración progresiva en la vida comunitaria, la iniciación en la oración personal y litúrgica, y la conjunción de oración, estudio y actividad apostólica. 108. El Prenoviciado se hará bajo el acompañamiento de una Maestra, nombrada por la Superiora General, de acuerdo con su Consejo. Será una Hermana de Votos perpetuos. 109. La duración del Prenoviciado dependerá de las circunstancias y necesidades de cada una de las vocacionadas no pudiendo ser inferior a un año, con el fin de asegurar una decisión libre y responsable sobre su ingreso en el Noviciado. 110. Finalizado el tiempo de Prenoviciado, la Prenovicia solicitará por escrito a la Superiora General su ingreso en el Noviciado. Si posee los requisitos establecidos en el Derecho74 Cf CIC 647 44
  44. 44. Común y Propio, y si es considerada idónea para iniciar el Noviciado, podrá ser admitida al mismo por la Superiora General, con el consentimiento de su Consejo, oído el parecer de la comunidad formativa. NOVICIADO 111. Con el Noviciado, núcleo vital del proceso formativo, la candidata inicia la vida en nuestra Congregación.75 Comienza el día en que la Prenovicia es admitida legítimamente, mediante el Rito de Iniciación a la Vida religiosa. Su duración es de dos años, uno de los cuales será el canónico.76 112. Los objetivos del Noviciado están orientados a que la Novicia en un clima de oración y fraternidad, • Profundice en su opción por el seguimiento de Jesucristo que ha hecho al entrar. • Conozca las exigencias y la historia de la vida consagrada así como el proyecto de vida y espiritualidad de la Congregación. • Experimente nuestro estilo de vida. • Asimile, en la mente y el corazón, su espíritu franciscano y de misericordia. • Aprenda a vivir en unión íntima con Dios, de la que ha de dimanar toda actividad apostólica. 113. Para conseguir más fácilmente los objetivos del Noviciado, éste deberá ofrecer un ambiente que favorezca en la Novicia la experiencia del encuentro con Dios, las relaciones fraternas y la misión del Instituto. Se le ayudará a: • Cultivar con empeño el espíritu de oración y la oración misma, alimentada por la meditación asidua de la Palabra y la Liturgia. • Acoger las inspiraciones del Espíritu. • Ir renunciando, desde un auténtico sentido de ascesis, a todo lo que no interesa a su Proyecto de Vida al servicio del Reino de Dios. • Practicar los consejos evangélicos de obediencia, pobreza y castidad, según el espíritu de nuestra Regla y Constituciones. • Ejercitarse en la práctica de la misericordia, la humildad, la pobreza y demás virtudes propias de la vida religiosa como Franciscanas Hijas de la Misericordia. 114. Durante esta etapa formativa, en la que se continuará la formación humana y cristiana iniciada en el Prenoviciado, deberá darse a la Novicia una formación bíblica, litúrgica y teológica suficiente para que pueda comprender mejor la naturaleza de la vida religiosa y su inserción en el ministerio de la Iglesia.75 CIC 64676 CIC 648 45
  45. 45. Se le instruirá en la historia y espiritualidad de la Orden Francisnana y en el conocimiento de nuestros Fundadores y de la Congregación. 115. La principal responsable de la formación de las novicias es la Maestra. Esta organiza la actividad formativa del Noviciado en colaboración con la Comunidad. 116. La Maestra de Novicias será nombrada por la Superiora General, con el consentimiento de su Consejo, previa consulta a las Hermanas. Deberá ser una religiosa de votos perpetuos. Será nombrada por un trienio, pudiendo ser confirmada en el cargo. 117. La consecución de los fines del Noviciado supone la acción conjunta de la Maestra y de la Novicia, secundando la iniciativa de Dios. La Maestra, de palabra y obra, formará en el espíritu de la Congregación, seguirá de cerca el proceso de maduración de la Novicia, ayudándole a descubrir sus propios valores y limitaciones; será compañera de camino, guiándola en el discernimiento y fidelidad vocacional y compartiendo con ella vida y oración. 118. La Novicia, dócil al Espíritu Santo, en la búsqueda de la voluntad de Dios,77 y consciente de que es ella misma quien tiene la responsabilidad primera de decir Sí a la llamada que ha recibido, y de asumir las consecuencias de esta respuesta; ha de colaborar libre y responsablemente en su formación. 119. En el momento oportuno, la Maestra, de acuerdo con la Superiora General, puede facilitar a la Novicia un tiempo de experiencia apostólica en una de nuestras Comunidades, con el fin de completar su formación, ayudándole así a descubrir en medio de las ocupaciones, las exigencias de su vocación religiosa y el modo de permanecer fiel a ella. Las Hermanas que colaboren en esta tarea de formación apostólica han de mantener unanimidad de criterios y conciencia de corresponsabilidad formativa con la Maestra de Novicias. 120. Concluido el tiempo de Noviciado, si la Novicia está dispuesta a consagrarse a Dios en nuestra Congregación, solicitará por escrito a la Superiora General su admisión a la Profesión Religiosa, y ésta, con el consentimiento de su Consejo, si la considera idónea, teniendo en cuenta los requisitos canónicos,78 la admitirá a la Profesión Temporal. PROFESIÓN RELIGIOSA 121. Por la Profesión Religiosa la Novicia se incorpora a la Congregación, prometiendo observar nuestra Vida y Regla. La Congregación se da a la profesa con todo su patrimonio humano y espiritual, y la hace partícipe de su misión de Misericordia, y ella se entrega a la Congregación como miembro vivo de la misma.79 122. La Profesión Temporal de los votos se hace por tres años, finalizados los cuales se renueva de año en año. El período ordinario de votos temporales será de seis años. Para la validez de la profesión se requiere que ésta sea admitida libremente, que sea expresa y recibida por la Superiora legítima. Corresponde a la Superiora General en toda la Congregación77 OFIR 2978 CIC 65679 CIC 654 46
  46. 46. recibir personalmente, o por aquella Hermana a quien delegara, los votos de la que profesa. 123. La fórmula de la profesión en nuestra Congregación es la siguiente: Yo, N.N., queriendo responder libre y totalmente a la llamada del Señor a seguir más de cerca las huellas de nuestro Señor Jesucristo, y dedicar mi vida a la práctica de la misericordia, ante los hermanos aquí presentes y ante ti N.N. (pronuncia el nombre y cargo de quien recibe sus votos), hago voto (por todo el tiempo de mi vida o por tres años o por un año) de vivir en obediencia, pobreza y castidad. Y prometo observar la Regla y Vida de la Tercera Orden Regular de San Francisco y las Constituciones de las Hermanas Franciscanas Hijas de la Misericordia. Confiando en la protección de María, Reina y Madre de Misericordia, y de San Francisco de Asís, y con la ayuda de la fraternidad, espero serle fiel y servirle en la Iglesia, dentro de esta Familia Religiosa a la que hoy me entrego para vivir en comunión de vida y misión. 124. Como signo de nuestra consagración llevamos un distintivo común a toda la Congregación, que se entrega en la primera profesión y el hábito religioso, que podrá acomodarse a las circunstancias de tiempo y lugar y a las necesidades del ministerio 80 Cuando por justas razones, y con la debida autorización de la Superiora General no usemos el hábito, vestiremos de modo sencillo, en consonancia con el voto de pobreza que hemos profesado.81 Las formas se determinan en el Directorio. 125. Compete a la Superiora General, con el consentimiento de su Consejo, la admisión a la renovación de votos, vistos los oportunos informes y recibida la petición de la interesada. JUNIORADO 126. El Juniorado es el período en el que se continúa e intensifica la formación de las Hermanas recibida en el Noviciado. Se inicia con la primera profesión, abarca todo el tiempo de votos temporales, y culmina con la incorporación definitiva a la Congregación, por la Profesión Perpetua. Mediante el estudio, la profundización espiritual, la participación responsable en la vida y misión de la Comunidad, esta etapa está encaminada a: • Alcanzar la madurez necesaria para conseguir la unidad de su personalidad consagrada. • Hacer y profundizar su opción definitiva. • Crecer en el conocimiento teórico y práctico de la Congregación y en la asimilación de su carisma, de modo que pueda participar más plenamente en su vida y misión. 127. La Maestra de Junioras será nombrada por la Superiora General, con el consentimiento de su Consejo, previa consulta a las Hermanas. Deberá ser una religiosa de votos perpetuos. Será nombrada por un trienio, pudiendo ser confirmada en el cargo.80 CIC 669.181 Const., XI, 15 47

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