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  1. 1. Consideraciones previas
  2. 2. Fe en Cristo Cristianismo Judaísmo Islam Hinduismo Budismo CONCEPTOS DIFUMINADOS
  3. 3. Un especial de Religiones No Cristianas en la Revista Palabra, España, Set 2001 El Hinduismo Por José Ramón PEREZ ARANGUENA Revista Palabra nº 447-448, VIII-IX.01
  4. 4. En Cristo la religión ya no es un " buscar a Dios a tientas " (cf. Hch 17, 27), sino una respuesta de fe a Dios que se revela: respuesta en la que el hombre habla a Dios como a su Creador y Padre; respuesta hecha posible por aquel Hombre único que es al mismo tiempo el Verbo consustancial al Padre, en quien Dios habla a cada hombre y cada hombre es capacitado para responder a Dios. Más todavía, en este Hombre responde a Dios la creación entera. TMad (6) ¿Por qué lo busca? Porque el hombre se ha alejado de El, escondiéndose como Adán entre los árboles del paraíso terrestre (cf. Gn 3, 8-10).
  5. 5. 3 ¿Por qué buscamos a Dios? Dios ha puesto en nuestro corazón el deseo de buscarle y encontrarle. San Agustín dice: «Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti». Este deseo y búsqueda de Dios lo denominamos RELIGIÓN. [37-38] Para el ser humano es natural buscar a Dios. Todo su afán por la verdad y la felicidad es en definitiva una búsqueda de aquello que lo sostiene absolutamente, lo satisface absolutamente y lo reclama absolutamente. El hombre sólo es plenamente él mismo cuando ha encontrado a Dios. «Quien busca la verdad busca a Dios, sea o no consciente de ello» (santa Edith Stein). 5, 281-285
  6. 6. Dharma es el término más cercano a lo que en Occidente llamamos «religión» que tienen los hindúes (no confundir a éstos, por cierto, con los indios, aunque 750 de los 950 millones de indios sean hindúes). De hecho, el hinduismo se autodenomina Sanátana Dharma: Orden perfecto o eterno. ¿Qué es el Dharma? El orden natural que integra toda forma de vida -vegetal, animal, humana- y constituye el cosmos ético y social del que el hindú forma parte. Nadie puede sustraerse al Dharma. Actuar conforme a él significa permanecer en el ser y huir del caos. Obrar en contra trae la destrucción y la muerte, y exige reparación. El Dharma incluye:  El reconocimiento de los Vedas, los libros sagrados;  Creer en Brahmán, del que todo ha emanado y al que todo retorna una vez purificado;  la ley existencial del karma, que determina la calidad de la siguiente reencarnación, hasta la disolución final en Brahmán:  • la división en castas -cuyo ápice ocupan los sacerdotes brahmines-, que dictaminan el rango social, el matrimonio, la adoración de los dioses, y hasta el modo de vestirse y alimentarse.
  7. 7. El hinduismo, ¿es verdaderamente una religión? ¿Es monoteísta, politeísta, panteísta, ateo? Cuando los occidentales intentan encasillar el hinduismo en sus esquemas mentales, las dificultades que encuentran son más que circunstanciales; comienzan por cuestiones tan básicas como las planteadas hinduismo es religión y, a la vez, no lo es. Y es monoteísta y politeísta y panteísta y ateo, según la óptica con que se mire. No posee un credo común, ni jerarquía, ni culto, ni ritos uniformes. Tampoco tiene, en sentido occidental, un sistema filosófico o racional: los opuestos pueden perfectamente congeniarse.
  8. 8. Buda nació hindú y en India, donde predicó su doctrina y murió, pero el budismo hace muchos siglos que fue prácticamente desterrado de su país natal. En suma, la tolerancia hindú depende en gran parte de que se acepte o no el Dharma y, en la práctica, la preeminencia de los brahmines dentro de la división en castas
  9. 9. Conviene recalcar que, siempre dentro del Dharma, el individuo goza de una amplia autonomía especulativa. Y esto explica: — el surgimiento de multitud de figuraciones de lo divino, así como de numerosísimas sectas y variantes a lo largo de los si- glos, con tantos credos, ritos y cultos -volubles, por supuesto, y nunca definitivos- como grupos; — que se pueda ser un buen hindú aun siendo ateo, pues lo que verdaderamente importa no es la creencia, sino la conducta social: no salirse del Dharma y acatar su imperativo moral, de esencia religiosa, sobre el modo de vivir y de pensar.
  10. 10. Los orígenes del hinduismo se remontan a la invasión del Norte de India por los arios, hacia el año 1800 a.C. Desde entonces ha sufrido una continua evolución, en la que algunos autores atisban históricamente tres formas religiosas sucesivas:  vedismo (de los Vedas),  brahminismo (de los brahmines) e  hinduismo moderno.  hinduismo del siglo XX -con tintes más sociales- del de épocas anteriore.s
  11. 11. Los Vedas marcan al hinduismo desde su origen hasta hoy. Según la creencia hindú, son libros «exhalados» por Brahmán, que constituyen la shruti: la revelación inmutable e intangible. Fueron compuestos entre los años 1.500 y 700 a.C., y se transmitieron oralmente durante siglos antes de fijarse por escrito.
  12. 12. Cuántos son los dioses hindúes? Muchos millones, incontables. Uno para cada fenómeno y necesidad: los hay naturales y rituales y familiares y locales y protectores en las más variadas situaciones, etcétera. Facilita su multiplicación tanto la gran libertad especulativa hindú, antes aludida, como la enorme extensión del subcontinente indio. También contribuyen: —los avatáras, o descensos de una divinidad para influir benéficamente, cuando se generaliza la corrupción e inmoralidad, de ordinario a! final de un ciclo cósmico; — las shaktis, aspectos femeninos de la energía o poder divino. Sin embargo, en este presunto caos divínico no deja de haber un orden. Brahmán es lo Uno Absoluto, neutro e impersonal, y todo lo demás -dioses, seres, cosas- son emanaciones y manifestaciones cambiantes suyas. Dicho esto, en la cima del panteón hindú se encuentra la Trimürti o «tríada» divina, cuyos nombres actuales son Brahma, Visnú y Shiva
  13. 13. Brahma (masculino, no confundir con Brahmán) es el dios creador y regulador de la ley del karma. Recibe culto en un solo templo y no es muy popular. Visnú y Shiva, en cambio, han arraigado hondamente y sus adoradores integran las dos grandes ramas del hinduismo.
  14. 14. Visnú es el dios conservador del cosmos, el benefactor. Algunos lo consideran el dios supremo. Se sienta sobre Garuda, el águila divina. Ha realizado diez avatáras, los últimos en forma humana: Rama y Krishna. protagonistas del Rámáyama y de la Bhágavadgita, respec- tivamente. El culto a Visnú y a las deidades de su entorno es muy popular en el Sur de India
  15. 15. Shiva es el dios transformador, que destruye y rehace la vida. No tiene avatáras, pero sí numerosas shakti: Durgá, diosa de la guerra; Káli, la negra, señora del tiempo; Parvati, la hija de la montaña, etcétera. A Shiva se le representa en danza. A sus pies está Ganesha, dios con cabeza de elefante, de culto muy popular. En el entorno shivista figura Nandin, el toro blanco de la fertilidad, al que se relaciona con la renuncia de los ascetas por amor de una característica de lo divino: la coincidencia de los opuestos.
  16. 16. La aspiración primordial del hindú es fundirse con Brahmán, alcanzar la salvación (moksa), una vez que el espíritu consigue liberarse de su apegamiento a lo corporeo y sensorial. Pero esta creencia exige conocer la cosmovisión hindú, que comienza y termina en Brahmán, lo Uno Absoluto, «lo que es». El ciclo cósmico, no hay diferencia radical entre el hombre y los animales: uno y otros son envoltorios físicos de un alma en migración. De ahí la tendencia del hindú al vegetarianismo. karma: la ley que, según el mérito o demérito de las acciones individuales, determina la reencarnación del alma en un cuerpo de categoría superior o inferior. Frente a la aspiración del hindú a fundirse con Brahmán, el karma impone que toda acción tiene un peso y un efecto positivo o negativo, que decide el futuro. De ahí que el karma se erija como ley existencial central, justificadora tanto de la división social en castas como del ciclo de las reencarnaciones, que se deben precisamente a las transgresiones del Dharma y a los residuos kármicos dejados en existencias precedentes
  17. 17. El Concilio Vaticano II ha sido consciente de tales dificultades. Por eso, la declaración sobre las relaciones de la Iglesia con el hinduismo y con las otras religiones del Extremo Oriente es tan importante. Leemos: «En el hinduismo los hombres investigan el misterio divino y lo expresan mediante la inagotable fecundidad de los mitos y con los penetrantes esfuerzos de la filosofía; buscan la liberación de las angustias de nuestra condición, sea mediante formas de vida ascética, sea a través de la profunda meditación, sea en el refugio en Dios con amor y confianza.
  18. 18. En el budismo, según sus varias escuelas, se reconoce la radical insuficiencia de este mundo mudable y se enseña un camino por el que los hombres, con corazón devoto y confiado, se hagan capaces de adquirir el estado de liberación perfecta o de llegar al estado de suprema iluminación por medio de su propio esfuerzo, o con la ayuda venida de lo alto» (Nostra aetate, 2).
  19. 19. Pero en el hombre hay una irrenunciable aspiración a vivir para siempre. ¿Cómo pensar en su supervivencia más allá de la muerte? Algunos han imaginado varias formas de reencarnación: según cómo se haya vivido en el curso de la existencia precedente, se llegaría a experimentar una nueva existencia más noble o más humilde, hasta alcanzar la plena purificación. Esta creencia, muy arraigada en algunas religiones orientales, manifiesta entre otras cosas que el hombre no quiere resignarse a una muerte irrevocable. Está convencido de su propia naturaleza esencialmente espiritual e inmortal. La revelación cristiana excluye la reencarnación, y habla de un cumplimiento que el hombre está llamado a realizar en el curso de una única existencia sobre la tierra. Este cumplimiento del propio destino lo alcanza el hombre en el don sincero de sí, un don que se hace posible solamente en el encuentro con Dios. Por tanto, el hombre halla en Dios la plena realización de sí: esta es la verdad revelada por Cristo. El hombre se autorrealiza en Dios, que ha venido a su encuentro mediante su Hijo eterno. TMad (9)
  20. 20. CCC 1013 La muerte es el fin de la peregrinación terrena del hombre, del tiempo de gracia y de misericordia que Dios le ofrece para realizar su vida terrena según el designio divino y para decidir su último destino. Cuando ha tenido fin "el único curso de nuestra vida terrena" (LG 48), ya no volveremos a otras vidas terrenas. "Está establecido que los hombres mueran una sola vez" (Hb 9, 27). No hay "reencarnación" después de la muerte.
  21. 21. Las castas son grupos corporativos cerrados, hereditarios, con jefes y normas específicas. Su tendencia a subdividirse da lugar a nuevos clanes endogámicos, con costumbres y prohibiciones propias respecto al matrimonio, pureza legal, comidas o contacto con los demás. En el 2001 había censadas unas 5,000 sub-castas en India. Las castas propiamente dichas son cuatro. A las tres primeras pertenecen los árya (arios), y a la cuarta los dásya (autóctonos): l°- Los brahmines, sacerdotes e intelectuales, encargados de transmitir la doctrina religiosa y los ritos. Mantienen hoy en gran parte su enorme autoridad de siempre 2a- Los ksátriyas, nobles y guerreros, detentadores del poder temporal. 3a- Los vaishyas, agricultores, ganaderos y comerciantes. 4a- Los súdras, menestrales y servidores. Su participación en la sociedad hindú es sólo indirecta, por su relación con las otras castas. Los súdras conversos al cristianismo se denominan dalits (oprimidos) y constituyen el 50% de los cristianos de India
  22. 22. 1°- Los brahmines, sacerdotes e intelectuales, encargados de transmitir la doctrina religiosa y los ritos. Mantienen hoy en gran parte su enorme autoridad de siempre 2a- Los ksátriyas, nobles y guerreros, detentadores del poder temporal. 3a- Los vaishyas, agricultores, ganaderos y comerciantes. 4a- Los súdras, menestrales y servidores. Su participación en la sociedad hindú es sólo indirecta, por su relación con las otras castas. Los súdras conversos al cristianismo se denominan dalits (oprimidos) y constituyen el 50% de los cristianos de India
  23. 23. Monógamo. Uno con Una para toda la vida Acontecimiento familia. Social y de la comunidad. Un gran acontecimiento para la familia de la novia. La dote que paga el padre de la novia. Nunca y está mal visto fuera de la casta de cada uno.
  24. 24. El Cuerpo es sólo una “envoltura del cuerpo” El Alma debe migrar a otro cuerpo. Las cenizas del cuerpo de esparcen en el rio “sagrado” Ganges Se hacen uno con la naturaleza con la Tierra. A su muerte, el cuerpo del hindú es sometido a la cremación, en el intento de que el fuego purifique todo vínculo del alma con lo sensorial. No se crema a los menores de ocho años, por considerarlos inmunes al káma y samsára. Tampoco a los sádhus, pues la ascesis ha transformado su po- tencialidad sexual en energía espiritual
  25. 25. CIC 1176 § 3. La Iglesia aconseja vivamente que se conserve la piadosa costumbre de sepultar el cadáver de los difuntos; sin embargo, no prohíbe la cremación, a no ser que haya sido elegida por razones contrarias a la doctrina cristiana. La conservación de las cenizas en un lugar sagrado puede ayudar a reducir el riesgo de sustraer a los difuntos de la oración y el recuerdo de los familiares y de la comunidad cristiana. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE Instrucción Ad resurgendum cum Christo acerca de la sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas en caso de cremación
  26. 26. El templo hindú no es el lugar de la oración comunitaria. Es la morada visible de un dios, al que los sacerdotes brahmines cuidan, visten y adoran en varias ceremonias diarias, a las que los fieles pueden asistir solamente como espectadores. Toda forma de culto público es ajena al hinduismo
  27. 27. A los dioses, tanto en los templos como en el altar familiar, se les ofrece cinco veces al día la pitjá –flores y comida-, mientras se inciensa la imagen, se encienden lámparas, se queman palillos de madera de sándalo, se cumplen las postraciones y se recitan las fórmulas rituales correspondientes.
  28. 28. El hindú descubre también la presencia de lo divino en numerosos lugares: montañas, ríos, lagos. Allí están situados muchos de los templos. Alrededor del lago Bindusagar, por ejemplo, quedan aún quinientos de los siete mil templos que en su día existieron. Y su número resulta incontable a orillas del Ganges, el río sagrado por excelencia, junto al que se suceden las ciudades santas, encabezadas por Benares (Varanasi). Las peregrinaciones a los lugares sagrados revisten una gran importancia purificadora. En particular, al Ganges, en cuyas aguas se bañan ritualmente cada año millones de hindúes, sobre todo en los mélas, enormes concentraciones en días con- siderados propicios.
  29. 29. Fin de la clase
  30. 30. Próxima Clase

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